martes, 23 de febrero de 2010


TIC-TAC, TIC-TAC

Federico Fayerman
Dieciocho de enero de 2010

Mientras aparcaban, un relámpago iluminó la fachada del hotel. En ese momento cesó la lluvia y la única farola encendida en la calle principal se apagó, permitiendo que la oscuridad se hiciera dueña absoluta del pueblo.
Habían sido veinte kilómetros bajo una fuerte tormenta, por una carretera de curvas y precipicios, desde cuyo fondo les llegaba el ruido del mar luchando con las rocas.
En el pueblo, oscuro y solitario, una densa niebla envolvía los coches y las casas cercanas, y el silencio amordazaba la noche. Sacaron el equipaje del maletero y subieron la pequeña cuesta que conducía al hotel.
Cuando reservaron la habitación, días antes, les insistieron en que no llegaran más tarde de las doce, pero una avería durante el viaje les había retrasado.
Las puertas se encontraban cerradas y el timbre no emitió sonido alguno cuando lo pulsaron. Ángel, extrañado se acercó a una de las ventanas y apoyando la frente contra el cristal, escudriñó el interior del hotel. En la penumbra vio un vestíbulo muy ancho y totalmente diáfano. En la pared frontal había un enorme reloj de pie que marcaba las doce y media y seis puertas cerradas. Dibujado en la pared, solitario, un pentagrama invertido.
El reloj transmitía un tic-tac mudo que llegaba hasta él a través de las sombras que el movimiento de su péndulo provocaba. No pudo mantener la mirada y espantado dio unos pasos hacia atrás. Julia, su mujer le miró sorprendida, pero no le preguntó. Asió la maleta y comenzó a bajar la cuesta hacia el coche. Angel la siguió sin volver la cabeza y al instante estaban enfilando la carretera de regreso hacia casa.
Cuando Ángel estaba a punto de contarle a Julia lo que le había pasado, alzó la vista al espejo retrovisor. Aquellas sombras les perseguían curva tras curva, acercándose cada vez más.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Son las 23:23 (lo juro) y estoy cagado. Gran cuento, maestro Federico
un abrazo

Juan Carlos Chirinos

Federico dijo...

Muchas gracias, Juan Carlos. Tu si que eres mi maestro. Un fuerte abrazo. Federico

Marta dijo...

Bien conseguido el "acojone" finalmente.Aunque yo soy un poco cagueta y he de reconocer que en el bar del kiosko a las siete de la tarde, cerveza en mano, también me resultó inquietante. Solo un apunte, yo le metería un dracula o algo asi....jejeje

Graziela dijo...

En pocas líneas consigues un clima de misterio y miedo que lleva al lector a esperar lo peor.
Está muy bien.

hatoros dijo...

EL INTRINGULIS ES TERRORÍFICO
UN ABRAZO FEDE