jueves, 17 de julio de 2014

PLAGIANDO A POE Sentí que mi corazón se encogía. Por un momento creí marearme ante la imagen que tenía delante, y que durante los largos años de destierro había llegado a idealizar. La frágil luz de la tarde declinaba, amenazando con difuminar el cuerpo postrado de mi amada y sumergirme otra vez en las tinieblas de mi alma enferma, pidiendo a gritos que la sanaran o la dejaran morir definitivamente. Sus ojos perdidos presagiaban lo inevitable, los labios blanquecinos deseaban hablarme sin que brotara de ellos palabra alguna que me consolara, y sus manos, flotando en la niebla que poco a poco la envolvía, parecían despedirse en lugar de reclamarme a su lado. Intenté correr hacia ella, pero como en los sueños terribles de mi niñez no conseguí dar ni siquiera un paso adelante. Extendí las manos inútilmente intentando atraparla o al menos acariciar su pelo, ya que era consciente de que partiría cabalgando la noche y desapareciendo de mi vida; que por más que la buscara durante el resto de mi existencia no la hallarla jamás, y volvería a quedar vacío como un rio sin caudal o un bodegón sin frutos. Las lágrimas me impidieron ver su rostro por última vez, y las sombras se hicieron dueñas finalmente de mi razón.

2 comentarios:

Marcos Callau dijo...

Me gusta. Tiene su halo de oscuridad. "Vacío como un bodegón sin frutos" es una frase muy acertada. Saludos.

Marcos Callau dijo...

Me gusta. Tiene su halo de oscuridad. Y la frase "Vacío, como un bodegón sin frutos" es muy acertada. Saludos.