miércoles, 8 de septiembre de 2010


EL CIELO DE CRISTAL


Federico Fayerman

15 de abril de 2007




Al encenderse la luz, todo empieza a cobrar vida a mí alrededor. Mi cerebro, si tengo, está completamente en blanco. No recuerdo nada de mi pasado. Ni siquiera lo que he hecho el día anterior.

Estoy en una habitación rodeado de monos de piloto, cascos, guantes y todo tipo de accesorios de automóvil.
Me veo enfundado en un mono rojo y blanco, con guantes y con un casco azul, bien ajustado en mi cabeza. .
Cuando salgo de la habitación me encuentro con un monoplaza de fórmula uno rodeado de una decena de mecánicos atareados en su puesta a punto. Está situado en el último lugar de la parrilla de salida. Su color plata metalizado con franjas rojas laterales destaca sobre el asfalto negro de la pista. En el lateral derecho un nombre, quizás el mío escrito con letras azules: Fernando Alonso.

Los semáforos colgados encima de la recta de salida cambian de rojo a verde y los bólidos que tengo delante arrancan y se alejan de mí rápidamente.

Mi coche empieza a moverse solo, sin que yo se lo haya ordenado y las tribunas laterales empiezan a retroceder cada vez más veloces. Yo sigo sin accionar ningún control, cuando veo aproximarse la curva cerrada de final de recta. El bólido sigue sin obedecer mis órdenes y entra en la curva a excesiva velocidad, El coche derrapa, se sale de la pista, y se estrella contra un muro de hormigón a más de trescientos kilómetros por hora.

Pocos segundos después estoy sentado en un monoplaza rojo. Mi traje de piloto es muy llamativo: verde fluorescente y amarillo y mi casco es blanco con una cabeza de águila pintada en el frente. Está situado en la última posición de la parrilla de salida y en el lateral del coche pone un nombre, quizás el mío: KIMI y no recuerdo nada de mi pasado, ni siquiera lo que ha ocurrido ese mismo día.
Los semáforos cambian a verde.
Al final de la recta vuelvo a estrellarme, esta vez contra otro coche que se cruza en mi camino.
Levanto la vista
En el cielo, que es de cristal, parpadean las palabras “Game Over”.

2 comentarios:

Aleizar dijo...

Está muy bien, breve e intenso como un bun café. Muy ocurrente, en un momento me recordaba la pelicula "El día de la marmota".

Marcos Callau dijo...

¡Madre mía!. No sé qué pensarían Alonso i Raikonnen si leyeran tu relato. Está muy bien, me ha llevado hasta los tiempos en los que jugaba a los videojuegos de F1.