jueves, 13 de mayo de 2010


HOUSTON, TEXAS


Federico Fayerman
Nueve de mayo de 2010


En la plaza Nueva convivían tres bares.
El bar “Diamante”, cuyo dueño Hipólito García, “el viudo”, organizaba torneos de mus todas las semanas. Al ganador, lo invitaban durante los siguientes siete días a café, copa y puro. Su clientela la formaban hombres, en su mayoría jubilados.
El bar “Olé” era propiedad de Agapito Jiménez, “el emigrante”. Era el bar más antiguo de la plaza, ya que se inauguró en el año sesenta y cinco, con el dinero ahorrado por Agapito durante diez años de trabajo en Alemania. Era el lugar de reunión en días de diario para los taurófilos y en fin de semana para los hinchas de futbol.
El bar “El rinconcito” era simplemente un bar. Su clientela era variopinta; emigrantes, gente de paso y mujeres que se reunían a desayunar después de llevar a los niños al colegio. Al tener prohibido fumar en el interior, era mucho menos frecuentado que sus competidores. El bar lo tenía arrendado Houston Texas Sánchez, un ecuatoriano llegado al barrio dos años atrás, que presumía de ofrecer a sus clientes un lugar libre de humo y de ruidos
“El Rinconcito”, como dije, era el bar menos frecuentado hasta que apareció Lorena. Ecuatoriana, veinte años. Una diosa. En una semana “el rinconcito” le robó la clientela al “Olé” y al “Diamante”. Los toros, el futbol y las partidas de mus cayeron en el olvido. Ahora los clientes pasaban su tiempo mirando cómo caminaba la diosa, de un extremo al otro de la barra, cómo sacudía su pelo al girarse cuando oía que se dirigían a ella, o cómo sonreía al entregar las vueltas.
Houston Texas colocó un gran cartel en la puerta que decía “Se permite fumar” pero ni los no fumadores abandonaron el local. Algunas mujeres que no entendían la actitud de los hombres respecto a la diosa, prohibieron a sus maridos entrar en “El rinconcito”.
La reacción de los competidores no se hizo esperar y, dos semanas después, Agapito, “el emigrante” esperó a Lorena a la salida del trabajo. La propuesta era muy simple: Doble sueldo y todas las propinas para ella. Dos días después Lorena tomó posesión de la barra del “Olé” y, al día siguiente, los clientes del “Rinconcito” siguieron su mismo camino.
Hipólito, el dueño del “Diamante” fue más allá. Propuso a Lorena un contrato fijo con el doble de sueldo, alta en la Seguridad Social y participación en beneficios. Además si a ella le interesaba, se casarían.
Y todo el mundo al Diamante.
El dueño del “Olé” contrató a Iryna una rubia ucraniana, con la esperanza de que los hombres del barrio se cansaran en algún momento de Lorena, mientras
el dueño del “Rinconcito” sustituyó otra vez el cartel de la puerta por el de “Se prohíbe fumar” y, sin dejar de pensar en cómo recuperar a la diosa, volvió a despachar aburridos cafés con cruasán.

En realidad este juego nunca tendrá fin, así que terminaré el relato.
Lorena, la diosa ecuatoriana, desaparecerá misteriosamente a los pocos días, los hombres seguirán reuniéndose en el “Diamante” para jugar al mús y en el “Olé”para hablar de toros y de futbol, donde Iryna, por cierto, aprenderá a cocinar unos callos a la madrileña riquísimos
Y Houston Texas empezará a fumar.

2 comentarios:

Esperanza dijo...

Me ha gustado y estoy tan intrigada que me gustaría conocer a esa Diosa de ojos de amatista. El final del relato es estupendo.

PILARA dijo...

Tanto estudio de mercado, tanto planificar y remodelar el negocio, donde esté una diosa...