viernes, 20 de febrero de 2009

ROSI ES TODO AMOR
Federico Fayerman
Veinticuatro de enero de 2009

¡Rosi!
¡oh Rosi!
¡Que bonita es Rosi
¡Todo en ella es amor!
La conocí en la carretera. Iba en un coche azul a toda velocidad. Me adelantó y la miré y después la adelanté yo. Me volvió a adelantar y así anduvimos durante muchos kilómetros. Por fin paró en una gasolinera y yo lo hice detrás.
Hablamos mientras cargaba de gasolina su Mini y rechazó una invitación en el bar. Seguimos. Yo detrás de ella hasta que paró otra vez. En el Parador de Turismo. Allí me aceptó una copa y hablamos. Después otra y se puso bastante contenta.
¡Que bonita es Rosi cuando ríe,es un amor!
Pronto se hizo de noche y me dijo que no le gustaba conducir con poca luz, así que cenamos en el restaurante con una flor blanca de tallo muy largo y una vela encendida en el centro de la mesa y con un camarero pesado que no paraba de retirarnos los platos y los cubiertos, para cambiarlos por otros limpios y rellenarnos los vasos de vino, cada vez que bebíamos un trago. Hasta la servilleta me cambió porque se me había caído al suelo. Hablamos. Me contó que iba a reunirse con unos amigos de Valencia para pasar el fin de semana en un festival de música. Me habló de los cantantes que iban a actuar allí: Leonard Cohen, The Kills, Morrissey, New York Dolls… pero yo no conocía a ninguno. También me dijo que sus padres pensaban que estaba en Madrid en casa de una amiga enferma. Me hizo una seña de que estuviera en silencio y los llamó por el móvil para decirles que se iba a quedar a dormir en casa de su amiga y cuando colgó me dirigió una mirada pícara y me preguntó a donde me dirigía. Le dije que solamente había salido a la carretera para hacerle unos kilómetros al coche que acababa de comprarme y que cuando la vi se me olvidó que tenía que volver. No pude mentirle y le dije que estaba casado pero mi mujer desapareció un día y nunca supimos mas de ella. Le conté que yo trabajaba en una atracción de feria y que recorría los pueblos, durante los días de las fiestas patronales que en verano eran muy corrientes en toda la provincia. También le dije que este trabajo me permitía conocer a muchas mujeres, pero ninguna era tan bonita como ella. Ella era la más guapa de todas. Le dije que me gustaba su pelo negro, sus manos blancas y sus dedos un poco gordinflones. Que era muy simpática y que sus ojos me miraban riéndose como yo nunca había visto igual. Ella no se atrevía o no quería decirme qué le gustaba de mí. A lo mejor es que no le gustaba nada, pero supongo que prefería no decírmelo por timidez o para no molestarme ya que la había invitado a cenar. Se lo dije antes de sentarnos.
Entre plato y plato se levantó y fue al lavabo. Tardó mucho, y sentí miedo de que se hubiera ido, así que fui a buscarla. No estaba en los aseos y cuando volví la encontré sentada otra vez a la mesa. Me dijo que había ido a preguntar en conserjería si había una habitación libre porque no pensaba seguir el viaje hasta el día siguiente.
Terminamos la cena y pedimos una copa en la sala de la televisión pero allí no se podía hablar así que cogimos los cubatas y nos salimos a la calle. Nos sentamos en unas escaleras anchas de baldosas rojas y ella se agarró a la barandilla con una mano mientras bebía con la otra. Estuvimos un buen rato mirando la carretera que pasaba por delante de nosotros. Eran ya las once de la noche pero la circulación aún era intensa. Me propuso jugar a contar los coches que iban en uno u otro sentido y allí estuvimos contado coches hasta que nos cansamos. Ganaron los que circulaban hacia Valencia. Entonces le dije que si quería dar una vuelta por los alrededores y me dijo que sí. Estaba muy oscuro aunque se podía ver algo gracias a los faros de los automóviles y a la luna que estaba casi llena. Detrás del parador le pedí un beso y me lo dio.
¡Dios, que bonita es Rosi!
¡Nunca me había besado una chica como Rosi!
¡Es todo amor!
Regresamos al parador y nos besamos en las escaleras rojas, en la recepción, en la barra del bar y muchas veces más. Pedimos otro cubata y Rosi estaba mareada de tanto alcohol. Yo también. Pedí la llave en el mostrador y la acompañé a su habitación. Esto fue todo lo que pasó.
¡Seguro que está durmiendo todavía en la habitación, está durmiendo cruzada en la cama, con el pelo colgando casi tocando el suelo, como recuerdo que la dejé!
¡Es tan bonita, es la chica más bella que he visto en mi vida!
Ni siquiera le toqué un pelo, lo pueden comprobar!
¡Ni siquiera hicimos el amor para que no pensara que la quería violar!
¿Por qué insisten en que está muerta y que yo la he matado?
¡Ella duerme aún. Pueden ver que aún es virgen!
Solo estuvimos hablando. Hablamos toda la noche. Estuvimos conversando de música, de sus amigas y del chico que la pretendía. Pero el chico era muy infantil y a Rosi le gustan un poco mayores, según me dijo.
¡Y ella insistía e insistía en que quería seguir siendo virgen!
¡Rosi!
¡oh Rosi!
¡Que bonita es Rosi!
¡todo en ella es amor!

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