viernes, 9 de abril de 2010


NO SIENTO LAS PIERNAS

Federico Fayerman
Veintinueve de enero de 2008



-¡Joder, no siento las piernas!--
El cuerpo le dolía terriblemente, todo el cuerpo, menos las piernas. Levantó la cabeza haciendo un gran esfuerzo e intentó mirarlas, pero todo estaba negro. Palpó con su mano y notó dos muñones de carne caliente y mojada a la altura de la entrepierna. Volvió a tantear la zona y descubrió que su miembro y sus testículos también habían desaparecido.
–¿Qué coño pasa, qué es esto?, debo estar soñando, esto no me puede pasar a mí.
Quiso pellizcarse el brazo izquierdo para comprobar que estaba despierto, pero sus dedos solo encontraron:
– ¡Nada! Hostias, me falta un brazo... ¿Dónde estoy, Por qué están apagadas las luces?
Probó a tocarse los ojos pero estaban cubiertos por una venda. La retiró y al acercar su mano, el dedo índice se introdujo macabramente en la cuenca vacía, donde hasta entonces había tenido su ojo derecho.
Notó su cuerpo pegajoso y al tocarlo su mano se empapó de un líquido caliente y espeso. Le seguía doliendo todo, incluso ahora también las piernas, aunque ya estaba al corriente de que no existían.
Consiguió abrir el ojo izquierdo. Estaba tumbado en el suelo de una habitación con un fuerte olor a carne putrefacta. Delante de él, una mesa vieja de madera y sobre ella un magnetoscopio y un televisor. A su derecha y nadando en un mar rojo intenso, le pareció ver sus miembros recién amputados.
Mientras se desangraba, tuvo el tiempo justo de ver la imagen, repetida sin parar en la pantalla del televisor, del momento en que él pitaba el inexistente penalti que resolvía la liga a favor del equipo visitante.

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