viernes, 20 de febrero de 2009

¡SEGUNDOS FUERA!

Federico Fayerman
Seis de febrero de 2009


--¡Cuidado con su zurda, gira siempre hacia la derecha y mantenlo a distancia con jabs y uno-dos! --se oye a Ben, el preparador de Kid Martin dar las últimas instrucciones a su pupilo. Va a comenzar el decimosegundo y último round del combate que enfrenta al aspirante Kid Martin (calzón rojo) y al campeón Fred Morris (calzón negro) por la corona mundial de los welters. A sus treinta y siete años es la última oportunidad que se le presenta a Kid de conseguir el título.
Se levanta, flexiona las piernas y hace rechinar las suelas de sus zapatillas sobre la lona.
Al grito de --¡segundos fuera! –Ben recoge la banqueta, el cubo y la esponja y con la toalla sobre sus hombros se escabulle entre las cuerdas.
--¡Suerte! --grita Lola.
Cuando suena la campana, Kid empuja con el guante izquierdo el protector dentro de la boca y acude al centro del ring.
--“El público no puede contener la emoción y se pone en pie, --transmite el speaker --Los tres últimos minutos prometen ser dramáticos. Ambos púgiles sangran por las cejas y sus rostros están amoratados por el terrible castigo que se han infringido durante el combate que en apariencia está muy igualado; Se enfrentan y chocan los guantes; Kid gira constantemente alrededor de Morris cediéndole la iniciativa y tratando de huir de sus demoledores puños. La guardia invertida de su rival le está poniendo en graves aprietos. Tras un intercambio de golpes en el centro del cuadrilátero, Morris parece tomar ventaja en los puntos lo que hace que Kid ataque ahora alocadamente y reciba un par de contras en la cara, que terminan de cerrarle el tumefacto ojo derecho”--.
Con el ojo bueno, Kid recorre la primera fila de sillas hasta que encuentra a Lola. Ella le proporciona el apoyo y la fuerza que necesita para aguantar el castigo al que le está sometiendo su rival. Se abraza a Morris.
--¡Break!, --grita el árbitro y los dos púgiles tratan de separarse con las escasas fuerzas que les quedan. --¡Break, Break! --Y finalmente el árbitro es el que los empuja y consigue que se suelten.
Morris persigue a Kid por todo el ring lanzándole directos y crochets. A la cara, a los riñones, otra vez a la cara hasta que Kid cae a la lona tras golpearse con las cuerdas.
--¡Descansa hasta ocho, no te levantes hasta la cuenta de ocho!
Kid se levanta y el árbitro le sujeta por los guantes. --¿Cómo se encuentra?, --le pregunta; Kid asiente con la cabeza y el árbitro indica a ambos púgiles que continúen el combate.
Durante el siguiente minuto Kid se cubre la cara con los guantes y los antebrazos y a la menor ocasión se agarra a Morris. Mira a Ben que tiene la toalla en la mano. Le niega con la cabeza, le suplica que no la lance al ring.
--¡De acuerdo! --grita el preparador de Kid, --¡entonces inténtalo!--
Ahora bajo la guardia y él va a intentar pegarme con su zurda… doy un paso atrás… le dejo fuera de distancia, le esquivo…y le lanzo un crochet con todas mis fuerzas.
Un paso atrás… le dejo fuera de distancia, esquivo el golpe y lanzo el crochet a su rostro… Morris se tambalea y entonces le conecto un cross de izquierda al estómago… cuando se dobla lo derribo con un uppercut a la mandíbula… Morris está tumbado en la lona con los ojos cerrados y el protector manchado de sangre fuera de su boca… El árbitro se ha quedado mudo como el resto del público, pero puedo leer en sus labios la cuenta: ocho, nueve, diez, K.O...Levanto los brazos hacia el alto techo del pabellón y cegado por cientos de focos grito de júbilo por mi victoria.
Lola, ¿dónde estás?, ¡sube al ring para celebrarlo conmigo! ¡Ya soy el campeón y ahora somos ricos! Te prometo que vamos a casarnos por fin y te voy a llevar a París y a Nueva York y adonde quieras ir. ¡Porque soy el campeón, soy el campeón!
Los cachetes de Ben le hacen volver en sí. Kid abre el ojo izquierdo. No hay altos techos, ni público en pie aclamándolo, ni cientos de luces que le deslumbran. Solo una bombilla de sesenta vatios, en una pequeña lámpara que oscila sobre su dolorida cabeza y que pasea sombras derrotadas de un lado al otro del vestuario. Y niebla. Y dolor.
A la derecha de la camilla está Ben limpiándole la sangre de la cara con una toalla húmeda. A la izquierda, Lola. Los guantes, abandonados en el suelo. El título, el dinero, París y Nueva York han huido a lomos de su sueño.
Solo los sollozos de Lola fragmentan el silencio.

1 comentario:

hatoros dijo...

QUIZA AHORA, EN EL GIMNASIO DE SU BARRIO, ENTRENE A ALGUN ADOLESCENTE PARA QUE SEA INVENCIBLE,AÚN AL ENFRENTARSE A CUALQUIER ZURDO.
LE PASARÁ LO MISMO QUE AL DIESTRO DE ROGER FEDERER CONTRA NADAL.
SEGUIRA SIENDO BUENO, PERO NO EL MEJOR.s