viernes, 28 de octubre de 2011




NACIONAL 340

F.J.Fayerman
Diecisiete de julio de 2011


Kilómetro mil catorce de la 340. En este punto kilométrico el coche que me precede golpea a un gorrión confiado y lo arroja al otro lado de la calzada.
Cierro el ordenador bruscamente. No puedo volver a escribir sobre gorriones; tampoco relatar historias tristes que se han ido convirtiendo poco a poco en rutina y amenazan con encasillarme en el inhóspito territorio de la aflicción.
Nunca he sido una persona excesivamente alegre, no lo negaré a estas alturas, pero jamás hasta el punto de ver pasar la vida con desánimo o nostalgia. Aún abrigo algo de ilusión cuando pienso en el futuro.
Mañana será mi cumpleaños y lo festejaré con los amigos. Se acabó el celebrarlo en familia, con la tortilla de patatas, las croquetas de jamón, la empanada de carne y los sándwiches de Rodilla. Se terminaron de una vez y para siempre las velas referenciales resquebrajando la fina capa de chocolate de una tarta Selva Negra y los “cumpleaños feliz” desentonados. Nada de eso volverá a pasar. He abierto la puerta de mi nueva vida y la he iniciado sin equipaje; sólo mi ordenador y mi mp3, las palabras y la música que nunca me han abandonado. También mi viejo Mercedes viene conmigo.
Apago el aparato de radio de un manotazo. El silencio, mi silencio, me consuela como el compañero que sabe permanecer callado en los momentos tristes, como ese espacio intermedio entre canción y canción, como el final de una novela o el instante de tranquilidad que da paso al primer sueño.
Pero no he podido evitarlo. He presenciado como el coche que me precede acaba de golpear a un gorrión despistado en el kilómetro mil catorce de la 340.
Salgo de la carretera y detengo el coche. A través del retrovisor veo como en el arcén izquierdo cerca de un mojón blanco y rojo, el gorrión se recupera y reanuda el vuelo.
Enciendo la radio y me uno a las voces de mi grupo favorito:
--¡Free as a bird…!

sábado, 6 de agosto de 2011



VACACIONES DE VERANO
Federico Fayerman


Julio, sol, calor y playa. Es mediodía. José Canícula está sentado en su butaca. Entre el asiento y su trasero se intercala una toalla azul oscuro protectora. Sus pies del 44 surgen bajo la sombrilla y clavan sus talones en la fina y ardiente arena, al lado de una colilla de Marlboro. Tras las Rayban oscuras, sus ojos contemplan el mundo que le rodea. Al fondo de la contemplación hay un pelotón de triángulos de colores, recortados sobre el azul cielo del cielo y el verde mar del mar. Seccionados por la raya del horizonte inflan sus velas con glotonería.
Un poco más cerca de la playa, más mar verde mar. Otro poco más cerca hay cabezas que suben y bajan y que aparecen y desaparecen al ritmo del vals de las olas. Mas cerca aún, cuerpos que van y cuerpos que vienen empujados por la espuma blanca de las olas que acaban de romper.
En primer plano, infinidad de sombrillas surgidas a semejanza de hongos multicolores. Gente pasando de derecha a izquierda y de izquierda a derecha infatigablemente por el filo del agua, salpicándose entre ellos. Hombres canguro, con el bañador por debajo de la bolsa marsupial, mujeres con el bikini semioculto bajo los michelines, pepitos piscina marcando paquete bajo un mini bañador negro, tangas milimétricos en cuerpos de mujer sin cara. Y sobre todo tetas, muchas tetas. Grandes, pequeñas, caídas hacia abajo y caídas hacia arriba, bien y mal operadas, achicharradas, lechosas, oscilantes, desparramadas, furtivas, minúsculas, inexistentes, desafiantes, negras y bicolores.

A la derecha de José Canícula, sobre las rocas, pescadores de piel renegrida, con más moral que el alcoyano, sueñan con conseguir por fin su primera captura.
Medio metro delante de José Canícula, una pareja de unos cuarenta años, con dos niños de aspecto terrible, intenta clavar una sombrilla, como si no existiera mas espacio en la playa. Una vez conseguido empieza el desembarco. Tres toallas desplegadas sobre la arena; tumbona de tres cuerpos, cochecito de niño, bolsa de playa, bolsa conteniendo todo tipo de juguetes (cubo, pala, rastrillo, moldes diversos, balón hinchable, gafas de bucear, aletas, flotadores, churro), bolsa de comida para el pequeño, libros, barca de plástico, mini iglú, dos tablas de surf y colchoneta con forma de cocodrilo, todo ello desperdigado alrededor de la sombrilla que se ladea, sale volando y se estrella contra las piernas de un grupo de hombres que, brazos en jarras contemplan un juego de petanca desde hace horas.
Mientras el pequeño no para de llorar, el hermano mayor se dedica a llenar de arena las toallas pisoteándolas y a saltar sobre los flanes de arena que el padre construye al hermano menor. Los gritos del padre ahogan los del hijo llorón y consiguen, sumándose al sonido de las voces de los demás playistas, al tole tole machacón del oleaje, a los gritos de los que juegan con las palas y al ritmo rapero de los coches tuneados que pasan en ese momento por la carretera, crear un ambiente de relajación impropio de unas vacaciones tan largamente deseadas.
Al lado de José Canícula, una mujer con el cuerpo brillante de copertone, come una manzana a grandes y sonoros mordiscos. Detrás, en la zona de nadie, en el blando y ardiente camino de vuelta al apartamento, las duchan babean apenas un hilo de agua tibia. Una larga fila de bañistas espera su turno para limpiar las patas metálicas de sus sillas.
Los chiringuitos de la zona están llenos a rebosar. Al nauseabundo aroma de la fritanga se le une el no menos repugnante perfume de sudor reconcentrado del tío de la camiseta heavy de tirantes, que basa su limpieza corporal en el baño diario en el mar. Apuntalado en la barra y fumando un purito a sotavento, el de los tirantes y la tripa cervecera está acompañado, inexplicablemente por una mujer mucho más joven que el, con mini falda, escote liberal y zapatillas de esparto con cuña. Para dar fe de que es su pareja, al lado tienen aparcado un cochecito en el que, un chupete que sube y que baja sin parar, medio tapa la cara de un bebé sudoroso y aletargado.
En la mesa de al lado, una familia guiri, compuesta por cuatro o cinco adultos y cuatro o cinco niños, se zampan sin pestañear otros tantos platos combinados del número 4, compuestos de una esmerada selección de hamburguesa, salchichas, huevo frito y patatas fritas. Todo ello bajo una capa espesa de tomate kétchup.
José Canícula, recoge sus cosas y vuelve al apartamento. De no ser por la orientación oeste, por ser un ático, por no tener aire acondicionado y por tener que aguantar hasta las cuatro de la madrugada a que cierre el escandaloso bar de abajo para poder dormir, sería un lugar ideal para descansar. Se consuela pensando que solo le quedan catorce días de vacaciones pagadas.

domingo, 19 de junio de 2011


Este diploma acredita la participación del micro La Pianista en el III Vendaval de microrretados del 19 de junio de 2011.

LA PIANISTA
F.J.Fayerman

Recuerdo la casa larga y apretada. Las baldosas despegadas del pasillo sonaban, al ritmo de mis pasos, como desafinadas notas musicales.
Por las mañanas, la radio ocupaba el espacio familiar. Las tardes eran Para Elisa.

viernes, 17 de junio de 2011


RELATEANDO, es el título del libro de relatos que hemos escrito y publicado los componentes del Colectivo Renglones de Ficción. Es un trabajo de trece relatos plasmados en papel por Yolanda Briones, Marta y María Cabezas, Esther Cambronero, Cristina Cardeñoso, Roberto N. Luis Díaz,José Ricardo Maceiras, Helena MRoldán, Marta Ónega, Hatoros, Walda Santos y F.J.Fayerman.
En mi blog EL ESFERO iré pegando un relato cada semana, para que todos los seguidores podáis conocerlos.
Gracias a todos.

lunes, 13 de junio de 2011


22. EL PARTERRE


F.J.Fayerman

El tiempo se había detenido. El deambular de las agujas alrededor de la esfera del reloj, le taladraba los oídos. De un tic a un tac y luego otro tic y otro tac…
¡Tic, tac; tic, tac!; y las horas quedaban atrás una tras otra; aguardando nuevo turno.
La primavera había regresado y el jardín preparaba su fiesta acostumbrada derramando los macizos de margaritas, perfumando los jazmines y decorando las varas de los rosales.
Celia esperaba desde hacía mucho tiempo, ese tiempo que había huido arrebatándole sus recuerdos.
Celia abría la ventana y veía el parterre. Cada día un poco más lejos; cada día un poco más tarde.




MOMENTOS


23. ¿A DONDE VAN LOS CARACOLES?

Anoche salí a pasear mi soledad por el parque. La lluvia como única compañera de marcha. Pero enseguida cesó y entendí que ella también quisiera irse de mi lado.
Las farolas apenas iluminaban el borde del camino.
Por debajo del seto de aligustre, los vi salir sin rumbo fijo. Como cada noche de lluvia.


MOMENTOS
24. TSUNAMI
Vio llegar la ola, enorme, altiva, coronada de espuma blanca; la ola que ocultaba el cielo. Subió en su tabla y la cabalgó.




MOMENTOS


25. JUEGOS DE NIÑOS


Carlos lanzó el tacón de goma que fue a caer cerca del bordillo de la acera.
Raúl le miró sorprendido y Carlos se dejó mirar. Después arrojó su tacón que golpeó al de Carlos y se detuvo unos diez centímetros más lejos.
Raúl se acercó lentamente y midió la distancia entre ambos, estirando los dedos de su mano derecha. El pulgar sobre un tacón y el meñique sobre el otro.
¡Me debes dos cromos!

lunes, 6 de junio de 2011

domingo, 22 de mayo de 2011





CUENTO


F.J.Fayerman
Diez de marzo de 2011


Un coche azul, dos, tres, cuatro; una farola, dos, tres, cuatro…cinco;
Lucio gira por Maiquez y corre por Fernán González hasta el cruce con O´Donnell:
El semáforo está en rojo: un segundo, dos tres, cuatro, cinco...quince; luz verde.
Entra corriendo en el portal.
– ¡Buenas noches señora Felipa! Saluda el muchacho a una cara arrugada que retrocede y se refugia en la penumbra del chiscón.
Un escalón, dos, tres…nueve:
Primer piso; una puerta, dos, tres…
Segundo piso una, dos, tres…
Tercer piso; una, dos, tres… ¿cuatro?
………………………..Sexto piso. Aporrea la puerta de su casa.
– ¡Madre, en el tercero hay cuatro puertas otra vez!
Elena no responde. Apaga la luz del recibidor y cierra con llave: Una vuelta, dos, tres…

sábado, 7 de mayo de 2011



Este relato ha sido uno de los finalistas en el V Certamen de relatos breves de Renfe 2011.

ODISEA.doc

F.J.Fayerman
Veintiséis de marzo de 2011


Nacieron de la imaginación de un escritor perezoso, que hizo por ellas lo que cualquier padre hubiera hecho por sus hijas: Las alimentó; intentó corregir sus defectos y dar sentido a su existencia. Después las vistió apropiadamente y las enseño a bailar sin perder el ritmo; a permanecer vivas en la memoria del lector y a amarle mientras éste lo deseara. Y cuando estuvieron dispuestas, las montó en el tren de la fantasía y las envió con un simple clic, a través de ríos de cobre y colinas de silicio, al Certamen de Relatos.

viernes, 29 de abril de 2011



MOMENTOS
17 – SUBLIME

Cuando la Muerte vino a su encuentro mucho tiempo después, la búsqueda tenaz de la belleza se le antojó una estúpida pérdida de tiempo.
Sólo había que sostener Su mirada para descubrir lo sublime.


MOMENTOS
20. LA PIANISTA


Recuerdo la casa larga y apretada. Las baldosas despegadas del pasillo sonaban, al ritmo de mis pasos, como desafinadas notas musicales.
Por las mañanas, la radio ocupaba el espacio familiar. Las tardes eran Para Elisa.


MOMENTOS

21. NIPPON

Las paredes se arquearon y una gran fuerza cambió todo de sitio.
Min Piu salió precipitadamente del edificio de apartamentos y se sumergió en la corriente humana que serpenteaba hacia el centro de Tokio. En Shinobazu Dori paró un taxi, y dictó al chófer la dirección de sus ancianos padres.
Mientras escuchaba las noticias por la radio manipuló su I-Pad y desarrolló una fórmula con la que estaba familiarizada:
M=Log A + 3Log (8At) -2.92. = 12 puntos en la escala de Magnitud Local.
Mientras avanzaban por el intenso tráfico, Min Piu sombreó de gris sus párpados, se pintó de rojo los labios y difuminó de rosa suave sus pómulos. Según sus cálculos, la ola no tardaría más de diez minutos en llegar.

sábado, 26 de febrero de 2011


MADRID ENTRE LINEAS

Han sido unos cuantos meses de gestación, pero por fin el fruto ya está entre nosotros.
Lo fecundamos una tarde de tertulia, entre todos y con una enorme ilusión. Cada uno pusimos cinco mil palabras de nuestra cosecha literaria y todas unidas formaron un enorme espermatozoide que voló raudo hacia la editorial
No todo fue fácil, hubo que corregirlo, pulirlo, maquetarlo y esperar impacientes a que tomara la forma definitiva.
Y llegó el alumbramiento. El editor nos llamó una mañana y nos dijo: ¡Ha sido libro! Y las siete madres y los cuatro padres de la criatura nos reunimos en alegre tertulia y entre todos le buscamos un nombre:
–Se llamará “Madrid entre Líneas” y con nuestro amor de padres y el apoyo de sus lectores, será feliz.
Y nos tomamos unas cañas a la salud de este hijo-libro y pensamos que la mejor forma de criarlo sería con nuestros familiares y amigos.
Esperamos que crezca sano y tenga más hermanos con el correr de los años.

viernes, 18 de febrero de 2011









El tan deseado libro de relatos “Madrid entre Líneas”, ve por fin la luz.
El próximo viernes día 25 de Febrero, El Colectivo Literario Tirarse al Folio del que soy integrante, presentará el libro en el Centro Cultural Buenavista, en la Avda. de los Toreros, núm. 3 en Madrid, a las 20 horas. La presentación correrá a cargo del escritor Germán Sánchez Espeso, Premio Nadal.
Seis de mis relatos están en sus páginas.
Todos los seguidores de mi blog estáis invitados al acto.
Os espero.

viernes, 7 de enero de 2011


MAÑANA SIN FALTA



Federico Fayerman
Veinte de mayo de 2010


Sobre el sillón de plástico agrietado se amontonaban los medicamentos. Cajas de todos los tamaños y colores. Tabletas, píldoras, comprimidos y cápsulas sueltas proliferaban entre ellas. El sofá era territorio de libros y revistas desordenados. El sol apenas podía penetrar a través del balcón cerrado por cristales opacos de mugre. El resto de la casa estaba igualmente desordenado y sucio, camas sin hacer, cocina abarrotada de cacharros grasientos y en el cuarto de baño los sanitarios habían dejado de ser blancos hacía mucho tiempo.
Arturo fumaba un cigarrillo de picadura sentado en el suelo del dormitorio. Con la espalda apoyada en la pared, frente a la escalera que llevaba al desván y la mirada fija en la fotografía de Adela. Le gustaba recordarla a través de esa imagen, que la mostraba sentada en una mecedora de mimbre, con veintiún años recién cumplidos; dos días después de la boda y en pleno viaje de novios. En esa foto podía apreciar la felicidad que aún reflejaban sus profundos ojos negros. Desde entonces habían transcurrido treinta años y desde que Adela le abandonara, dos.

Arturo empujó la puerta del bar. Eran casi las tres de la tarde y varias mesas habían quedado libres al fondo de la barra, donde la cocina se hacía más presente a través del espeso olor de la freidora, que no distinguía entre carne o pescado. Arturo se sentó y al momento un plato de sopa de cocido humeó delante de su cara.
– ¿Vino? –Preguntó Elías.
–Sí, claro.
El bar de Elías, pese a ser muy viejo se conservaba limpio y salvo el olor de la cocina durante las comidas, era un lugar de agradable encuentro para los vecinos y donde las partidas de mus de las tardes se habían hecho famosas en el barrio. Arturo llevaba dos años sin participar en ellas, aunque permanecía en el bar hasta las ocho, hora en la que los jugadores se levantaban de las mesas y Elías colocaba sobre ellas los tapetes de papel a la espera de servir la cena. Entonces él también se levantaba y salía a la calle, para hacer el recorrido habitual por las otras tabernas de la zona hasta que, cada día más o menos a la misma hora, algún amigo o vecino le ayudaba a subir a su casa completamente borracho. En ocasiones no llegaba hasta la cama y dormía en el suelo del salón o sentado a la mesa de la cocina con la cabeza apoyada en el tablero y los brazos colgando a ambos lados de su cuerpo.

Y al despertarse veía la escalera, que se proyectaba hasta el desván a lo largo de catorce estrechos escalones de madera carcomida, aferrados a una titubeante balaustrada. Abajo, él y su secreto. Arriba, en la oscuridad del desván, entre viejos objetos que traían recuerdos irrecuperables, Adela, desde hacía dos años sentada y quieta en la mecedora de mimbre que tanto le gustara.
Entonces subía como todas las mañanas y ventilaba la estancia. Después peinaba los escasos cabellos de Adela, se subía al taburete y comprobaba la firmeza de la cuerda atada a la viga central, que llevaba años esperándole.
Lo haré mañana –pensó mirando el nudo corredizo. Y salió a deambular por las calles, pasar la tarde en el bar de Elías y terminar el día borracho.
–Lo haré mañana después de haberte perdonado.
–Sí, mañana sin falta.

martes, 4 de enero de 2011


QUERIDO 2010
F.J.Fayerman
Cuatro de enero de 2011

Mucho tengo que agradecer al 2010, ahora que, como cada año, toca hacer resumen de lo ocurrido en los últimos doce meses. Mucho que agradecer a la vida que sigue, a la familia que me quiere y a los amigos que me soportan.
Desde febrero pertenezco al Colectivo Literario TAF, donde he encontrado más que a compañeros y amigos, a una nueva familia, que comparte conmigo gustos, aficiones y lo que es más importante para mí: amor por la palabra escrita, sin la que ya no podría vivir.
Espero durante toda la semana la llegada del miércoles, para encontrarme con ellos en la Tertulia de la calle Cartagena, donde hablamos, discutimos, reímos, y terminamos leyendo nuestros relatos recién salidos del horno que comentamos y sobre todo DISFRUTAMOS.
Gracias Celia, Pilar, Graziela, Lui, Begoña, Cruz, Carmen, Alejandro, Theo e Iñaki.
Los jueves la ilusión se instala en Pozuelo, donde disfruto de dos horas intensas aprendiendo a plasmar en el papel las ideas que surgen cada semana en mi imaginación. Y esto lo tengo que gradecer a mi maestro Juan Carlos Chirinos y a mis compañeros Esther, María, Marta, Walda, Paco, Roberto, Luis, Ricardo y a las recién incorporadas Yolanda, Cristina y Marta que espero permanezcan con nosotros mucho tiempo.
Este 2010 me ha concedido muchos amigos, que como dijo alguien son cada uno de ellos un tesoro.
O sea que gracias año 2010, porque me has hecho rico.
Un abrazo agradecido.