viernes, 3 de abril de 2009

RT-UNO
Federico Fayerman
Treinta y uno de marzo de 2009

Don Matías se levantó y anduvo con sigilo entre las filas de pupitres con el dedo índice sobre los labios. Aún así se oían algunas risas apagadas. Cuando llegó a la altura del dormilón dio un fuerte golpe con la mano derecha en el escritorio y Anastasio, del susto, se fue al suelo, arrastrando en la caída su silla y el pupitre del compañero de detrás.
Anastasio se levantó aturdido y terminó la clase de Historia de pie, al lado del profesor aguantando las bromas y las bolas de papel que le lanzaban los compañeros.
--Cada día lo mismo, -- informó por escrito Don Matías al padre de Anastasio. --Su estado natural es el de la distracción absoluta. Siempre está pensando en cosas que nada tienen que ver con las clases. Vive en otro mundo.
Nadie le creía cuando explicaba que vivía en Venus.
Su casa estaba en el país de los Artiles (concretamente en su bella capital, Sartual ) al sur del cinturón de llamas que divide el planeta. Le habían nombrado embajador Artil ante el pueblo Wigan, pero las malas relaciones habituales entre los dos pueblos, aconsejaban que su residencia no estuviera en la ciudad de Mekonta,
Los Wiganes vivían en el hemisferio Norte y eran de raza verde, no tenían pelo en la cabeza y sus orejas eran puntiagudas y muy grandes y sus rostros trasmitían desprecio y odio, porque se sentían superiores en el orden técnico pero inferiores en el del intelecto. Sus mujeres en cambio eran delicadas y hermosas, lucían una negra y larga cabellera y el color verde de sus mejillas semejaba fruta escarchada que les endulzaba la cara. El dictador que los gobernaba era el Gran Mekong que mantenía a su pueblo en constante beligerancia con las demás naciones del planeta.
Años atrás había llegado a Venus una expedición terrestre para ayudar a los Artiles en su guerra contra el Gran Mekong. Anastasio lo hizo poco después y se convirtió en el soldado más joven del ejército. Solo tenía entonces nueve años, pero esto no le impedía pilotar una nave desintegradora o manejar con el pensamiento una silla volante.
Luchaba a partir de las siete y cuarto de la tarde, cuando simulaba haber terminado los deberes y el pan y chocolate de la merienda. Su madre ponía radio Madrid justo cuando comenzaba Diego Valor, el guerrero del espacio. Entonces Anastasio montaba en su RT-1 y se unía a las fuerzas libertadoras.
Ellos no le creyeron nunca, pero esa guerra le tuvo ocupado hasta los doce años.

1 comentario:

hatoros dijo...

COJONUDO, QUERIDO AMIGO