<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-2187139645310452602</id><updated>2012-01-22T14:18:16.402+01:00</updated><title type='text'>El huerto de las palabras</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Federico</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16453751324275492917</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TTDVfWeKsoI/AAAAAAAAAI8/gPKYoWLfwqM/S220/DSC02208.JPG'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>72</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2187139645310452602.post-5390099102770724708</id><published>2012-01-20T15:00:00.002+01:00</published><updated>2012-01-20T15:00:14.955+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-Z_TNKnjjlPY/TxlzL-kyDrI/AAAAAAAAAPI/RO4U5O1b4Vw/s1600/juguetes.jpg" imageanchor="1" style="margin-left:1em; margin-right:1em"&gt;&lt;img border="0" height="213" width="320" src="http://1.bp.blogspot.com/-Z_TNKnjjlPY/TxlzL-kyDrI/AAAAAAAAAPI/RO4U5O1b4Vw/s320/juguetes.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;EL ORDEN OCULTO DE LAS EMOCIONES&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;F. J. Fayerman&lt;br /&gt;Dieciocho de diciembre de 2011&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi familia está reunida en torno a la abuela, como cada domingo, devorando con inmenso placer las croquetas de carne con huevo y pan que ella nos prepara.&lt;br /&gt;Mi abuela es la persona más cariñosa del mundo, incluso más que mi tío Carmelo que siempre me regala dulces y me mete un duro en el bolsillo del pantalón. Lo hace de forma maquinal y con mucho disimulo, pues sabe que a mi padre no le gusta que nos den dinero.&lt;br /&gt;Si algo ama mi abuela, es su jardín. Apenas desayuna, coge el cesto de las herramientas, abre la cancela y se pierde en su mundo vegetal. Las tardes las pasa encerrada en el piso de arriba.&lt;br /&gt;El abuelo murió hace dos años y a partir de aquel momento ella tomó las riendas de nuestras vidas. Despidió al jardinero, contrató a una empleada de hogar y retomó las clases de biomecánica que había abandonado al casarse. &lt;br /&gt;La historia de mi familia es fascinante. Entre las características que la definen está la ausencia de enfermedades y el agujero de la espalda. Otro de nuestros rasgos particulares es el aspecto físico. Somos muy diferentes, unos rubios, otros con el cabello negro y ensortijado y los demás lucimos un pelo color zanahoria, todo ello mezclado aleatoriamente con ojos verdes, azules o negros. Los niños vamos a colegios y a cursos diferentes para no luchar unos contra otros, ya que siempre somos los primeros de la clase. &lt;br /&gt;Cada cuatro años nace alguien nuevo en las estancias del piso alto y al domingo siguiente, mientras esperamos las croquetas de carne con huevo y pan, sentados a la mesa en el salón, lo conocemos. El último en nacer ha sido mi primo Luis, pero solo lo vimos un rato y después desapareció escaleras arriba sin que mi abuela nos diera razón alguna. Y de eso hace ya dos meses.&lt;br /&gt;En total somos veinte personas: mi abuela, mi padre, mi tío Alberto, mi tío Carmelo y mi tío Ricardo; mis doce primos y los tres hermanos gemelos de los que formo parte.&lt;br /&gt;Esta noche va a ser especial. Todos esperamos el atardecer del último domingo de cada mes, para visitar con mi abuela la habitación de los juguetes mecánicos. Nos agitamos impacientes viendo cómo busca el manojo de llaves en el cajón del aparador, sube al primer piso y abre, por fin, la puerta de la habitación añorada.&lt;br /&gt;El cuarto está revestido de estanterías rebosantes de juguetes y otros objetos de hojalata: Un mono que salta al tiempo que toca los platillos, un payaso que hace girar varias pelotitas en el aire, un soldado francés bajo un enorme gorro exhibiendo la bayoneta calada en su fusil, una moto con cuatro ruedas y un tiovivo que da vueltas incansable al ritmo de una cancioncilla pegadiza.&lt;br /&gt;A una orden de mi abuela, todos los juguetes se ponen en funcionamiento, caminan por la habitación y salen al pasillo chocando entre ellos. Al cabo de unos minutos vuelven a su sitio y quedan inmóviles y en silencio.&lt;br /&gt;Una vez restablecida la calma, mi abuela atraviesa la habitación y pone en hora el reloj de pared; después encaja a Madame Butterfly en el plato del gramófono y la hace cantar a setenta y ocho revoluciones por minuto. &lt;br /&gt;Esa es la señal. Nos colocamos en fila: delante, mi padre y el tío Carmelo; detrás, el tío Alberto y el tío Ricardo. A continuación y por orden de estatura nos ponemos los jóvenes y los niños y con una llave muy grande, que coloca en el agujero de nuestra espalda, mi abuela nos va dando cuerda uno a uno y para todo el mes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de comer, nos ha presentado otra vez al primo Luis. Sorprendentemente, en lugar de un agujero para la llave, lleva empotrada en su espalda una cajita con dos cilindros metálicos que mi abuela llama pilas acumuladoras y que según ella harán la vida más cómoda al nuevo miembro de la familia.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2187139645310452602-5390099102770724708?l=www.elhuertodelaspalabras.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/feeds/5390099102770724708/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2187139645310452602&amp;postID=5390099102770724708' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/5390099102770724708'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/5390099102770724708'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/2012/01/el-orden-oculto-de-las-emociones-f.html' title=''/><author><name>Federico</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16453751324275492917</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TTDVfWeKsoI/AAAAAAAAAI8/gPKYoWLfwqM/S220/DSC02208.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-Z_TNKnjjlPY/TxlzL-kyDrI/AAAAAAAAAPI/RO4U5O1b4Vw/s72-c/juguetes.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2187139645310452602.post-4662368018821523551</id><published>2011-10-28T22:50:00.000+02:00</published><updated>2011-10-28T22:50:16.900+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-2HWrPJm-gLk/TqsVcoj45pI/AAAAAAAAAOA/2yyWdRshCnM/s1600/images.jpg" imageanchor="1" style="margin-left:1em; margin-right:1em"&gt;&lt;img border="0" height="193" width="261" src="http://4.bp.blogspot.com/-2HWrPJm-gLk/TqsVcoj45pI/AAAAAAAAAOA/2yyWdRshCnM/s320/images.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;NACIONAL 340&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                                   F.J.Fayerman                                                              &lt;br /&gt;                                                                          Diecisiete de julio de 2011&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kilómetro mil catorce de la 340. En este punto kilométrico el coche que me precede golpea a un gorrión confiado y lo arroja al otro lado de la calzada.&lt;br /&gt;Cierro el ordenador bruscamente. No puedo volver a escribir sobre gorriones; tampoco relatar historias tristes que se han ido convirtiendo poco a poco en rutina y amenazan con encasillarme en el inhóspito  territorio de la  aflicción.&lt;br /&gt;Nunca he sido una persona excesivamente alegre, no lo negaré a estas alturas, pero jamás hasta el punto de ver pasar la vida con desánimo o nostalgia. Aún abrigo algo de ilusión cuando pienso en el futuro.&lt;br /&gt;Mañana será mi cumpleaños y lo festejaré con los amigos. Se acabó el celebrarlo en familia, con la tortilla de patatas, las croquetas de jamón, la empanada de carne y los sándwiches de Rodilla. Se terminaron de una vez y  para siempre las velas referenciales resquebrajando la fina capa de chocolate de una tarta Selva Negra y los “cumpleaños feliz” desentonados. Nada de eso volverá a pasar. He abierto la puerta de mi nueva vida y la he iniciado sin equipaje; sólo mi ordenador y mi mp3, las palabras y la música que nunca me han abandonado. También mi viejo Mercedes viene conmigo.&lt;br /&gt;Apago el aparato de radio de un manotazo. El silencio, mi silencio, me consuela como el compañero que sabe permanecer callado en los momentos tristes, como ese espacio intermedio entre canción y canción, como  el final de una novela o el instante  de tranquilidad que da paso al primer sueño. &lt;br /&gt;Pero no he podido evitarlo. He presenciado como el coche que me precede acaba de golpear a un gorrión despistado en el kilómetro mil catorce de la 340.  &lt;br /&gt;Salgo de la carretera y detengo el coche. A través del retrovisor veo como en el arcén izquierdo cerca de un mojón blanco y rojo, el gorrión se recupera y reanuda el vuelo.&lt;br /&gt;Enciendo la radio y me uno a las voces de mi grupo favorito:&lt;br /&gt;--¡Free as a bird…!&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2187139645310452602-4662368018821523551?l=www.elhuertodelaspalabras.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/feeds/4662368018821523551/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2187139645310452602&amp;postID=4662368018821523551' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/4662368018821523551'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/4662368018821523551'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/2011/10/nacional-340-f.html' title=''/><author><name>Federico</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16453751324275492917</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TTDVfWeKsoI/AAAAAAAAAI8/gPKYoWLfwqM/S220/DSC02208.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-2HWrPJm-gLk/TqsVcoj45pI/AAAAAAAAAOA/2yyWdRshCnM/s72-c/images.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2187139645310452602.post-8348713541577863695</id><published>2011-08-06T23:02:00.001+02:00</published><updated>2011-08-06T23:04:24.743+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-Gt-LMk7KrHE/Tj2sFNQi_TI/AAAAAAAAAM8/wtlqjQ0OtJo/s1600/691089-hermosa-playa-llena-de-gente-de-bronceado-nadar-y-divertirse.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 240px;" src="http://2.bp.blogspot.com/-Gt-LMk7KrHE/Tj2sFNQi_TI/AAAAAAAAAM8/wtlqjQ0OtJo/s320/691089-hermosa-playa-llena-de-gente-de-bronceado-nadar-y-divertirse.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5637851513996115250" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;VACACIONES DE VERANO&lt;br /&gt;                                                                                             Federico Fayerman&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Julio, sol, calor y playa. Es mediodía. José Canícula está sentado en su butaca. Entre el asiento y su trasero se intercala una toalla azul oscuro protectora. Sus pies del 44 surgen bajo la sombrilla y clavan sus talones en la fina y ardiente arena, al lado de una colilla de Marlboro. Tras las Rayban oscuras, sus ojos contemplan el mundo que le rodea. Al fondo de la contemplación hay un pelotón de triángulos de colores, recortados sobre el azul cielo del cielo y el verde mar del mar. Seccionados por la raya del horizonte inflan sus velas con glotonería.&lt;br /&gt;Un poco más cerca de la playa, más mar verde mar. Otro poco más cerca hay cabezas que suben y bajan y que aparecen y desaparecen al ritmo del vals de las olas. Mas cerca aún, cuerpos que van y cuerpos que vienen empujados por la espuma blanca de las olas que acaban de romper.&lt;br /&gt;En primer plano, infinidad de sombrillas surgidas a semejanza de hongos multicolores. Gente pasando de derecha a izquierda y de izquierda a derecha infatigablemente por el filo del agua, salpicándose entre ellos. Hombres canguro, con el bañador por debajo de la bolsa marsupial, mujeres con el bikini semioculto bajo los michelines, pepitos piscina marcando paquete bajo un mini bañador negro, tangas milimétricos en cuerpos de mujer sin cara. Y sobre todo  tetas,  muchas tetas.  Grandes, pequeñas, caídas hacia abajo y caídas hacia arriba, bien y mal operadas, achicharradas, lechosas, oscilantes, desparramadas, furtivas, minúsculas, inexistentes, desafiantes, negras y bicolores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la derecha de José Canícula, sobre las rocas, pescadores de piel renegrida, con más moral que el alcoyano, sueñan con conseguir por fin su primera captura.&lt;br /&gt;Medio metro delante de José Canícula, una pareja de unos cuarenta años, con dos niños de aspecto terrible, intenta clavar una sombrilla, como si no existiera mas espacio en la playa. Una vez conseguido empieza el desembarco. Tres toallas desplegadas sobre la arena; tumbona de tres cuerpos, cochecito de niño, bolsa de playa, bolsa conteniendo todo tipo de juguetes (cubo, pala, rastrillo, moldes diversos, balón hinchable,  gafas de bucear, aletas, flotadores, churro), bolsa de comida para el pequeño, libros, barca de plástico, mini iglú, dos tablas de surf y colchoneta con forma de cocodrilo, todo ello desperdigado alrededor de la sombrilla que se ladea, sale volando y se estrella contra las piernas de un grupo de hombres que, brazos en jarras contemplan un juego de petanca desde hace horas.&lt;br /&gt;Mientras el pequeño no para de llorar, el hermano mayor se dedica a llenar de arena las toallas pisoteándolas y a saltar sobre los flanes de arena que el padre construye al hermano menor. Los gritos del padre ahogan los del hijo llorón y consiguen, sumándose al sonido de las voces de los demás playistas, al tole tole machacón del oleaje, a los gritos de los que juegan con las palas y al ritmo rapero de los coches tuneados que pasan en ese momento por la carretera, crear un ambiente de relajación impropio de unas vacaciones tan largamente deseadas.&lt;br /&gt;Al lado de José Canícula, una mujer con el cuerpo brillante de copertone, come una manzana a grandes y sonoros mordiscos. Detrás, en la zona de nadie, en el blando y ardiente camino de vuelta al apartamento, las duchan babean apenas un hilo de agua tibia. Una larga fila de bañistas espera su turno para limpiar las patas metálicas de sus sillas.&lt;br /&gt;Los chiringuitos de la zona están llenos a rebosar. Al nauseabundo aroma de la fritanga se le une el no menos repugnante perfume de sudor reconcentrado del tío de la camiseta heavy de tirantes, que basa su limpieza corporal  en el baño diario en el mar. Apuntalado en la barra y fumando un purito a sotavento, el de los tirantes y la tripa cervecera está acompañado, inexplicablemente por una mujer mucho más joven que el, con mini falda, escote liberal y zapatillas de esparto con cuña.  Para dar fe de que es su pareja, al lado tienen aparcado un cochecito en el que, un chupete que sube y que baja sin parar, medio tapa la cara de un bebé sudoroso y aletargado.  &lt;br /&gt;En la mesa de al lado, una familia guiri, compuesta por cuatro o cinco adultos y cuatro o cinco niños, se zampan sin pestañear otros tantos platos combinados del número 4, compuestos de una esmerada selección de hamburguesa, salchichas, huevo frito y patatas fritas. Todo ello bajo una capa espesa de tomate kétchup. &lt;br /&gt;José Canícula, recoge sus cosas y vuelve al apartamento. De no ser por la orientación oeste, por ser un ático, por no tener aire acondicionado y por tener que aguantar hasta las cuatro de la madrugada a que cierre el escandaloso bar de abajo para poder dormir, sería un lugar ideal para descansar.  Se consuela pensando que solo le quedan catorce días de vacaciones pagadas.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2187139645310452602-8348713541577863695?l=www.elhuertodelaspalabras.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/feeds/8348713541577863695/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2187139645310452602&amp;postID=8348713541577863695' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/8348713541577863695'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/8348713541577863695'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/2011/08/vacaciones-de-verano-federico-fayerman.html' title=''/><author><name>Federico</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16453751324275492917</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TTDVfWeKsoI/AAAAAAAAAI8/gPKYoWLfwqM/S220/DSC02208.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-Gt-LMk7KrHE/Tj2sFNQi_TI/AAAAAAAAAM8/wtlqjQ0OtJo/s72-c/691089-hermosa-playa-llena-de-gente-de-bronceado-nadar-y-divertirse.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2187139645310452602.post-4984409646828570440</id><published>2011-06-19T19:23:00.002+02:00</published><updated>2011-06-19T19:26:25.020+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-PbMUAYZDHVg/Tf4wlWlM7TI/AAAAAAAAAM0/fquJyHgFEj8/s1600/diploma.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 152px; height: 320px;" src="http://2.bp.blogspot.com/-PbMUAYZDHVg/Tf4wlWlM7TI/AAAAAAAAAM0/fquJyHgFEj8/s320/diploma.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5619982803279867186" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Este diploma acredita la participación del micro La Pianista en el III Vendaval de microrretados del 19 de junio de 2011.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LA PIANISTA&lt;br /&gt;F.J.Fayerman&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   Recuerdo la casa larga y apretada. Las baldosas despegadas del pasillo sonaban, al ritmo de mis pasos, como desafinadas notas musicales.&lt;br /&gt;        Por las mañanas, la radio ocupaba el espacio familiar. Las tardes eran Para Elisa.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2187139645310452602-4984409646828570440?l=www.elhuertodelaspalabras.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/feeds/4984409646828570440/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2187139645310452602&amp;postID=4984409646828570440' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/4984409646828570440'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/4984409646828570440'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/2011/06/este-diploma-acredita-la-participacion.html' title=''/><author><name>Federico</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16453751324275492917</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TTDVfWeKsoI/AAAAAAAAAI8/gPKYoWLfwqM/S220/DSC02208.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-PbMUAYZDHVg/Tf4wlWlM7TI/AAAAAAAAAM0/fquJyHgFEj8/s72-c/diploma.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2187139645310452602.post-5688227716281033350</id><published>2011-06-17T20:58:00.001+02:00</published><updated>2011-06-17T21:07:31.880+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-SkjdpiKqvqQ/Tfuj_YJtFYI/AAAAAAAAAMU/Pcztf8i5Hyo/s1600/9788499839690.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 228px; height: 320px;" src="http://4.bp.blogspot.com/-SkjdpiKqvqQ/Tfuj_YJtFYI/AAAAAAAAAMU/Pcztf8i5Hyo/s320/9788499839690.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5619265269285066114" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;RELATEANDO, es el título del libro de relatos que hemos escrito y publicado los componentes del Colectivo Renglones de Ficción. Es un trabajo de trece relatos plasmados en papel por Yolanda Briones, Marta y María Cabezas, Esther Cambronero, Cristina Cardeñoso, Roberto N. Luis Díaz,José Ricardo Maceiras, Helena MRoldán, Marta Ónega, Hatoros, Walda Santos y F.J.Fayerman. &lt;br /&gt;En mi blog EL ESFERO iré pegando un relato cada semana, para que todos los seguidores podáis conocerlos.&lt;br /&gt;Gracias a todos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2187139645310452602-5688227716281033350?l=www.elhuertodelaspalabras.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/feeds/5688227716281033350/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2187139645310452602&amp;postID=5688227716281033350' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/5688227716281033350'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/5688227716281033350'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/2011/06/relateando-es-el-titulo-del-libro-de.html' title=''/><author><name>Federico</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16453751324275492917</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TTDVfWeKsoI/AAAAAAAAAI8/gPKYoWLfwqM/S220/DSC02208.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-SkjdpiKqvqQ/Tfuj_YJtFYI/AAAAAAAAAMU/Pcztf8i5Hyo/s72-c/9788499839690.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2187139645310452602.post-8241514654825766302</id><published>2011-06-13T17:47:00.000+02:00</published><updated>2011-06-13T17:48:37.822+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-jipLxJtobzg/TfYxMDhc8uI/AAAAAAAAAMM/KMlQ_BriETM/s1600/momento-del-cambio.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 306px; height: 300px;" src="http://1.bp.blogspot.com/-jipLxJtobzg/TfYxMDhc8uI/AAAAAAAAAMM/KMlQ_BriETM/s320/momento-del-cambio.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5617731668365079266" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;22. EL PARTERRE&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                                                         F.J.Fayerman&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tiempo se había detenido. El deambular de las agujas alrededor de la esfera del reloj, le taladraba los oídos. De un tic a un tac y luego otro tic y otro tac… &lt;br /&gt;¡Tic, tac; tic, tac!; y las horas quedaban atrás una tras otra; aguardando nuevo turno.&lt;br /&gt;La primavera había regresado y el jardín preparaba su fiesta acostumbrada derramando los macizos de margaritas, perfumando los jazmines y decorando las varas de los rosales.  &lt;br /&gt;Celia esperaba desde hacía mucho tiempo, ese tiempo que había huido arrebatándole sus recuerdos.&lt;br /&gt;Celia abría la ventana y veía el parterre. Cada día un poco más lejos; cada día un poco más tarde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;MOMENTOS  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;23. ¿A DONDE VAN LOS CARACOLES?&lt;br /&gt;                                                                                             &lt;br /&gt;Anoche salí a pasear mi soledad por el parque. La lluvia como única compañera de marcha. Pero enseguida cesó y entendí que ella también quisiera irse de mi lado. &lt;br /&gt;Las farolas apenas iluminaban el borde del camino. &lt;br /&gt;Por debajo del seto de aligustre, los vi salir sin rumbo fijo. Como cada noche de lluvia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;MOMENTOS&lt;br /&gt;24. TSUNAMI                                                                                       &lt;br /&gt;Vio llegar la ola, enorme, altiva, coronada de espuma blanca; la ola que ocultaba el cielo. Subió en su tabla y la cabalgó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;MOMENTOS&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;25. JUEGOS DE NIÑOS&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Carlos lanzó el tacón de goma que fue a caer cerca del bordillo de la acera.&lt;br /&gt;Raúl le miró sorprendido y Carlos se dejó mirar. Después arrojó su tacón que golpeó al de Carlos y se detuvo unos diez centímetros más lejos.&lt;br /&gt;Raúl se acercó lentamente y midió la distancia entre ambos, estirando los dedos de su mano derecha. El pulgar sobre un tacón y el meñique sobre el otro.&lt;br /&gt;¡Me debes dos cromos!&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2187139645310452602-8241514654825766302?l=www.elhuertodelaspalabras.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/feeds/8241514654825766302/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2187139645310452602&amp;postID=8241514654825766302' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/8241514654825766302'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/8241514654825766302'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/2011/06/22.html' title=''/><author><name>Federico</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16453751324275492917</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TTDVfWeKsoI/AAAAAAAAAI8/gPKYoWLfwqM/S220/DSC02208.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-jipLxJtobzg/TfYxMDhc8uI/AAAAAAAAAMM/KMlQ_BriETM/s72-c/momento-del-cambio.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2187139645310452602.post-768869381444182885</id><published>2011-06-06T16:33:00.000+02:00</published><updated>2011-06-06T16:34:23.175+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a href="http://vendavaldemicros2011.blogspot.com/"&gt;&lt;img style="display:block;" src="https://lh3.googleusercontent.com/-C126UqmrE8E/TelDTP11QUI/AAAAAAAACPE/8L7jtYY1QPY/cartel_vendaval2011.png"/&gt;&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2187139645310452602-768869381444182885?l=www.elhuertodelaspalabras.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/feeds/768869381444182885/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2187139645310452602&amp;postID=768869381444182885' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/768869381444182885'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/768869381444182885'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/2011/06/blog-post.html' title=''/><author><name>Federico</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16453751324275492917</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TTDVfWeKsoI/AAAAAAAAAI8/gPKYoWLfwqM/S220/DSC02208.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='https://lh3.googleusercontent.com/-C126UqmrE8E/TelDTP11QUI/AAAAAAAACPE/8L7jtYY1QPY/s72-c/cartel_vendaval2011.png' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2187139645310452602.post-1890268257848951571</id><published>2011-05-22T17:26:00.000+02:00</published><updated>2011-05-22T17:45:17.523+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-Gcd_bzMnhjw/TdkvYm7IJJI/AAAAAAAAALw/exJvUv27Xb4/s1600/1loque4.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 173px; height: 250px;" src="http://2.bp.blogspot.com/-Gcd_bzMnhjw/TdkvYm7IJJI/AAAAAAAAALw/exJvUv27Xb4/s320/1loque4.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5609566910678574226" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CUENTO&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                                                                                                                                F.J.Fayerman&lt;br /&gt;                                                                                                     Diez de marzo de 2011 &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un coche azul, dos, tres, cuatro; una farola, dos, tres, cuatro…cinco; &lt;br /&gt;Lucio gira por Maiquez y corre por Fernán González hasta el cruce con O´Donnell: &lt;br /&gt;El semáforo está en rojo: un segundo, dos tres, cuatro, cinco...quince; luz verde.&lt;br /&gt;Entra corriendo en el portal.&lt;br /&gt;– ¡Buenas noches señora Felipa! Saluda el muchacho a una cara arrugada que retrocede y se refugia en la penumbra del chiscón. &lt;br /&gt;Un escalón, dos, tres…nueve:&lt;br /&gt;Primer piso; una puerta, dos, tres…&lt;br /&gt;Segundo piso una, dos, tres… &lt;br /&gt;Tercer piso; una, dos, tres… ¿cuatro?&lt;br /&gt;………………………..Sexto piso. Aporrea la puerta de su casa.&lt;br /&gt;– ¡Madre, en el tercero hay cuatro puertas otra vez!&lt;br /&gt;Elena no responde. Apaga la luz del recibidor y cierra con llave: Una vuelta, dos, tres…&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2187139645310452602-1890268257848951571?l=www.elhuertodelaspalabras.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/feeds/1890268257848951571/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2187139645310452602&amp;postID=1890268257848951571' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/1890268257848951571'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/1890268257848951571'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/2011/05/cuento-f.html' title=''/><author><name>Federico</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16453751324275492917</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TTDVfWeKsoI/AAAAAAAAAI8/gPKYoWLfwqM/S220/DSC02208.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-Gcd_bzMnhjw/TdkvYm7IJJI/AAAAAAAAALw/exJvUv27Xb4/s72-c/1loque4.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2187139645310452602.post-4746143228874107642</id><published>2011-05-07T00:10:00.001+02:00</published><updated>2011-05-07T00:12:26.090+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-YRL41Ji47uY/TcRyBhFokEI/AAAAAAAAALY/ZjtBLT9ZL9o/s1600/6-dibujos-infantiles-trenes-g.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 307px; height: 320px;" src="http://1.bp.blogspot.com/-YRL41Ji47uY/TcRyBhFokEI/AAAAAAAAALY/ZjtBLT9ZL9o/s320/6-dibujos-infantiles-trenes-g.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5603729206743175234" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este relato ha sido uno de los finalistas en el V Certamen de relatos breves de Renfe 2011.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ODISEA.doc&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                                                         F.J.Fayerman&lt;br /&gt;                                                                                  Veintiséis de marzo de 2011&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;     Nacieron de la imaginación de un escritor perezoso, que hizo por ellas lo que cualquier padre hubiera hecho por sus hijas: Las alimentó; intentó corregir sus defectos y dar sentido a su existencia. Después las vistió apropiadamente y las enseño a bailar sin perder el ritmo; a permanecer vivas en la memoria del lector y a amarle mientras éste lo deseara. Y cuando estuvieron dispuestas, las montó en el tren de la fantasía y las envió con un simple clic, a través de ríos de cobre y colinas de silicio, al Certamen de Relatos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2187139645310452602-4746143228874107642?l=www.elhuertodelaspalabras.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/feeds/4746143228874107642/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2187139645310452602&amp;postID=4746143228874107642' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/4746143228874107642'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/4746143228874107642'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/2011/05/este-relato-ha-sido-uno-de-los.html' title=''/><author><name>Federico</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16453751324275492917</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TTDVfWeKsoI/AAAAAAAAAI8/gPKYoWLfwqM/S220/DSC02208.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-YRL41Ji47uY/TcRyBhFokEI/AAAAAAAAALY/ZjtBLT9ZL9o/s72-c/6-dibujos-infantiles-trenes-g.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2187139645310452602.post-3783607063019917425</id><published>2011-04-29T16:36:00.003+02:00</published><updated>2011-04-29T16:46:02.389+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-2PYhQPRWkmw/TbrN0xGyhYI/AAAAAAAAALA/ixzxskdZwyA/s1600/momentos.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 240px;" src="http://2.bp.blogspot.com/-2PYhQPRWkmw/TbrN0xGyhYI/AAAAAAAAALA/ixzxskdZwyA/s320/momentos.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5601015393007338882" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;MOMENTOS&lt;br /&gt;17 – SUBLIME&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                                                                                                                            Cuando la Muerte vino a su encuentro mucho tiempo después, la búsqueda tenaz de la belleza se le antojó una estúpida pérdida de tiempo. &lt;br /&gt;Sólo había que sostener Su mirada para descubrir lo sublime.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;MOMENTOS&lt;br /&gt;20. LA PIANISTA&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   Recuerdo la casa larga y apretada. Las baldosas despegadas del pasillo sonaban, al ritmo de mis pasos, como desafinadas notas musicales.&lt;br /&gt;        Por las mañanas, la radio ocupaba el espacio familiar. Las tardes eran &lt;em&gt;Para&lt;/em&gt; &lt;em&gt;Elisa&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;MOMENTOS&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;21. NIPPON&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las paredes se arquearon y una gran fuerza cambió todo de sitio. &lt;br /&gt;Min Piu salió precipitadamente del edificio de apartamentos y se sumergió en la corriente humana que serpenteaba hacia el centro de Tokio. En Shinobazu Dori paró un taxi, y dictó al chófer la dirección de sus ancianos padres. &lt;br /&gt;Mientras escuchaba las noticias por la radio manipuló su I-Pad y desarrolló una fórmula con la que estaba familiarizada:&lt;br /&gt;M=Log A + 3Log (8At) -2.92. = 12 puntos en la escala de Magnitud Local.&lt;br /&gt;Mientras avanzaban por el intenso tráfico, Min Piu sombreó de gris sus párpados, se pintó de rojo los labios y difuminó de rosa suave sus pómulos. Según sus cálculos, la ola no tardaría más de diez minutos en llegar.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2187139645310452602-3783607063019917425?l=www.elhuertodelaspalabras.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/feeds/3783607063019917425/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2187139645310452602&amp;postID=3783607063019917425' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/3783607063019917425'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/3783607063019917425'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/2011/04/momentos-17-sublime-cuando-la-muerte.html' title=''/><author><name>Federico</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16453751324275492917</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TTDVfWeKsoI/AAAAAAAAAI8/gPKYoWLfwqM/S220/DSC02208.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-2PYhQPRWkmw/TbrN0xGyhYI/AAAAAAAAALA/ixzxskdZwyA/s72-c/momentos.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2187139645310452602.post-7918136775682256221</id><published>2011-02-26T20:15:00.000+01:00</published><updated>2011-02-26T20:16:27.778+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-qjpWp5xLxdw/TWlRcYzBxBI/AAAAAAAAAKQ/AHJxn76jXgQ/s1600/portada%2Bdel%2Blibro.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 219px; height: 320px;" src="http://2.bp.blogspot.com/-qjpWp5xLxdw/TWlRcYzBxBI/AAAAAAAAAKQ/AHJxn76jXgQ/s320/portada%2Bdel%2Blibro.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5578079161609733138" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;MADRID ENTRE LINEAS&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Han sido unos cuantos meses de gestación, pero por fin el fruto ya está entre nosotros.&lt;br /&gt;Lo fecundamos una tarde de tertulia, entre todos y con una enorme ilusión. Cada uno pusimos cinco mil palabras de nuestra cosecha literaria y todas unidas formaron un enorme espermatozoide que voló raudo hacia la editorial&lt;br /&gt;No todo fue fácil, hubo que corregirlo, pulirlo, maquetarlo y esperar impacientes a que tomara la forma definitiva.&lt;br /&gt;Y llegó el alumbramiento. El editor nos llamó una mañana y nos dijo: ¡Ha sido libro! Y las siete madres y los cuatro padres de la criatura nos reunimos en alegre tertulia y entre todos le buscamos un nombre:&lt;br /&gt;–Se llamará “Madrid entre Líneas” y con nuestro amor de padres y el apoyo de sus lectores, será feliz.&lt;br /&gt;Y nos tomamos unas cañas a la salud de este hijo-libro y pensamos que la mejor forma de criarlo sería con nuestros familiares y amigos. &lt;br /&gt;Esperamos que crezca sano y tenga más hermanos con el correr de los años.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2187139645310452602-7918136775682256221?l=www.elhuertodelaspalabras.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/feeds/7918136775682256221/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2187139645310452602&amp;postID=7918136775682256221' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/7918136775682256221'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/7918136775682256221'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/2011/02/madrid-entre-lineas-han-sido-unos.html' title=''/><author><name>Federico</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16453751324275492917</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TTDVfWeKsoI/AAAAAAAAAI8/gPKYoWLfwqM/S220/DSC02208.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-qjpWp5xLxdw/TWlRcYzBxBI/AAAAAAAAAKQ/AHJxn76jXgQ/s72-c/portada%2Bdel%2Blibro.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2187139645310452602.post-7179168876525887664</id><published>2011-02-18T13:23:00.003+01:00</published><updated>2011-02-18T13:33:29.034+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-P1Y9kP_IfZ0/TV5lBqvV4sI/AAAAAAAAAJw/Qx5Js3xxYJs/s1600/MUSEO_%257E1.JPG"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 240px;" src="http://4.bp.blogspot.com/-P1Y9kP_IfZ0/TV5lBqvV4sI/AAAAAAAAAJw/Qx5Js3xxYJs/s320/MUSEO_%257E1.JPG" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5575004468058383042" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-dpu1IMQN6jg/TV5mLKzrQyI/AAAAAAAAAJ4/mtZECnN8_jU/s1600/INVITACI%25C3%2583%25E2%2580%259CN.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 221px; height: 320px;" src="http://4.bp.blogspot.com/-dpu1IMQN6jg/TV5mLKzrQyI/AAAAAAAAAJ4/mtZECnN8_jU/s320/INVITACI%25C3%2583%25E2%2580%259CN.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5575005730796946210" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tan deseado libro de relatos “Madrid entre Líneas”, ve por fin la luz.&lt;br /&gt;El próximo viernes día 25 de Febrero, El Colectivo Literario Tirarse al Folio del que soy integrante,  presentará el libro en el Centro Cultural Buenavista, en la Avda. de los Toreros, núm. 3 en Madrid, a las 20 horas. La presentación correrá a cargo del escritor Germán Sánchez Espeso, Premio Nadal.&lt;br /&gt;Seis de mis relatos están en sus páginas.&lt;br /&gt;Todos los seguidores de mi blog estáis invitados al acto.&lt;br /&gt;Os espero.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2187139645310452602-7179168876525887664?l=www.elhuertodelaspalabras.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/feeds/7179168876525887664/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2187139645310452602&amp;postID=7179168876525887664' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/7179168876525887664'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/7179168876525887664'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/2011/02/el-tan-deseado-libro-de-relatos-madrid.html' title=''/><author><name>Federico</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16453751324275492917</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TTDVfWeKsoI/AAAAAAAAAI8/gPKYoWLfwqM/S220/DSC02208.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-P1Y9kP_IfZ0/TV5lBqvV4sI/AAAAAAAAAJw/Qx5Js3xxYJs/s72-c/MUSEO_%257E1.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2187139645310452602.post-8997784978013395646</id><published>2011-01-07T18:42:00.000+01:00</published><updated>2011-01-07T18:44:20.322+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TSdQyXJLklI/AAAAAAAAAIo/H3nbvO2swkQ/s1600/mecedora-penumbra.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 300px; height: 231px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TSdQyXJLklI/AAAAAAAAAIo/H3nbvO2swkQ/s320/mecedora-penumbra.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5559501091148370514" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;MAÑANA SIN FALTA&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                                               Federico Fayerman&lt;br /&gt;                                                                                        Veinte de mayo de 2010&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sobre el sillón de plástico agrietado se amontonaban los medicamentos. Cajas de todos los tamaños y colores. Tabletas, píldoras, comprimidos y cápsulas sueltas proliferaban entre ellas. El sofá era territorio de libros y revistas desordenados. El sol apenas podía penetrar a través del balcón cerrado por cristales opacos de mugre. El resto de la casa estaba igualmente desordenado y sucio, camas sin hacer, cocina abarrotada de cacharros grasientos y en el cuarto de baño los sanitarios habían dejado de ser blancos hacía mucho tiempo.&lt;br /&gt;Arturo fumaba un cigarrillo de picadura sentado en el suelo del dormitorio. Con la espalda apoyada en la pared, frente a la escalera que llevaba al desván y la mirada fija en la fotografía de Adela. Le gustaba recordarla a través de esa imagen, que la mostraba sentada en una mecedora de mimbre, con veintiún años recién cumplidos; dos días después de la boda y en pleno viaje de novios. En esa foto podía apreciar la felicidad que aún reflejaban sus profundos ojos negros. Desde entonces habían transcurrido treinta años y desde que Adela le abandonara, dos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Arturo empujó la puerta del bar. Eran casi las tres de la tarde y varias mesas habían quedado libres al fondo de la barra, donde la cocina se hacía más presente a través del espeso olor de la freidora, que no distinguía entre carne o pescado. Arturo se sentó y al momento un plato de sopa de cocido humeó delante de su cara. &lt;br /&gt;– ¿Vino? –Preguntó Elías. &lt;br /&gt;–Sí, claro.&lt;br /&gt;El bar de Elías, pese a ser muy viejo se conservaba limpio y salvo el olor de la cocina durante las comidas, era un lugar de agradable encuentro para los vecinos y donde las partidas de mus de las tardes se habían hecho famosas en el barrio. Arturo llevaba dos años sin participar en ellas, aunque permanecía en el bar hasta las ocho, hora en la que los jugadores se levantaban de las mesas y Elías colocaba sobre ellas los tapetes de papel a la espera de servir la cena. Entonces él también se levantaba y salía a la calle, para hacer el recorrido habitual por las otras tabernas de la zona hasta que, cada día más o menos a la misma hora, algún amigo o vecino le ayudaba a subir a su casa completamente borracho. En ocasiones no llegaba hasta la cama y dormía en el suelo del salón o sentado a la mesa de la cocina con la cabeza apoyada en el tablero y los brazos colgando a ambos lados de su cuerpo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y al despertarse veía la escalera, que se proyectaba hasta el desván a lo largo de catorce estrechos escalones de madera carcomida, aferrados a una titubeante balaustrada. Abajo, él y su secreto. Arriba, en la oscuridad del desván, entre viejos objetos que traían recuerdos irrecuperables, Adela, desde hacía dos años sentada y quieta en la mecedora de mimbre que tanto le gustara.&lt;br /&gt;Entonces subía como todas las mañanas y ventilaba la estancia. Después peinaba los escasos cabellos de Adela, se subía al taburete y comprobaba la firmeza de la cuerda atada a la viga central, que llevaba años esperándole.&lt;br /&gt;Lo haré mañana –pensó mirando el nudo corredizo. Y salió a deambular por las calles, pasar la tarde en el bar de Elías y terminar el día borracho.&lt;br /&gt;–Lo haré mañana después de haberte perdonado.&lt;br /&gt; –Sí, mañana sin falta.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2187139645310452602-8997784978013395646?l=www.elhuertodelaspalabras.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/feeds/8997784978013395646/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2187139645310452602&amp;postID=8997784978013395646' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/8997784978013395646'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/8997784978013395646'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/2011/01/manana-sin-falta-federico-fayerman.html' title=''/><author><name>Federico</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16453751324275492917</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TTDVfWeKsoI/AAAAAAAAAI8/gPKYoWLfwqM/S220/DSC02208.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TSdQyXJLklI/AAAAAAAAAIo/H3nbvO2swkQ/s72-c/mecedora-penumbra.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2187139645310452602.post-2112740497377482417</id><published>2011-01-04T18:10:00.001+01:00</published><updated>2011-01-04T18:15:42.062+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TSNUjV3M6-I/AAAAAAAAAIY/LIPL_0JKsa0/s1600/Amigos%2Bpara%2Bsiempre.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 316px; height: 320px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TSNUjV3M6-I/AAAAAAAAAIY/LIPL_0JKsa0/s320/Amigos%2Bpara%2Bsiempre.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5558379331246156770" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;QUERIDO 2010&lt;br /&gt;F.J.Fayerman&lt;br /&gt;Cuatro de enero de 2011&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mucho tengo que agradecer al 2010, ahora que, como cada año, toca hacer resumen de lo ocurrido en los últimos doce meses. Mucho que agradecer a la vida que sigue, a la familia que me quiere y a los amigos que me soportan.&lt;br /&gt;Desde  febrero pertenezco al Colectivo Literario TAF, donde he encontrado más que a compañeros y amigos, a una nueva familia, que comparte conmigo gustos, aficiones y lo que es más importante para mí: amor por la palabra escrita, sin la que ya no podría vivir.&lt;br /&gt;Espero durante toda la semana la llegada del miércoles, para encontrarme con ellos en la Tertulia de la calle Cartagena, donde hablamos, discutimos, reímos, y terminamos leyendo nuestros relatos recién salidos del horno que comentamos y sobre todo DISFRUTAMOS.&lt;br /&gt;Gracias Celia, Pilar, Graziela, Lui, Begoña, Cruz, Carmen, Alejandro, Theo e Iñaki.&lt;br /&gt;Los jueves la ilusión se instala en Pozuelo, donde disfruto de dos horas intensas aprendiendo a plasmar en el papel las ideas que surgen cada semana en mi imaginación. Y esto lo tengo que gradecer a mi maestro Juan Carlos Chirinos y a mis compañeros Esther, María, Marta, Walda, Paco, Roberto, Luis, Ricardo y a las recién incorporadas Yolanda, Cristina y Marta que espero permanezcan con nosotros mucho tiempo.&lt;br /&gt;Este 2010 me ha concedido muchos amigos, que como dijo alguien son cada uno de ellos un tesoro. &lt;br /&gt;O sea que gracias año 2010, porque me has hecho rico.&lt;br /&gt;Un abrazo agradecido.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2187139645310452602-2112740497377482417?l=www.elhuertodelaspalabras.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/feeds/2112740497377482417/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2187139645310452602&amp;postID=2112740497377482417' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/2112740497377482417'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/2112740497377482417'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/2011/01/querido-2010-f.html' title=''/><author><name>Federico</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16453751324275492917</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TTDVfWeKsoI/AAAAAAAAAI8/gPKYoWLfwqM/S220/DSC02208.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TSNUjV3M6-I/AAAAAAAAAIY/LIPL_0JKsa0/s72-c/Amigos%2Bpara%2Bsiempre.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2187139645310452602.post-8397183310355088336</id><published>2010-11-26T13:35:00.000+01:00</published><updated>2010-11-26T13:38:45.584+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TO-qHiEnNbI/AAAAAAAAAH8/BUtsKCvmYeE/s1600/756476Cerbero.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 320px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TO-qHiEnNbI/AAAAAAAAAH8/BUtsKCvmYeE/s320/756476Cerbero.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5543836712698328498" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;EL VESTÍBULO DEL INFIERNO&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                                                         F.J.Fayerman&lt;br /&gt;                                                                                        Siete de agosto de 2010&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La vida de Samael J.Sheridan podía dividirse fácilmente en antes y después de su traslado a Diablo, ciudad al este del país, rica en leyendas y cuna de los mejores escritores de cuentos de terror, todo ellos misteriosamente desaparecidos cuando la vida más les sonreía. &lt;br /&gt;Samael J. Sheridan también era escritor, aunque el género que cultivaba no tenía mucho que ver con el miedo. Escribía teatro y guiones de cine, casi siempre comedias, que apenas le daba para sobrevivir. Por eso, cuando recibió la oferta de escribir un guión para una importante productora cinematográfica, ni siquiera sopesó que el encargo le obligaría a trasladarse a Diablo. Y con ello la necesidad de dejar su pequeño y económico apartamento en la capital para tener que buscar una habitación barata, cerca de la sede de United Films. &lt;br /&gt;El contrato ofertado era por tres años, así que cedió su apartamento a un amigo y subió al tren. El equipaje se limitaba al ordenador portátil y a una pequeña maleta, donde guardaba celosamente su obra literaria y el cepillo de dientes. Casi toda la ropa que tenía, la llevaba puesta.&lt;br /&gt;En la madrugada del día siguiente, Diablo se presentó a través de la empañada ventanilla del vagón de tercera clase. La ciudad se encontraba sumergida en una niebla cerrada, que no se desvaneció hasta el mediodía. Una urbe de casas viejas y apiñadas, que apenas dejaba vislumbrar un cielo de sucio chocolate, que amenazaba teñir con su lluvia las callejuelas estrechas del barrio antiguo, al que llamaban Olbaid.  Según la información que había conseguido en Internet databa del siglo X. &lt;br /&gt;Samael J. Sheridan era un hombre corpulento.  Más de cien kilos repartidos en un cuerpo de un metro ochenta sin contar los altos tacones de sus botas y el sombrero vaquero que lucía siempre. Samael iba a cumplir cuarenta años ese mismo mes, pero hacía mucho tiempo que no celebraba los aniversarios. Desde la muerte de su mujer, vivir se había convertido en algo secundario.  Quizás el cambio de ciudad le ayudaría a devolverla a un primer plano y a olvidar el pasado.&lt;br /&gt;Después de firmar el contrato en las oficinas de United Films, Samael dedicó el día en buscar alojamiento en Olbaid. Almorzó en un pequeño restaurante de la calle Natas donde trabó amistad con un hombre que comía en la mesa contigua, de aspecto sombrío, bajo, cargado de hombros y con unos ojos que parecían traspasarle cuando los fijaba en los suyos.&lt;br /&gt;–Conozco un piso que se alquila cerca de aquí, --le dijo el hombre al enterarse de que buscaba un lugar para vivir.&lt;br /&gt;–No puedo permitirme un piso, –contestó Samael. –Con una habitación me conformo.&lt;br /&gt;–El piso es de un vecino y amigo que se ha ido a vivir al extranjero y lo alquila por un precio muy bajo, a cambio de que el inquilino lo cuide y se haga cargo de las plantas y de su perro, –respondió el hombre.&lt;br /&gt;Aquella misma tarde los dos visitaron el piso. Era un sótano, con un único dormitorio con una cama con dosel, cocina moderna, cuarto de baño y un salón muy grande con tres ambientes diferenciados. También contaba con un despacho/biblioteca de muebles antiguos y muy bien conservados. Sobre un velador de tres patas florecían unas Faccaceas. Eran las únicas plantas en toda la casa. Toda ella respiraba lujo y Samael J.Sheridan la ocupó encantado. &lt;br /&gt;Al día siguiente llegó Cerbero. Cerbero era un Gran Danés negro. Sentado alcanzaba más de un metro de altura. En su enorme cabeza destacaban dos orejas puntiagudas y unos ojos brillantes que parecían moverse y flotar solos por la noche en la oscuridad del dormitorio.&lt;br /&gt;Samael se acostumbró enseguida a Cerbero y cuando salían a la calle a dar los paseos obligatorios, la gente se apartaba, tal era el respeto que levantaba a su paso. Comía siempre en el restaurante de la calle Natas y Cerbero recibía su ración en la cocina.&lt;br /&gt;Una mañana de domingo el hombre del restaurante visitó a Samael y le propuso utilizar el piso para hacer una fiesta con gente guapa entre los que se encontraba la actriz más famosa y bella del momento: Lucía Labelle.&lt;br /&gt;Samael aceptó de inmediato y a petición del hombre del restaurante compró velas, comida abundante y diez cajas de botellas de güisqui. Llenó el congelador de hielo y abandonó el piso durante todo el sábado, como le habían pedido.&lt;br /&gt;El domingo amaneció frío. Tampoco había nubes en el cielo. Su habitual color chocolate se había convertido en rojo sangre. El viento arqueaba los arboles y los desnudaba de hojas y frutos, y su ulular espantaba a los escasos viandantes que habían osado salir ese día.&lt;br /&gt;Poco a poco fueron llegando los invitados al piso de Samael, colocándose alrededor de un círculo de velas encendidas que rodeaban una gran losa de mármol negro en el suelo del salón. &lt;br /&gt;Durante varias horas los invitados comieron y bebieron abundantemente, conversando y riendo sin parar, hasta que a las doce de la noche la luz eléctrica se cortó y únicamente permaneció la luz de las velas y las sombras estiradas que estas proyectaban sobre las paredes. Alguien gritó y otros rieron nerviosamente, pero todos dejaron de bailar y beber, fijando la mirada en la losa negra que empezaba a moverse, descubriendo una escalera de piedra tenuemente iluminada. Entonces surgió del interior un hombre vestido de blanco y Samael creyó reconocer al hombre del restaurante. Ahora era alto, delgado y su rostro era extraordinariamente bello. Conservaba los mismos ojos penetrantes y en la boca se le dibujaba una sonrisa de satisfacción.  A su lado se situó Cerbero, sentado en actitud sumisa.&lt;br /&gt;–Mi nombre es Satán, –dijo el aparecido. –Yo los he invitado a mi fiesta. &lt;br /&gt;Levantó el brazo derecho y el cuerpo de Cerbero empezó a crecer hasta convertirse en una bestia enorme. El animal saltó entonces sobre los invitados golpeando, mordiendo y destrozando todo lo que se ponía a su alcance, hasta que solo sobrevivieron ocho o diez personas, entre las que se encontraban Lucía Labelle y Samael.&lt;br /&gt;Satán señaló a los que aún permanecían con vida y les dijo:&lt;br /&gt; – ¿Quieren seguirme, por favor? Continuaremos la celebración abajo.&lt;br /&gt;Cerbero empujó a Samael hasta el pasillo de la casa y desde allí pudo advertir cómo el salón empezaba a hundirse y lo vio descender hacia las entrañas de la tierra. Después todo quedó en silencio. &lt;br /&gt;En el interior del piso solo permanecieron Samael, Cerbero, que había recobrado su aspecto original y un olor a azufre que duró dos días, justo el tiempo que tardó la policía en visitarlo preguntando por algunos de los desaparecidos.&lt;br /&gt;Cada seis meses Samael preparaba la fiesta para su vecino Satán, siempre con gente guapa, Y también, cada seis meses Samael presentaba un guión nuevo a United films con el que obtenía una fortuna, convirtiéndose en el guionista de moda y en el hombre más solicitado por las mujeres de Diablo.  &lt;br /&gt;La novela El vestíbulo del infierno donde narraba bajo seudónimo una historia de fiestas y encuentros con Satán, podría haber sido sin duda su mayor éxito pero, como ya había ocurrido años antes con otros escritores de fama, no tuvo ocasión de publicarla.&lt;br /&gt;Y así, Samael J.Sheridan entró a formar parte del selecto colectivo de escritores misteriosamente desaparecidos, cuando la vida más les sonreía.&lt;br /&gt;Varios meses después, el escritor y guionista Simón L. Mark recibió una oferta de United Films imposible de rechazar. Tendría que mudarse con su mujer desde San Diego a Diablo, pero merecía la pena. Además, la casa les saldría gratis.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2187139645310452602-8397183310355088336?l=www.elhuertodelaspalabras.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/feeds/8397183310355088336/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2187139645310452602&amp;postID=8397183310355088336' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/8397183310355088336'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/8397183310355088336'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/2010/11/el-vestibulo-del-infierno-f.html' title=''/><author><name>Federico</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16453751324275492917</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TTDVfWeKsoI/AAAAAAAAAI8/gPKYoWLfwqM/S220/DSC02208.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TO-qHiEnNbI/AAAAAAAAAH8/BUtsKCvmYeE/s72-c/756476Cerbero.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2187139645310452602.post-7382028516635868939</id><published>2010-11-12T12:18:00.002+01:00</published><updated>2010-11-12T12:22:04.828+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TN0jKvY3j3I/AAAAAAAAAH0/g-vEnxb7BZs/s1600/1241694218171NH_PlayaCuevasdelMarc3.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 224px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TN0jKvY3j3I/AAAAAAAAAH0/g-vEnxb7BZs/s320/1241694218171NH_PlayaCuevasdelMarc3.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5538621784162013042" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;MARIA LUISA &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                                                         F.J.Fayerman&lt;br /&gt;                                                                                      Veintitrés de julio de 2010&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegábamos a la playa sobre las once, y nos agrupábamos cerca de las rocas. Bandera verde, mar en calma y sol intenso. Extendíamos las toallas por el suelo y todos se sentaban contentos sobre ellas. Los monitores nos colocábamos alrededor.&lt;br /&gt;Era mi primer año de voluntariado en este campamento de verano con hombres y mujeres discapacitados y mi papel consistía en acompañar permanentemente a dos de ellos y vigilar que en la playa nadie se alejara del grupo. Cuando todos estaban preparados, el monitor jefe iniciaba las actividades.&lt;br /&gt;Primero era el baño y los juegos en la arena. Después, en unas mesas que habíamos colocado al fondo de la playa, resguardados del sol por toldos verdes y blancos, se almorzaba y leíamos algunos textos que se comentaban hasta donde alcanzaba su entendimiento. Así hasta las dos, hora en la que los acompañábamos a la residencia para comer.&lt;br /&gt;Por la tarde nos juntábamos en el porche de la casa y contábamos historias divertidas. Por la noche, todos querían escuchar historias de miedo. &lt;br /&gt;A María le reían los ojos cada vez que yo pronunciaba su nombre, aunque de vez en cuando su mirada se escapaba lejos y parecía perderse en otro mundo, del que costaba mucho recuperarla.&lt;br /&gt;María tenía treinta años, el pelo largo y negro, recogido en una coleta y atado con una goma rosa, el único color que le gustaba. A veces, mientras leíamos, ella misma deshacía el nudo y me daba la goma para que volviera a recogérselo y así notar mis dedos en su cabeza. Su cuerpo era frágil, casi tanto como su mente y cuando caminábamos buscaba apoyo en mis brazos. Podía haber sido la mujer más deseada del mundo, si hubiera podido sonreír; si hubiera tenido alguna razón para sonreír. &lt;br /&gt;Me enamoré sin pensarlo, sin desearlo, pero en ningún momento sentí compasión ni pena hacia María. Para mí no era diferente a cualquier otra mujer, pese a que en su boca había siempre un gesto suplicante. Y cuando una noche acudió a la oscuridad de mi habitación, no sentí remordimiento por amarla, por recorrer su cuerpo, por beber en la fuente fresca de su boca, o porque mis labios susurraran “te quieros” imposibles, mientras ella gritaba en silencio.&lt;br /&gt;Le gustó que mis pies se frotaran con los suyos, notar sus muslos aplastarse bajo los míos y el cosquilleo de mis dientes mordisqueando sus axilas. Y el gesto de súplica de su cara se tornó risa y rió sin parar hasta que de tanto reír se volvió llanto y María se sorprendió al descubrir por vez primera el agua salada descendiendo por sus mejillas hasta mojar sus labios.&lt;br /&gt;Cuando terminó el campamento de verano y regresamos a casa, María volvió a extraviarse en su cercano infinito. Y al tiempo que las gaviotas planeaban sobre la orilla del atardecer y la luna intentaba quitarse el velo de novia para platear el mar, la marea se encargó de borrar nuestros nombres en la arena: Luisa ama a María.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2187139645310452602-7382028516635868939?l=www.elhuertodelaspalabras.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/feeds/7382028516635868939/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2187139645310452602&amp;postID=7382028516635868939' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/7382028516635868939'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/7382028516635868939'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/2010/11/maria-luisa-f.html' title=''/><author><name>Federico</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16453751324275492917</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TTDVfWeKsoI/AAAAAAAAAI8/gPKYoWLfwqM/S220/DSC02208.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TN0jKvY3j3I/AAAAAAAAAH0/g-vEnxb7BZs/s72-c/1241694218171NH_PlayaCuevasdelMarc3.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2187139645310452602.post-1754442859703398622</id><published>2010-10-26T15:42:00.000+02:00</published><updated>2010-10-26T15:43:43.860+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TMba6m9QC0I/AAAAAAAAAHs/5J4IRyJGGro/s1600/photos-41.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 256px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TMba6m9QC0I/AAAAAAAAAHs/5J4IRyJGGro/s320/photos-41.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5532349892695952194" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;MOMENTOS&lt;br /&gt;LA FOTO&lt;br /&gt;– ¿Quieres terminarte la leche, por favor?&lt;br /&gt;Miré una vez más al niño de la foto tratando de reconocerle, mientras mi mano temblaba sujetando el vaso.&lt;br /&gt;–No pienso desayunar y además no quiero ir al colegio.&lt;br /&gt;–Abuelo, ¿quieres terminarte la leche por favor?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;MOMENTOS&lt;br /&gt;UN MUNDO MARAVILLOSO&lt;br /&gt;Metí el coche en el garaje y esperé su llegada. Bajé las lunas laterales, me recliné sobre el respaldo del asiento y conecté la radio. &lt;br /&gt;Mientras la perseguía alrededor del auto, golpeando rítmicamente el techo con las palmas de mi mano, me sentí Harrison Ford. Y entonces se obró el milagro. Ella era Kelly McGuillis y en el aire sonaba What a wonderful world.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;MOMENTOS&lt;br /&gt;¡DÍGAME!&lt;br /&gt;                                                                                                &lt;br /&gt;Su teléfono comunicaba, pero yo no estaba nervioso, solo impaciente por oír su voz otra vez. Por increíble que pueda parecer me encontraba sereno y feliz. Seguí marcando su número a diario durante veinte años más, hasta que un día, por fin, llegó a mi lado.&lt;br /&gt;Cundo nos abrazamos, comprendí que solo había transcurrido un instante. Y en ese momento, aquí arriba, el tiempo dejó de existir. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;MOMENTOS&lt;br /&gt;INSPIRACIÓN&lt;br /&gt;Agosto, playa. Irene, pelo rubio y piel morena se despoja de la parte superior del bikini. Sus pechos son perfectos. Se quita las gafas de sol y me mira insinuante desde la toalla. Un niño que sale corriendo del agua deja perlas sobre su cuerpo.&lt;br /&gt;Me levanto del ordenador, enciendo un cigarrillo y voy a la cocina a prepararme un güisqui.&lt;br /&gt;--Por favor Irene, no te vayas. Vuelvo enseguida.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2187139645310452602-1754442859703398622?l=www.elhuertodelaspalabras.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/feeds/1754442859703398622/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2187139645310452602&amp;postID=1754442859703398622' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/1754442859703398622'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/1754442859703398622'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/2010/10/momentos-la-foto-quieres-terminarte-la.html' title=''/><author><name>Federico</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16453751324275492917</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TTDVfWeKsoI/AAAAAAAAAI8/gPKYoWLfwqM/S220/DSC02208.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TMba6m9QC0I/AAAAAAAAAHs/5J4IRyJGGro/s72-c/photos-41.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2187139645310452602.post-1011723513657440492</id><published>2010-09-09T16:29:00.001+02:00</published><updated>2010-09-09T16:31:40.130+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TIjvZCCFgRI/AAAAAAAAAHE/eJLqQOm4AVE/s1600/2004+Tren+correo.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 254px; height: 208px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TIjvZCCFgRI/AAAAAAAAAHE/eJLqQOm4AVE/s320/2004+Tren+correo.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5514920957036560658" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Este relato está inspirado en una historia que me contó mi padre cuando era un niño. No sé si se trata de una narración de Poe u otro escritor o si fue una noticia aparecida en los diarios de la época. De cualquier forma no es mi intención apropiarme de su autoría.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL TREN CORREO&lt;br /&gt;                                                                                               Federico Fayerman&lt;br /&gt;                                                                                               5 de enero de 2007&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante todo el día,  el tren correo fue dejando su carga por los pueblos manchegos y por los de Andalucía, en su lento y mil veces interrumpido caminar,  hasta llegar a su fin de trayecto, Andujar. Son las dos de la madrugada del día 30 de Noviembre de 1943. Todas las mercancías del vagón principal entre las que se encuentra un ataúd negro y la saca con la paga de los empleados, son descargadas en el almacén-oficina de Tomás Ibáñez, el Jefe de Estación. &lt;br /&gt;Tomás, un hombre de duras facciones y fuerte envergadura, coloca la saca del dinero en la caja fuerte de su despacho, cierra la puerta de la oficina con llave y se sienta delante de su escritorio para redactar el parte del día, tarea que le llevará al menos un par de horas. Aquella noche tiene guardia y ha decidido relajarse. Coge un periódico del paquete recién llegado y comienza a hojearlo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A esa misma hora,  Ramiro Ramos sigue trabajando en su despacho de la estación de Mediodía de Madrid. Aunque aquel día cumple 60 años de edad y más de 30 en el ferrocarril, sigue siendo incapaz de irse a su casa hasta no haber comprobado y cerrado los inventarios de carga de  los trenes-correo que parten diariamente de esa estación. Quizás su condición de viudo reciente le hace refugiarse aún más en su trabajo y huir de la soledad del hogar. En los últimos meses ha adelgazado mucho, tanto que sus compañeros le han recomendado visitar al médico  de la empresa pues ven como se deteriora su salud, otrora de hierro.&lt;br /&gt;El último impreso y se acabó por hoy. Fija sus enrojecidos ojos en la lista: bicicleta Thoman azul, peso 9 kg, destino Manzanares; Silla madera nogal, peso 5 kg,  destino Santa Elena;  ataúd negro,  peso 120 kg., destino  Andújar. Es el segundo ataúd de esta semana, recuerda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sigue leyendo: valija, peso 10 kg; esta es la paga de los empleados, piensa. A la derecha de la máquina de escribir un periódico abierto por la página de sucesos le llama la atención; Un conocido y peligroso ladrón, recién fugado de la cárcel,  ha sido visto en los alrededores de la estación de Mediodía de Madrid, donde se ha vuelto a perder su pista.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ramiro acaba su trabajo y después de cerrar la tapa corredera de su bureau, sale del despacho apagando una por una las luces según se dirige a la puerta de salida. Como siempre es el último en abandonar el trabajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la estación de Andujar, Tomás Ibáñez nota sus parpados muy pesados y sin poderlo evitar apoya la cabeza sobre la escribanía y se queda dormido. Tras él, en el almacén, solo el reflejo lejano del flexo del escritorio atraviesa tenuemente la oscuridad  que envuelve un sinfín de paquetes, bultos de formas dispares y  al ataúd recién llegado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ramiro Ramos sale a la calle y la recorre con la mirada de derecha a izquierda en busca de un taxi. A esas horas reconoce que es muy difícil encontrar uno, así que decide como tantas otras veces caminar hasta su casa. Se sube el cuello del abrigo hasta las orejas y hunde las manos en los bolsillos. Con la mirada fija en el suelo adoquinado fabrica vaho expulsando aire caliente de su boca, lo que le convierte en un hombre-máquina de vapor. Siempre pensando en lo mismo, se dice.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El sereno le sale al encuentro y le saluda cordialmente buscando la propina.  Como siempre, echan una parrafada en el portal antes de despedirse. &lt;br /&gt;Ramiro no ha cenado. No lo hace casi ningún día desde que Emilia cogió el tren hacia la eternidad. Su único hijo se casó con una portuguesa hace un año y se fue a vivir a Portugal, concretamente a Lisboa, desde donde le escribe a menudo. Este año le ha prometido venir a Madrid para que conozca a su nieto recién nacido.&lt;br /&gt;Se prepara un café y se sienta en una silla de la cocina a tomárselo. Pone la radio pero hace tanto ruido de interferencias que la apaga enseguida. Aflojándose el nudo de la corbata se dirige a su dormitorio, frió y  vació como de costumbre.&lt;br /&gt;En el pasillo sigue pensando en el trabajo que le espera el día siguiente., el trabajo rutinario que le ha convertido en un hombre rutinario. Estaría curioso que mañana transportáramos otro ataúd. Ya serían tres en tres días seguidos.&lt;br /&gt;Entonces se para y enarca las cejas. Recuerda: ataúd negro, peso 120 kilos destino…., peso 120 kilos!.&lt;br /&gt;Ramiro se pone el abrigo y sale apresuradamente de su casa. Milagrosamente pasa un taxi en ese momento por delante del portal y se sube a él. A la estación de Mediodía por favor, indica al conductor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la oficina del jefe de estación de Andujar, Tomás Ibáñez sigue dormitando. Detrás de él, el ataúd parece cobrar vida. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Señorita por favor, necesito urgentemente una conferencia con Andujar. Con la estación del ferrocarril. Es muy urgente. Ramiro cuelga el auricular y pasea arriba y abajo por el despacho. Señorita por favor, necesito esa conferencia ya, le repito que es muy urgente. Lo siento, le responde la telefonista, tenemos una avería en la línea y no se podrá restablecer el servicio hasta dentro de unas horas, según me indican. Se está haciendo todo lo posible por subsanar este fallo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ramiro Ramos se dirige a la oficina de comunicaciones de la Central y se sienta delante del Telégrafo. Apoyando la palma de la mano derecha en el pulsador comienza a transmitir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la estación de Andujar, el receptor de código Morse empieza a emitir una serie continua de sonidos cortos y largos.. Tomás escucha como en sueños la transmisión y traduce mentalmente el mensaje que llega.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡¡¡ Cuidado con el ataúd; cuidado con el ataúd; cuidado con el ataúd!!!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ibáñez se despierta sobresaltado, levanta la vista hacia el espejo que se encuentra en la pared sobre el escritorio y ve reflejada la figura de un hombre corpulento, con una pistola en la mano, avanzando hacia él. Detrás del hombre, el ataúd abierto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como impulsado por un resorte abre el cajón, saca una pistola y dispara tres veces. Mientras cae al suelo oye el espejo romperse en mil pedazos. Después, todo se detiene.&lt;br /&gt;Cierra los ojos y escucha. El ruido de un cuerpo al caer sobre la tarima le certifica que ha alcanzado el blanco. Se incorpora y contempla al hombre tendido boca abajo sobre un charco de sangre. Lo voltea ayudándose de un pie y comprueba que está muerto.&lt;br /&gt;En una esquina del despacho, el telégrafo sigue insistiendo:¡¡¡ cuidado con el ataúd; cuidado con el ataúd; ¡!!&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2187139645310452602-1011723513657440492?l=www.elhuertodelaspalabras.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/feeds/1011723513657440492/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2187139645310452602&amp;postID=1011723513657440492' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/1011723513657440492'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/1011723513657440492'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/2010/09/este-relato-esta-inspirado-en-una.html' title=''/><author><name>Federico</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16453751324275492917</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TTDVfWeKsoI/AAAAAAAAAI8/gPKYoWLfwqM/S220/DSC02208.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TIjvZCCFgRI/AAAAAAAAAHE/eJLqQOm4AVE/s72-c/2004+Tren+correo.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2187139645310452602.post-2227503181564876897</id><published>2010-09-08T13:31:00.001+02:00</published><updated>2010-09-08T13:33:49.169+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TId0OKYOihI/AAAAAAAAAGk/FFl2m_Cy_Q0/s1600/images.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 259px; height: 194px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TId0OKYOihI/AAAAAAAAAGk/FFl2m_Cy_Q0/s320/images.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5514504055391422994" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;EL CIELO DE CRISTAL &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                                              Federico Fayerman&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                                               15 de abril de 2007 &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al encenderse la luz, todo empieza a cobrar vida a mí alrededor. Mi cerebro, si tengo, está completamente en blanco. No recuerdo nada de mi pasado. Ni siquiera lo que he hecho el día anterior.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estoy en una habitación rodeado de monos de piloto, cascos, guantes y todo tipo de accesorios de automóvil.&lt;br /&gt;Me veo enfundado en un mono rojo y blanco, con guantes y con un casco azul, bien ajustado en mi cabeza. . &lt;br /&gt;Cuando salgo de la habitación me encuentro con un monoplaza de fórmula uno rodeado de una decena de mecánicos atareados en su puesta a punto. Está situado en el último lugar de la parrilla de salida. Su color plata metalizado con franjas rojas laterales destaca sobre el asfalto negro de la pista. En el lateral derecho un nombre, quizás el mío escrito con letras azules: Fernando Alonso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los semáforos colgados encima de la recta de salida cambian de rojo a verde y los bólidos que tengo delante arrancan y se alejan de mí rápidamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi coche empieza a moverse solo, sin que yo se lo haya ordenado y las tribunas laterales empiezan a retroceder cada vez más veloces. Yo sigo sin accionar ningún control, cuando veo aproximarse la curva cerrada de final de recta. El bólido sigue sin obedecer mis órdenes y entra en la curva a excesiva velocidad, El coche derrapa, se sale de la pista, y se estrella contra un muro de hormigón a más de trescientos kilómetros por hora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pocos segundos después estoy sentado en un monoplaza rojo. Mi traje de piloto es muy llamativo: verde fluorescente y amarillo y mi casco es blanco con una cabeza de águila pintada en el frente. Está situado en la última posición de la parrilla de salida y en el lateral del coche pone un nombre, quizás el mío: KIMI y no recuerdo nada de mi pasado, ni siquiera lo que ha ocurrido ese mismo día.&lt;br /&gt;Los semáforos cambian a verde.&lt;br /&gt;Al final de la recta vuelvo a estrellarme, esta vez contra otro coche que se cruza en mi camino.&lt;br /&gt;Levanto la vista&lt;br /&gt;En el cielo, que es de cristal, parpadean las palabras “Game Over”.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2187139645310452602-2227503181564876897?l=www.elhuertodelaspalabras.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/feeds/2227503181564876897/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2187139645310452602&amp;postID=2227503181564876897' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/2227503181564876897'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/2227503181564876897'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/2010/09/el-cielo-de-cristal-federico-fayerman.html' title=''/><author><name>Federico</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16453751324275492917</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TTDVfWeKsoI/AAAAAAAAAI8/gPKYoWLfwqM/S220/DSC02208.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TId0OKYOihI/AAAAAAAAAGk/FFl2m_Cy_Q0/s72-c/images.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2187139645310452602.post-2041470119117791572</id><published>2010-06-25T18:07:00.000+02:00</published><updated>2010-06-25T18:09:26.257+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TCTUgcdemOI/AAAAAAAAAFQ/mCIHwi4zffo/s1600/arbol_hadasdes%5B1%5D.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 314px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TCTUgcdemOI/AAAAAAAAAFQ/mCIHwi4zffo/s320/arbol_hadasdes%5B1%5D.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5486743899904841954" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;HISTORIAS DE ANTIOQUIA&lt;br /&gt;3 - EL CACHACO&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                                                                  Federico Fayerman&lt;br /&gt;                                                                                                      Dieciocho de junio de 2010&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Anochecía en Antioquia. El camino de Medellín a Abejorral se me había hecho largo y accidentado por el pésimo estado de la carretera, y cuando a lo lejos, las primeras luces de la población y el blanco tejado de su iglesia se hicieron presentes, respiré tranquilo. Paré en el estadero Las Yeguas a la entrada del pueblo y me refresqué por dentro y por fuera. Después de descargar mi equipaje seguí camino.&lt;br /&gt;Atravesé Abejorral mientras el GPS de mi todoterreno buscaba la Carrera Aguinaga, lugar donde vivía la mujer que me proporcionaría la historia que pretendía escribir.&lt;br /&gt;El número 6 de la carrera Aguinaga era una casa de dos plantas, de fachada estrecha algo deteriorada y balcones cuajados de orquídeas. El humo gris escapando al cielo desde su tejado, anunciaba que el hogar se encontraba en plena batalla con el intenso frio exterior.&lt;br /&gt;Apoyado en la puerta principal un cartel anunciaba: &lt;br /&gt;“Pase al interior y escuche (La historia del Cachaco).  “Solo 200 pesos”. &lt;br /&gt;Conecté mi ordenador portátil a Internet y busqué “Cachaco”: “Traje. Hombre elegantemente vestido. Termino usado despectivamente por los costeños para nombrar a los de las zonas del interior de Colombia”. Escondí el PC en el maletero  y bajé del coche.&lt;br /&gt;Empujé la puerta de la casa y entré. Un salón de reducidas dimensiones daba acceso a otras tres estancias parapetadas tras cortinas, que hacían las veces de puerta. A la derecha, una escalera comunicaba con la planta alta.&lt;br /&gt;El sonido de cacharros sobre un fogón me indicó la dirección a tomar y retirando la colgadura que la ocultaba, entré en la cocina. Dos ancianas guisaban de espaldas a mí. Una de ellas se volvió y me indicó que tomara asiento. Así lo hice cerca de una mesa de tablero robusto, repleto de platos recién cocinados: Frijoles, Empanadas, Bolitas de Yuca, Arepas de maíz y Mazamorra que me abrieron de inmediato un apetito feroz.&lt;br /&gt;–Coma lo que desee, –me dijo la anciana al ver la expresión de mi rostro, mientras se secaba las manos en el delantal; –va incluido en el precio.&lt;br /&gt;Se sentó a mi lado y me sirvió un trago de aguardiente.&lt;br /&gt; –Le vendrá bien para el frío –continuó, sirviéndose ella misma otra copa. Sacó la fotografía de una hermosa joven de un cajón de la alacena y mostrándomela comenzó a hablar.&lt;br /&gt;–La historia que le voy a contar ocurrió hace ya veinte años, cuando a mi hija pequeña Simona la casamos con Don Diego, un viejo y rico hacendado que había quedado viudo recientemente. Simona, contra su voluntad, tuvo que dejar a Fernando, su novio al que amaba profundamente.&lt;br /&gt;Y siguió amándole pese a su matrimonio. Ambos jóvenes se encontraban con frecuencia a espaldas de Don Diego, no conformes con lo que les había deparado el destino.&lt;br /&gt;Una tarde en que el marido de Simona tuvo que viajar a Medellín, ésta se citó con Fernando en una fuente a las afueras de Abejorral. Cuando llegó al lugar se encontró con un hombre negro, muy alto, que con su traje blanco y corbata semejaba un cachaco y que parecía estar esperándola. Simona quedó petrificada al ver cómo el hombre se iba acercando a ella lentamente. Tras los labios entreabiertos del cachaco, aparecían unos dientes pútridos, y por el mentón se deslizaba una secreción blanca que mojaba su barba de chivo. Los ojos encendidos del hombre se fijaron en los de Simona que, impulsada por una fuerza demoniaca, salió despedida hasta la copa de un árbol cercano que al instante se llenó de espinas.&lt;br /&gt;Fernando, que llegaba en aquel momento, al presenciar la escena huyó espantado del lugar y al día siguiente también del pueblo.&lt;br /&gt;Atraídos por los gritos de la muchacha varios hombres acudieron hasta la fuente y dos de ellos subieron al árbol para ayudarla, teniendo que cortar gran cantidad de pinchos. Cuando llegaron a ella no pudieron reconocerla, ya que había envejecido ochenta años. &lt;br /&gt;–Don Diego la repudió y Simona tuvo que regresar a la casa familiar. Hoy en día vive aquí ayudándome en la cocina. Como usted puede ver, ahora soy mucho más joven que mi hija.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Simona apagó los fogones, se volvió hacia mí y me tendió un plato de dulce de zapallo. Entonces vi su cuerpo arqueado, sus manos nervudas y su rostro arrugado, que me miraba a través de unos ojos prematuramente envejecidos&lt;br /&gt;Dejé quinientos pesos sobre la mesa y salí a la calle. En Abejorral, la noche se había vuelto tremendamente fría.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2187139645310452602-2041470119117791572?l=www.elhuertodelaspalabras.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/feeds/2041470119117791572/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2187139645310452602&amp;postID=2041470119117791572' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/2041470119117791572'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/2041470119117791572'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/2010/06/historias-de-antioquia-3-el-cachaco.html' title=''/><author><name>Federico</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16453751324275492917</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TTDVfWeKsoI/AAAAAAAAAI8/gPKYoWLfwqM/S220/DSC02208.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TCTUgcdemOI/AAAAAAAAAFQ/mCIHwi4zffo/s72-c/arbol_hadasdes%5B1%5D.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2187139645310452602.post-1847512251656049077</id><published>2010-06-11T13:39:00.001+02:00</published><updated>2010-06-25T18:43:24.816+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TCTcngW4xgI/AAAAAAAAAGE/O2n9nifEBzA/s1600/7803853254494121.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 259px; height: 320px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TCTcngW4xgI/AAAAAAAAAGE/O2n9nifEBzA/s320/7803853254494121.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5486752817303045634" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;UNA MESA CON ZANCOS&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                                          Federico Fayerman&lt;br /&gt;                                                                              Tres de noviembre de 2008&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquí estamos los granos&lt;br /&gt;de todos los países,&lt;br /&gt;orzuelos de miseria&lt;br /&gt;en esta sociedad que llaman de consumo.&lt;br /&gt;Aquí, codo con codo,&lt;br /&gt;más de cuerpo presente&lt;br /&gt;que en festín de abundancia.&lt;br /&gt;Y aquí desesperamos&lt;br /&gt;servidos a una mesa&lt;br /&gt;lejanamente alta,&lt;br /&gt;una mesa con zancos&lt;br /&gt;que no alcanzan las manos&lt;br /&gt;que se mueren de hambre,&lt;br /&gt;aunque a bombo y platillo nos pregonen.&lt;br /&gt;Fragmento del Poema de Pedro García Cabrera.  “La mesa está servida”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Baba está de enhorabuena. Toda la familia Gambele lo está. Por fin ha llegado el día de la partida. En la aldea se celebra una fiesta silenciosa,  pero los rostros están serios, los ojos de los hombres y de las mujeres están a punto de dejar escapar lágrimas largamente contenidas. Ha llegado el día de la tan deseada y a la vez temida marcha hacia un desconocido y prometido futuro  en mitad del océano, donde, según las noticias de los que marcharon antes, les espera una nueva vida y por qué no la felicidad de la que creen carecer en su tierra. Para la ocasión, tanto Baba como Mwana se han puesto sus mejores ropas.&lt;br /&gt; Baba ayuda a Mwana a subir al camión y ambos se despiden de mama Jamila y de los cuatro pequeños. En la oscuridad de la carretera cubierta de baches, mientras inician el camino hacia la costa,  treinta gargantas negras cantan en voz alta y rezan en voz muy baja. &lt;br /&gt;Mwana se queda confuso con  lo que ve. No es el puerto de Dakar el que aparece ante sus ojos, como le había dicho su padre, que ahora le mira de reojo con un gesto de decepción. Es Diogué, un poblado de aspecto tremendamente pobre, sin luz ni agua corriente. Por las calles, secándose al sol hay toneladas de pescado que desprenden un olor tan desagradable que incluso sus propios habitantes lo soportan a duras penas. --Tengo mucha suerte, --piensa Mwana,  porque ya conoce, pese a tener solo diez años, otros pueblos, otro país, una playa de arenas doradas y sobre todo lo  que hay detrás: el mar, --El océano, --le corrige Baba. Un enorme océano de aguas azules que llega hasta tan lejos que termina uniéndose  al cielo. &lt;br /&gt;Mamá Jamila y sus cuatro hijos que se han quedado con ella, han estado rezando por la noche. Pero ahora, cuando está a punto de amanecer salen todos a la carretera. Deberán recorrer diez kilómetros para recoger cacahuetes, como cada día en las tierras comunales. Después, cuando no haya más cacahuetes tendrán que sobrevivir recogiendo lo poco que quede en la tierra reseca. Cuando Baba los llame, al término de su viaje,  desde el país que está en medio del océano, no tendrán que volver a preocuparse y la riqueza de la tierra que los acoja revertirá en todos ellos. Así al menos lo dice mamá Jamila mientras camina, tratando de protegerse de la plaga de moscas que este verano, como casi todos los veranos, ha invadido las tierras de su país.&lt;br /&gt;Baba reserva un lugar en el centro del cayuco para Mwana, pero Mwana quiere sentarse cerca de la borda, para poder tocar el agua y Baba sonríe y le cambia de sitio. Varias horas después de zarpar, ya inmersos en la aventura, Mwana duerme acurrucado en los brazos de su padre. &lt;br /&gt;Durante los siguientes días el tiempo pasa muy despacio, tan despacio que ya han agotado las historias que se cuentan unos a otros para distraerse. De vez en cuando Mwana se levanta y se estira subido en el descascarillado banco de madera y mira al horizonte. A veces le parece ver algo, pero es su imaginación la que le hace descubrir tierras, barcos o pájaros en la lejanía. &lt;br /&gt;El encargado de repartir el agua y los víveres recorta cada día más las raciones y Baba comparte la suya con su hijo, que parece enflaquecer un poco cada hora que pasa. &lt;br /&gt;A mitad de camino el mar se encoleriza. La barca trepa y se despeña sin control por mil  torres encrestadas de agua salada. Baba sujeta a Mwana y trata de quitarle el miedo que él mismo no puede soportar. El viento y las olas arrancan los bancos de madera y el motor fuera- borda de la lancha.  Cuando cesa la galerna solo queda una desvencijada nave vacía. A su alrededor, flotan una docena de ahogados. Eso es lo que ven desde el helicóptero de rescate, que con el girar de sus aspas, forma sobre el agua círculos que huyen de la macabra escena.&lt;br /&gt;La noche, húmeda y calurosa ha sorprendido a Baba y a Mwana yaciendo en nichos sin embargo  fríos. Están en bóvedas separadas porque nadie sabe que son padre e hijo. En las tapas, recién selladas con una pestilente masilla gris,  el mismo empleado que los ha confinado ha escrito sus nombres con un rotulador negro: Desconocido. Desconocido.  Y la fecha.&lt;br /&gt;Mamá Jamila despierta a los niños. Hoy no hay trabajo, pero cada vez falta menos para que Baba los mande a buscar desde la tierra de promisión. &lt;br /&gt;--Entonces seremos verdaderamente felices, --les dice. Y todos ríen.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2187139645310452602-1847512251656049077?l=www.elhuertodelaspalabras.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/feeds/1847512251656049077/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2187139645310452602&amp;postID=1847512251656049077' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/1847512251656049077'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/1847512251656049077'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/2010/06/una-mesa-con-zancos-federico-fayerman.html' title=''/><author><name>Federico</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16453751324275492917</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TTDVfWeKsoI/AAAAAAAAAI8/gPKYoWLfwqM/S220/DSC02208.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TCTcngW4xgI/AAAAAAAAAGE/O2n9nifEBzA/s72-c/7803853254494121.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2187139645310452602.post-4895860704981090317</id><published>2010-06-11T13:38:00.001+02:00</published><updated>2010-06-25T18:31:49.649+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TCTZ6OvbNQI/AAAAAAAAAF8/t3KnSKsHuEw/s1600/poza+3.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 242px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TCTZ6OvbNQI/AAAAAAAAAF8/t3KnSKsHuEw/s320/poza+3.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5486749840456758530" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LA POZA SOLEADA&lt;br /&gt;                             &lt;br /&gt;                                                                                              Federico Fayerman&lt;br /&gt;                                                                                Once de noviembre de 2008&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El coche se detuvo junto al cartel que señalaba el nombre del pueblo.&lt;br /&gt; Bajó.&lt;br /&gt;--Gracias por traerme --dijo agachando la cabeza y mirando al conductor a través de la ventanilla abierta. Se apartó dos pasos y contempló cómo se alejaba el automóvil hasta que la curva flanqueada de pinos lo engulló.&lt;br /&gt;El camino de tierra que conducía al pueblo se mostró a su derecha.  A lo lejos, su final parecía clavarse en el campanario de la iglesia, donde una cigüeña acababa de posarse.&lt;br /&gt;Cargó la mochila sobre un hombro y subió la pendiente hasta que el pueblo apareció totalmente ante su vista. De frente varias casas de piedra rodeando la plaza de la iglesia, a la derecha los campos de labranza, dorados de trigo recién segado. A la izquierda cuatro caserones ceñidos a una callejuela empinada, que terminaba saltando sobre un río de grandes piedras planas. &lt;br /&gt;Al otro lado del puente, el viejo pinar que llegaba hasta las montañas. Por encima, un cielo sosegado lo acariciaba todo.    &lt;br /&gt;Cuando llegó a los campos les preguntó por ella.&lt;br /&gt;Corrían y saltaban sobre las montañas de paja que a pleno sol esperaban la bielda. Sin parar. Hasta que llegaba la hora de comer y volvían a sus casas. Él, con sus pantalones cortos y las rodillas magulladas y ella con sus largas trenzas de pelo negro cuajadas de espigas. &lt;br /&gt; Exhaustos de risas, los dos.&lt;br /&gt;Los campos le hablaron de ella. De sus largos paseos por la era arrastrando los pies por el bálago y escribiendo con su rastro el nombre de su amado. &lt;br /&gt;Desde hacía tantos años…&lt;br /&gt;Cruzó el puente hacia el pinar, que le esperaba solitario y fresco. &lt;br /&gt;Le preguntó por ella.&lt;br /&gt;Era el pino más longevo y enroscado. Trepaban a diario hasta la tercera o cuarta rama y allí, donde el tronco se estrechaba esculpían sus nombres dentro de un corazón de corcho. &lt;br /&gt;Las primeras sombras de la noche los arropaban agotados de amor. &lt;br /&gt;El orgulloso pino le habló de ella. De los sentimientos que grabó en su viejo tronco durante su ausencia, de las lágrimas que diariamente lo regaron.&lt;br /&gt; Desde hacía tantos años…&lt;br /&gt;Remontó el rio caminando sobre las piedras cubiertas de musgo húmedo, hasta la poza soleada.&lt;br /&gt; Le preguntó por ella.&lt;br /&gt;Tumbados uno al lado del otro, sobre la gran losa plana como cada tarde de verano, hacían planes de futuro. Él soñaba con labrar los campos que le cediera su padre y poder construir una casa con una gran chimenea. Ella soñaba con la ciudad, con una vida nueva lejos del pueblo y de lo que suponía trabajar aquella dura e ingrata tierra de sus padres y sus abuelos.&lt;br /&gt; A veces, entre sueño y sueño, se bañaban en la poza y el agua, terriblemente fría los devolvía a la realidad. &lt;br /&gt;La poza soleada le dijo las veces que la vio pasear por la orilla del río, con las manos entrelazadas tras la espalda y la cara levantada hacia el cielo, recibiendo el aire crudo de las montañas cercanas sobre sus mejillas. Le contó de la soledad que la acompañaba cada tarde. &lt;br /&gt;Desde hacía tantos años…&lt;br /&gt;Caminó a lo largo de la calle que conducía a la iglesia. Se paró frente a ella, con las manos en los bolsillos y el semblante relajado.&lt;br /&gt; Recordó.&lt;br /&gt;Aquella noche, por el camino del pinar notaron la presencia de alguien que les seguía. Poco antes de atravesar el río dos sombras se lanzaron sobre ellos. Lo golpearon con una piedra en la cabeza, a ella la violaron con saña. Cuando se recuperó fue a buscarlos y delante de la iglesia los mató con dos tiros de escopeta a bocajarro. Allí mismo lo detuvo la Guardia Civil y pasó 20 años en una cárcel al otro lado del país.&lt;br /&gt;La cigüeña, erguida sobre su nido del campanario, le indicó el camino que debía seguir para rendir su penúltima cita.&lt;br /&gt;La vereda bordeaba las tierras altas y secas del pueblo, donde la humedad del río no llegaba y sólo cardos y tomillo decoraban el paisaje. &lt;br /&gt;Llegó al caserón cerrado y sin luz. Le preguntó por ella.&lt;br /&gt;El caserón familiar abrió sus puertas y le invitó a entrar.&lt;br /&gt;Había pasado muchos años limpiando la casa, preparando la comida de día y tirándola de noche, peinando su pelo ensortijado cada hora, lavando y planchando cada tarde una y otra vez sus vestidos. Subiendo de madrugada al desván para contemplar desde la estrecha ventana desvencijada el amanecer y mirar a lo lejos,  más allá del campanario de la iglesia donde duerme la cigüeña, tratando de adivinar el final del camino que desciende hacia la carretera, por donde regresan todos los que alguna vez se han ido.&lt;br /&gt;Por si volvía. &lt;br /&gt;Pero el caserón estaba ahora abandonado, sucio, silencioso.&lt;br /&gt;Salió a la calle y suplicante le volvió a preguntar por ella.&lt;br /&gt; Y entonces el caserón le dijo que los campos heredados, al otro lado del pueblo, estaban trabajados, que en ellos había una casa nueva, de piedra y pizarra negra y que en ella, Julia, lo estaba esperando, sentada ante la gran chimenea de sus sueños. &lt;br /&gt;Desde hacía tantos años…&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2187139645310452602-4895860704981090317?l=www.elhuertodelaspalabras.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/feeds/4895860704981090317/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2187139645310452602&amp;postID=4895860704981090317' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/4895860704981090317'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/4895860704981090317'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/2010/06/la-poza-soleada-federico-fayerman-once.html' title=''/><author><name>Federico</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16453751324275492917</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TTDVfWeKsoI/AAAAAAAAAI8/gPKYoWLfwqM/S220/DSC02208.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TCTZ6OvbNQI/AAAAAAAAAF8/t3KnSKsHuEw/s72-c/poza+3.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2187139645310452602.post-4924609459009291960</id><published>2010-05-13T20:02:00.000+02:00</published><updated>2010-05-13T20:04:23.493+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/S-w--tf7SiI/AAAAAAAAAFA/TmtJwUkGqCo/s1600/bar2.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 269px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/S-w--tf7SiI/AAAAAAAAAFA/TmtJwUkGqCo/s320/bar2.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5470816894434626082" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;HOUSTON, TEXAS&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                                                Federico Fayerman&lt;br /&gt;                                                                                        Nueve de mayo de 2010&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la plaza Nueva convivían tres bares.&lt;br /&gt;El bar “Diamante”, cuyo dueño Hipólito García, “el viudo”, organizaba torneos de mus todas las semanas. Al ganador, lo invitaban durante los siguientes siete días a café, copa y puro. Su clientela la formaban hombres, en su mayoría jubilados.&lt;br /&gt;El bar “Olé” era propiedad de Agapito Jiménez, “el emigrante”. Era el bar más antiguo de la plaza, ya que se inauguró en el año sesenta y cinco, con el dinero ahorrado por Agapito durante diez años de trabajo en Alemania. Era el lugar de reunión en días de diario para los taurófilos y en fin de semana para los hinchas de futbol. &lt;br /&gt;El bar “El rinconcito” era simplemente un bar. Su clientela era variopinta; emigrantes, gente de paso y mujeres que se reunían a desayunar después de llevar a los niños al colegio. Al tener prohibido fumar en el interior, era mucho menos frecuentado que sus competidores. El bar lo tenía arrendado Houston Texas Sánchez, un ecuatoriano llegado al barrio dos años atrás, que presumía de ofrecer a sus clientes un lugar libre de humo y de ruidos&lt;br /&gt;“El Rinconcito”, como dije, era el bar menos frecuentado hasta que apareció Lorena. Ecuatoriana, veinte años. Una diosa. En una semana “el rinconcito” le robó la clientela al “Olé” y al “Diamante”. Los toros, el futbol y las partidas de mus cayeron en el olvido. Ahora los clientes pasaban su tiempo mirando cómo caminaba la diosa, de un extremo al otro de la barra, cómo sacudía su pelo al girarse cuando oía que se dirigían a ella, o cómo sonreía al entregar las vueltas. &lt;br /&gt;Houston Texas colocó un gran cartel en la puerta que decía “Se permite fumar” pero ni los no fumadores abandonaron el local. Algunas mujeres que no entendían la actitud de los hombres respecto a la diosa, prohibieron a sus maridos entrar en “El rinconcito”.&lt;br /&gt;La reacción de los competidores no se hizo esperar y, dos semanas después, Agapito, “el emigrante” esperó a Lorena a la salida del trabajo. La propuesta era muy simple: Doble sueldo y todas las propinas para ella. Dos días después Lorena tomó posesión de la barra del “Olé” y, al día siguiente, los clientes del “Rinconcito” siguieron su mismo camino.&lt;br /&gt;Hipólito, el dueño del “Diamante” fue más allá. Propuso a Lorena un contrato fijo con el doble de sueldo, alta en la Seguridad Social y participación en beneficios. Además si a ella le interesaba, se casarían. &lt;br /&gt;Y todo el mundo al Diamante.&lt;br /&gt;El dueño del “Olé” contrató a Iryna una rubia ucraniana, con la esperanza de que los hombres del barrio se cansaran en algún momento de Lorena, mientras&lt;br /&gt;el dueño del “Rinconcito” sustituyó otra vez el cartel de la puerta por el de “Se prohíbe fumar” y, sin dejar de pensar en cómo recuperar a la diosa, volvió a despachar aburridos cafés con cruasán.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En realidad este juego nunca tendrá fin, así que terminaré el relato. &lt;br /&gt;Lorena, la diosa ecuatoriana, desaparecerá misteriosamente a los pocos días, los hombres seguirán reuniéndose en el “Diamante” para jugar al mús y en el “Olé”para hablar de toros y de futbol, donde Iryna, por cierto, aprenderá a cocinar unos callos a la madrileña riquísimos&lt;br /&gt;Y Houston Texas empezará a fumar.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2187139645310452602-4924609459009291960?l=www.elhuertodelaspalabras.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/feeds/4924609459009291960/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2187139645310452602&amp;postID=4924609459009291960' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/4924609459009291960'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/4924609459009291960'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/2010/05/houston-texas-federico-fayerman-nueve.html' title=''/><author><name>Federico</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16453751324275492917</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TTDVfWeKsoI/AAAAAAAAAI8/gPKYoWLfwqM/S220/DSC02208.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/S-w--tf7SiI/AAAAAAAAAFA/TmtJwUkGqCo/s72-c/bar2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2187139645310452602.post-4873222464892449820</id><published>2010-05-08T12:32:00.001+02:00</published><updated>2010-05-08T12:32:54.227+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/S-U9zdwuu8I/AAAAAAAAAE4/e2iXNOnpZ0E/s1600/taf+el+ni%C3%B1o.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 214px; height: 320px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/S-U9zdwuu8I/AAAAAAAAAE4/e2iXNOnpZ0E/s320/taf+el+ni%C3%B1o.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5468845276882975682" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2187139645310452602-4873222464892449820?l=www.elhuertodelaspalabras.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/feeds/4873222464892449820/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2187139645310452602&amp;postID=4873222464892449820' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/4873222464892449820'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/4873222464892449820'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/2010/05/blog-post_6012.html' title=''/><author><name>Federico</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16453751324275492917</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TTDVfWeKsoI/AAAAAAAAAI8/gPKYoWLfwqM/S220/DSC02208.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/S-U9zdwuu8I/AAAAAAAAAE4/e2iXNOnpZ0E/s72-c/taf+el+ni%C3%B1o.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2187139645310452602.post-1142409119860696223</id><published>2010-05-08T12:30:00.001+02:00</published><updated>2010-05-08T12:30:55.959+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>JUAN CARLOS CHIRINOS&lt;br /&gt;El pasado diá 20 de abril, J.C.Chirinos presentó su novela EL NIÑO MALO CUENTA HASTA CIEN Y SE RETIRA, en la FNAC de Madrid.&lt;br /&gt;Finalista del prestigioso premio Rómulo Gallegos de 2005, El niño malo cuenta hasta cien y se retira  está plagado de inocencia, crueldad y lujuria a partes iguales. Es el viaje de D.Jota hacia un norte para él exotico, donde la nieve campa en las montañas y los viejos de barbas pelirrojas cuentan interminables historias al calor de un bar al que llaman El Pueblo. A partir de aquí, comienza la insólita aventura del urbanita que huye.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con pulso envolvente, Chirinos acaricia la nuca del lector y lo apacigua. El reto pertenece al talento de este escritor que sabe envolverse como pocos en el milagro de la palabra.&lt;br /&gt;Jun Carlos Chirinos pertenece a la nueva generación de escritores venezolanos. Ha escrito varias novelas, ensayos y biografías de personajes históricos como Olimpia, la madre de Alejandro el Magno y Albert Einstein, Cartas probables para Hann.&lt;br /&gt;En la actualidad, además de escribir  su siguiente novela, imparte conferencias y clases de Creación Literaria en Madrid.&lt;br /&gt;La novela está editada por Ediciones Escalera y su precio es de 17,95 €.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2187139645310452602-1142409119860696223?l=www.elhuertodelaspalabras.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/feeds/1142409119860696223/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2187139645310452602&amp;postID=1142409119860696223' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/1142409119860696223'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/1142409119860696223'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/2010/05/juan-carlos-chirinos-el-pasado-dia-20.html' title=''/><author><name>Federico</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16453751324275492917</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TTDVfWeKsoI/AAAAAAAAAI8/gPKYoWLfwqM/S220/DSC02208.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2187139645310452602.post-8220083514087823075</id><published>2010-04-30T12:20:00.000+02:00</published><updated>2010-04-30T12:21:48.645+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/S9qvEFSr02I/AAAAAAAAAEo/p4Rss7k-mYU/s1600/chrysanthemum2.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 232px; height: 320px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/S9qvEFSr02I/AAAAAAAAAEo/p4Rss7k-mYU/s320/chrysanthemum2.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5465873582442402658" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;MOMENTOS&lt;br /&gt;8 - NAGASAKI&lt;br /&gt;                                               &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                                              Federico Fayerman&lt;br /&gt;                                                                                Veinticuatro de abril de 2010&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nozoni paseaba como todos los días por el jardín. Eran las once de una mañana triste. Con sus manos unidas tras la espalda y la cara levantada al cielo, aspiró el aroma de los crisantemos y de la tierra mojada.&lt;br /&gt;Caminó hasta el estanque y se sentó en un banco cerca del agua. En sus labios germinó una sonrisa.&lt;br /&gt;En aquel mismo momento, se abrió un claro entre las nubes. El B-29 abrió sus tripas y liberó al Hombre Gordo. &lt;br /&gt;Nozoni la vio caer y sus ojos negros se fundieron con el sol naciente.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2187139645310452602-8220083514087823075?l=www.elhuertodelaspalabras.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/feeds/8220083514087823075/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2187139645310452602&amp;postID=8220083514087823075' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/8220083514087823075'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/8220083514087823075'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/2010/04/momentos-8-nagasaki-federico-fayerman.html' title=''/><author><name>Federico</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16453751324275492917</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TTDVfWeKsoI/AAAAAAAAAI8/gPKYoWLfwqM/S220/DSC02208.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/S9qvEFSr02I/AAAAAAAAAEo/p4Rss7k-mYU/s72-c/chrysanthemum2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2187139645310452602.post-8292306382175740800</id><published>2010-04-30T12:18:00.000+02:00</published><updated>2010-04-30T12:20:23.462+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/S9quxn2_N5I/AAAAAAAAAEg/ofA05Iiz_SA/s1600/olores.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 240px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/S9quxn2_N5I/AAAAAAAAAEg/ofA05Iiz_SA/s320/olores.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5465873265303959442" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;MOMENTOS&lt;br /&gt;9 - UNA TIENDA DE PUEBLO&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                                               Federico Fayerman&lt;br /&gt;                                                                                 Veintinueve de abril de 2010&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al entrar en la tienda noté que me pertenecía. Sus vasares congestionados de libros, cuadernos, tebeos y material de papelería me devolvían a mi infancia. &lt;br /&gt;Había vuelto a penetrar en ese mundo del papel, de la tinta, de los lapiceros de colores y del pegamento, que me rodeó hace más de cincuenta años.&lt;br /&gt;El mostrador, cubierto con la prensa del día y las revistas en color, precedía a los dueños de la papelería. Me dijeron:&lt;br /&gt;– ¿Qué desea, señor?&lt;br /&gt;–Oler.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2187139645310452602-8292306382175740800?l=www.elhuertodelaspalabras.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/feeds/8292306382175740800/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2187139645310452602&amp;postID=8292306382175740800' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/8292306382175740800'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/8292306382175740800'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/2010/04/momentos-9-una-tienda-de-pueblo.html' title=''/><author><name>Federico</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16453751324275492917</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TTDVfWeKsoI/AAAAAAAAAI8/gPKYoWLfwqM/S220/DSC02208.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/S9quxn2_N5I/AAAAAAAAAEg/ofA05Iiz_SA/s72-c/olores.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2187139645310452602.post-6157463911065036452</id><published>2010-04-30T12:17:00.002+02:00</published><updated>2010-04-30T17:35:30.348+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/S9quREBG0LI/AAAAAAAAAEY/AusEN3tIgco/s1600/rituales-magicos-noche-san-juan.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 210px; height: 320px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/S9quREBG0LI/AAAAAAAAAEY/AusEN3tIgco/s320/rituales-magicos-noche-san-juan.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5465872705926910130" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;MOMENTOS&lt;br /&gt;7 - TÚ SERÁS MI BABY&lt;br /&gt;                                                                                             Federico Fayerman&lt;br /&gt;                                                                                        Veinte de abril de 2010&lt;br /&gt;El domingo tocaba a su fin. Un domingo de verano de 1964 que había disfrutado con mis amigos  en el pantano de San Juan.&lt;br /&gt;Los Surf cantaban en la radio del autocar, que callejeaba por Madrid repartiendo a los excursionistas, de regreso a sus casas. &lt;br /&gt;Ella iba sentada delante de mí y de vez en cuando se volvía a mirarme. &lt;br /&gt;Paco sacó una baraja y nos pusimos a jugar .Él, Toñete y yo. La muchacha se acercó y se sentó a mi lado. Era preciosa. Jugamos a las cartas durante un rato y nos rozamos las manos, como sin querer.&lt;br /&gt;Se bajó en la calle de San Bernardo. Para siempre.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2187139645310452602-6157463911065036452?l=www.elhuertodelaspalabras.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/feeds/6157463911065036452/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2187139645310452602&amp;postID=6157463911065036452' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/6157463911065036452'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/6157463911065036452'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/2010/04/momentos-tu-seras-mi-baby-federico.html' title=''/><author><name>Federico</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16453751324275492917</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TTDVfWeKsoI/AAAAAAAAAI8/gPKYoWLfwqM/S220/DSC02208.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/S9quREBG0LI/AAAAAAAAAEY/AusEN3tIgco/s72-c/rituales-magicos-noche-san-juan.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2187139645310452602.post-7783871269297614300</id><published>2010-04-23T13:05:00.000+02:00</published><updated>2010-04-23T13:06:43.836+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/S9F_Gt1wXzI/AAAAAAAAAEI/uD49puSWI7c/s1600/DSC00142.JPG"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 256px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/S9F_Gt1wXzI/AAAAAAAAAEI/uD49puSWI7c/s320/DSC00142.JPG" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5463287576338128690" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;LA CASONA&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                                             Federico Fayerman&lt;br /&gt;                                                                                         Once de abril de 2010&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No había reparado nunca en aquella casona. Sus muros de piedra y sus balcones acristalados, parecían esconderse entre los chopos del jardín.&lt;br /&gt;Tampoco sabía muy bien por qué había salido a caminar esa mañana, bajo la lluvia. La estación del año no solía influir en mi estado de ánimo, pero el hecho de estar solo, durante tanto tiempo en aquel pueblecito cerca del mar, me había vuelto sin duda melancólico.&lt;br /&gt;Me acerqué a la verja. Un jardín de mil colores rodeaba la casa, yendo a morir al pie de una escalera de piedra. En el peldaño más alto, estaba ella.&lt;br /&gt;Regaba las plantas de la terraza y parecía flotar sobre sus zapatillas. Vestía una bata azul sobre lo que se adivinaba era un camisón blanco, que le llegaba hasta los tobillos.&lt;br /&gt;Sus rizos afloraban bajo un pañuelo también azul y sus movimientos parecían pasos de baile al compás de una melodía imaginaria.&lt;br /&gt;Miró hacia donde yo me encontraba y su cara se iluminó. Me saludó con la mano y después siguió alimentando sus flores, sin dejar de sonreír.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquella tarde me senté ante el ordenador y no dejé de teclear hasta bien entrada la noche. La melancolía había desaparecido y en su lugar mil ideas se habían hecho dueñas de mi cerebro.&lt;br /&gt;Al día siguiente me acerqué al vivero y compré un rosal de rosas blancas para ella. Cuando se lo mostré a través de la verja me invitó a pasar al jardín. Yo mismo lo planté delante de la puerta principal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así empezó nuestra relación, y durante los tres meses siguientes me olvidé de escribir y me sumergí en ella. Salí a la superficie cuando recibí la llamada de mi editor desde Madrid, reclamándome la novela encargada.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Y Celia se convirtió en el personaje principal y su presencia me inspiró para terminar de escribirla en tan solo dos meses. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Viajé a Madrid para entregar el original a José Robles, mi editor y durante la semana que pensaba permanecer en su casa, asistí a varias fiestas y presentaciones de libros, donde conocí a su hija, Lucía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La novela se publicó y obtuvo un premio literario de gran relieve. Lucía y yo empezamos a salir y nos casamos seis meses después.  &lt;br /&gt;Me olvidé de Celia y de la tranquilidad que respiraba en el pueblo a su lado y viví la popularidad y el éxito, sucumbiendo a la adulación de todos los que me rodeaban.&lt;br /&gt;No pude escribir otra novela. La inspiración se agotó al igual que la dedicación al trabajo y el eco de mi éxito fue atenuándose poco a poco, hasta pasar al olvido.&lt;br /&gt;También Lucía se fue alejando de mí. Se enamoró de un escritor de best sellers y me abandonó tres años después. Pensé en Celia, en los días y las noches con ella, en el olor del jardín y en las tardes de largos paseos por los acantilados. Bajo el orvallo. Pero no me atreví a volver. Ni siquiera a llamarla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Han pasado veinte años. He regresado al pueblo para vender la casa &lt;br /&gt;y no he podido evitar recorrer de nuevo sus calles y caminar por los senderos, bajo los eucaliptos, buscando el mar. &lt;br /&gt;Paso frente a la casa y el rosal ya no está. Me acerco y miro a través de las rejas. Dentro todo parece seguir igual. El jardín está rebosante y en la terraza, en lo alto de la escalinata, una mujer riega las plantas. Es Celia, está como cuando la conocí. No tiene una sola arruga, conserva los veinte años de entonces. No ha envejecido. Se vuelve hacia mí y me sonríe. Después entra en la casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al día siguiente vuelvo al vivero y compro otro rosal. No entiendo lo que pasa pero deseo repetir la historia&lt;br /&gt;Le llevo el rosal y lo planto yo mismo otra vez en el frente de la casona, delante de la puerta. Celia me mira con dulzura pero no dice nada. Para ella parece estar todo olvidado o no haber sucedido nunca. Celia no me habla del pasado y yo, lógicamente, tampoco. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los siguientes tres días los pasé en casa de Celia y reiniciamos nuestro idilio aún más apasionado que antes. Ella es otra vez incomprensiblemente tan joven que me vuelve loco. Estoy decidido a quedarme aquí. Además no ha habido preguntas ni reproches y la veo feliz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasan otros cuatro días intensos. Todos los mañanas paseamos hasta los acantilados y allí, entre los eucaliptus hacemos el amor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al octavo dia ha ocurrido algo espantoso. Celia ha regresado de viaje. Al verme en la casa está a punto de desmayarse. Cuando se repone me mira con desprecio y me dice:&lt;br /&gt;–Pensé que no serías capaz de volver por aquí. Has tardado veinte años en conocer a tu hija.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2187139645310452602-7783871269297614300?l=www.elhuertodelaspalabras.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/feeds/7783871269297614300/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2187139645310452602&amp;postID=7783871269297614300' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/7783871269297614300'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/7783871269297614300'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/2010/04/la-casona-federico-fayerman-once-de.html' title=''/><author><name>Federico</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16453751324275492917</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TTDVfWeKsoI/AAAAAAAAAI8/gPKYoWLfwqM/S220/DSC02208.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/S9F_Gt1wXzI/AAAAAAAAAEI/uD49puSWI7c/s72-c/DSC00142.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2187139645310452602.post-7985882759634014246</id><published>2010-04-09T10:49:00.001+02:00</published><updated>2010-04-09T10:49:54.147+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/S77qF7Qjm_I/AAAAAAAAAD4/r6FnlRyHaRY/s1600/libro.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 240px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/S77qF7Qjm_I/AAAAAAAAAD4/r6FnlRyHaRY/s320/libro.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5458057185946999794" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;EL LIBRO DE LA VIDA&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                                                Federico Fayerman&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                                Veintiocho de marzo de 2010&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le veía siempre sentado en un banco del Retiro. La cabeza gacha y los ojos fijos en las páginas del libro, que sostenía en su mano derecha. Siempre el mismo libro, de tapas blancas y gastadas donde, de vez en cuando, garabateaba. Con su otra mano arrojaba migas de pan a las palomas y a los gorriones que le rodeaban. Los más audaces, se subían al banco o sobre sus hombros. En alguna ocasión volaban para posarse en su sombrero. &lt;br /&gt;Era un hombre viejo, de pelo muy blanco y barba perfilada. Vestía un traje oscuro de corte antiguo, limpio y planchado. Calzaba unos zapatos negros y blancos de cordones, donde se reflejaba el sol.  &lt;br /&gt;Yo me sentaba en un banco frente a él y comía el bocadillo que me preparaba mi madre cada tarde, a la vuelta del colegio. Le miraba, pero él nunca me miraba a mí, siempre parapetado tras sus gafas de pasta marrón. &lt;br /&gt;Un día llevé un libro y migas de pan e hice lo mismo que él. Algunas palomas le abandonaron y corrieron hacia mi banco. Sonrió satisfecho.  Ese fue el último día que le vi en el parque.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Anastasio entró en la cafetería poco antes de las siete de la tarde. Pidió un café y se sentó como de costumbre al fondo del salón, en una mesa cerca de la ventana, desde donde podía ver el ajetreo mudo del Paseo de Recoletos. Colocó su pipa y el paquete de tabaco de hebra sobre la mesa, sacó de la funda el pequeño ordenador y se ajustó las gafas. Empezó a escribir, pero notó que algo le turbaba. Levantó los ojos del teclado y le vio allí, sentado frente a él, con el libro de tapas blancas encima de la mesa. El mismo viejo del parque, con el traje de corte antiguo, que Anastasio no había podido olvidar.&lt;br /&gt;El viejo se levantó, y sin mirarle, le saludó con un leve movimiento de cabeza. Después de pagar, salió del café. &lt;br /&gt;Anastasio le siguió a corta distancia por Bárbara de Braganza, bajo la lluvia que comenzaba a caer. Giró por Marqués de la Ensenada y le vio subir unos escalones de piedra, hasta desaparecer dentro del portalón de un edificio antiguo, aparentemente abandonado. Empujó la puerta y se encontró en un amplio vestíbulo, en cuyo centro se erigía una escalera de caracol. Alzó la cabeza y vio al viejo ascender por ella, con una agilidad impropia de sus años. Subió tras él penetrando poco a poco, a medida que ascendía los escalones metálicos, en un profundo silencio. &lt;br /&gt;Al llegar al piso alto, un intenso olor a papel y tinta le rodeó. Ante sus ojos, se mostraron centenares de estanterías repletas de libros. Millones de volúmenes iguales, de tapas blancas y gastadas.  El viejo se hallaba subido en una escalera de madera y colocaba su libro en un hueco de la balda más alta.&lt;br /&gt;Anastasio esperó a que el viejo saliera del enorme archivo y se encaramó al anaquel. En la portada del libro que el viejo había colocado figuraba su nombre. A derecha e izquierda, los libros llevaban los nombres de sus hermanos y otros familiares y así, en cada libro de la biblioteca, había un nombre diferente. Cuando salió a la calle, el viejo había desaparecido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde mi cama de hospital me parece oír sus pasos acercándose. Golpea suavemente con los nudillos en la puerta entreabierta y viene al borde de mi lecho. Nadie en la habitación parece haberle visto. Es el viejo de los zapatos relucientes. En su mano trae el libro de tapas blancas y gastadas que lleva mi nombre. Me lo ofrece sin mirarme a los ojos. Después da media vuelta y sale cerrando la puerta tras de sí.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2187139645310452602-7985882759634014246?l=www.elhuertodelaspalabras.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/feeds/7985882759634014246/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2187139645310452602&amp;postID=7985882759634014246' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/7985882759634014246'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/7985882759634014246'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/2010/04/el-libro-de-la-vida-federico-fayerman.html' title=''/><author><name>Federico</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16453751324275492917</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TTDVfWeKsoI/AAAAAAAAAI8/gPKYoWLfwqM/S220/DSC02208.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/S77qF7Qjm_I/AAAAAAAAAD4/r6FnlRyHaRY/s72-c/libro.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2187139645310452602.post-5872141625044372766</id><published>2010-04-09T10:47:00.000+02:00</published><updated>2010-04-09T10:48:28.500+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/S77pv7IxTaI/AAAAAAAAADw/wRBUJsup5tw/s1600/Naranjito.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 299px; height: 320px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/S77pv7IxTaI/AAAAAAAAADw/wRBUJsup5tw/s320/Naranjito.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5458056807957220770" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;NO SIENTO LAS PIERNAS&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                                 Federico Fayerman&lt;br /&gt;                                                                             Veintinueve de enero de 2008&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Joder, no siento las piernas!--&lt;br /&gt;El cuerpo le dolía terriblemente, todo el cuerpo, menos las piernas. Levantó la cabeza haciendo un gran esfuerzo e intentó mirarlas, pero todo estaba negro. Palpó con su mano y notó dos muñones de carne caliente y mojada a la altura de la entrepierna. Volvió a tantear  la zona y descubrió que su miembro y sus testículos también habían desaparecido.&lt;br /&gt;–¿Qué coño pasa, qué es esto?, debo estar soñando, esto no me puede pasar a mí. &lt;br /&gt;Quiso pellizcarse el brazo izquierdo para comprobar que estaba despierto, pero sus dedos solo encontraron:&lt;br /&gt; – ¡Nada! Hostias, me falta un brazo... ¿Dónde estoy, Por qué están apagadas las luces? &lt;br /&gt;Probó a tocarse los ojos pero estaban cubiertos por una venda. La retiró y al acercar su mano, el dedo índice se introdujo macabramente en la cuenca vacía, donde hasta entonces había tenido su ojo derecho. &lt;br /&gt;Notó su cuerpo pegajoso y al tocarlo su mano se empapó de un líquido caliente y espeso. Le seguía doliendo todo, incluso ahora también las piernas, aunque ya estaba al corriente de que no existían.&lt;br /&gt;Consiguió abrir el ojo izquierdo. Estaba tumbado en el suelo de una habitación con un fuerte olor a carne putrefacta. Delante de él, una mesa vieja de madera y sobre ella un magnetoscopio y un televisor. A su derecha y nadando en un mar rojo intenso, le pareció ver sus miembros recién amputados. &lt;br /&gt;Mientras se desangraba, tuvo el tiempo justo de ver la imagen, repetida sin parar en la pantalla del televisor, del momento en que él pitaba el inexistente penalti que resolvía la liga a favor del equipo visitante.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2187139645310452602-5872141625044372766?l=www.elhuertodelaspalabras.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/feeds/5872141625044372766/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2187139645310452602&amp;postID=5872141625044372766' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/5872141625044372766'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/5872141625044372766'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/2010/04/no-siento-las-piernas-federico-fayerman.html' title=''/><author><name>Federico</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16453751324275492917</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TTDVfWeKsoI/AAAAAAAAAI8/gPKYoWLfwqM/S220/DSC02208.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/S77pv7IxTaI/AAAAAAAAADw/wRBUJsup5tw/s72-c/Naranjito.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2187139645310452602.post-2839226470891337329</id><published>2010-04-09T10:45:00.000+02:00</published><updated>2010-04-09T10:46:50.878+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/S77pVphSAfI/AAAAAAAAADo/TS0AtYejcYA/s1600/Isabel-Navarro-Verdu-puerta.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 226px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/S77pVphSAfI/AAAAAAAAADo/TS0AtYejcYA/s320/Isabel-Navarro-Verdu-puerta.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5458056356551590386" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;EL HOMBRE QUE NO SABIA LO QUE PODÍA ENCONTRARSE A SU REGRESÓ A CASA, DESPUES DE VEINTE AÑOS DE AUSENCIA VOLUNTARIA.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                                                Federico Fayerman&lt;br /&gt;                                                                                   Dieciséis de marzo de 2010&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llamó tímidamente y esperó.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2187139645310452602-2839226470891337329?l=www.elhuertodelaspalabras.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/feeds/2839226470891337329/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2187139645310452602&amp;postID=2839226470891337329' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/2839226470891337329'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/2839226470891337329'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/2010/04/el-hombre-que-no-sabia-lo-que-podia.html' title=''/><author><name>Federico</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16453751324275492917</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TTDVfWeKsoI/AAAAAAAAAI8/gPKYoWLfwqM/S220/DSC02208.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/S77pVphSAfI/AAAAAAAAADo/TS0AtYejcYA/s72-c/Isabel-Navarro-Verdu-puerta.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2187139645310452602.post-1385375670465867693</id><published>2010-03-19T20:32:00.002+01:00</published><updated>2010-06-20T19:32:38.167+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/S6PR9B5ooZI/AAAAAAAAADY/wA8w1HCSEl0/s1600-h/gorrion3.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 239px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/S6PR9B5ooZI/AAAAAAAAADY/wA8w1HCSEl0/s320/gorrion3.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5450430820460831122" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;EL ÚLTIMO GORRIÓN&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                                            Federico Fayerman&lt;br /&gt;                                                                                     Once de marzo de 2010&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Madrid cogió la verbena.  La ciudad volvió a despertarse envuelta en una espesa capa de polución. Hacía tres años que no llovía sobre sus calles. &lt;br /&gt;Los árboles estaban secos, el otoño había abandonado el Retiro e incluso el estanque estaba ocioso. &lt;br /&gt;Anastasio salió de su casa muy temprano y como cada mañana se dirigió al parque, escondiendo bajo el abrigo una pequeña botella de agua.  &lt;br /&gt;Recorrió el paseo de coches y buscó el Palacio de Cristal. Allí se agachó tras un eucalipto marchito y silbó.&lt;br /&gt;Un gorrión acudió a la llamada y bebió en su mano. Después de saciarse, voló hasta una rama alta y se durmió.     &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;MOMENTOS&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;4 - LA CAMA NIQUELADA&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                                                 Federico Fayrman&lt;br /&gt;                                                                               Dieciocho de febrero de 2010&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te imaginé tumbada a mi lado, desnuda. Toqué el pezón de tu casi inexistente pecho y desperté.&lt;br /&gt;Los niños correteaban por la plaza, alrededor de la estatua de alguien celebre, quizás un rey, quizás un poeta. En cualquier caso de alguien que estaba muerto.&lt;br /&gt;Los gritos de los muchachos llegaban hasta el balcón entreabierto; los visillos corridos dejaban pasar la luz. Hasta la cama niquelada.&lt;br /&gt;Besé tu pezón frio y lo cubrí con los largos rizos de tu pelo. Me levanté y cerré los ventanales. &lt;br /&gt;Miré abajo. Un rey o un poeta. En cualquier caso, alguien que estaba muerto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿SUEÑOS?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                                               Federico Fayerman&lt;br /&gt;                                                                                       Cinco de marzo de 2010&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Noté sus manos enguantadas apretándome la garganta. Intenté librarme de ellas, pero no pude. Estaba soñando.&lt;br /&gt;La noche del día siguiente soñé que estaba muerto y la otra, que me enterraban.&lt;br /&gt;Las noches siguientes no soñé; intenté despertarme, pero no pude.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2187139645310452602-1385375670465867693?l=www.elhuertodelaspalabras.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/feeds/1385375670465867693/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2187139645310452602&amp;postID=1385375670465867693' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/1385375670465867693'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/1385375670465867693'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/2010/03/el-ultimo-gorrion-federico-fayerman.html' title=''/><author><name>Federico</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16453751324275492917</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TTDVfWeKsoI/AAAAAAAAAI8/gPKYoWLfwqM/S220/DSC02208.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/S6PR9B5ooZI/AAAAAAAAADY/wA8w1HCSEl0/s72-c/gorrion3.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2187139645310452602.post-6800169668485138478</id><published>2010-03-04T12:00:00.001+01:00</published><updated>2010-03-04T12:03:56.066+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/S4-TUTmGjyI/AAAAAAAAADQ/Nnjir2_jwDo/s1600-h/ARAA_1~1.JPG"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 313px; height: 320px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/S4-TUTmGjyI/AAAAAAAAADQ/Nnjir2_jwDo/s320/ARAA_1~1.JPG" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5444732451580972834" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;MÁS DE CUATRO&lt;br /&gt;                                                                                               Federico Fayerman&lt;br /&gt;                                                                              Veintisiete de febrero de 2009&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luis fue siempre un gran amante de los animales. No solo los quería si no que los respetaba y los equiparaba a los seres humanos. Esta devoción le venía en parte por tradición familiar ya que en la casa de sus padres siempre había vivido un gato, un perro o un pájaro. En muchísimas ocasiones el inquilino era un pollito, amarillo, naranja o verde, como se acostumbraba entonces a teñirlos. En invierno, los pobres pollitos morían a los pocos días, unos de frío y otros por accidentes domésticos (generalmente pisotones de los niños jugando con ellos). A todos les daba cristiana sepultura en el jardín de su casa.&lt;br /&gt;Ya casado y en su propio hogar, Luis siguió la tradición y tuvo varios perros y hasta cuatro gatos viviendo con él. &lt;br /&gt;Pero entre la fauna había ciertos animales que Luis odiaba con todas sus fuerzas. Las arañas y las serpientes. Cada vez que Luis veía una araña venía inmediatamente a su memoria el día en que se vio rodeado de cientos de las llamadas patas largas, en una casa de campo en la sierra y que casi le hicieron volverse loco. O cuando una araña enorme le recorrió todo el cuerpo mientras estaba acostado en la cama. Paralizado y con los ojos cerrados esperó a que la araña alcanzara el colchón y entonces con una fuerza desproporcionada acabó con ella. Su odio hacia las arañas no era tal, era miedo. &lt;br /&gt;La aversión a los reptiles no le venía de experiencias pasadas, si no como herencia de los relatos que le contaba su padre siendo niño. Siempre recordaba la historia del pastor, que salvó a una ingrata serpiente de morir ahogada, la cobijó bajo su camisa para que se repusiera y murió por su picadura.&lt;br /&gt;No conseguía evitar las lágrimas con películas en las que algún animal sufría o con aquellos cuentos en que, aún a sabiendas de que se trataba de pura ficción, leía, cómo un precioso ciervo o un juguetón conejito, moría a manos del cazador desalmado.&lt;br /&gt;Además esa mañana al salir de casa, Luis había presenciado el atropello de un perro en la esquina de su calle. Aquello le había sensibilizado aún más y en su paseo no había dejado de pensar en el pobre animal, muerto sobre el asfalto.&lt;br /&gt;Al atravesar un pequeño descampado, ya de vuelta, una cría de araña, se le cruzó por delante. Luis se paró y la vio correr hacia una piedra para refugiarse. Un sentimiento de ternura le vino a la cabeza. Un pequeño animal buscando salvar su vida en un mundo de gigantes hostiles. &lt;br /&gt;Luis dudó durante unos segundos antes de aplastarla.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2187139645310452602-6800169668485138478?l=www.elhuertodelaspalabras.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/feeds/6800169668485138478/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2187139645310452602&amp;postID=6800169668485138478' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/6800169668485138478'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/6800169668485138478'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/2010/03/mas-de-cuatro-federico-fayerman.html' title=''/><author><name>Federico</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16453751324275492917</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TTDVfWeKsoI/AAAAAAAAAI8/gPKYoWLfwqM/S220/DSC02208.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/S4-TUTmGjyI/AAAAAAAAADQ/Nnjir2_jwDo/s72-c/ARAA_1~1.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2187139645310452602.post-3743356081884388119</id><published>2010-02-23T19:36:00.002+01:00</published><updated>2010-02-23T19:43:54.276+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>RAICES DE PAPEL, es una nueva revista cultural de la Plataforma Raices de Papel editada por Juan Calderon Matador, amigo de esta casa. Gran escritor y Poeta, que ha tenido a bien publicarme dos relatos en el número uno de su revista. Al final de la página os dejo la dirección del blog donde podreis deleitaros con las doscientas páginas de la revista.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2187139645310452602-3743356081884388119?l=www.elhuertodelaspalabras.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/feeds/3743356081884388119/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2187139645310452602&amp;postID=3743356081884388119' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/3743356081884388119'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/3743356081884388119'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/2010/02/raices-de-papel-es-una-nueva-revista.html' title=''/><author><name>Federico</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16453751324275492917</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TTDVfWeKsoI/AAAAAAAAAI8/gPKYoWLfwqM/S220/DSC02208.JPG'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2187139645310452602.post-1631471174226789405</id><published>2010-02-23T19:32:00.000+01:00</published><updated>2010-02-23T19:33:30.344+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/S4QfWdjMxrI/AAAAAAAAADI/eLZNqbVvPJs/s1600-h/01_hotel626.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 180px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/S4QfWdjMxrI/AAAAAAAAADI/eLZNqbVvPJs/s320/01_hotel626.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5441508720520251058" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;TIC-TAC, TIC-TAC&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                                               Federico Fayerman&lt;br /&gt;                                                                                 Dieciocho de enero de 2010&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras aparcaban, un relámpago iluminó la fachada del hotel.  En ese momento cesó la lluvia y la única farola encendida en la calle principal se apagó, permitiendo que la oscuridad se hiciera dueña absoluta del pueblo.&lt;br /&gt;Habían sido veinte kilómetros bajo una fuerte tormenta, por una carretera de curvas y precipicios, desde cuyo fondo les llegaba el ruido del mar luchando con las rocas.&lt;br /&gt;En el pueblo, oscuro y solitario, una densa niebla envolvía los coches y las casas cercanas, y el silencio amordazaba la noche. Sacaron el equipaje del maletero y subieron la pequeña cuesta que conducía al hotel. &lt;br /&gt;Cuando reservaron la habitación, días antes, les insistieron en que no llegaran más tarde de las doce, pero una avería durante el viaje les había retrasado. &lt;br /&gt;Las puertas se encontraban cerradas y el timbre no emitió sonido alguno cuando lo pulsaron. Ángel, extrañado se acercó a una de las ventanas y apoyando la frente contra el cristal, escudriñó el interior del hotel. En la penumbra vio un vestíbulo muy ancho y totalmente diáfano. En la pared frontal había un enorme reloj de pie que marcaba las doce y media y seis puertas cerradas. Dibujado en la pared, solitario, un pentagrama invertido. &lt;br /&gt;El reloj transmitía un tic-tac mudo que llegaba hasta él a través de las sombras que el movimiento de su péndulo provocaba. No pudo mantener la mirada y espantado dio unos pasos hacia atrás. Julia, su mujer le miró sorprendida, pero no le preguntó. Asió la maleta y comenzó a bajar la cuesta hacia el coche. Angel la siguió sin volver la cabeza y al instante estaban enfilando la carretera de regreso hacia casa.&lt;br /&gt;Cuando Ángel estaba a punto de contarle a Julia lo que le había pasado, alzó la vista al espejo retrovisor. Aquellas sombras les perseguían curva tras curva, acercándose cada vez más.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2187139645310452602-1631471174226789405?l=www.elhuertodelaspalabras.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/feeds/1631471174226789405/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2187139645310452602&amp;postID=1631471174226789405' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/1631471174226789405'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/1631471174226789405'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/2010/02/tic-tac-tic-tac-federico-fayerman.html' title=''/><author><name>Federico</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16453751324275492917</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TTDVfWeKsoI/AAAAAAAAAI8/gPKYoWLfwqM/S220/DSC02208.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/S4QfWdjMxrI/AAAAAAAAADI/eLZNqbVvPJs/s72-c/01_hotel626.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2187139645310452602.post-3389776350320450418</id><published>2010-02-19T13:14:00.001+01:00</published><updated>2010-02-19T13:17:27.602+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/S36BD83FJPI/AAAAAAAAAC4/fwiQPycx_-I/s1600-h/urba+chalets.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 226px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/S36BD83FJPI/AAAAAAAAAC4/fwiQPycx_-I/s320/urba+chalets.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5439927304786879730" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;GENTE CORRIENTE&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                                               Federico Fayerman&lt;br /&gt;                                                                                       Once de febrero de 2010&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;JULIO Y MARI CARMEN &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aparcaron su coche nuevo en la plaza número 9, y rápidamente entraron en su casa. Tanto que a Julio se le olvidó saludarme. Aquello se había convertido ya en habitual, pues desde que le conocí, hace ya tres veranos, solo me había saludado en una ocasión. Me lo presentó Mari Carmen, su mujer, en la puerta de su casa, aprovechando que yo les había hecho un favor. Después de estrecharme la mano se metió en el váter dejándome con la palabra en la boca. A partir de ahí, siempre que se cruzaba conmigo viniendo de la playa o de la piscina o de donde fuera, miraba hacia otro lado para no tener que saludarme. Sería por timidez, creí yo.&lt;br /&gt;Julio es más bien bajo, más bien gordo y más bien calvo. Tiene unos cincuenta años y cara de mala leche con gafas. Su voz me es completamente desconocida al igual que sus gustos, sus inquietudes y desde luego sus virtudes. Julio va a la playa a las siete de la mañana y a la piscina a las diez de la noche, solo y con una toalla azul sobre los hombros peludos.&lt;br /&gt; Mari Carmen, su mujer es muy alta, muy delgada y tiene el pelo muy negro. Es simpática, sin pasarse, y ejerce de portavoz de una familia rara, rara, rara, y muda de puertas afuera.&lt;br /&gt;Julio y Mari Carmen tienen tres hijos, de aspecto absolutamente diferente y viven encerrados en su casa (la número 3). A veces salen a dar un corto paseo, pero enseguida vuelven y se enclaustran de nuevo Todos ellos, a excepción de Julio, son aficionados a la música. Mari Carmen toca música clásica al piano y sus hijos la guitarra, y el órgano. También los he oído cantar, a través de la pared de mi salón, canciones de Iglesia. Todos tocan y cantan a bajo volumen, cosa que se agradece mucho. &lt;br /&gt;No tengo idea de cuanto tiempo se van a quedar este verano, pero sé que una mañana me levantaré y al mirar a través de la ventana de la cocina comprobaré con cierta alegría, no lo voy a negar, que la plaza de aparcamiento número 9 se ha quedado vacía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;DÁMASO Y LOURDES &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dámaso despertaba las envidias de los vecinos de la urbanización cada vez que aparecía con un coche nuevo. Siempre Mercedes de alta gama, impolutos. &lt;br /&gt;Dámaso es alto y fuerte, con una barriga poco acorde a sus treinta y pocos años y su mujer Lourdes es bastante más joven que él. Morena, bajita y parlanchina, camina siempre delante de Dámaso, que la sigue con su pequeña hija recién nacida.&lt;br /&gt;Mientras casi todos los vecinos de la urbanización pasamos las mañanas en la playa, Dámaso (que vive en la casa número 11), junto con el vecino del número 10 y el del número 2, la pasan en el Mar y Montaña, donde trabajan tres jóvenes y bellas dominicanas de piel negra y reluciente. El chiringuito está a medio camino entre la urbanización y el mar. Prefieren, según sus palabras, refrescarse por dentro mejor que por fuera, y a la sombra en aquel agosto caluroso del Levante. &lt;br /&gt;Un día mientras nos bañábamos en la piscina y ante mi pregunta por la ausencia, ese verano, de Lourdes, me contó esta historia: En Valencia durante el invierno, Lourdes, su mujer, frecuentaba asiduamente la carnicería de su barrio, y durante una de esas visitas, entre salchichas frescas y lomo adobado surgió el amor adúltero. El mes pasado   llegó a sus oídos, y sin pensárselo dos veces, Dámaso pidió el divorcio Exprés.&lt;br /&gt;Ya no hemos vuelto a ver a Lourdes por la urbanización, pero Dámaso sigue viniendo a menudo cada vez con un Mercedes diferente (de sus clientes, ya que hemos sabido que tiene un taller de chapa y pintura). &lt;br /&gt;De las tres dominicanas del Mar y Montaña, Rita, la más delgadita y guapa, acompaña desde ayer a Dámaso en las calurosas noches del verano vacacional.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CRISTINA&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cristina se quedó viuda muy joven, apenas cumplidos los treinta años y con tres hijos a sus espaldas. Enrique, su difunto marido sufría depresiones y una de ellas le llevó a tirarse desde lo alto del faro. Desde entonces prohibieron subir al que denominaron “El faro del suicida”.&lt;br /&gt; Sin embargo éste se ha convertido quince años después, en el lugar de reunión de los jóvenes del pueblo, donde hacen el botellón de los viernes. Parte de su diversión consiste, en lanzar al aire las bolsas de plástico y los restos de comida. Las botellas vacías las arrojan contra las rocas, lo que ha convertido la zona en un autentico vertedero.&lt;br /&gt;Los tres hijos de Cristina están integrados en el “colectivo del botellón” y ella acude cada sábado y limpia lo que puede, arriesgándose entre las rocas, para que los vecinos del pueblo no tomen represalias contra sus hijos.&lt;br /&gt;Cristina los mantiene a duras penas con su pensión de viuda, ya que ninguno de los tres tiene trabajo ni intención de buscarlo.&lt;br /&gt;A veces voy a buscarla y la invito a un café en el bar de Sergio. Hablamos de su vida y de la mía. Estoy un poco asustado, pues muchas veces, deduzco que tiene la intención de seguir los pasos de Enrique. Este año le corresponde ser presidenta de la Comunidad de vecinos, pero me ha pedido que me presente en su lugar. Lo haré. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ANTONIA Y SERGIO&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El jardín de la casa número 5 está iluminado con cuatro grandes antorchas. Antonia y Sergio están celebrando el primer aniversario de su divorcio. Susana, la hija de ambos no está presente. Un año después del des-enlace, sigue sin aceptar la situación y se ha marchado con sus amigos al botellón del “faro del suicida”.&lt;br /&gt;Sergio es dueño del bar-restaurante de la Plaza Nueva. Él sirve las mesas, mientras un camarero atiende la barra y Antonia mangonea la cocina. &lt;br /&gt;Antonia arrastra un problema. Tiene disminuida su capacidad auditiva en un noventa y cinco por ciento, debido a un accidente cuando era niña y eso ha convertido al Plaza Nueva en el único bar donde es imposible escuchar el ¡Oído cocina, una de bravas!  Sergio ha instalado un cuadro luminoso donde le indica los pedidos.&lt;br /&gt;A pesar de su sordera, conduce un BMW blanco, con el carnet que le proporcionaron bajo cuerda, gracias a Don Lorenzo, el Alcalde del pueblo.&lt;br /&gt;Don Lorenzo es cliente asiduo del Plaza Nueva y se cuchichea que es el motivo de la separación del matrimonio. De todas maneras, y para acallar rumores, Antonia y Sergio siguen viviendo juntos. &lt;br /&gt;En el último mes han realizado obras para convertir el chalet en dos apartamentos individuales y están esperando que se celebre la Junta de Propietarios para solicitar permiso de apertura de una segunda puerta a la calle, que les permita, a través del jardín, acceder al apartamento de la planta superior.&lt;br /&gt;Bajo el lema de “seguimos siendo buenos amigos” disfrutan de la cena, a la que estoy invitado para tomar una copa una vez pasen los postres.   &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;JORDI Y MONTSE&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los catalanes del número 1. Acaban de jubilarse y han cambiado el pueblo de la sierra por el de la costa. Pero no han cambiado sus costumbres. El jardín de su casa lo han convertido en una huerta fértil, fragante y colorida. Han sembrado tomates, judías verdes, alcachofas, pimientos, melones y sandías. Verdes, brillantes y rollizas, estas últimas provocan la envidia de los que pasan por la calle y las ven a través de la valla que rodea la urbanización. &lt;br /&gt;Todos los veranos, como supongo hacían en su pueblo natal, sacan la cosecha a la puerta de la calle y la ofrecen a los vecinos a buen precio. &lt;br /&gt;-Verduras y frutas ecológicas, -nos dicen para promocionarlas y la verdad es que están realmente exquisitas.&lt;br /&gt;Otra de las costumbres que no ha perdido el matrimonio agricultor, es la de mantener durante todo el verano, desnudos a sus nietos. Corretean y juegan por la urbanización como Dios los trajo al mundo. En el orden del día de la Junta de vecinos, concretamente en el punto cuarto, se puede leer la protesta de algunos propietarios, contra la insana costumbre de tener a los niños “en pelotas” y permitir que se caguen y se meen por todo el recinto, incluyendo la piscina comunitaria. Sin embargo, los abuelos no paran de quejarse del mal olor, que dicen provoca un contenedor de basuras, que el Ayuntamiento ha colocado al otro lado de la calle y donde ellos arrojan a diario, los restos de la cosecha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CARLOS&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Carlos es el único vecino que vive solo. Se separó de su mujer hace ocho años, a la vez que se jubiló, y se vino a vivir a la costa. Decidió dejar la gran ciudad y refugiarse en la tranquilidad de un pequeño pueblo, donde nadie le conoce para dar rienda suelta a su afición secreta. Ni siquiera su ex mujer conocía su interés por los aviones. Más concretamente por los juegos de simulación aérea. Carlos tiene más de cien escenarios aéreos en el ordenador y se pasa el día encerrado en casa. Está a punto de culminar su gran y definitivo proyecto. &lt;br /&gt;El recibidor de su casa está decorado con fotografías de aeropuertos, aviones y vistas aéreas. A la derecha un mostrador tras el cual dos figuras de azafatas, construidas en cartón a escala humana, parecen dar la bienvenida. Una máquina de bebidas y otra de café.&lt;br /&gt;Las paredes del pasillo están decoradas con dibujos de ventanillas de avión bajo las cuales se puede encontrar una fila de asientos, que deja un corredor central a través del cual se llega a la habitación del fondo. Al abrir la puerta, una cabina de Airbus A-120, construida con todo lujo de detalles, espera cada mañana la orden de levantar el vuelo hacia una ciudad del mundo. Vuelos en tiempo real, que Carlos cumple escrupulosamente, vestido con el uniforme de Comandante y sin apenas levantarse de su asiento de mando. Por la noche se prepara el catering y el plan de vuelo, ayudándose de los programas más potentes de simulación comprados por internet. No sale a la calle hasta que ha completado el viaje de ida y vuelta. A veces cuarenta y ocho horas.&lt;br /&gt;Hoy, se encuentra sobrevolando el mar de la China y ha delegado su presencia en la junta de vecinos en mí, que soy el único que conoce su pasión. Me ha invitado a volar a Australia la semana próxima. Su perro Doff también lo sabe, y quizá venga con nosotros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;YO, ANASTASIO, EL PRESIDENTE&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras guardo mis antenas bajo la peluca, mis tentáculos dentro de la sudadera, ato mis dos piernas sobrantes con las humanamente reglamentarias y las escondo en el pantalón de chándal,   observo cómo los vecinos se van acomodando en el local de la comunidad. Casi todos traen sus sillas y taburetes para soportar las tres horas largas que durara la reunión. &lt;br /&gt;Seguro que todo irá bien, sin problemas. No puede ser de otra manera, porque afortunadamente, todos somos gente de lo más normal.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2187139645310452602-3389776350320450418?l=www.elhuertodelaspalabras.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/feeds/3389776350320450418/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2187139645310452602&amp;postID=3389776350320450418' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/3389776350320450418'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/3389776350320450418'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/2010/02/gente-corriente-federico-fayerman-once.html' title=''/><author><name>Federico</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16453751324275492917</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TTDVfWeKsoI/AAAAAAAAAI8/gPKYoWLfwqM/S220/DSC02208.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/S36BD83FJPI/AAAAAAAAAC4/fwiQPycx_-I/s72-c/urba+chalets.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2187139645310452602.post-2981503986709445421</id><published>2010-02-05T16:27:00.003+01:00</published><updated>2010-02-05T16:49:26.049+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>Amigos del Blog:&lt;br /&gt;La semana pasada, asistí como invitado a una tertulia literaria del Colectivo Tirarse al Folio, donde leí alguno de mis relatos y sobre todo disfruté de dos horas maravillosas, acompañado de los miembros (as) de dicho colectivo: Graziela, Pilar, Cruz, Lui, Carmen, Begoña, Alejandro, Iñaki y Theo.&lt;br /&gt;A partir de este momento, entro a formar parte del Colectivo, en cuyo blog espero publicar en lo sucesivo relatos salidos de mi pluma.&lt;br /&gt;El nombre del blog es: http://tirarsealfolio.blogspot.com&lt;br /&gt;Os invito a seguir el enlace que he colocado en la columna de la derecha , y a que disfruteis de los relatos de mis nuevos compañeros escritores.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2187139645310452602-2981503986709445421?l=www.elhuertodelaspalabras.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/feeds/2981503986709445421/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2187139645310452602&amp;postID=2981503986709445421' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/2981503986709445421'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/2981503986709445421'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/2010/02/amigos-del-blog-la-semana-pasada-asisti.html' title=''/><author><name>Federico</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16453751324275492917</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TTDVfWeKsoI/AAAAAAAAAI8/gPKYoWLfwqM/S220/DSC02208.JPG'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2187139645310452602.post-8757559538335027613</id><published>2010-01-15T18:06:00.000+01:00</published><updated>2010-01-15T18:07:51.128+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/S1Cg3d9kSAI/AAAAAAAAACw/aa_8aBys0Aw/s1600-h/5.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 214px; height: 320px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/S1Cg3d9kSAI/AAAAAAAAACw/aa_8aBys0Aw/s320/5.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5427014425777555458" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2187139645310452602-8757559538335027613?l=www.elhuertodelaspalabras.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/feeds/8757559538335027613/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2187139645310452602&amp;postID=8757559538335027613' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/8757559538335027613'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/8757559538335027613'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/2010/01/blog-post.html' title=''/><author><name>Federico</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16453751324275492917</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TTDVfWeKsoI/AAAAAAAAAI8/gPKYoWLfwqM/S220/DSC02208.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/S1Cg3d9kSAI/AAAAAAAAACw/aa_8aBys0Aw/s72-c/5.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2187139645310452602.post-8898110647382694803</id><published>2010-01-15T18:00:00.001+01:00</published><updated>2010-01-15T18:05:37.935+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>QUÉDATE  QUIETO&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                                           Federico Fayerman&lt;br /&gt;                                                                                         17 de mayo de 2008&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta carta que han encontrado en un bolsillo de mi vestido nuevo, no quiere servir de excusa, ni de autodefensa, por otro lado ya innecesaria, ni de acusación. Tampoco que valga como denuncia ante la policía, que sería, si mal no recuerdo, la número dieciocho de las que he presentado a lo largo de los últimos años. &lt;br /&gt;Mi afán en este caso es seguir la pauta que he marcado siempre, es decir dar en vez de pedir, que es lo que me ha llevado a presentarme ante ustedes en este estado tan desastroso. Lo siento, pero es lo que tiene caer desde un octavo piso a la calle. Espero haber arrancado con estas palabras, al menos una sonrisa irónica, que les aseguro me haría, aunque tarde, un poco feliz  ya que mi vida no lo ha sido.&lt;br /&gt;Y por eso quiero seguir dando.&lt;br /&gt;En mi bolso nuevo, que encontrarán por aquí cerca, hallarán una llave que corresponde a la puerta de  mi casa. También hallarán mi nombre y mi dirección.&lt;br /&gt;Estas  últimas líneas van dirigidas a Juan, mi marido.&lt;br /&gt;Ahora que estoy segura de que estás quieto; de que no tienes fuerza para mover un solo músculo de tu cuerpo contra mí; de que no puedes insultarme, ni pegarme,  ni reírte de mi aspecto envejecido por los años de sufrimiento que he pasado a tu lado; ahora que han pasado dos meses desde que te encerré en el sótano, atado de pies y manos, amordazado y herido, ahora por fin, me he comprado ese vestido rojo, muy corto y esos zapatos de tacón alto que hacen juego con el bolso ese tan caro, toda esta ropa que tu nunca me hubieras dejado comprar y mucho menos ponerme. Y perdona una vez más, pero ahora me voy sin pedirte permiso.&lt;br /&gt; Me voy sola en busca de la serenidad total.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2187139645310452602-8898110647382694803?l=www.elhuertodelaspalabras.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/feeds/8898110647382694803/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2187139645310452602&amp;postID=8898110647382694803' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/8898110647382694803'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/8898110647382694803'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/2010/01/quedate-quieto-federico-fayerman-17-de.html' title=''/><author><name>Federico</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16453751324275492917</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TTDVfWeKsoI/AAAAAAAAAI8/gPKYoWLfwqM/S220/DSC02208.JPG'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2187139645310452602.post-3510570676248802016</id><published>2009-12-18T13:57:00.000+01:00</published><updated>2009-12-18T13:58:20.862+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>BUKOWSKI CLUB&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                                             Federico Fayerman&lt;br /&gt;                                                                             Veintiuno de octubre de 2009&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alterio caminó a grandes pasos por la calle de la Ballesta bajo la pluma del escritor, hasta detenerse frente al número 5. Subió las ruidosas escaleras de madera hasta el cuarto piso. Punto y aparte. &lt;br /&gt;Derio Frey, arrastró la silla y se sirvió un güisqui del viejo mueble bar. El timbre de la puerta sonó taciturno sobre el papel, y Alterio, acompañado de una rubia de ojos claros y curvas cerradas entró en el salón. Él, pelo largo, cara ancha  y gesto disgustado. Una pequeña mesa llena de cuartillas y una papelera repleta de hojas arrugadas componían junto al mueble-bar el paisaje casero. En la habitación de al lado, a través del hueco de la puerta, se distinguía una cama arrimada a la pared bajo la ventana y una estantería, amontonada de libros. &lt;br /&gt;ooo O ooo&lt;br /&gt;Alterio solía frecuentar el Bukowski Club, desde las nueve de la tarde que abrían hasta que le invitaban a salir para echar  el cierre y mostrar a los trasnochadores los artísticos grafitis que lo adornaban. Aquella noche de domingo había tenido que subir nuevamente al pequeño estrado, leer otro relato de Derio y soportar los aplausos merecidos pero no dedicados a él. Bien es cierto que Alterio, aprovechaba la voluntaria ausencia de Derio para cambiar algunos párrafos y a veces equivocarse a propósito y mirar de reojo al atento auditorio buscando una señal de rechazo al texto. Pero no solía tener éxito, como mucho, los presentes aprovechaban esos lapsus para llevarse el vaso a los labios o para pedir otro cóctel con una seña sutil al camarero.&lt;br /&gt;Al fondo del Bukowski, bajo una fotografía del escritor norteamericano, Ana levantó la botella de cerveza ofreciendo un brindis a Alterio. &lt;br /&gt;-Excelente tu lectura del relato, -dijo Ana sarcástica, mientras desenredaba su pelo con los dedos. &lt;br /&gt;-Gracias por nada,-susurró Alterio tomando asiento a su lado con cara de pocos amigos. Chocaron las cervezas. El estrado volvió a ocuparse y ambos callaron mirándose a los ojos. &lt;br /&gt;Ana encendió un cigarro y compartieron el humo, silenciosos. &lt;br /&gt;Ooo O ooo&lt;br /&gt;¿Queréis beber algo? –peguntó Derio, mientras se servía otro güisqui. Desde la cocina llegaba el repiqueteo de una tapa de cacerola mal cerrada, que dejaba escapar olor a guiso tradicional.&lt;br /&gt;-Queremos hablar contigo, -contestó Alterio, rechazando la invitación y sentándose a horcajadas en una silla frente al escritor. Queremos que nos liberes, que nos dejes vivir nuestra propia vida. Queremos desarrollarnos sin tu tutela.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;-Sabéis que eso es imposible, dijo Derio apagando dentro del vaso el cigarrillo que se le había consumido entre los dedos. -Yo os he creado y os iréis solo cuando yo lo desee. &lt;br /&gt;Entonces Ana extrajo una pequeña pistola de su bolso y apuntó a Derio.&lt;br /&gt;-No seas absurda Ana, dijo el escritor.&lt;br /&gt;Aunque le temblaba la mano, Ana disparó. &lt;br /&gt;Ooo O ooo&lt;br /&gt;Esa noche, Alterio salió del Bukowski un poco antes de las dos de la madrugada y esperó a Ana en la calle. Cinco minutos después volvió a entrar y la buscó inútilmente entre el humo, en la sala, en la cocina y en el aseo. Intentó preguntar por ella, pero los clientes, concentrados en el orador, le ignoraron. Se sintió invisible, como si ya no existiera. Como si nunca hubieran existido ninguno de los dos. &lt;br /&gt;ooOooo&lt;br /&gt;Una hora antes, bajo la fotografía del novelista, al fondo del Bukowski, y envuelta en volutas de humo, una morena de uñas escarlata le miró fijamente mientras se aproximaba. Derio frenó su silla de ruedas y alguien le acercó el micrófono. Sacó unas cuartillas manchadas de sangre del bolsillo interior de la chaqueta y leyó su relato. &lt;br /&gt;Los aplausos ahogaron el ruido que provocó su cuerpo al desplomarse sin vida.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2187139645310452602-3510570676248802016?l=www.elhuertodelaspalabras.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/feeds/3510570676248802016/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2187139645310452602&amp;postID=3510570676248802016' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/3510570676248802016'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/3510570676248802016'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/2009/12/bukowski-club-federico-fayerman.html' title=''/><author><name>Federico</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16453751324275492917</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TTDVfWeKsoI/AAAAAAAAAI8/gPKYoWLfwqM/S220/DSC02208.JPG'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2187139645310452602.post-1232575105260183037</id><published>2009-12-10T22:03:00.000+01:00</published><updated>2009-12-10T22:05:47.931+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/SyFipDvn6rI/AAAAAAAAACc/RvoBi4wgqDk/s1600-h/D15192.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 237px; height: 320px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/SyFipDvn6rI/AAAAAAAAACc/RvoBi4wgqDk/s320/D15192.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5413716684595260082" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2187139645310452602-1232575105260183037?l=www.elhuertodelaspalabras.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/feeds/1232575105260183037/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2187139645310452602&amp;postID=1232575105260183037' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/1232575105260183037'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/1232575105260183037'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/2009/12/blog-post_10.html' title=''/><author><name>Federico</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16453751324275492917</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TTDVfWeKsoI/AAAAAAAAAI8/gPKYoWLfwqM/S220/DSC02208.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/SyFipDvn6rI/AAAAAAAAACc/RvoBi4wgqDk/s72-c/D15192.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2187139645310452602.post-3904011312264817343</id><published>2009-12-10T22:01:00.000+01:00</published><updated>2009-12-10T22:02:11.596+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>AVE CÉSAR &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                                               Federico Fayerman&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                                        Quince de julio de 2009&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alto y carnoso; pelo de azogue y mueca sonriente. César espera como cada tarde, desde hace un mes, la llegada del Ave.&lt;br /&gt;La estación hierve burbujeante de viajeros moviéndose de un lado a otro sin parar, llenando y vaciando bares, andenes, pasillos, locales de prensa y aseos.&lt;br /&gt;Una pareja de ancianos arrastra sus maletas lentamente entre el gentío, y trata de ganar la puerta de salida, empujados por los altavoces parlanchines que no cesan en su monólogo repetitivo. En un asiento de plástico marrón oscuro, un hombre corpulento y melena descuidada sostiene sobre sus rodillas a una joven de piel morena y labios rojos, mientras la manosea.&lt;br /&gt;César consulta insistentemente, tras los gruesos cristales de sus gafas de pasta negra, el panel electrónico del vestíbulo central de la estación, mientras se ajusta una y otra vez el nudo de su corbata roja. En la mano izquierda sujeta con fuerza, un ramo de margaritas pálidas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La conoció una mañana de julio, sentado en una cafetería, en aquel mismo hall. Ella paseaba con una pequeña maleta destartalada. Andaba mirando a su alrededor como buscando algo, o quizá a alguien que pudiera quitarle ese gesto de desesperación de la cara.&lt;br /&gt;Pasó a su lado con andares inseguros. Entonces se volvió. Primero fijó los ojos en sus zapatos relucientes y poco a poco levantó la cabeza hasta clavar la mirada en sus ojos .Ocupó el taburete contiguo y le habló casi en un susurro.&lt;br /&gt;-¿Por favor, podrías invitarme a un café y algo de comer?&lt;br /&gt;Su cuerpo, escondido bajo un vestido largo de tonos marrones y amarillos era pequeño y extremadamente delgado. Tenía una cara estirada, las mejillas de un azul aterciopelado y los ojos verdes apagados. Las órbitas las tenía hundidas y cetrinas. Su boca despedía un aliento pútrido que salía con cada palabra que articulaba, a través de una dentadura gris e incompleta. &lt;br /&gt;César pensó al principio que la chica podía ser menor de edad, pero al poco ella le dijo que tenía veinte años, los mismos que él llevaba solo desde que murió Claudia.  &lt;br /&gt;-¿Cómo te llamas?&lt;br /&gt;-Dulce&lt;br /&gt;Después del café y el bocadillo ella le pidió dinero para el billete y él la acompañó a las taquillas y se lo compró. Antes de subir al tren volvió a pedirle dinero. Él se lo dio y ella le dijo que se lo devolvería a la semana siguiente, cuando regresara. Quedaron para entonces. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cesar se apoya en una columna de aluminio bruñido y consulta una vez más su reloj.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A las diez y cuarto, ya ha entrado el último Ave del día. Cuando Cesar entra, solo como de costumbre en el bar de Luis, ya son más de las doce.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2187139645310452602-3904011312264817343?l=www.elhuertodelaspalabras.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/feeds/3904011312264817343/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2187139645310452602&amp;postID=3904011312264817343' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/3904011312264817343'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/3904011312264817343'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/2009/12/ave-cesar-federico-fayerman-quince-de.html' title=''/><author><name>Federico</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16453751324275492917</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TTDVfWeKsoI/AAAAAAAAAI8/gPKYoWLfwqM/S220/DSC02208.JPG'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2187139645310452602.post-2698007913798702981</id><published>2009-12-03T20:45:00.000+01:00</published><updated>2009-12-03T20:46:33.320+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/SxgVjFJuhVI/AAAAAAAAACM/_sTkcX7jpPU/s1600-h/23-CampanaPlayas.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 240px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/SxgVjFJuhVI/AAAAAAAAACM/_sTkcX7jpPU/s320/23-CampanaPlayas.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5411098644708230482" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2187139645310452602-2698007913798702981?l=www.elhuertodelaspalabras.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/feeds/2698007913798702981/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2187139645310452602&amp;postID=2698007913798702981' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/2698007913798702981'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/2698007913798702981'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/2009/12/blog-post_03.html' title=''/><author><name>Federico</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16453751324275492917</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TTDVfWeKsoI/AAAAAAAAAI8/gPKYoWLfwqM/S220/DSC02208.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/SxgVjFJuhVI/AAAAAAAAACM/_sTkcX7jpPU/s72-c/23-CampanaPlayas.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2187139645310452602.post-3625189902819957268</id><published>2009-12-03T20:35:00.001+01:00</published><updated>2009-12-03T20:35:29.328+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>MOMENTOS&lt;br /&gt;1 - LA CHICA DEL BAR&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                                               Federico Fayerman&lt;br /&gt;                                                                                     28 de septiembre de 2009&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué va a tomar? -preguntó, mientras sujetaba detrás de la cabeza su melena atrevida. No contesté. &lt;br /&gt;-¿Qué va a tomar? –repitió, dejando que el pelo fluyera entre sus dedos. Sobre sus hombros. No me salían las palabras porque me había quedado enganchado en sus ojos negros. &lt;br /&gt;Y se lo dije. &lt;br /&gt;Sonrió y sin dejar de mirarme los abrió hasta el infinito.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2187139645310452602-3625189902819957268?l=www.elhuertodelaspalabras.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/feeds/3625189902819957268/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2187139645310452602&amp;postID=3625189902819957268' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/3625189902819957268'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/3625189902819957268'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/2009/12/momentos-1-la-chica-del-bar-federico.html' title=''/><author><name>Federico</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16453751324275492917</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TTDVfWeKsoI/AAAAAAAAAI8/gPKYoWLfwqM/S220/DSC02208.JPG'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2187139645310452602.post-1753990294557553327</id><published>2009-12-03T20:34:00.001+01:00</published><updated>2009-12-03T20:34:59.148+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>MOMENTOS&lt;br /&gt;2 - MIRABELA&lt;br /&gt;                                                                                               Federico Fayerman&lt;br /&gt;                                                                                    Veinte de octubre de 2009&lt;br /&gt;Mirabela bajó la pendiente de cantos rodados hasta la playa. Se descalzó y corrió hacia la orilla, dejando deslizar sobre sus caderas el ligero vestido de tirantes que la cubría. Sus pies menudos entraron en el agua y tras ellos todo su cuerpo. Su pelo largo y suelto parecía perseguirla mientras nadaba mar adentro, y al poco se detuvo y miró al horizonte. En aquella dirección, a muchos cientos de kilómetros estaba Rumanía, su país. Sus pensamientos volaron una vez más hasta la familia dejada y añorada y recibió en su cara un viento suave y cálido que parecía traerle el olor de su casa y creyó escuchar, cómo el rumor del mar le trasmitía susurrante el lenguaje de sus gentes.&lt;br /&gt;En la arena, una voz gritó su nombre, y despacio, Mirabela regresó, brazada tras brazada, disfrutando de la frescura del agua sobre su pequeño y desnudo cuerpo de piel joven.&lt;br /&gt;La estela plateada que cortaba el mar la iluminó por un instante mientras ella sujetaba y escurría su pelo sobre la nuca. Un pelo negro tan brillante como la misma luna llena que la admiraba desde lo alto. Después, se dejó caer sobre la arena mojada y cerró los ojos deseando que aquella voz amada la arropara.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2187139645310452602-1753990294557553327?l=www.elhuertodelaspalabras.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/feeds/1753990294557553327/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2187139645310452602&amp;postID=1753990294557553327' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/1753990294557553327'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/1753990294557553327'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/2009/12/momentos-2-mirabela-federico-fayerman.html' title=''/><author><name>Federico</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16453751324275492917</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TTDVfWeKsoI/AAAAAAAAAI8/gPKYoWLfwqM/S220/DSC02208.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2187139645310452602.post-6700968592607236929</id><published>2009-12-03T20:33:00.000+01:00</published><updated>2009-12-03T20:34:18.488+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>MOMENTOS&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;3 - LA COJITA&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;                                                                                              Federico Fayerman&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                                      Veintiuno de julio de 2009&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la playa. A las ocho de la tarde el mar se había calmado y llegaba con pequeñas ondas hasta la arena. Las sombrillas más cercanas al agua dejaban su sitio a las cañas de pescar, que se cimbreaban empujadas por la brisa fresca del atardecer. &lt;br /&gt;La niña tenía cuatro o cinco años. Se acercaba una y otra vez a la orilla del mar cojeando y arrastrando su pierna rígida, tatuada en el muslo con un enorme costurón. Al llegar donde las olas depositaban su última espuma se dejaba caer de bruces. Se impulsaba con los codos y metía su cabecita en el agua como intentado bucear. A veces rodaba sobre sí misma. Después, con mucho esfuerzo trataba de erguirse pero casi siempre volvía a perder el equilibrio. En su cara mojada se dibujaba una maravillosa sonrisa.&lt;br /&gt;El padre de la niña, que la vigilaba bajo una sombrilla se acercó y tomándola de la mano la llevó unos metros mar adentro y le quitó la arena que se le había depositado en el pelo. Se bañaron juntos y jugaron con las olas.&lt;br /&gt;Unas cometas de colores y formas diversas brincaban ondulando el viento con piruetas arriesgadas, como huyendo de su sombra. &lt;br /&gt;Mientras la secaban con una gran toalla de rayas, antes de regresar a casa, la niña cojita, sujetándose en los hombros de su padre bailaba sobre la arena húmeda y cantaba. Bailaba, cantaba y reía.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2187139645310452602-6700968592607236929?l=www.elhuertodelaspalabras.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/feeds/6700968592607236929/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2187139645310452602&amp;postID=6700968592607236929' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/6700968592607236929'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/6700968592607236929'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/2009/12/momentos-3-la-cojita-federico-fayerman.html' title=''/><author><name>Federico</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16453751324275492917</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TTDVfWeKsoI/AAAAAAAAAI8/gPKYoWLfwqM/S220/DSC02208.JPG'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2187139645310452602.post-2497590276099981971</id><published>2009-12-01T17:10:00.000+01:00</published><updated>2009-12-01T17:13:27.105+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/SxVAmcHyIuI/AAAAAAAAACE/ZdUaV3WilJc/s1600/Raffaelli_RueMontmartre.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 256px; height: 320px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/SxVAmcHyIuI/AAAAAAAAACE/ZdUaV3WilJc/s320/Raffaelli_RueMontmartre.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5410301556483564258" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2187139645310452602-2497590276099981971?l=www.elhuertodelaspalabras.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/feeds/2497590276099981971/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2187139645310452602&amp;postID=2497590276099981971' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/2497590276099981971'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/2497590276099981971'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/2009/12/blog-post.html' title=''/><author><name>Federico</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16453751324275492917</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TTDVfWeKsoI/AAAAAAAAAI8/gPKYoWLfwqM/S220/DSC02208.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/SxVAmcHyIuI/AAAAAAAAACE/ZdUaV3WilJc/s72-c/Raffaelli_RueMontmartre.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2187139645310452602.post-2541157871166367868</id><published>2009-12-01T17:08:00.000+01:00</published><updated>2009-12-01T17:09:54.852+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>DE UN ROJO ANARANJADO&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                                   &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                                      La venganza es el manjar más&lt;br /&gt; sabroso condimentado en el infierno.&lt;br /&gt;                                                                                Walter Scott&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            La vida solo se comprende mirando &lt;br /&gt; hacia atrás, pero se debe vivir hacia delante.&lt;br /&gt;                                                                               Kierkegaard&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CAPÍTULO  III&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-LAS SIRENAS (Enero-1965) &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Jacob tiene los ojos desmesuradamente abiertos y la boca babeante de espuma blanca y seca. Su cuerpo, gordo y fláccido, se balancea en el hueco de la escalera, en el extremo de una soga que está atada al pasa manos, a la altura del primer piso. Bajo el ahorcado, en el suelo, hay una vieja maleta de cartón, abierta y llena de pequeñas piezas de oro y plata relucientes. &lt;br /&gt;Jacob Raichman ya no puede oír la sirena de la ambulancia ni la de la policía que acaban de detenerse, bajo una fuerte tormenta, frente a su casa en la rue de Cursol de Burdeos, en el sur de Francia. Si Jacob hubiera podido oírlas, las habría distinguido sin problemas. Su vida había estado llena de sonidos de sirena: La de los bomberos apagando los incendios causados por la artillería alemana en los alrededores de París, allá por el año cuarenta, o la que prevenía de los ataques aéreos y que obligaba a correr a los refugios. También tenía grabadas en el cerebro las sirenas de los campos de trabajo nazis.&lt;br /&gt;Pero desde aquellos infernales días había trascurrido al menos veinte años. Veinte años que utilizó para intentar reanudar una vida interrumpida por la barbarie y la sinrazón, en la que él mismo participó conscientemente. &lt;br /&gt;Pero sus remordimientos no le habían permitido rehacerla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;13-JACOB. (París, Veinte años antes)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jacob volvió a secarse el sudor que resbalaba por su frente. El calor de esos días, pese a no ser excesivo, le afectaba sobremanera, y su cuerpo se resentía de las calamidades pasadas. &lt;br /&gt;Encaminó sus pasos hacia la casa de sus padres en el Boulevard Haussmann.  Aparentemente en el exterior de la vivienda, después de tres años de obligada ausencia, todo seguía igual. El jardín conservaba su olor penetrante a lilas, que en grandes racimos cubrían las rejas de la cerca y se dejaban caer del otro lado. La delgada y recta acacia que él mismo plantara había crecido considerablemente. &lt;br /&gt; Buscó el pulsador entre las flores. Llamó.&lt;br /&gt; Doff apareció ladrando en el umbral de la puerta en cuanto oyó el timbre de la cancela y tras un ligero titubeo se abalanzó sobre Jacob, que le esperaba acuclillado frente a él. Le lamió la cara y las manos y a punto estuvo de hacerle perder el equilibrio. Tras el perro aparecieron los antiguos caseros Louis y Jeanne Foulard. Natasha, la vieja doncella de los Raichman seguía con ellos. &lt;br /&gt;--Los asesinaron a sangre fría, --dijo Jeanne, mientras servía unos vasos de té. Bebió un sorbo y continuó: --Mataron a tus padres por negarse a la deportación; nosotros mismos nos encargamos de enterrarlos en el cementerio de Montparnasse.  &lt;br /&gt;Esa misma tarde, Natasha acompañó a Jacob hasta la tumba de sus padres. El viejo Doff también fue con ellos. &lt;br /&gt;En la casa de los Golubev en los Campos Elíseos donde vivió con Tania, su fugaz esposa, le recibieron fríamente. Su amistad con oficiales alemanes le había cerrado definitivamente las puertas de la casa de sus suegros. Además su ascendencia judía había causado muchos problemas a la familia durante la ocupación. &lt;br /&gt;Al final del día, Jacob Raichman, una vez recobrada su verdadera identidad,  vagó, acompañado del fiel Doff,  por las callejas solitarias de Pigalle, recreando en su imaginación lugares y hechos irrepetibles, ocurridos años atrás mientras vivía intensamente  las noches del Grand París. Pero ahora estaba sentado en un banco del parque, sin dinero, cansado y hambriento. Ya nada le retenía.&lt;br /&gt;Allí pasó la noche, bajo un cielo clareado por la luna llena y al lado de Doff,  que de cuando en cuando le despertaba con suaves lametazos en la cara.  Cada vez que se dormía, sus sueños se convertían en pesadillas. Siempre se le volvían pesadillas.&lt;br /&gt;Despertó sobresaltado y temblando de frío. Era mayo y la temperatura por las noches descendía considerablemente. Jacob levantó su pesada maleta de cartón y caminó lentamente, buscando en la madrugada la cercana gare de Montparnasse.  Doff, no le siguió esta vez; le vio marchar desde la verja exterior del parque y después tomó el camino de regreso a casa. Jacob entró en la estación y subió al primer tren sin preocuparse siquiera en ver cuál es su destino. La luna, que había perdido su brillo plateado de Adularia, se retiró difuminada tras las nubes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;12-LA LIBERACION &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuatro meses antes, en el campo de exterminio, una luna agonizante, quizás avergonzada, presidía la noche, mientras los altavoces, colocados por todo el perímetro del recinto no cesaban ni un momento de impartir instrucciones. Jacob Raichman y su grupo terminaron de quemar y enterrar los últimos cuerpos y se pusieron a resguardo de las explosiones que trataban de hacer desaparecer inútilmente las pruebas del genocidio. Entre los destrozados efectos personales que estaban esparcidos por el suelo, Jacob descubrió un libro. Una novela de Alejandro Dumas milagrosamente intacta. Al abrirla reconoció la dedicatoria de su hermano a Eveline y la guardó bajo la colchoneta de su camastro.&lt;br /&gt;Los cañonazos del ejército ruso se oían ya con nitidez y algunos aviones, en vuelo rasante confirmaban la presencia de fuerzas liberadoras.&lt;br /&gt;Desde la puerta de su barracón Jacob asistía a la huida atropellada de los oficiales nazis. Después, y sin preocuparse por cerrar las enormes puertas del campo, que aún anunciaban “el trabajo os hará libres”, vio cómo el resto de los carceleros montaban en sus Opel Blitz  y desaparecían sin tener muy claro hacia dónde dirigirse. &lt;br /&gt;El Capitán de las SS Hans Bormann guardó todo el oro robado en una maleta y la llevó consigo. &lt;br /&gt;Por primera vez, desde que Jacob Raichman había llegado al campo,                    éste estaba en completo silencio; en el silencio más extraño y sobrecogedor que jamás habían presenciado los más de siete mil prisioneros que habían conseguido sobrevivir. Por fin, las altas chimeneas de sucio ladrillo rojo habían dejado de escupir aquel humo pútrido, que había anegado durante años sus pulmones.&lt;br /&gt;Ya no caía la negra ceniza que, en los meses de invierno se mezclaba con la nieve y conformaba sobre el campo de exterminio un macabro belén navideño. Jacob se despojó de su chaqueta, se vistió con un pijama de prisionero y se mezcló entre los demás.&lt;br /&gt;Cuando llegaron los primeros soldados rusos encontraron al grupo reunido en medio del recinto sin apenas fuerzas para darles la bienvenida. &lt;br /&gt;Esa tarde murieron más de cien prisioneros por indigestión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;11-EL CAMPO &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un mes antes, la vida del campo se había visto alterada por última vez. Llegaba el que sería posiblemente el postrero tren de prisioneros judíos. Las noticias cada vez más insistentes del arribo del ejército rojo había interrumpido la cadencia de convoyes hacia el campo. Jacob, siempre con su chaqueta negra abrochada hasta el cuello y su brazalete blanco con la estrella de David en su brazo izquierdo, organizaba orgulloso, desde su empleo de Kapo, el desembarque de los deportados en el andén, colocando rutinariamente a las mujeres y a los niños formando  una columna a su izquierda y a los hombres formando otra a su derecha. Fue entonces cuando reconoció dentro del grupo a su hermano Alex y a su esposa Eveline. Ésta llevaba de la mano, tiritando de frío a François, uno de sus hijos. El niño vestía unos pantalones cortos, una camisa sucia y un jersey grande y roto, seguramente de su padre y que apenas le protegía. Sobre la cabeza llevaba una gorra marrón de la que brotaba una corta melena de pelo rojo anaranjado. El destino volvía a juntarlos y esta vez Jacob llevaba todos los ases. Era la ocasión de vengarse de ellos. Si Eveline le había rechazado y humillado en el pasado, ahora no tendría tiempo ni de arrepentirse. &lt;br /&gt;Jacob ordenó sacar de la columna a su sobrino ante las miradas incrédulas de Alex y Eveline. Después, siguiendo con una mirada burlona la marcha de ambos hacia las cámaras de gas, llevó a su sobrino al pabellón de las mujeres. Lo abandonó allí y trató de olvidarle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;BURDEOS 1965. LAS SIRENAS-2&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La policía no tiene que forzar la puerta de la casa de Jacob Raichman . La encuentra abierta de par en par. Una vez en su interior, proceden a descolgar el cuerpo y lo colocan sobre la alfombra que cubre la tarima de la entrada. La postura forzada de su cabeza, les indica claramente que ha muerto al fracturarse las vertebras cervicales. Todos los indicios llevan a pensar en un suicidio.&lt;br /&gt;Mientras tanto, abajo, en la rue de Cursol las alcantarillas no dan abasto para eliminar la gran cantidad de agua que cae inmisericorde del cielo. Las sirenas siguen sonando con tozudez. Escondidos tras la esquina de la calle, dos hombres altos, que poco antes han abandonado la casa de Jacob, vigilan los movimientos de la policía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CAPITULO ll&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;10-MARSELLA (octubre-1944) &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como hacía cada domingo por la mañana, desde que llegaron dos años antes a Marsella, Eveline vistió a Marcel y a François para salir de paseo. Darían una vuelta por el puerto y aprovecharían para comprar algo de pescado en los puestos del muelle. Marcel empezó a toser y Alex después de comprobar que tenía algo de fiebre, creyó conveniente que se quedara en casa con su tía Danielle. El invierno había llegado ese año muy frío, incluso a orillas del Mediterráneo y no era cuestión de que el pequeño empeorara. François sí les acompañó.&lt;br /&gt;El muelle no estaba muy animado aquella mañana.  Pocos barcos se habían atrevido a salir a la mar, debido al fuerte temporal que azotaba la costa y el pescado escaseaba En la parada de Michel apenas se ofrecían a la vista cuatro o cinco raquíticos pulpos. Lo único que había podido conseguir en todo un día de pesca.&lt;br /&gt; Alex se disponía a comprar uno de ellos cuando una mano firme le agarró el brazo haciéndole girar. –Acompáñenme a la prefectura por favor, --dijo el gendarme. --Hay una denuncia contra ustedes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;9-MIRABELA (Marzo-1943) &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mirabela era una muchacha de unos quince años. Llegó una tarde lluviosa de marzo al campo de exterminio en un tren procedente de Rumanía. Sus cabellos negros y ensortijados, asomaban revueltos por debajo del pañuelo blanco que le cubría la cabeza. Sus grandes ojos negros, resaltaban en la excesiva palidez de su rostro.&lt;br /&gt;El kapo Jacob Raichman era uno de los pocos prisioneros que podía moverse libremente por todas las dependencias del campo, así que tras separarla de sus padres llevó a Mirabela a las duchas, a la cocina y después a su cuarto donde le proporcionó ropa limpia. Mirabela se convirtió en su amante a la fuerza a espaldas de los dueños del campo. Fueron dos meses de tregua para los prisioneros, pues durante ese tiempo Jacob Raichman solo se ocupó de Mirabela. Le regalaba a diario ropa y algunas joyas cuya procedencia ella ignoraba, pues durante ese tiempo no le permitió salir de la pequeña habitación donde la tenía secuestrada. Para su desgracia, Mirabela se escapó un día del encierro y conoció la horrible realidad que vivía el campo. Jacob la encontró colgando de una viga de su propio cuarto. Llevaba puesto su viejo vestido negro y el pañuelo blanco con el que llegó. Este había resbalado hacia atrás dejando al descubierto sus largos rizos negros que ahora se mecían muertos en el aire. Solo supo de ella que se llamaba Mirabela, que no tenía más de quince años y que era gitana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;8-PIGALLE &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jacob había llegado al campo cuatro meses antes. Siempre, hasta entonces se había considerado un hombre con suerte. En el juego y en los negocios. En el amor, no. En los negocios, gracias a sus triquiñuelas y astucias que le habían permitido durante los años anteriores eludir una deportación segura dada su condición de judío. Sus contactos con el mundo de la vida nocturna de París tras la muerte de su esposa Tania, su conocimiento de los cabarets y casas de citas del barrio de Pigalle le habían proporcionado la protección de algunos oficiales alemanes, que le utilizaban como guía e intérprete en sus habituales salidas nocturnas por los bajos fondos de la ciudad recién ocupada. Y en esta ocasión la suerte volvió a estar de cara para Jacob. Hans Bormann, capitán de las SS y unos de sus mayores protectores en París, llegado al campo unos días antes, le reconoció cuando descendía del tren y le salvó de una muerte segura.&lt;br /&gt;A partir de ese momento, Jacob se convirtió en el kapo más sobornable y sobornado del campo. Intercambiaba favores entre los siervos y los amos, que le reportaba pingüe beneficios, aunque en casi todos los casos, por no decir en todos, solía a la postre perder al cliente.&lt;br /&gt;En complicidad con el capitán Bormann guardaban parte del oro que arrebataban a los prisioneros, ya fueran relojes, pulseras, anillos o dientes y muelas de los que arrancaban a los cadáveres a la salida de las cámaras de gas. Vendía medicinas a seres que iban a vivir una media de dos días más. También sobras de comida de la cocina de los oficiales nazis, que cambiaba por aquellas pequeñas piezas de oro, que algún prisionero había podido esconder en los registros diarios que hacían los soldados en los barracones. Todo ello lo guardaba en una vieja maleta de cartón que tenía escondida bajo las tablas del suelo de su cuarto Acostumbraba a filtrar noticias falsas sobre la marcha de la guerra y la pronta liberación del campo. Estas informaciones provocaban confusión entre los prisioneros. Con todo ello obtenía al menos un tiempo extra de vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;7-GISELLE (París, un mes antes)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Giselle salió, como cada tarde hacia su trabajo: el club Paradise del Boulevard Voltaire.  Fue al atravesar el puente sobre el Sena cuando reparó en el hombre que subía a un coche en compañía de varios oficiales alemanes. Elevó las cejas en señal de sorpresa y con ellas, no sin esfuerzo, las largas pestañas postizas que tanto le había costado colocarse. Aquel hombre era Jacob. Hacía al menos un año que no le veía y corrió a saludarle. Golpeó el vidrio de la ventanilla del coche varias veces y cuando al bajar el cristal apareció el rostro de Jacob, Giselle le besó, le abrazó y le llamó repetidamente por su verdadero nombre, ante la sorpresa de los uniformados acompañantes.  Diez días después Jacob Raichman, alias Jacques Martin para los alemanes, era deportado&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;6-LA HUIDA (Junio-1940. Dos años y medio antes)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la vieja casa del Boulevard Houssmann, Eveline terminó de hacer la &lt;br /&gt;maleta en la que había guardado lo más necesario; ropa de ella y de los niños, unos zapatos de repuesto, fotografías, documentos y su novela favorita El conde de Montecristo. Valía la pena cargar con ella. Era un regalo de Alex. y seguramente su bien más preciado, el que le había proporcionado más horas de felicidad después de sus hijos y del mismo Alex, su joven marido que se encontraba luchando en el frente y del que no tenía noticias desde hacía dos meses. Pero ella presentía que Alex estaba vivo y que en cualquier momento se presentaría en casa. Por eso tenía todo preparado para salir lo antes posible de París y huir hacia el sur, lejos de la amenaza alemana y de la posible persecución a la que se verían sometidos por su condición religiosa. Además estaba Jacob. Su deseo era poner tierra de por medio lo antes posible.&lt;br /&gt;Había intentado convencer a David y María, los padres de Alex, de que lo más seguro era huir con ellos y no esperar a que los invasores controlaran todas las salidas de la ciudad. Pero sus suegros no estaban dispuestos a abandonar su casa y pese a que todavía eran bastante jóvenes la sola idea de involucrarse en un viaje largo, lleno de peligros por la situación en que se encontraban les había hecho tomar la decisión firme, de no moverse de París.&lt;br /&gt;Durante los días siguientes, Eveline recorrió las estaciones cuyos trenes se dirigían hacia el sur de Francia pero no encontró billetes. Los pocos trenes que salían de París estaban completos. Además existía el riesgo de que los alemanes bombardearan las vías de suministro por lo que correrían un gran peligro, si se embarcaran en alguno de ellos. &lt;br /&gt;Aquella misma tarde Eveline recibió una carta de Alex en la que le anunciaba su llegada a París. Les pedía que tuvieran listo el equipaje. Francia había capitulado. Al día siguiente partieron en el coche de unos amigos hacia Marsella, donde Eveline tenía familia. &lt;br /&gt;David y María les despidieron con la convicción de que no les iban a volver a ver nunca más.&lt;br /&gt;Dos días después los alemanes entraron en la ciudad. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;5- DE JACOB A JACQUES &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jacob optó por la colaboración. Había tenido la posibilidad de huir con Alex, Eveline y los gemelos pelirrojos antes de que llegaran los alemanes a París, pero la rechazó después de sopesar los inconvenientes de una fuga arriesgada, con los alemanes pisándoles los talones y con Eveline evitándole constantemente. Además estaba la negativa de David y María, sus padres a abandonar la casa de la familia. Así pues alquiló una habitación en el centro y consiguió sin problemas una identidad falsa. De Jacob Raichman pasó a llamarse Jacques Martin, borrando de un plumazo su ascendencia judía. También esperaba que le ayudara el hecho de no haber luchado en  la corta y aciaga guerra que habían sostenido con Alemania hasta entonces. &lt;br /&gt;Esperó la entrada de los invasores encerrado en su nueva casa y pocos días después empezó a confraternizar con soldados y oficiales alemanes que frecuentaban los tugurios donde no le conocían. Chapurreaba el alemán por lo que no le costó mucho entablar amistad con los vencedores y rodearse de un grupo de individuos ansiosos por devorar la noche parisina. Pronto se convirtió en pieza imprescindible en el suministro de mujeres para sus fiestas. Eso le sirvió también para conseguir un permiso que le permitía eludir el toque de queda decretado a partir de las seis de la tarde.&lt;br /&gt;El recuerdo de su cuñada Eveline le perseguía en cada una de las relaciones que mantenía. No había sido capaz de olvidarla aunque a esas alturas no estaba seguro de que lo que seguía sintiendo por ella fuera amor o resentimiento.  Así que se decidió por relaciones esporádicas con prostitutas que mantuvieran ocupada su memoria y su corazón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;BURDEOS. Enero 1965- LAS SIRENAS-3&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la rue de Cursol, el Juez ordena el levantamiento del cadáver. Cubierto totalmente con una sábana blanca, sobre una camilla, Jacob es introducido en la ambulancia. La policía recoge la siniestra maleta llena de muelas y dientes de oro. Sigue lloviendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CAPITULO I&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;4- EVELINE (Septiembre-1939) &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eveline era maestra en la escuela Aragó, uno de los colegios más antiguos y prestigiosos de París. Era judía, como Álex. Muy delgada, un metro setenta, ojos verdes de mirada triste y pecas en casi toda su blanca y delicada piel. Pero su seña más particular era su pelo, de un rojo anaranjado brillante que llamaba la atención. Sus dos hijos gemelos, Marcel y François, nacidos de su unión con Álex tres años atrás, habían heredado su color de cabello. De su padre habían adquirido la estatura y una nariz larga y gruesa.  &lt;br /&gt;Eveline recibió la llamada de Álex a las doce del mediodía y abandonó apresuradamente el colegio, dirigiéndose a casa con paso rápido, que poco a poco fue convirtiéndose en carrera. Los gruesos tacones de sus zapatos resonaban en la escalera de madera mientras subía de dos en dos los escalones hacia la buhardilla donde la esperaba su marido. &lt;br /&gt;La noticia, adelantada por teléfono se confirmaba; Álex había sido llamado a filas y debía incorporarse esa misma tarde.&lt;br /&gt;A partir de ese momento Jacob intentó tomar el sitio de su hermano Álex en la vida de Eveline y lo que empezó siendo afecto fraternal fue derivando en acoso sexual. Jacob la buscaba a todas horas, la esperaba a la salida del colegio y la acompañaba con la excusa de protegerla. Constantemente trataba de abrazarla y besarla, incluso delante de los niños. Eveline siempre le rechazaba y terminó amenazándole con escribir a Álex y ponerle al corriente de la situación. &lt;br /&gt;Aún no había podido conciliar el sueño. Eveline daba vueltas sobre sí misma tumbada en la cama. La noche se presentaba larga y húmeda, pues fuera llovía con tanta fuerza, que se habían formado algunas goteras en el techo de la buhardilla. Jacob irrumpió en el dormitorio y pese a las protestas, los golpes y los mordiscos que Eveline le propinó consiguió violarla. Esta situación se mantuvo durante varios meses. Ante las amenazas de Jacob hacia sus hijos, Eveline permaneció callada soportando los continuos ataques y vejaciones a que era sometida por su cuñado. Una tarde del mes de abril Alex regresó y marcharon precipitadamente a Marsella. &lt;br /&gt;Jacob permaneció en París.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;3-ÁLEX &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Incluso antes de terminar la carrera de medicina, Álex ya trabajaba en el Hôpital de la Bienfesance en el pabellón infantil.  Su excelente formación universitaria y su gran sensibilidad para tratar a los niños le habían convertido en uno de los preferidos de la Dirección del centro, augurándole un brillante futuro profesional. Álex tenía una gran estatura, ojos y pelo negro, nariz larga y gruesa y bajo su bata blanca vestía habitualmente pantalones de pana, camisa blanca y chaleco.  Siempre iba despeinado, cayéndole un desigual flequillo sobre los ojos, lo que le daba un aspecto aniñado e informal.&lt;br /&gt;Aquella mañana había transcurrido tan intensa como de costumbre; ronda de visitas a enfermos y consulta de una a dos. Después de comer se dirigió a casa a reunirse con Eveline y los niños. Todos juntos irían a visitar a su hermano Jacob. &lt;br /&gt;Mientras cruzaba el bulevar observó a dos militares que le esperaban delante del portal de su casa. Cuando se aproximó, le entregaron una notificación: Debía incorporarse inmediatamente al ejército.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2-TANIA (abril-1936. Tres años y medio antes)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jacob se derrumbó por fin. Había conseguido mantenerse firme sobre sus piernas durante todo el entierro pero ahora, que todo había pasado no pudo aguantar más. De nada le sirvieron los abrazos y los pésames que siguió recibiendo de amigos y familiares.  Tanía había supuesto todo para él. Recostado en un sillón de cuero, en el salón principal de la casa de Los Campos Elíseos, la mente de Jacob voló diecinueve años atrás, cuando a bordo del Karlova conoció a una niña de trenzas rubias, ojos verdes y manos muy largas.  Jacob tenía diez años, Tania Golubev, siete y durante toda la travesía no se separaron ni un momento. Cuando se despidieron juraron que algún día se casarían.&lt;br /&gt; Poco después de que se instalaran sus respetivas familias en París volvieron a encontrarse en el colegio de la Place Raoul Dautry y continuaron viéndose casi a diario durante los quince años que tardaron en casarse. Tanía se había convertido en una mujer exuberante, a su estatura sumaba unas medidas corporales dignas de las diosas del Olimpo, que llamaba la atención en las numerosas fiestas, que sus padres acostumbraban a dar en el círculo de la alta sociedad parisina. Ella y Jacob formaban una de las parejas más envidiadas de París.&lt;br /&gt;Dos años después de casarse, Tania enfermó de tifus y murió en pocos meses. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1-EL KARLOVA (Febrero-1917)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Capitán Dranitsyn encendió su pipa, al mismo tiempo que el Karlova levaba anclas. Con su mano derecha volvió a palparse la cartera de piel que llevaba pegada al pecho bajo la camisa y donde guardaba la pequeña fortuna que le había proporcionado su carga secreta. El pequeño vapor, cargado con madera procedente de los bosques del norte de Rusia, se deslizó silenciosamente por las aguas del puerto de San Petersburgo hacia mar abierto. En su bodega, tres camarotes camuflados escondían a otras tantas familias que huían de la inminente revolución bolchevique. Serían varios días de travesía hasta Vissingen, en la región de Zeeland en el sur de Holanda.&lt;br /&gt;María y David habían partido de Moscú tres días antes, remontando el Volga a bordo de un barco fluvial, el Rybinsk. El trasbordo de barco en la ciudad imperial se había realizado por la noche, ocultos en varios carros de caballos que trasportaban grandes fardos de paja.&lt;br /&gt;Con ellos viajaban sus dos hijos, Jacob y Alexander de diez y siete años de edad respectivamente y la recién nacida Kati. También les acompañaba Natasha, la doncella de los Raichman de toda la vida. En los otros dos camarotes viajaban los Tsantsyn, y los Golubev, dos familias también moscovitas que buscaban el mismo destino fuera de Rusia. Ninguna de ellas se conocía y fue durante el destierro voluntario cuando iniciaron una amistad que terminaría creando lazos de familia. Los Golubev y los Raichman, con el matrimonio de sus hijos Tania y Jacob.&lt;br /&gt;Durante el viaje a través del mar Báltico y del mar del Norte, Kati enfermó y murió antes de alcanzar la costa de Holanda. En ese momento el pequeño Alex pensó por primera vez en dedicarse a la medicina.&lt;br /&gt;La familia Raichman se instaló definitivamente en París.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;PRÓLOGO / EPÍLOGO Las sirenas-4- (Burdeos enero-1965)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dos hombres muy altos, embutidos en sus gabardinas, doblan la esquina de la rue Cursol con Victor Hugo y cruzan el Pont de Pierre sobre el Garona. Cuando se acercan al coche, que tienen aparcado al otro lado del puente ya no se escuchan las sirenas. Uno de los hombres lanza con fuerza una pistola que se hunde en las frías aguas del rio.  Afortunadamente –piensan –han llegado tarde para consumar su venganza. &lt;br /&gt;François aprieta contra su pecho la novela de páginas amarillentas que ha encontrado a los pies del suicida. Marcel le abraza y ambos lloran en silencio. &lt;br /&gt;Ha dejado de llover y sobre sus brillantes cabellos, un tibio sol de invierno provoca destellos rojos. De un rojo anaranjado.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2187139645310452602-2541157871166367868?l=www.elhuertodelaspalabras.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/feeds/2541157871166367868/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2187139645310452602&amp;postID=2541157871166367868' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/2541157871166367868'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/2541157871166367868'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/2009/12/de-un-rojo-anaranjado-la-venganza-es-el.html' title=''/><author><name>Federico</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16453751324275492917</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TTDVfWeKsoI/AAAAAAAAAI8/gPKYoWLfwqM/S220/DSC02208.JPG'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2187139645310452602.post-225902366068574752</id><published>2009-11-24T13:42:00.000+01:00</published><updated>2009-11-24T13:44:40.819+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/SwvVLIwOB7I/AAAAAAAAAB8/hJjBpHHLTQM/s1600/Cine_Rialto.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 198px; height: 320px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/SwvVLIwOB7I/AAAAAAAAAB8/hJjBpHHLTQM/s320/Cine_Rialto.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5407650164893419442" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2187139645310452602-225902366068574752?l=www.elhuertodelaspalabras.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/feeds/225902366068574752/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2187139645310452602&amp;postID=225902366068574752' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/225902366068574752'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/225902366068574752'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/2009/11/blog-post.html' title=''/><author><name>Federico</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16453751324275492917</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TTDVfWeKsoI/AAAAAAAAAI8/gPKYoWLfwqM/S220/DSC02208.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/SwvVLIwOB7I/AAAAAAAAAB8/hJjBpHHLTQM/s72-c/Cine_Rialto.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2187139645310452602.post-4699681564920086625</id><published>2009-11-24T13:34:00.000+01:00</published><updated>2009-11-24T13:35:05.629+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>UN AGUJERO EN LA PARED&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                                               Federico Fayerman&lt;br /&gt;                                                                                          Trece de julio de 2009&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Según decía mi abuelo, la vida a los catorce años se llenaba de pequeñas aventuras diarias, que iban enseñando a entenderla y a disfrutarla desde una perspectiva aún exenta de maldad. Los juegos en la calle con los amigos, el colegio que ya empezaba a ponerse serio y las chicas, que por primera vez formaban parte de nuestras vidas, ayudaban a darle la razón.&lt;br /&gt;Aquella lluviosa tarde de viernes, mientras corría por la calle Narváez, protegiéndome bajo las cornisas de los comercios, sobrevino la aventura de ese día. Al cruzar O´donnell, vi un billete de mil pesetas que, arrastrado por la corriente de agua provocada por la lluvia, estaba a punto de colarse por la boca de una alcantarilla. Frené al instante y tras mirar a derecha e izquierda lo recogí. El corazón empezó a latirme con tal fuerza que me costaba respirar y un mar de dudas vino de repente a mi encuentro: ¿Debía buscar al dueño del billete, o seguir corriendo y convertirme en millonario? &lt;br /&gt;Corrí como un desesperado. Pasé sin mirar por delante del iluminado escaparate de la zapatería Lycur, que mostraba un maravilloso Belén en movimiento, y llegué empapado al portal de mi casa. Allí, escondido con mis amigos Lino y Quique en el hueco de la escalera, les mostré el billete.&lt;br /&gt;¿Debía darle el dinero a mi madre o quedarme con él y disfrutarlo con mis amigos? Aquella noche, con el billete secándose bajo la almohada encontré la repuesta.&lt;br /&gt;Lo primero que hice al día siguiente fue buscar a Pepe y convencerle para que cambiara las mil pesetas en el bar. Pepe tenía dieciséis años y aparentaba alguno más, lo que le permitía entrar en el cine para ver las películas no toleradas y comprar tabaco al cerillero del bar Diamante.&lt;br /&gt;Esa misma tarde, los cuatro paramos un taxi en la calle Alcalá y nos fuimos al cine Rialto en la Gran Vía, a ver por primera vez una película de estreno.&lt;br /&gt;Aprovechando las vacaciones de Navidad y lo que el dinero nos proporcionaba, recorrimos Madrid de punta a punta (siempre en taxi, claro está); compramos toneladas de chucherías, helados, cajetillas enteras de rubio americano, LM, Chester y Phillips Morris y en una reunión en el cuarto de calderas, Pepe nos enseñó a tragarnos el humo.&lt;br /&gt;El domingo por la mañana nos levantamos temprano y todos juntos fuimos al Rastro a comprar revistas de mujeres desnudas. Como estaban en francés tuvimos que inventarnos las historias que contaban, aunque lo que realmente nos importaba eran las fotos.&lt;br /&gt;Por la tarde, Pepe nos llevó a la Cuesta de la Vega. Los veinte duros que quedaban de nuestra dilapidada fortuna, iban a ser utilizados en algo totalmente novedoso, según nos dijo antes de salir del barrio. Eran las ocho de la tarde y ya de noche, cuando bajábamos la pronunciada cuesta que terminaba en un pequeño descampado. A la derecha, tras una pared de ladrillo de unos dos metros de altura, una luna recién llegada dibujaba una fila de sombras inmóviles, que parecían esperar turno. Los tres, obedeciendo a Pepe nos colocamos al final de la cola. Todos eran hombres y apestaban a alcohol, a tabaco y a sudor, y nos miraban con cara incrédula.&lt;br /&gt; -¿Lleváis los cinco duros? –nos preguntó Pepe en voz baja. Todos abrimos la mano, mostrándole el arrugado billete y asentimos.&lt;br /&gt; Por un agujero de la pared, mientras esperábamos turno, la vimos. De pie, subida en una piedra grande y plana, una mujer rechoncha y de largo pelo negro, con las faldas levantadas hasta la cintura, aguantaba las acometidas de un hombre con los pantalones y los calzoncillos caídos sobre los zapatos.&lt;br /&gt;Impresionados, temerosos y con la virginidad intacta regresamos lentamente al barrio. Pepe se quedó en el descampado para gastarse sus veinticinco pesetas. &lt;br /&gt;Las otras setenta y cinco se las regalamos al día siguiente para que no se fuera de la lengua.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2187139645310452602-4699681564920086625?l=www.elhuertodelaspalabras.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/feeds/4699681564920086625/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2187139645310452602&amp;postID=4699681564920086625' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/4699681564920086625'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/4699681564920086625'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/2009/11/un-agujero-en-la-pared-federico.html' title=''/><author><name>Federico</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16453751324275492917</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TTDVfWeKsoI/AAAAAAAAAI8/gPKYoWLfwqM/S220/DSC02208.JPG'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2187139645310452602.post-9085054279439489082</id><published>2009-11-03T16:54:00.002+01:00</published><updated>2009-11-03T16:59:51.480+01:00</updated><title type='text'>IX EDICION CERTAMEN DE NARRATIVA CORTA CARMEN MARTIN GAITE</title><content type='html'>Queridos amigos del blog. Mi relato "Una mesa con zancos" ha resultado uno de los dieciocho finalistas del certamen arriba indicado, entre 465 trabajos presentados. ¡que contento estoyyyy! Gracias por leerme.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2187139645310452602-9085054279439489082?l=www.elhuertodelaspalabras.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/feeds/9085054279439489082/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2187139645310452602&amp;postID=9085054279439489082' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/9085054279439489082'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/9085054279439489082'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/2009/11/ix-edicion-certamen-de-narrativa-corta.html' title='IX EDICION CERTAMEN DE NARRATIVA CORTA CARMEN MARTIN GAITE'/><author><name>Federico</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16453751324275492917</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TTDVfWeKsoI/AAAAAAAAAI8/gPKYoWLfwqM/S220/DSC02208.JPG'/></author><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2187139645310452602.post-2284209154098878263</id><published>2009-10-30T03:01:00.001+01:00</published><updated>2009-10-30T03:11:15.152+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>LA SEÑORA PETERSSON&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                                                Federico Fayerman&lt;br /&gt;                                                                                             Diez de julio de 2009&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los últimos días del año pasaban demasiado rápido. Las vacaciones de Navidad se agotaban y ya solo la proximidad de mi cumpleaños me proporcionaba la fuerza suficiente para afrontar la cercana vuelta al colegio. Otra vez los madrugones, los deberes y las clases de matemáticas de la señora Petersson.&lt;br /&gt;Su sola presencia nos intimidaba, su mal humor y sus castigos habían provocado que, salvo Martín el empollón, todos la odiáramos.&lt;br /&gt;Y por fin llegó el día de mi cumpleaños.&lt;br /&gt;Me asomé a la ventana del salón y vi un grupo de barrenderos armados con grandes palas atravesar la calzada con dirección al parque, ensuciando con sus pisadas la gruesa capa de nieve que la cubría. &lt;br /&gt;Al otro lado de la calle, dentro de la casa, estábamos nosotros, preparando la fiesta de mi catorce aniversario.&lt;br /&gt;Mientras mi hermana Olga cortaba tiras de papel de colores y las unía con engrudo formando una cadeneta, mi padre, subido en un taburete la iba colgando de las vigas de madera del techo. Mi madre estaba en la cocina. La oía cantar y la imaginaba haciendo unos pasos de baile con la cuchara de palo en la mano al tiempo que probaba la salsa. La maravillosa salsa que, como la nieve en la entrada, cubriría esta tarde el asado que llevaba preparando toda la mañana y cuyo olor iba inundando poco a poco la casa.  La tarta de chocolate y nata cubierta de frambuesa ya estaba preparada y reposaba en la nevera a la espera de catorce velas de colores.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                              &lt;br /&gt;Sobre las cuatro empezó a llegar la familia; la tía Elsa con su enorme abrigo de piel que también servía de cobija al delgaducho del tío Carlos, con sus dos hijos; los primos solteros de mi madre, Enrique, Roberto y Delmiro,  que siempre aparecían en tropel y se apropiaban de los sillones del salón, de donde no se movían en toda la tarde, y los cuatro abuelos, que cada año  llegaban juntos como si se hubieran puesto de acuerdo y  se peleaban entre ellos por ser los primeros en  abrazarme y darme su regalo.&lt;br /&gt; Mi padre se había puesto el traje gris de los domingos y una camisa azul con el cuello blanco, donde anidaba una pajarita de lunares. Mientras recorría la casa hablaba y gesticulaba como si estuviera recitando a Machado, su poeta favorito. Siempre con la pipa apagada en su mano derecha. &lt;br /&gt;Mi hermana Elena jugaba con los primos Luis y Darío al escondite y a cada momento me pedía que jugase con ellos. Pero yo estaba esperando a María, mi compañera de clase. María era mi novia y mi caramelo de fresa.&lt;br /&gt;La quería tanto como a Luna, nuestra gata, que aún era un cachorro y además muy asustadiza. Cuando llegaba gente a casa corría rápido a esconderse. Le gustaba hacerlo en el armario de la ropa blanca, allí donde mi madre guardaba las sábanas y las toallas y que, cuando lo abrías, desprendía fragancia de felicidad. &lt;br /&gt;Las seis. Acababa de entrar la señora Petersson y noté como la casa se estremecía. La señora Petersson era, además de la vieja profesora, una antigua amiga de mi abuela a la que como ya dije todos los niños temíamos. El aspecto tenebroso de sus vestidos negros, su gorro ajustado de encaje, sus manos largas y afiladas igual que su mandíbula de alabastro nos producía escalofríos. Pero era inevitable su presencia en nuestras fiestas. Era la única amiga viva de la abuela Claudia. &lt;br /&gt;Esa tarde su aspecto era aún más sombrío. Traía la cabeza cubierta por un velo negro y agarraba con su temblorosa mano izquierda un misal de tapas descoloridas. Le acompañaba su nieto al que sujetaba con la otra mano no permitiéndole que se soltara. Saludó a mi abuela y a mis padres, dejó el sempiterno paquete de pastelitos rancios de crema sobre la mesa del comedor y se encaminó al armario de la ropa blanca. Sacó unas cajas de su interior y se introdujo en él cerrando la puerta desde dentro. Todos los niños creímos, en un principio, que la señora Petersson había enloquecido, pero después pensamos que posiblemente se hubiera vuelto humana y deseaba jugar con nosotros al escondite, de forma que todos salimos corriendo a buscar un buen lugar donde no pudieran encontrarnos. &lt;br /&gt;Unos minutos después escuchamos unos extraños ruidos en el armario y lo abrimos. Dentro no había nada, no estaba la señora Petersson ni su nieto, ni la ropa blanca, solo la pequeña Luna, que salió corriendo con el rabo inflado. En el interior quedaban algunos restos calcinados de madera y un olor a azufre que invadió la habitación. &lt;br /&gt;Fuera, se oían voces y risas, sobre todo muchas risas. El día era maravilloso aunque ya no quedaba ni rastro de la nieve. Mi madre abrió la puerta de la calle y todos los niños salimos a jugar al parque.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2187139645310452602-2284209154098878263?l=www.elhuertodelaspalabras.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/feeds/2284209154098878263/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2187139645310452602&amp;postID=2284209154098878263' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/2284209154098878263'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/2284209154098878263'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/2009/10/la-senora-petersson-federico-fayerman.html' title=''/><author><name>Federico</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16453751324275492917</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TTDVfWeKsoI/AAAAAAAAAI8/gPKYoWLfwqM/S220/DSC02208.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2187139645310452602.post-3330531513374148822</id><published>2009-10-27T23:42:00.000+01:00</published><updated>2009-10-27T23:44:16.900+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>BLANCAS, AMARILLAS Y MORADAS&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                                              Federico Fayerman&lt;br /&gt;                                                                                    Trece de octubre de 2008&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una enfermera de voz cálida me lava cada mañana. Tiene unas manos de seda con las que al terminar de asearme me da un pequeño masaje (¿o son caricias?) en la cara. Después me peina con sus dedos y me refresca con agua de colonia. Siempre se despide apretándome la mano, con la lejana esperanza, supongo, de verse algún día correspondida.&lt;br /&gt;Puedo distinguir las voces que llegan desde fuera de la habitación, los pasos y carreras por los pasillos y el bip bip rítmico y uniforme en la cabecera de mi cama, igual que puedo percibir cada mañana el olor característico del hospital que me rodea. &lt;br /&gt;Conozco el horario de las comidas por el sonido del carro que las trae puntualmente y por los comentarios jocosos del que debe ser mi compañero de habitación. También entiendo que para mí no haya bandeja de comida, que me tenga que conformar con unos cuantos tubos en mi boca y en mis brazos, ya que según he oído muchas veces me encuentro en un coma profundo.&lt;br /&gt;No sé cuánto tiempo llevo en esta cama, pero he llegado a distinguir el paso del tiempo gracias a las conversaciones que tienen lugar a mí alrededor. Los&lt;br /&gt; saludos, las despedidas… &lt;br /&gt;Diferencio las voces graves y tardas del final del día de las alegres y resueltas de la mañana. Los susurros me dicen que ha llegado la noche aunque dentro de mí siempre lo sea.&lt;br /&gt;Cada dos o tres días, Laura, que así se llama la enfermera, viene a visitarme por la tarde. No me lava ni me cambia de ropa. Me coge una mano entre las suyas y me habla. Me dice cada día que está completamente segura de que puedo oírla y me cuenta lo que está sucediendo en el mundo exterior. Nunca me habla de ella, seguramente prefiere que su vida quede ajena a su obra, que si tiene que desaparecer algún día, eso no sea un mayor motivo de tristeza para mí. &lt;br /&gt;Después siempre saca un libro de su bolso y me lee unas cuantas páginas. Le gusta leerme cuentos y relatos cortos para no dejarme a medias hasta que vuelva la próxima vez.&lt;br /&gt;Sin embargo me gustaría saber algo más de ella, como es su vida fuera del hospital, si está casada o no con el hombre de la voz ronca que se la lleva a veces del lado de mi cama. &lt;br /&gt;Tampoco sé su edad porque el timbre de su voz no termina de confesármelo.&lt;br /&gt;Esta mañana he percibido buenas noticias: parece ser que estoy mejorando ya que me han quitado todos los tubos menos el de la comida y Laura se ha pasado un buen rato curándome las heridas, que las agujas me habían producido en los brazos. Después, cosa rara, se ha marchado por primera vez sin despedirse de mí.&lt;br /&gt;Hoy por fin he conocido a Laura. Es muy joven, tiene una cara redonda y preciosa con unos ojos negros enormes. Su largo pelo castaño apenas se sujeta bajo una diadema marrón nacarada. Su voz ya la conocía pero su sonrisa llena por sí sola la calle por la que estamos paseando. No es muy alta pero no desentonamos juntos. Me sujeta la mano con fuerza y sonríe y se ríe a cada paso. Compramos unos caramelos y trato de correr tras ella para que me dé alguno. Entre risas. Le compro flores, margaritas. Me dice que son las que más le gustan. Blancas, amarillas y moradas dentro de un papel de celofán crujiente. Me deja que la ponga una en el pelo pero antes se quita la diadema y sacude la cabeza. Su melena trigueña se expande y relumbra a la luz de los neones. Nos sentamos en un banco en el centro de la plaza. Alrededor nuestro juegan niños y niñas. Juegan a perseguirse y alcanzarse, a caerse y a levantarse. A gritar, a reír y a llorar. Entonces Laura me besa. Primero en la frente, después en los labios y saboreo su discreto carmín. Y por fin conozco el perfume de su piel sin contaminar.&lt;br /&gt;Mañana será un gran día. Laura y yo nos vamos a casar. Sin invitados ni ceremonias, solos los dos y, supongo, el hombre de la voz ronca. Laura se ha ocupado de todo. Después de la boda iremos a vivir a su casa, un piso pequeño pero que está en el centro y tiene un dormitorio muy grande, de esos que llaman dobles. Tiene dos balcones a la calle y según dice ella, mucha luz.&lt;br /&gt;Me gustaría que colocara mi cama cerca de uno de los balcones, para poder escuchar el ruido de la plaza y de los coches y esperarla cada tarde para que me lea algún relato de esos que ella sabe que me encantan. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Laura cierra la puerta tras de sí y deja las llaves sobre la mesita del recibidor.&lt;br /&gt;--¿Qué tal te ha ido en el hospital? –Pregunta el hombre de la voz ronca.&lt;br /&gt;--He pedido el traslado de planta. El muchacho se ha despertado esta mañana y lo primero que ha hecho ha sido preguntar por mí. No quiero que me vea, y que descubra que fui yo quien le atropelló. Creo que no volveré a verle.&lt;br /&gt;Entra en el dormitorio y se sienta ante el tocador. El espejo le devuelve su cara arrugada y su pelo ya casi totalmente cubierto de canas.&lt;br /&gt;El ruido de la plaza y de los coches ha desaparecido. A través de los balcones, luces de neón blancas, amarillas y moradas tiñen intermitentemente de colores la habitación.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2187139645310452602-3330531513374148822?l=www.elhuertodelaspalabras.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/feeds/3330531513374148822/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2187139645310452602&amp;postID=3330531513374148822' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/3330531513374148822'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/3330531513374148822'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/2009/10/blancas-amarillas-y-moradas-federico.html' title=''/><author><name>Federico</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16453751324275492917</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TTDVfWeKsoI/AAAAAAAAAI8/gPKYoWLfwqM/S220/DSC02208.JPG'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2187139645310452602.post-3138101304776937941</id><published>2009-10-15T22:24:00.000+02:00</published><updated>2009-10-15T22:25:52.871+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>EL PÁJARO QUE TENÍA MIEDO A VOLAR&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                                               Federico Fayerman&lt;br /&gt;                                                                                     Tres de octubre de 2009&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al levantarme esa mañana sentí un insoportable dolor en el vientre. Hasta ese momento venía notando ciertos síntomas como inapetencia, pérdida de peso, vómitos y sobre todo cansancio; pero hasta que no me levanté esa mañana, repito, no pensé que se tratara de algo importante. Días después me diagnosticaron un tumor en el colon, que, faltando algunas pruebas, tenía muchas posibilidades de no ser benigno.&lt;br /&gt;Como vivía solo con mi perro Doff y no tenía amigos íntimos ni familia cercana, si exceptuamos a mi tía Sara, que en realidad era prima hermana de mi padre, (a la que por otro lado llevaba muchos años sin ver), mi enfermedad me concernía solo a mí y decidí no hacer partícipe de ella a nadie.&lt;br /&gt;Aquella tarde en que me confirmaron la malignidad de mi tumor y me pronosticaron que viviría unos tres meses más, tomé la decisión de dejar terminada mi última novela, que, como las anteriores, supuse que seguiría el camino del fiasco, aunque ya no quedaría tiempo para la posterior frustración. Y me senté frente al ordenador pertrechado con una botella de JB, un vaso largo y un cartón de Marlboro de caja dura.&lt;br /&gt;Abrí la ventana de par en par y admiré una vez más el incomparable paisaje de las aguas azules y de las velas blancas que destacaban en la raya del horizonte; el paisaje que me había acompañado durante los últimos veinte años y a la que estaba a punto de abandonar.&lt;br /&gt;– ¡El tabaco fuera!- y encendí el primer cigarrillo de la última etapa de mi vida;   - ¡El alcohol ni probarlo! : –vertí dos dedos de güisqui en el vaso y lo bebí de un trago. &lt;br /&gt;Julio, caluroso, húmedo, frente al mar y frente a una muerte prematura e injusta.&lt;br /&gt;Un joven gorrión de plumaje castaño y peto negro surgió en  la ventana de mi ático. Nos miramos sorprendidos. Quizás era descendiente lejano de Gorrioncete, que por fin me había encontrado cuarenta años después, escribí sin pensar. Le hice una seña con la mano para que entrara en la habitación, pero el gorrión se quedó quieto donde estaba. No se fue en toda la tarde.&lt;br /&gt;Y allí se quedó mirándome durante estos últimos meses, alimentándose del alpiste que yo le compraba en la pajarería “El Arca de Noé” y no pasó nunca al interior del cuarto. Me observaba mientras escribía y movía la cabeza como asintiendo a cada palabra que yo trasmitía al teclado. Doff se   acostumbró, ¡qué remedio! a su presencia y lo ignoraba dándole la espalda mientras roncaba entre mis pies.&lt;br /&gt;En muchas ocasiones yo le preguntaba por qué no echaba a volar y volvía a los árboles que abundaban en el bulevar del paseo marítimo. Y yo intuía que quería contestarme pues abría el pico y movía las alas y me miraba con tristeza. “Tristeza de gorrión”, escribí. &lt;br /&gt;Lo llamé Gorrioncete, como el gorrión que me visitaba en mi niñez y en lugar de continuar con la novela, empecé a escribir un libro de cuentos sobre él y lo titulé: “Cuentos de un gorrión triste”. &lt;br /&gt;Pasaron cuatro meses, y un poco antes de que la ambulancia viniera a buscarme por última vez, lo comprendí. Gorrioncete no se había ido porque tenía miedo a volar. ¿O quizás había permanecido en el alfeizar de mi ventana durante todo el tiempo que duró mi enfermedad por otro motivo? El caso es que se había comportado como el más fiel amigo que jamás tuve.&lt;br /&gt;Puse el borrador del libro sobre la mesa y me fotografié sonriente a su lado, en un contraluz con fondo marino que juzgué solemne. Después imprimí la foto y la coloqué sobre lo escrito a modo de portada, me senté ante el ventanal junto al gorrión, y con la mirada muy fija, me perdí en el añil. &lt;br /&gt; Afuera, el golpeteo de las olas contra las piedras de la escollera y el chillar de las gaviotas, me dedicaban una alborotada canción de despedida.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2187139645310452602-3138101304776937941?l=www.elhuertodelaspalabras.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/feeds/3138101304776937941/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2187139645310452602&amp;postID=3138101304776937941' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/3138101304776937941'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/3138101304776937941'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/2009/10/el-pajaro-que-tenia-miedo-volar.html' title=''/><author><name>Federico</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16453751324275492917</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TTDVfWeKsoI/AAAAAAAAAI8/gPKYoWLfwqM/S220/DSC02208.JPG'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2187139645310452602.post-2641672947243434591</id><published>2009-10-04T20:12:00.002+02:00</published><updated>2009-10-27T23:42:53.573+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>CINCUENTA PERSONAJES PARA UN SOLO RELATO&lt;br /&gt;                                                                                                                                   Federico Fayerman                                                                                                                                     1 de junio de 2008&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Solo son unos cincuenta,  pero entre todos suman más de tres mil quinientos años.&lt;br /&gt;Bailan, giran alternamente, ora a la derecha, ora a la izquierda, sin perder el ritmo. Las manos, subiendo y bajando entrelazadas y los codos, apuntando amenazadores. Bailan hombres con mujeres y mujeres con mujeres, llenando la pista de baile del hotel de vacaciones de la llamada tercera edad. Bailan, sonrientes ellas y graves ellos. Muchos ríen y vocean, pero en el bullicio muy pocos alcanzan a entender esas voces y esas risas. La música lo envuelve todo, lo aturde todo, provoca un paradójico estado de levitación colectivo entre grotesco y dramático. Mujeres con vestidos sueltos, blancos, rojos, de flores,  con lentejuelas y brillos. También algunos grises con lunares y azules y pardos. Hombres en mangas de camisa arremangadas. La mayoría pasados de peso, como ellas, y todos machacando incansablemente el suelo de baldosas que parecen quejarse con agudos chirridos.&lt;br /&gt;“La de Fuenlabrada”, un metro cuarenta, falda negra y blusa blanca, pelo muy corto y teñido, bucea bajo una marejada de brazos, buscando pareja y ahuyentando su soledad. Las dos hermanas extremeñas, abrazadas y serias, orbitan la pista de baile.  No se pierden ni una pieza.  Desprenden olores e imágenes de añoradas fiestas de pueblo. Juan, que no sabe bailar, se desabrocha el cinturón, se baja un poco los pantalones en medio de la pista e imita a Cantinflas. &lt;br /&gt;En las mesas, los que no bailan aplauden.&lt;br /&gt;Suenan pasodobles, chachachas y rumbas y avanzada la noche sobrevuelan los pajaritos. Después ataca el Coyote Dax rompiendo la cadencia de varias piezas lentas y agarradas.&lt;br /&gt;Son hombres y mujeres, que milagrosamente recargan las baterías de sus ya gastados cuerpos, cansados a lo largo de muchos años de trabajo pero que se resisten al sillón frente a la tele o a la mesa camilla y las labores.. &lt;br /&gt;La rubia lleva una falda roja, zapatos de tacón también rojos y unas gafas de culo de vaso. No levanta ni metro y medio del suelo, pero transmite la fuerza de una locomotora. También ha pasado toda su vida trabajando. En el campo, de joven y después en la ciudad, limpiando y fregando a destajo. Presume de ser universitaria aunque sea a través de los títulos de sus hijos. &lt;br /&gt;Son cincuenta personajes, que con cincuenta historias casi paralelas han dedicado su vida, primero a sus padres y después al porvenir de sus hijos, olvidándose en muchas ocasiones de vivir su propia vida.&lt;br /&gt;Pero esta noche la música se interrumpe antes de tiempo. Uno de los cincuenta corazones amenaza con dar por terminado su particular baile. Su trayecto ha sido largo y accidentado en la cuesta arriba y sereno aunque intenso, en la busca de una prórroga feliz.&lt;br /&gt;Cuando la sirena de la ambulancia se disipa en la oscura noche es como si jamás hubiera sonado. Por eso cuando la música de pronto resucita, la rubia de rojo sigue bailando despreocupada, “”la de Fuenlabrada”, desde hace años sola, sigue buscando pareja para esa noche sin pensar en el qué dirán, por eso a Juan no le importa que se rían de sus pantalones caídos. Por eso, cuando llega una nueva noche y regresan de la excursión de turno, con los deberes hechos durante setenta y tantos años, los cincuenta hombres y mujeres, que suman más de tres mil quinientos años entre todos, tratan de arrinconar su propia vida pasada, encerrarse en el mundo que les rodea y saborear el trozo de futuro que aún les queda por recorrer. Y bailan y giran, ora a la derecha, ora a la izquierda y entrelazan sus manos y levantan sus codos. Y ríen sin parar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LA POZA SOLEADA&lt;br /&gt;                             &lt;br /&gt;                                                                                              Federico Fayerman&lt;br /&gt;                                                                                Once de noviembre de 2008&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El coche se detuvo junto al cartel que señalaba el nombre del pueblo.&lt;br /&gt; Bajó.&lt;br /&gt;--Gracias por traerme --dijo agachando la cabeza y mirando al conductor a través de la ventanilla abierta. Se apartó dos pasos y contempló cómo se alejaba el automóvil hasta que la curva flanqueada de pinos lo engulló.&lt;br /&gt;El camino de tierra que conducía al pueblo se mostró a su derecha.  A lo lejos, su final parecía clavarse en el campanario de la iglesia, donde una cigüeña acababa de posarse.&lt;br /&gt;Cargó la mochila sobre un hombro y subió la pendiente hasta que el pueblo apareció totalmente ante su vista. De frente varias casas de piedra rodeando la plaza de la iglesia, a la derecha los campos de labranza, dorados de trigo recién segado. A la izquierda cuatro caserones ceñidos a una callejuela empinada, que terminaba saltando sobre un río de grandes piedras planas. &lt;br /&gt;Al otro lado del puente, el viejo pinar que llegaba hasta las montañas. Por encima, un cielo sosegado lo acariciaba todo.    &lt;br /&gt;Cuando llegó a los campos les preguntó por ella.&lt;br /&gt;Corrían y saltaban sobre las montañas de paja que a pleno sol esperaban la bielda. Sin parar. Hasta que llegaba la hora de comer y volvían a sus casas. Él, con sus pantalones cortos y las rodillas magulladas y ella con sus largas trenzas de pelo negro cuajadas de espigas. &lt;br /&gt; Exhaustos de risas, los dos.&lt;br /&gt;Los campos le hablaron de ella. De sus largos paseos por la era arrastrando los pies por el bálago y escribiendo con su rastro el nombre de su amado. &lt;br /&gt;Desde hacía tantos años…&lt;br /&gt;Cruzó el puente hacia el pinar, que le esperaba solitario y fresco. &lt;br /&gt;Le preguntó por ella.&lt;br /&gt;Era el pino más longevo y enroscado. Trepaban a diario hasta la tercera o cuarta rama y allí, donde el tronco se estrechaba esculpían sus nombres dentro de un corazón de corcho. &lt;br /&gt;Las primeras sombras de la noche los arropaban agotados de amor. &lt;br /&gt;El orgulloso pino le habló de ella. De los sentimientos que grabó en su viejo tronco durante su ausencia, de las lágrimas que diariamente lo regaron.&lt;br /&gt; Desde hacía tantos años…&lt;br /&gt;Remontó el rio caminando sobre las piedras cubiertas de musgo húmedo, hasta la poza soleada.&lt;br /&gt; Le preguntó por ella.&lt;br /&gt;Tumbados uno al lado del otro, sobre la gran losa plana como cada tarde de verano, hacían planes de futuro. Él soñaba con labrar los campos que le cediera su padre y poder construir una casa con una gran chimenea. Ella soñaba con la ciudad, con una vida nueva lejos del pueblo y de lo que suponía trabajar aquella dura e ingrata tierra de sus padres y sus abuelos.&lt;br /&gt; A veces, entre sueño y sueño, se bañaban en la poza y el agua, terriblemente fría los devolvía a la realidad. &lt;br /&gt;La poza soleada le dijo las veces que la vio pasear por la orilla del río, con las manos entrelazadas tras la espalda y la cara levantada hacia el cielo, recibiendo el aire crudo de las montañas cercanas sobre sus mejillas. Le contó de la soledad que la acompañaba cada tarde. &lt;br /&gt;Desde hacía tantos años…&lt;br /&gt;Caminó a lo largo de la calle que conducía a la iglesia. Se paró frente a ella, con las manos en los bolsillos y el semblante relajado.&lt;br /&gt; Recordó.&lt;br /&gt;Aquella noche, por el camino del pinar notaron la presencia de alguien que les seguía. Poco antes de atravesar el río dos sombras se lanzaron sobre ellos. Lo golpearon con una piedra en la cabeza, a ella la violaron con saña. Cuando se recuperó fue a buscarlos y delante de la iglesia los mató con dos tiros de escopeta a bocajarro. Allí mismo lo detuvo la Guardia Civil y pasó 20 años en una cárcel al otro lado del país.&lt;br /&gt;La cigüeña, erguida sobre su nido del campanario, le indicó el camino que debía seguir para rendir su penúltima cita.&lt;br /&gt;La vereda bordeaba las tierras altas y secas del pueblo, donde la humedad del río no llegaba y sólo cardos y tomillo decoraban el paisaje. &lt;br /&gt;Llegó al caserón cerrado y sin luz. Le preguntó por ella.&lt;br /&gt;El caserón familiar abrió sus puertas y le invitó a entrar.&lt;br /&gt;Había pasado muchos años limpiando la casa, preparando la comida de día y tirándola de noche, peinando su pelo ensortijado cada hora, lavando y planchando cada tarde una y otra vez sus vestidos. Subiendo de madrugada al desván para contemplar desde la estrecha ventana desvencijada el amanecer y mirar a lo lejos,  más allá del campanario de la iglesia donde duerme la cigüeña, tratando de adivinar el final del camino que desciende hacia la carretera, por donde regresan todos los que alguna vez se han ido.&lt;br /&gt;Por si volvía. &lt;br /&gt;Pero el caserón estaba ahora abandonado, sucio, silencioso.&lt;br /&gt;Salió a la calle y suplicante le volvió a preguntar por ella.&lt;br /&gt; Y entonces el caserón le dijo que los campos heredados, al otro lado del pueblo, estaban trabajados, que en ellos había una casa nueva, de piedra y pizarra negra y que en ella, Julia, lo estaba esperando, sentada ante la gran chimenea de sus sueños. &lt;br /&gt;Desde hacía tantos años…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;UNA MESA CON ZANCOS&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                                          Federico Fayerman&lt;br /&gt;                                                                              Tres de noviembre de 2008&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquí estamos los granos&lt;br /&gt;de todos los países,&lt;br /&gt;orzuelos de miseria&lt;br /&gt;en esta sociedad que llaman de consumo.&lt;br /&gt;Aquí, codo con codo,&lt;br /&gt;más de cuerpo presente&lt;br /&gt;que en festín de abundancia.&lt;br /&gt;Y aquí desesperamos&lt;br /&gt;servidos a una mesa&lt;br /&gt;lejanamente alta,&lt;br /&gt;una mesa con zancos&lt;br /&gt;que no alcanzan las manos&lt;br /&gt;que se mueren de hambre,&lt;br /&gt;aunque a bombo y platillo nos pregonen.&lt;br /&gt;Fragmento del Poema de Pedro García Cabrera.  “La mesa está servida”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Baba está de enhorabuena. Toda la familia Gambele lo está. Por fin ha llegado el día de la partida. En la aldea se celebra una fiesta silenciosa,  pero los rostros están serios, los ojos de los hombres y de las mujeres están a punto de dejar escapar lágrimas largamente contenidas. Ha llegado el día de la tan deseada y a la vez temida marcha hacia un desconocido y prometido futuro  en mitad del océano, donde, según las noticias de los que marcharon antes, les espera una nueva vida y por qué no la felicidad de la que creen carecer en su tierra. Para la ocasión, tanto Baba como Mwana se han puesto sus mejores ropas.&lt;br /&gt; Baba ayuda a Mwana a subir al camión y ambos se despiden de mama Jamila y de los cuatro pequeños. En la oscuridad de la carretera cubierta de baches, mientras inician el camino hacia la costa,  treinta gargantas negras cantan en voz alta y rezan en voz muy baja. &lt;br /&gt;Mwana se queda confuso con  lo que ve. No es el puerto de Dakar el que aparece ante sus ojos, como le había dicho su padre, que ahora le mira de reojo con un gesto de decepción. Es Diogué, un poblado de aspecto tremendamente pobre, sin luz ni agua corriente. Por las calles, secándose al sol hay toneladas de pescado que desprenden un olor tan desagradable que incluso sus propios habitantes lo soportan a duras penas. --Tengo mucha suerte, --piensa Mwana,  porque ya conoce, pese a tener solo diez años, otros pueblos, otro país, una playa de arenas doradas y sobre todo lo  que hay detrás: el mar, --El océano, --le corrige Baba. Un enorme océano de aguas azules que llega hasta tan lejos que termina uniéndose  al cielo. &lt;br /&gt;Mamá Jamila y sus cuatro hijos que se han quedado con ella, han estado rezando por la noche. Pero ahora, cuando está a punto de amanecer salen todos a la carretera. Deberán recorrer diez kilómetros para recoger cacahuetes, como cada día en las tierras comunales. Después, cuando no haya más cacahuetes tendrán que sobrevivir recogiendo lo poco que quede en la tierra reseca. Cuando Baba los llame, al término de su viaje,  desde el país que está en medio del océano, no tendrán que volver a preocuparse y la riqueza de la tierra que los acoja revertirá en todos ellos. Así al menos lo dice mamá Jamila mientras camina, tratando de protegerse de la plaga de moscas que este verano, como casi todos los veranos, ha invadido las tierras de su país.&lt;br /&gt;Baba reserva un lugar en el centro del cayuco para Mwana, pero Mwana quiere sentarse cerca de la borda, para poder tocar el agua y Baba sonríe y le cambia de sitio. Varias horas después de zarpar, ya inmersos en la aventura, Mwana duerme acurrucado en los brazos de su padre. &lt;br /&gt;Durante los siguientes días el tiempo pasa muy despacio, tan despacio que ya han agotado las historias que se cuentan unos a otros para distraerse. De vez en cuando Mwana se levanta y se estira subido en el descascarillado banco de madera y mira al horizonte. A veces le parece ver algo, pero es su imaginación la que le hace descubrir tierras, barcos o pájaros en la lejanía. &lt;br /&gt;El encargado de repartir el agua y los víveres recorta cada día más las raciones y Baba comparte la suya con su hijo, que parece enflaquecer un poco cada hora que pasa. &lt;br /&gt;A mitad de camino el mar se encoleriza. La barca trepa y se despeña sin control por mil  torres encrestadas de agua salada. Baba sujeta a Mwana y trata de quitarle el miedo que él mismo no puede soportar. El viento y las olas arrancan los bancos de madera y el motor fuera- borda de la lancha.  Cuando cesa la galerna solo queda una desvencijada nave vacía. A su alrededor, flotan una docena de ahogados. Eso es lo que ven desde el helicóptero de rescate, que con el girar de sus aspas, forma sobre el agua círculos que huyen de la macabra escena.&lt;br /&gt;La noche, húmeda y calurosa ha sorprendido a Baba y a Mwana yaciendo en nichos sin embargo  fríos. Están en bóvedas separadas porque nadie sabe que son padre e hijo. En las tapas, recién selladas con una pestilente masilla gris,  el mismo empleado que los ha confinado ha escrito sus nombres con un rotulador negro: Desconocido. Desconocido.  Y la fecha.&lt;br /&gt;Mamá Jamila despierta a los niños. Hoy no hay trabajo, pero cada vez falta menos para que Baba los mande a buscar desde la tierra de promisión. &lt;br /&gt;--Entonces seremos verdaderamente felices, --les dice. Y todos ríen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LA FIESTA DEL SORTEO&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                                               Federico Fayerman&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                                             28 de marzo de 2007&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; En el vagón para ganado sobreviven más de doscientas personas. De pie y estrujado desde hace horas, quizás días, Mauricio ha perdido la noción del tiempo. No recuerda cuanto hace que no come, desde cuando no se lava, no se afeita y no habla. Solamente, y eso es lo malo, recuerda de donde viene. Y ese recuerdo está anclado en su cerebro y lo mantiene bloqueado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El salón está engalanado con serpentinas y estrellas azules de 6 puntas, en la rue Sainte Genevieve, a orillas del Sena y en toda la ciudad de Paris luce un sol esplendido que no se corresponde con el mes de marzo. Sin embargo todas las persianas de la casa están bajadas. Es un día de fiesta, pero no hay música. Los niños corretean por la casa disfrazados y mientras Mauricio y sus yernos Jacques y René, conversan, Zhava, y sus hijas Fanny y Michelle preparan en la cocina tortas rellenas de nueces y almendras, pastelillos de mazapán y el imprescindible pan de Purim. Fanny comenta entre risas: Nosotros sufrimos, Dios nos liberó y luego comimos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Incluso en estos difíciles días de 1944, a punto de llegar la primavera a París, bajo la ocupación y persecución alemana, la familia Silverman busca un motivo de esperanza y se resiste a perder sus tradiciones. Purim es la fiesta más alegre del año.&lt;br /&gt;Los niños se sientan en el suelo alrededor de Mauricio, el abuelo y como todos los años le piden que narre la historia de la fiesta de Purim. Es la costumbre y es la obligación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El aroma dulce- miel de los pastelillos se adueña del salón al tiempo que el Abuelo inicia la tan repetida historia.&lt;br /&gt;- Está escrito en el Tanaj o antiguo testamento, que hace 2500 años, el Rey Persa Asuero repudió a su esposa la Reina Vasti por promover una rebelión. Buscó otra esposa y eligió a una bella judía llamada Esther, con la que se desposó pese a la oposición de sus consejeros.&lt;br /&gt;Pero los continuos enfrentamientos entre Mordejai , el primo de Esther con el Consejero Real Haman,  provocaron la ira de éste y unido al odio que tenía hacia los judíos, hizo que convocara al consejo del reino y consiguió que acordaran la fecha del 13 de Adar*  para sortear el día en que serían exterminados todos los judíos que vivían en Persia. &lt;br /&gt;Enterada Esther de los propósitos de Aman, consiguió, gracias a su inteligencia y belleza convencer al Rey para que anulase el sorteo y con ello salvó al pueblo judío, convirtiendo ese día en el símbolo de su salvación, que sería celebrado cada año con la fiesta de Purim.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El salón se queda en silencio durante un momento, hasta que Zhava, la abuela aparece con un plato de galletas recién hechas y las reparte entre los pequeños. Entonces todos se ponen a cantar canciones típicas de Purim, mientras bailan en círculo cogidos de las manos.&lt;br /&gt; Es ya de noche cuando Mauricio sale de la casa. Los niños están en la cama. Zhava y él han terminado de recoger los restos de la cena y han quemado en &lt;br /&gt;las brasas del fogón las serpentinas y las estrellas de David. En París hay &lt;br /&gt;toque de queda. Necesita estirar las piernas y respirar un poco de &lt;br /&gt;aire puro.&lt;br /&gt; Es una noche tranquila, despejada. Una suave brisa le abanica la cara y le despeina el poco pelo blanco que le queda en la cabeza. Cruza el rio Sena sobre el puente de Levalois mientras mordisquea su pipa. Sus pensamientos vuelan 30 años al pasado. Otro rio, el Dniester, que hace de frontera entre Ucrania y Besarabia. Y esta vez no había un puente. Lo atravesó también de noche, a nado, junto a su hermano David. Buscaban una vida nueva, una vida mejor que la que se les negaba en su país de origen. Él se estableció en Paris, su hermano siguió hacia España, huyendo de la primera gran guerra. -Cuanto más lejos estemos de los alemanes, mejor, -decía.&lt;br /&gt;Mauricio dá media vuelta y regresa a casa por la calle Charcot.  Le escribirá esta misma noche. Está tan concentrado en sus recuerdos que no oye el retumbar seco y rítmico de las botas militares sobre el pavé.  Al volver la esquina se encuentra de frente con una patrulla alemana. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Son las tres de una gélida madrugada de noviembre cuando Mauricio baja del tren. Le empujan hasta una columna formada por hombres demacrados, cadavéricos, con la cabeza derrumbada y la mirada perdida. Entre golpes le obligan a desnudarse. La columna de al lado la forman mujeres y niños igualmente desnudos y derrumbados. Mauricio levanta la mirada al cielo. Es la primera vez que ve caer nieve negra. A doscientos metros de distancia una chimenea gigantesca escupe un humo pestilente.&lt;br /&gt;Cierra los ojos y piensa en Zhava.  Zhava y sus pastelillos de Purim.&lt;br /&gt;Nosotros sufrimos, Dios nos liberó y luego comimos.&lt;br /&gt;* 8 de marzo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LA CALLE QUE BORDEA EL MERCADO&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                           Federico Fayerman&lt;br /&gt;                                                           12 de marzo de 2008&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy es quizás el primer día en mi vida que no tengo ganas de volver a casa. He bajado a toda velocidad las escaleras y me he puesto a buscarla desesperadamente. Ahora estoy pasando por la calle que bordea el mercado. Me paro a mirar los asientos negros de hierro atornillados a la pared.  Hay manchas de orina y vómitos debajo de ellos y encima algún brik de vino vacío. Allí pasan las mañanas muchas mujeres y algunos abuelos tomando el sol mientras vigilan el juego de los niños en la acera. Por la tarde los ocupan viejos en tertulias inconscientemente  repetidas y por las noches los utilizan vagabundos y borrachos. Algunos días de la semana son los jóvenes los que se reúnen con sus botellas, su música y sus historias intrascendentes contadas con pasión, sobre su aún corta pero intensa vida.  Me siento y estiro las piernas. Lo curioso es que yo no me considero ni viejo ni borracho, ni vagabundo ni  jovencito. A mis cincuenta años soy un solitario que lleva una vida demasiado ordenada. En mi mano tengo una botella de vino blanco. No sé de donde procede pues nunca me ha gustado el vino y menos el blanco. Tiro de la lengüeta de plástico con los dientes. El cristal de la boca de la botella es muy delgado, casi  afilado. Cuatro asientos más a mi izquierda hay un hombre de unos cuarenta años, con aspecto cansado. Lleva una gabardina vieja pero limpia y unos zapatos muy brillantes. Tiene unas grandes entradas y una barba larga bastante descuidada. Me mira a mí y después a mi botella. Supongo que quiere pedirme un trago. Antes de que me hable le digo que no soy un borracho, que voy a beber porque tengo la boca seca y quiero aclararme la voz para hablar por teléfono. Lo busco en el bolsillo pero no lo llevo encima. Lo he olvidado al salir tan precipitadamente. Tengo puestos unos guantes de piel marrón, porque siento vergüenza de mis manos. Disimulo y después de echar un trago hago como que marco un número de teléfono en el hueco de la mano enguantada y que espero respuesta. Después, finjo que cuelgo y guardo el móvil en el mismo bolsillo de donde he simulado sacarlo. Dejo la botella pegada a la pared. La pared es amarilla. En algún tiempo debió ser blanca. Creo que es sábado. Llegan chicos y chicas jóvenes y van ocupando los asientos. Otros se sientan en el suelo formando grupos. Muchos permanecen de pie con las manos en los bolsillos o sobre los hombros de los amigos.  Como siento que todos me miran a mí y a la botella, hago otro intento de llamar por el inexistente móvil.  En realidad sí que desearía llamar a la familia de la niña que estaba conmigo en casa. Debía cuidarla, pero me quedé dormido después de comer y cuando desperté había desaparecido. Tenía que llevarla a su casa como convinimos y además porque su hermano Juan se había quedado con mi reloj el día anterior, cuando me la llevé. Se lo dejé como garantía, no sin antes advertirle que valía más de tres mil euros.  Los que me rodean son casi todas chicas. De veinte a treinta años calculo. Me preguntan porque estoy allí. No lo sé. Estoy a gusto pero  a la vez me siento tímido ante tal avalancha de juventud. Siguen preguntándome. Uno dice: --¿Has viajado mucho? --Y yo le contestó que sí, que bastante, por todo el mundo. Él me dice que ha recorrido Europa en coche, con su hermano y su tienda de campaña. Conoce todos los países del este y muy bien los Alpes. Ahora no puede viajar porque su hermano y su padre están enfermos y tiene que cuidarlos, además de trabajar. Me ofrece una litrona y echo un trago. Una chica se acerca y me saluda. --¿Tú eres nuevo, no? ¿Cómo te llamas? -- Se sienta a mi lado y saca de una bolsa un paquete de sándwiches. Los deja sobre sus piernas. Lleva unos pantalones negros ceñidos y una camiseta excesivamente corta. Es simpática y muy guapa. Llega otra y la besa. Se sienta encima y casi aplasta los sándwiches.  Me ofrece uno pero no tengo apetito. No me atrevo a ofrecerle vino blanco. Prefiero que la  botella se quede medio oculta entre los asientos y la pared amarilla. Si hubiera seguido buscando a la niña antes de que anocheciera, en lugar de pararme aquí, quizás podría haberla encontrado y haber   ido a su casa a reclamarle a Juan el reloj. Viven lejos. Hay que salir al campo y recorrer un par de kilómetros hasta llegar. Su casa es pequeña, destartalada, está rodeada de un jardín sin plantas ni lindes y atiborrado de chatarra. Viven de recoger cartón, quincalla y cables de cobre. Por eso se puso tan contento Juan de que le ofreciera cien euros  y mi reloj como fianza. Ahora temo no recuperarlo por no haber devuelto a su hermana a casa. Estarán muy enfadados. ¡hay que ver como las gastan cuando no cumples un trato!   ¿Y si no ha regresado aún?, ¿y si se ha perdido o le ha pasado algo? Pero  no me muevo de aquí,  ahora estoy encantado con todo lo que me rodea.  Alguien pone música. No conozco la canción ni la cantante. Solo entiendo algunas palabras. Algo de “ kiss me” y “love me”. En realidad lo de siempre. Lo que se cantaba antes y lo que se dirá eternamente en la letra de las canciones. Un poco más lejos otro grupo pone música también. Una muchacha morena se contonea al ritmo de una canción que no alcanzo a escuchar con nitidez. No me siento fuera de lugar. Me tratan como si yo fuera uno de ellos y eso me hace feliz.  Incluso presiento que alguna chica me está cogiendo cariño. Me halaga y me pone en una nube. Vuelvo a pensar en la niña y decido irme. --Me voy--, les digo y ellos me preguntan si volveré. –Claro--, miento. --¿Venís todos los sábados? --Y me dicen que los sábados, los viernes y algunos otros días. Cada uno cuando puede. Y casi nunca nos ponemos en el mismo lugar. Donde encontramos sitio--. Cuando me voy, el hombre de los zapatos brillantes me grita: --¡Olvida su botella! --No es mía--, le respondo, --nunca me ha gustado  el vino blanco- &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;MEMORIA DE TERCIOPELO&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                                               Federico Fayerman&lt;br /&gt;                                                                                Veintidós de febrero de 2009&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Anoche soñé con Baba.&lt;br /&gt;Pasé la mano a través de la reja y descorrí el pasador. Los goznes oxidados chirriaron de olvido. Atravesé el jardín hasta  las escaleras. A medio camino levanté la cabeza y la vi en la ventana. Tras el cristal. Su pelo blanco y sus gafas. Me miraba seria. Como era,  como la recordaba.  Detrás de ella la silueta de mi padre algo difusa. También serio. Como era. Como le recordaba a él también.&lt;br /&gt;La casa. Techos altos y brillantes lámparas de araña llorando lágrimas de vidrio. Puertas de iroko y suelos de nogal. Tresillos de terciopelo rojo y mesitas de forja y mármol. La escalera, al fondo del recibidor, en penumbra, con sus escalones, curvados en el centro por el peso de los años. &lt;br /&gt;Entré en el salón. Estaba como lo recordaba. Con sus dos aparadores  de raíz coronados por grandes espejos biselados. Sentado en una silla tapizada, al lado del samovar, estaba mi tío.  Al verme se levantó, alto y serio, tal como vive en mi memoria. Y  me besó. En el centro del salón, rodeada de todo el mundo estaba Baba. Mi abuela. No aparentaba más de cuarenta años, rubia, con el pelo ondulado por la  permanente recién hecha. Delgada y  muy guapa. La veía caminar con un vestido largo que ocultaba una cojera imaginaria que solo existía en mi sueño. &lt;br /&gt;Se sentó sobre un arcón rectangular cruzando las piernas. Sostenía una taza de té en su mano derecha y repartía sonrisas a su alrededor. Hablaba con todos. Me acerqué y la besé y ella, sin levantarse,  me abrazó suave,  sin rozarme casi y me dijo que olía muy bien. --No me pongo  nunca colonia –le dije, --entonces hueles a ti,  y ahora a mí, me respondió. --Me ruboricé y ella se rió,  suave, como sus abrazos.  Y su cara se tornó dulce. &lt;br /&gt;La mesa del salón había desaparecido y su lugar lo ocupaban amigos y familiares que hablaban sin cesar. Pero salvo a mi tío y a mi primo Mario no reconocía a nadie. Mario me recordaba, mientras subíamos, los juegos en la azotea, cuando nos escondíamos en el pequeño gallinero que construyó allí nuestro abuelo y que nunca tuvo gallinas. El abuelo enfermaría de cáncer y moriría a los pocos meses. &lt;br /&gt;Nos sentamos en el pretil y nos  asomamos al Retiro. La terraza estaba a unos diez metros de altura y esa sería la distancia que recorrería nuestro perro Doff cuando, subido a este mismo pretil, se cayera a la calle una mañana de junio varios años después.&lt;br /&gt; Bajamos al sótano por la escalera gastada y oscura. En el primer rellano había dos altos veladores de tres patas que nos hicieron imaginar antiguos juegos de espiritismo. Descendimos hasta el cuarto de la calefacción, negro del carbón y con un penetrante olor a resina de las teas apiladas contra la pared. Todavía recuerdo el miedo que me producía el ruido de la caldera,  cuando Baba me enviaba a comprobar la presión del manómetro. A su izquierda,  el salón donde mis abuelos daban fiestas cada año en verano. Cuando correspondía. Una puerta de doble hoja lo comunicaba  con el jardín repleto de  macizos de flores, enmarcados con bordillos de azulejos de cerámica añil,  y rodeados por pasillos de baldosas de barro cocido. &lt;br /&gt;La fuente, también de azulejos añiles y blancos contenía el dibujo de una gran estrella que según decía mi padre nos protegía a todos. El agua de su caño, siempre a la sombra bajo el balcón de la entrada principal,  se ofrecía deliciosamente fresca en verano. &lt;br /&gt;Durante esas fiestas, mis abuelos y sus invitados cenaban y después algunos bailaban tangos y foxtrots durante toda la noche,  al son de los negros discos de pasta, que giraban a setenta y ocho revoluciones en un gramófono de La Voz de su Amo. Yo los veía bailar desde la pequeña ventana abierta, que trasmitía el olor de los jazmines hasta el salón. A veces, alguna pareja de los más jóvenes salían a pasear entre las flores y las sombras y sentados en el banco de azulejos o al pie del eucaliptus centenario se besaban. Bajo la parra de diminutas uvas ácidas, los mayores se reunían unos frente a otros, sentados en sillas de madera y hablaban y hablaban y hablaban. &lt;br /&gt;Subimos de nuevo al salón donde mi abuela seguía riendo y, disimulando la cojera caminaba hasta sentarse en un sillón de terciopelo gastado, que alguien le  había cedido cortésmente. La encantaba verse rodeada y agasajada. Mi tío seguía sentado en la misma silla, cerca del samovar, bebiendo té.&lt;br /&gt;Me fui de la casa sin despedirme, atravesé el jardín y antes de abrir el cerrojo de la cancela me volví hacia la ventana. Mi abuela seguía mirándome tras ella con su pelo blanco y sus gafas de gruesos cristales. Y entonces me pareció ver que me sonreía.  Sí, estoy seguro, me sonreía.  Así la recordaré. Detrás de ella vi  la cabeza de mi padre que giraba y desaparecía.  &lt;br /&gt;Ya era de noche cuando me alejé por la calle de casa de Baba. No miré atrás. Era consciente de que su casa hacía muchos años que ya no existía. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;MIRELLA Y LAS GOLONDRINAS&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                                             Federico Fayerman&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                                      Nueve de junio de 2009&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Deberás esforzarte en recordar. A evocar un ayer imperfecto en un terrible presente recién nacido. En soledad. Tu futuro será también tu pasado. Hasta que éste se acabe definitivamente.&lt;br /&gt;Regresará la lluvia dulce tras el holocausto nuclear y brotará la hierba que poco a poco irá cubriendo la tierra calcinada. Los árboles volverán a crecer y sus frutos agonizarán en el suelo cuando maduren y no sean recolectados. &lt;br /&gt;Tu voz se extinguirá. Confundirás el día con la noche y el sueño con estar despierta. Por mucho que lo intentes no encontrarás motivos para sonreír. Con el tiempo dejarás de llorar porque el cauce que vierte tus lágrimas se habrá secado para siempre. Contarás cada noche las estrellas y pedirás mil deseos imposibles a la luna. Imaginarás el rostro de tu madre y tratarás de sentir sus besos. &lt;br /&gt;Nunca más leerás un libro. &lt;br /&gt;El sonido del viento y el de las tormentas será la única música que escucharás durante el resto de tu vida. &lt;br /&gt;Pero quizás, un día cálido de primavera, mientras la Tierra renace, mirarás entre las nubes y creerás ver volar una golondrina.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2187139645310452602-2641672947243434591?l=www.elhuertodelaspalabras.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/feeds/2641672947243434591/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2187139645310452602&amp;postID=2641672947243434591' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/2641672947243434591'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/2641672947243434591'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/2009/10/cincuenta-personajes-para-un-solo.html' title=''/><author><name>Federico</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16453751324275492917</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TTDVfWeKsoI/AAAAAAAAAI8/gPKYoWLfwqM/S220/DSC02208.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2187139645310452602.post-1940873122376230899</id><published>2009-06-26T12:09:00.002+02:00</published><updated>2009-07-05T20:44:55.525+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>LA VUELTA AL MUNDO&lt;br /&gt;                                                                                             Federico Fayerman&lt;br /&gt;                                                                                  Veintidós de junio de 2009&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La primera vez que la vi, sentada en la terraza del Diamante, me gustó. Podría enamorarme de ella, pensé.  Era preciosa.&lt;br /&gt;Pero no fui capaz de hablarle. Solo pasé a su lado y la miré de reojo. Ella también lo hizo.&lt;br /&gt;Noté su mirada en mi espalda. Pero no me volví.&lt;br /&gt;Hacía mucho calor. Venía de comer con un cliente y mientras recordaba que había dejado mi coche aparcado a pleno sol, sentí como corrían las gotas de sudor bajo mi camisa.&lt;br /&gt;Subí al coche y regresé a la oficina. El aire acondicionado seguía sin funcionar.&lt;br /&gt;Irene, la secretaria. Irene era granito y golosina. Para mí era granito.  Nunca había tenido mucha suerte con las mujeres.&lt;br /&gt;Me recibió con una agenda cargadísima de reuniones. Cuando se acerca el verano no damos abasto. Todo el mundo desea salir de vacaciones en las mismas fechas.&lt;br /&gt;La agencia de viajes que dirijo es seguramente una de las que más trabajan en la ciudad. Ofrecemos viajes exclusivos alrededor del mundo a un precio interesante y son muchos los matrimonios de cierta edad que los solicitan. También jóvenes de nivel económico alto.&lt;br /&gt; De Europa a América del Sur, América Central y del Norte. De allí a Australia, a Japón, India y otra vez Europa. &lt;br /&gt;Un palizón.&lt;br /&gt;Sobre las nueve y media de la tarde di por finalizada mi jornada laboral en la oficina.  Guardé en el maletín un trabajo que tenía atrasado, para terminarlo en mi apartamento esa noche y salí de nuevo a la tórrida calle. Mientras me dirigía a buscar el coche pensé en la mujer del Diamante.&lt;br /&gt;De forma inconsciente conduje hasta las cercanías del Diamante  y me detuve justo enfrente. Descendí y ordené una cerveza muy fría mientras me sentaba en la misma mesa donde la había visto aquella tarde.&lt;br /&gt;Media hora después apareció. La vi llegar e hice intención de levantarme. Ella se sentó a mi lado y sin dejar de mirarme hizo una seña al camarero. Pidió una cerveza. Yo pedí otra.&lt;br /&gt;Hablamos de nuestros compromisos, nuestros calores y nuestras soledades. Ella estaba también agobiada. Trabajaba todo el día de vendedora en unos grandes almacenes y por las noches actuaba en una sala de fiestas, haciendo un espectáculo erótico al que me invitó. &lt;br /&gt;Sin poder reprimirlo agarré el maletín y abriéndolo esparcí los papeles de la Agencia por la terraza del café. Después también lancé el maletín al aire a la vez que los dos reíamos a carcajadas Nos besamos durante una pequeña eternidad y accedí encantado a su excitante invitación. Pasaron varias cervezas más antes de que solicitara la cuenta a voces.&lt;br /&gt;Mientras nos alejábamos abrazados, pensé en Irene. --Que te den por saco, -dije en voz alta, riéndome. Y sentí cómo mi cuerpo expulsaba el calor acumulado y levitaba.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2187139645310452602-1940873122376230899?l=www.elhuertodelaspalabras.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/feeds/1940873122376230899/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2187139645310452602&amp;postID=1940873122376230899' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/1940873122376230899'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/1940873122376230899'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/2009/06/la-vuelta-al-mundo-federico-fayerman.html' title=''/><author><name>Federico</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16453751324275492917</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TTDVfWeKsoI/AAAAAAAAAI8/gPKYoWLfwqM/S220/DSC02208.JPG'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2187139645310452602.post-6717614182103143342</id><published>2009-06-19T11:57:00.002+02:00</published><updated>2009-06-19T12:01:25.306+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>diecinueve de junio de 2009&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A todos mis amigos del blog: Han concedido una Mención de Honor a mi relato La Poza Soleada en el certamen de Narrativa Gerardo Muñoz del Colectivo Literario Tirarse al Folio. Por algo se empieza. Gracias por leerme.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2187139645310452602-6717614182103143342?l=www.elhuertodelaspalabras.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/feeds/6717614182103143342/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2187139645310452602&amp;postID=6717614182103143342' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/6717614182103143342'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/6717614182103143342'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/2009/06/diecinueve-de-junio-de-2009-todos-mis.html' title=''/><author><name>Federico</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16453751324275492917</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TTDVfWeKsoI/AAAAAAAAAI8/gPKYoWLfwqM/S220/DSC02208.JPG'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2187139645310452602.post-4492778612357913263</id><published>2009-06-06T20:32:00.000+02:00</published><updated>2009-06-06T20:33:21.306+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>VELEROS EN VENUS&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                                                Federico Fayerman&lt;br /&gt;                                                                                       Quince de mayo de 2009&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Virginia era seguramente la mujer más bella de Sartual. Tenía los ojos de un azul tan intenso como el mar que añoraba. El que dejaron sus antepasados a cuarenta millones de kilómetros de allí. Aún así, Anastasio se fue una mañana de cielo lloroso. Su corazón ansiaba otra forma de vivir, lejos de su casa, de sus hijos y de su vida. Sin ataduras.&lt;br /&gt;Violeta le estaba esperando. Le ofrecía la insolente frescura que la juventud le había prestado. &lt;br /&gt;Y Anastasio construyó el velero con el que siempre había soñado, un gran velero blanco que le permitiera surcar los cielos altos de Venus; allí donde los fuertes vientos se esforzaban contra las velas, hasta conseguir rendir sus vergas.  Donde las quimeras dejaban de serlo. Y lo llamó Ilusión.&lt;br /&gt;Desde allí el horizonte no existía, y la luz y la oscuridad se sucedían tan rápidamente como veloz era el viento que los empujaba. &lt;br /&gt;Violeta y Anastasio viajaron en su velero por un firmamento cuajado de gaviotas policromadas, escoltados por una estela de infinitas y minúsculas estrellas plateadas que parecían sonreírles.&lt;br /&gt;El tiempo no pasaba, o si lo hacía era en otro lugar, lejos, muy lejos.&lt;br /&gt;Pero un día el tiempo volvió. Y con él la rutina y la monotonía.&lt;br /&gt;Al principio el tiempo caminó lento, pero poco a poco fue pasando más rápido hasta que se convirtió en un remolino de minutos desenfrenados. Después el fuerte viento amainó, el rastro de plata se difuminó y las gaviotas partieron hacia otros lugares más altos.  Al fondo, el horizonte volvió a definirse y los corazones de Anastasio y Violeta ansiaron otras formas de vivir.&lt;br /&gt;Y Anastasio regresó a su hogar y los suyos le recibieron sin rencores. Y todos embarcaron en el velero olvidando el pasado y subieron a los vientos altos de Venus. Allí arriba, el cielo encarnado se reflejó en los ojos de Virginia y se hizo azul como el mar imaginado. Y volvieron las gaviotas, y la estela de luminarias sonrientes los alcanzó. Y el tiempo volvió a detenerse.&lt;br /&gt;Entonces desplegaron todas las velas del barco y navegaron. Y lo llamaron Felicidad. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para mi mentor Juan Carlos Chirinos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2187139645310452602-4492778612357913263?l=www.elhuertodelaspalabras.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/feeds/4492778612357913263/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2187139645310452602&amp;postID=4492778612357913263' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/4492778612357913263'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/4492778612357913263'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/2009/06/veleros-en-venus-federico-fayerman.html' title=''/><author><name>Federico</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16453751324275492917</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TTDVfWeKsoI/AAAAAAAAAI8/gPKYoWLfwqM/S220/DSC02208.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2187139645310452602.post-4868816014026573877</id><published>2009-05-05T13:28:00.001+02:00</published><updated>2009-05-10T17:45:40.638+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>PAN NEGRO&lt;br /&gt;                                                                                              Federico Fayerman&lt;br /&gt;                                                                                  Veintisiete de abril de 2009&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo vio en la calle, corriendo de una a otra esquina, tratando de refugiarse tras los muros  de las casas destruidas por el reciente bombardeo. Era el primer soldado enemigo que entraba en el  pueblo. Estaba amaneciendo.&lt;br /&gt;Queridos padres:&lt;br /&gt;Esta va a ser quizás la última carta que os escriba antes de poder daros un abrazo. Nuestro batallón marcha ya hacia Madrid y la guerra está por terminar. Ayer tuvimos comida especial pues nos visitó un general tratando de darnos ánimos antes de  acometer la que suponemos será la última batalla. Comimos paella o algo parecido y carne enlatada  que nos supo a gloria,  después de tanto tiempo comiendo boniatos y pan negro. &lt;br /&gt;El otro día tuve que salir con la patrulla de reconocimiento y cogimos dos prisioneros. Eso me valió un ascenso a cabo y dos reales más de paga. Aunque yo no lo deseaba en modo alguno me he convertido en el jefe de la patrulla y me corresponde el dudoso honor de ir en cabeza de la avanzadilla que ocupará el último pueblo  abandonado por el enemigo, en su retirada hacia Madrid.&lt;br /&gt;Tengo muchas ganas de veros, sobre todo a Julián del que no sé nada desde hace meses. A veces sueño que me encuentro con él, volvemos juntos a casa y nos olvidamos de esta pesadilla. &lt;br /&gt;Hasta muy pronto. Recibid todo el cariño de vuestro hijo Ricardo.&lt;br /&gt;Queridos Padres:&lt;br /&gt;Estoy  limpiando mi fusil y no puedo dejar de pensar en vosotros y en Ricardo, y en si ya ha vuelto a casa. Aún conservo la fotografía que nos hicimos todos juntos cuando marché al frente y antes de dormir la miro con toda la nostalgia que podéis imaginar. Si Ricardo está con vosotros decidle que espero llegar a casa antes de su cumpleaños y para celebrar con él su mayoría de edad. También he escrito a Luisa y a los niños. &lt;br /&gt;Esta tarde mi compañía abandonará  el pueblo  para reunirse con el grueso del ejército que se prepara para la defensa de  Madrid. Aquí solo hemos quedado cinco francotiradores, muy a nuestro pesar, para entorpecer aunque sea durante unas horas el avance del enemigo. Estoy apostado en la terraza de una de las primeras casas de la calle principal, y tengo una panorámica total de la entrada del pueblo&lt;br /&gt;Bueno, tengo que acabar mi carta ya que mis compañeros salen hacia Madrid y se la voy a dar para que os llegue muy pronto. Muchos besos de vuestro hijo: Julián.&lt;br /&gt;Estaba amaneciendo. Julián apuntó despacio al primer soldado enemigo que entró en el pueblo y disparó.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2187139645310452602-4868816014026573877?l=www.elhuertodelaspalabras.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/feeds/4868816014026573877/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2187139645310452602&amp;postID=4868816014026573877' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/4868816014026573877'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/4868816014026573877'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/2009/05/pan-negro-federico-fayerman-veintisiete.html' title=''/><author><name>Federico</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16453751324275492917</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TTDVfWeKsoI/AAAAAAAAAI8/gPKYoWLfwqM/S220/DSC02208.JPG'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2187139645310452602.post-1175691408094439118</id><published>2009-04-17T17:20:00.000+02:00</published><updated>2009-04-17T17:21:57.874+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>NARRACIONES VENÉREAS&lt;br /&gt;                                                                                                Federico Fayerman&lt;br /&gt;                                                                                            Doce de abril de 2009&lt;br /&gt;Pero no todo fueron fantasías infantiles. Treinta años después de acabar la guerra contra los wiganes, Anastasio Fuentes iniciaba junto a otros once astronautas el primer viaje a Venus.&lt;br /&gt;La nave, una Soyuz de última generación aterrizó a las afueras de una gran urbe, que en el horizonte venusiano ofrecía una imagen insólitamente habitual a los ojos de los recién llegados. Un perfil prosaico,  formado por sus edificios de hormigón, vidrio y  ladrillo, similares a los que llenaban las ciudades de la Tierra. &lt;br /&gt;Caminaron hasta las primeras casas que al igual que las personas, coches, perros, farolas y parques carecían de color. El paisaje urbano se hallaba inmerso dentro de una cenicienta escala de grises. &lt;br /&gt;El cielo era plomizo y las nubes plateadas. La lluvia, que no cesaba de  caer,  creaba  una cortina de aljófares transparentes que se fundían al contacto con el  suelo. &lt;br /&gt;Anastasio y su grupo  recorrieron la avenida bordeada de árboles anodinos, con sus trajes espaciales desabrochados y los cascos bajo el brazo. Nadie los miraba y cuando comprobaron que no contestaban a sus saludos ni a sus preguntas comprendieron que eran invisibles a los venusianos. &lt;br /&gt;Anastasio, que era el único español, alucinaba reconociendo a cada paso la ciudad, que era una réplica exacta de Madrid&lt;br /&gt;La avenida desembocaba en una gran plaza. En su centro, sobre la fuente que representaba a la diosa Cibeles habían instalado una tarima y sobre ella una pantalla gigante de televisión en blanco y negro. Miles de personas incoloras presenciaban en silencio la llegada a la Tierra de la primera expedición venusiana, que al mando de Anastasio Fuentes recorría una avenida bordeada de altísimos árboles, con los trajes espaciales desabrochados y los cascos bajo el brazo. La avenida desembocaba en la Plaza de Cibeles repleta de gente entusiasmada. En el centro de la plaza, una enorme pantalla de televisión retransmitía a todo color la llegada de la primera misión terrestre tripulada a Venus.&lt;br /&gt;Entonces Anastasio Fuentes vio como todo empezaba a colorearse a su alrededor y las personas que poco antes tenían rostros de ceniza los reconocieron y vitorearon. Y los árboles tiñeron sus hojas con infinidad de tonos verdes y el cielo de Venus dejó de llorar y se llenó de azul. Y de él surgió un sol deslumbrante que lo  iluminó todo.&lt;br /&gt; --Nada que ver con Ray, --pensó Martín mientras cerraba la novela. Apagó la luz de la pequeña lámpara de la mesilla de noche y se durmió.&lt;br /&gt;--Nada que ver con Ray, --pensó también Martín mientras cerraba la novela. Apagó la luz de la pequeña lámpara de la mesilla de noche y se durmió allí, a más de cuarenta millones de kilómetros.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2187139645310452602-1175691408094439118?l=www.elhuertodelaspalabras.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/feeds/1175691408094439118/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2187139645310452602&amp;postID=1175691408094439118' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/1175691408094439118'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/1175691408094439118'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/2009/04/narraciones-venereas-federico-fayerman.html' title=''/><author><name>Federico</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16453751324275492917</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TTDVfWeKsoI/AAAAAAAAAI8/gPKYoWLfwqM/S220/DSC02208.JPG'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2187139645310452602.post-4408737067041011894</id><published>2009-04-03T13:19:00.000+02:00</published><updated>2009-04-03T13:20:03.239+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>RT-UNO&lt;br /&gt;                                                                                      Federico Fayerman&lt;br /&gt; Treinta y uno de marzo de 2009&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Don Matías se levantó  y anduvo con sigilo entre las filas de pupitres con el dedo índice sobre los labios. Aún así se oían algunas risas apagadas. Cuando llegó a la altura del dormilón  dio un fuerte golpe con la mano derecha en el escritorio y Anastasio, del susto,  se fue al suelo, arrastrando en la caída su silla y el pupitre del compañero de detrás.&lt;br /&gt;Anastasio se levantó aturdido y terminó la clase de Historia de pie, al lado del profesor aguantando las bromas y las bolas de papel que le lanzaban los compañeros.&lt;br /&gt;--Cada día lo mismo, -- informó por escrito Don Matías al padre de Anastasio. --Su estado natural es el de la distracción  absoluta. Siempre está pensando en cosas que nada tienen que ver con las clases. Vive en otro mundo.&lt;br /&gt;Nadie le creía cuando explicaba que vivía en Venus.&lt;br /&gt;Su casa estaba en el país de los Artiles (concretamente en su bella capital, Sartual ) al sur del cinturón de llamas que divide el planeta.  Le habían nombrado  embajador Artil ante el pueblo Wigan, pero las malas relaciones habituales entre los dos pueblos, aconsejaban que su residencia no estuviera en la ciudad de Mekonta, &lt;br /&gt;Los Wiganes vivían en el hemisferio Norte y eran de raza verde, no tenían pelo en la cabeza y sus orejas eran puntiagudas y muy grandes y sus rostros trasmitían desprecio y odio, porque se sentían superiores en el orden técnico pero inferiores en el del intelecto. Sus mujeres en cambio eran delicadas y hermosas, lucían una negra y larga cabellera y el color verde de sus mejillas semejaba fruta escarchada que  les endulzaba la cara. El dictador que los gobernaba era el Gran Mekong que mantenía a su pueblo en constante beligerancia con las demás naciones del planeta.&lt;br /&gt;Años atrás había llegado a Venus una expedición terrestre para ayudar a los Artiles en su guerra contra el Gran Mekong. Anastasio lo hizo poco después y se convirtió en el soldado más joven del ejército. Solo tenía entonces nueve años,  pero esto no le impedía pilotar una nave desintegradora o manejar con el pensamiento una silla volante.&lt;br /&gt; Luchaba a partir de las siete y cuarto de la tarde, cuando simulaba haber terminado los deberes y el pan y chocolate de la merienda.  Su madre ponía radio Madrid  justo cuando comenzaba Diego Valor, el guerrero del espacio. Entonces Anastasio montaba en su RT-1 y se unía a las fuerzas libertadoras.&lt;br /&gt; Ellos no le creyeron nunca, pero esa guerra le tuvo ocupado hasta los doce años.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2187139645310452602-4408737067041011894?l=www.elhuertodelaspalabras.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/feeds/4408737067041011894/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2187139645310452602&amp;postID=4408737067041011894' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/4408737067041011894'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/4408737067041011894'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/2009/04/rt-uno-federico-fayerman-treinta-y-uno.html' title=''/><author><name>Federico</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16453751324275492917</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TTDVfWeKsoI/AAAAAAAAAI8/gPKYoWLfwqM/S220/DSC02208.JPG'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2187139645310452602.post-5660114066233710297</id><published>2009-04-03T13:17:00.002+02:00</published><updated>2009-04-03T13:33:11.573+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>EL REGALO&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                                     Federico Fayerman&lt;br /&gt;                                                                                  Veintitrés de marzo de 2009&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ayer llegó mi tío Andrés a Madrid.  Tiene sesenta años, vive en Francia desde hace cuarenta, es viudo y solo viene en verano, aprovechando las vacaciones. La semana pasada nos anunció su visita por teléfono y dijo que me traía un regalo. &lt;br /&gt;A eso de las ocho de la tarde fuimos a la estación  a recibirle y cuando llegó el tren resultó que mi tío no venía solo. Le acompañaban Jeannine y Fleur. Jeannine es su nueva esposa, mucho más joven que él, rubia, rellenita y tiene, aunque esté mal el decirlo, porque se supone que ahora es mi tía, unas enormes tetas blancas como la leche, que le brotan por el escote de la blusa de flores medio  desabrochada. Fleur es la hija de Jeannine. También es rubia y gordita y tiene dieciséis años, los mismos  que yo. Las dos hablan un poco de español.&lt;br /&gt;--Tendrás  que darles unas lecciones, -- dijo mi tío a la vez que encendía un cigarrillo dentro de nuestro coche recién estrenado. —Empezamos bien, --pensé, mientras mi padre bajaba  rápidamente el cristal de la ventanilla. &lt;br /&gt;Lo de las clases me pareció estupendo porque Fleur me había caído muy bien. Era muy guapa, tenía unos grandes ojos azul mar. Cuando me miraba los abría mucho más y al darles la luz  se tornaban celestes. &lt;br /&gt;Mi tío seguía tan gamberro como siempre. Estaba todo el día de guasa y sobre todo no paraba de meterse conmigo, haciendo chistes cada vez que me veía con Fleur. Con ella pasaba mucho tiempo. La llevé a visitar el barrio y llegamos hasta el Retiro. Lo que más le gustó fue el Palacio de Cristal, el Estanque y el Parterre. Alquilamos una barca y mientras yo remaba ella me hablaba de cómo era su vida en París. De su colegio, que ella llamaba  Licé, y de sus amigas Carolin y Michell. En solo diez días había aprendido bastantes palabras en español. A veces si no la entendía me lo repetía con gestos y estaba muy graciosa.&lt;br /&gt; Al día siguiente de nuestro paseo por el Retiro mi padre y mi tío se marcharon a visitar a los abuelos a Galicia, así que me quedé yo solo con mi madre, mi tía y mi prima. Estuvimos toda la tarde en la piscina de la urbanización y Jeannine llamó la atención de los vecinos con su pequeñísimo bikini. Después estuve  jugando a la videoconsola con Fleur. Por cierto: mi tío no me había dado aún el regalo que me prometió. Creo que se le había olvidado comprármelo.&lt;br /&gt;Mi madre preparó una tortilla de patatas para cenar y tanto Jeannine como Fleur coincidieron en decir que estaba mucho más buena que la tortilla gabacha. Me acosté con el estómago lleno y a media noche me desperté y fui al baño.  Al pasar delante de la habitación de mis tíos vi, a través de la puerta, que estaba entornada, a mi tía durmiendo sobre la cama. Estuve mirándola durante un rato. Estaba sin ropa, tumbada boca arriba y con los cabellos  revueltos  sobre sus tetas. Tenía los pezones como dos grandes garbanzos arrugados que destacaban erguidos sobre su piel lechosa. Se cambió de postura colocándose de lado y mostrándome el triangulo oscuro de un coño increíblemente poblado. Salí corriendo hacia mi cuarto ante el temor de que se despertara y me viera espiándola.&lt;br /&gt;No pude seguir durmiendo después de ver a Jeannine completamente desnuda. En mi imaginación solo veía sus tetas blancas  y sus pezones. &lt;br /&gt;Al día siguiente por la mañana salí de compras con las tres mujeres y noté algo raro en Jeannine (no me atrevo a llamarla tía). Parece como si supiera que anoche la vi en la cama y me amenazara con contárselo a mi madre. Yo por si acaso evité mirarla durante todo el paseo y traté de estar siempre al lado de mi prima. Mientras comíamos me pareció que no me perdía de vista y sonreía maliciosamente. Creo que me puse colorado un par de veces. &lt;br /&gt;Esa noche me ocurrió lo mismo que la anterior. No podía dormir y me levanté con la excusa de beber agua en la cocina. En realidad anduve por el pasillo despacio y de puntillas hasta la habitación de Jeannine. La puerta estaba casi cerrada y en el profundo silencio de la casa solo escuchaba los latidos acelerados de mi corazón. Intenté abrir un poco más la puerta sin hacer ruido y cuando ésta empezaba a moverse una mano tiró del pomo desde dentro haciéndome entrar precipitadamente en la habitación. &lt;br /&gt;Lo que pasó después nunca habría sido capaz de imaginármelo. Jeannine me cogió de los hombros y me estrujó contra ella. Mi cara quedó sumergida entre unas enormes tetas, cubiertas en parte por el camisón negro trasparente de encaje. Después me empujó hasta la cama y me tumbó a lo ancho. Me bajó los pantalones del pijama y los sacó por mis pies. El roce de sus manos sobre mi polla  lo sentí como de terciopelo. Su consecuencia, como si hubiese recibido una descarga eléctrica entre mis muslos. Después se quitó el camisón con prisa, sacándoselo por la cabeza y arrojándolo con fuerza al suelo. Se apoyó en mis brazos y se precipitó encima de mí al tiempo que comenzaba a frotarse contra mi cuerpo. Noté su abultada tripa caliente sobre la mía y agarré su culo con mis dos manos clavándole los dedos. Mientras ella hundía su lengua dentro de mi boca y buscaba la mía, me corrí. Durante toda la noche estuvimos follando, hasta que a eso de las siete de la mañana Jeannine me mandó exhausto a mi habitación. &lt;br /&gt;Dormí de un tirón hasta las doce de la tarde y cuando me levanté y salí al pasillo con dirección a la ducha, me encontré con Fleur.  Me miró enfadada y me dijo que tenía cara de bobo. &lt;br /&gt;Mi padre y mi tío volvieron esa mañana de Galicia y las tres mujeres fueron a esperarles a la estación mientras yo dormía. Pasé el resto del día leyendo una novela que tendré que empezar de nuevo porque no pude concentrarme en su lectura.  Mi prima quería a toda costa que fuésemos a pasear al Retiro, pero la verdad es que yo solo podía pensar en su madre.&lt;br /&gt;Me acosté temprano, con la certeza de que al haber regresado mi tío, ya no volvería a estar con Jeannine. Estaba dormido cuando alguien entró en mi habitación. Me desperté pero seguí con los ojos cerrados, sintiendo como un cuerpo de mujer se deslizaba entre las sábanas a mi lado y metía sus manos frías entre mis muslos. Me dejé hacer como si siguiera dormido aunque mi respiración y mi inmediata erección me delataban sin duda. Tumbado boca arriba disfruté  con sus envites, que me hacían entrar y salir de ella, hasta que por fin noté como su cuerpo se tensaba y su boca mordía la almohada ahogando  un grito.  Después se fue en silencio como había llegado, dejándome en la  habitación la fragancia de su juvenil cuerpo.&lt;br /&gt;Pasé el domingo con Fleur. Fuimos al cine Tívoli, pero antes caminamos un rato en el  Retiro. Le encantaba el Parque del Retiro. Recorrimos La Rosaleda que estaba cuajada con muchas especies francesas y eso le hizo mucha ilusión. Cuando regresábamos, Fleur me cogió la mano y la apretó con mucha fuerza sobre su pecho. Solo la soltó cuando estábamos llegando a casa. Mis padres y mis tíos nos estaban esperando en  el Diamante y tomamos  un aperitivo con ellos. &lt;br /&gt;Aquella noche me levanté a beber agua y al pasar frente al dormitorio de mis tíos los oí a través de la puerta hablar y reír  felices. Parecían estar de fiesta.&lt;br /&gt;El día siguiente fue un verdadero rollo. Tuve que acompañar a mis tíos de compras porque querían llevar regalos a los amigos a su vuelta. Después fuimos a cambiar los billetes del tren de regreso  a París. Un asunto urgente los reclamaba antes de tiempo. &lt;br /&gt;Mi padre había comprado cuatro entradas para los toros de esa tarde y él, mi tío, mi madre y Fleur se fueron a las cinco y media a la Plaza de Las Ventas. Jeannine no quiso ir porque dijo que estaba en contra de las corridas de toros. Entre las siete y las nueve, mientras mi tío Andrés gritaba oles en el tendido sur de la plaza, Jeannine y yo los gritámos en la cama.&lt;br /&gt;Al día siguiente, a las diez de la noche  los acompañamos a  la estación. Mi prima iba llorando  porque no quería irse tan pronto y su madre lucía unas sorprendentes mejillas sonrosadas, que enmarcaban un gesto de felicidad infinita. &lt;br /&gt;Cuando nos despedimos en el andén Fleur me besó en la cara chorreteándome con sus lágrimas. Jeannine me dió un beso etéreo en los labios y mi tío me abrazó con fuerza. Cuando estaban a punto de cerrarse las puertas les  grité: --¡Muchas gracias por los regalos, no los olvidaré jamás!&lt;br /&gt; Mi tío me  miró sonriente, rodeó con sus brazos las cinturas de Jeannine y de Fleur y al tiempo que las apretaba hacía sí, me guiñó un ojo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2187139645310452602-5660114066233710297?l=www.elhuertodelaspalabras.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/feeds/5660114066233710297/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2187139645310452602&amp;postID=5660114066233710297' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/5660114066233710297'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/5660114066233710297'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/2009/04/el-regalo-federico-fayerman-veintitres.html' title=''/><author><name>Federico</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16453751324275492917</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TTDVfWeKsoI/AAAAAAAAAI8/gPKYoWLfwqM/S220/DSC02208.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2187139645310452602.post-7179132379551593739</id><published>2009-03-01T13:27:00.002+01:00</published><updated>2009-03-01T13:31:01.387+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>MEMORIA DE TERCIOPELO&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                                               Federico Fayerman&lt;br /&gt;                                                                                Veintidós de febrero de 2009&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Anoche soñé con Baba.&lt;br /&gt;Pasé la mano a través de la reja y descorrí el pasador. Los goznes oxidados chirriaron de olvido. Atravesé el jardín hasta  las escaleras. A medio camino levanté la cabeza y la vi en la ventana. Tras el cristal. Su pelo blanco y sus gafas. Me miraba seria. Como era,  como la recordaba.  Detrás de ella la silueta de mi padre algo difusa. También serio. Como era. Como le recordaba a él también.&lt;br /&gt;La casa. Techos altos y brillantes lámparas de araña llorando lágrimas de vidrio. Puertas de iroko y suelos de nogal. Tresillos de terciopelo rojo y mesitas de forja y mármol. La escalera, al fondo del recibidor, en penumbra, con sus escalones curvados en el centro por el peso de los años. &lt;br /&gt;Entré en el salón. Estaba como lo recordaba. Con sus dos aparadores  de raíz coronados por grandes espejos biselados. Sentado en una silla tapizada, al lado del samovar, estaba mi tío.  Al verme se levantó, alto y serio, tal como vive en mi memoria. Y  me besó. En el centro del salón, rodeada de todo el mundo estaba Baba. Mi abuela. No aparentaba más de cuarenta años, rubia, con el pelo ondulado por la  permanente recién hecha. Delgada y  muy guapa. La veía caminar con un vestido largo que ocultaba una cojera imaginaria que solo existía en mi sueño. &lt;br /&gt;Se sentó sobre un arcón rectangular cruzando las piernas. Sostenía una taza de té en su mano derecha y repartía sonrisas a su alrededor. Hablaba con todos. Me acerqué y la besé y ella, sin levantarse,  me abrazó suave,  sin rozarme casi y me dijo que olía muy bien. --No me pongo  nunca colonia –le dije, --entonces hueles a ti,  y ahora a mí, me respondió. --Me ruboricé y ella se rió,  suave, como sus abrazos.  Y su cara se tornó dulce. &lt;br /&gt;La mesa del salón había desaparecido y su lugar lo ocupaban amigos y familiares que hablaban sin cesar. Pero salvo a mi tío y a mi primo Mario no reconocía a nadie. Mario me recordaba, mientras subíamos, los juegos en la azotea, cuando nos escondíamos en el pequeño gallinero que construyó allí nuestro abuelo y que nunca tuvo gallinas. El abuelo enfermaría de cáncer y moriría a los pocos meses. &lt;br /&gt;Nos sentamos en el pretil y nos  asomamos al Retiro. La terraza estaba a unos diez metros de altura y esa sería la distancia que recorrería nuestro perro Doff cuando, subido a este mismo pretil, se cayera a la calle una mañana de junio varios años después.&lt;br /&gt; Bajamos al sótano por la escalera gastada y oscura. En el primer rellano había dos altos veladores de tres patas que nos hicieron imaginar antiguos juegos de espiritismo. Descendimos hasta el cuarto de la calefacción, negro del carbón y con un penetrante olor a resina de las teas apiladas contra la pared. Todavía recuerdo el miedo que me producía el ruido de la caldera,  cuando Baba me enviaba a comprobar la presión del manómetro. A su izquierda,  el salón donde mis abuelos daban fiestas cada año en verano. Cuando correspondía. Una puerta de doble hoja lo comunicaba  con el jardín repleto de  macizos de flores, enmarcados con bordillos de azulejos de cerámica añil,  y rodeados por pasillos de baldosas de barro cocido. &lt;br /&gt;La fuente, también de azulejos añiles y blancos contenía el dibujo de una gran estrella que según decía mi padre nos protegía a todos. El agua de su caño, siempre a la sombra bajo el balcón de la entrada principal,  se ofrecía deliciosamente fresca en verano. &lt;br /&gt;Durante esas fiestas, mis abuelos y sus invitados cenaban y después algunos bailaban tangos y foxtrots durante toda la noche,  al son de los negros discos de pasta, que giraban a setenta y ocho revoluciones en un gramófono de La Voz de su Amo. Yo los veía bailar desde la pequeña ventana abierta, que trasmitía el olor de los jazmines hasta el salón. A veces, alguna pareja de los más jóvenes salían a pasear entre las flores y las sombras y sentados en el banco de azulejos o al pie del eucaliptus centenario se besaban. Bajo la parra de diminutas uvas ácidas, los mayores se reunían unos frente a otros, sentados en sillas de madera y hablaban y hablaban y hablaban. &lt;br /&gt;Subimos de nuevo al salón donde mi abuela seguía riendo y, disimulando la cojera caminaba hasta sentarse en un sillón de terciopelo gastado, que alguien le  había cedido cortésmente. La encantaba verse rodeada y agasajada. Mi tío seguía sentado en la misma silla, cerca del samovar, bebiendo té.&lt;br /&gt;Me fui de la casa sin despedirme, atravesé el jardín y antes de abrir el cerrojo de la cancela me volví hacia la ventana. Mi abuela seguía mirándome tras ella con su pelo blanco y sus gafas de gruesos cristales. Y entonces me pareció ver que me sonreía.  Sí, estoy seguro, me sonreía.  Así la recordaré. Detrás de ella vi  la cabeza de mi padre que giraba y desaparecía.  &lt;br /&gt;Ya era de noche cuando me alejé por la calle de casa de Baba. No miré atrás. Era consciente de que su casa hacía muchos años que ya no existía.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2187139645310452602-7179132379551593739?l=www.elhuertodelaspalabras.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/feeds/7179132379551593739/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2187139645310452602&amp;postID=7179132379551593739' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/7179132379551593739'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/7179132379551593739'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/2009/03/memoria-de-terciopelo-federico-fayerman.html' title=''/><author><name>Federico</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16453751324275492917</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TTDVfWeKsoI/AAAAAAAAAI8/gPKYoWLfwqM/S220/DSC02208.JPG'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2187139645310452602.post-2203218432235378032</id><published>2009-02-20T12:26:00.001+01:00</published><updated>2009-02-20T12:26:53.203+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>PURO CELULOIDE&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                                              Federico Fayerman&lt;br /&gt;                                                                                     24 de noviembre de 2008&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Son las doce de la noche y en el salón, sentados frente al televisor,  nadie se mueve. La película está terminando. Estrujados  los tres en el mismo sofá contienen el aliento. Charo cierra los ojos mientras con se agarra con fuerza al brazo de Luis. Elenita ha metido la cabeza bajo el hombro de su madre y se tapa los oídos con ambas manos. Luis espera intrigado el final. En el recién inaugurado videoclub, donde ha alquilado la película, las de terror  están de oferta. Según la pálida y enlutada vendedora, son realitys de producción propia y al alquilarla participan en un sorteo. No le ha dicho en qué consiste.&lt;br /&gt;La cámara propone un plano general donde se ve una pequeña aldea, apenas una veintena de casas de piedra cubiertas por planchas de pizarra.&lt;br /&gt; En las calles, de tierra y aristas,  todavía se aprecian las marcas de  las ruedas de los carros que han estado transportando el trigo. &lt;br /&gt;Desde la era hasta el molino. &lt;br /&gt;Al borde del río. &lt;br /&gt;Un rio huraño que ansía la visita de las primeras aguas que le envíen las montañas cercanas.&lt;br /&gt;Está anocheciendo y las calles están desiertas. El cielo cubierto anuncia lluvia, y las chimeneas humeantes invitan a recogerse.&lt;br /&gt;A la derecha del plano, en el bosque,  los robles guardan parte de su follaje para sobrevivir al invierno. También hay pinos que se han desprendido hace tiempo de  sus frutos y sus agujas.&lt;br /&gt;La cámara desciende  lentamente  acercándose a  la fronda hasta que las hojas de los arboles se funden sobre  su objetivo. &lt;br /&gt;Ahora  capta una escena interior. Remigio y su familia están reunidos frente a la lumbre con la vista puesta en el puchero burbujeante.&lt;br /&gt;En silencio.&lt;br /&gt;Sopa y pan para cenar. Y algo de matanza.&lt;br /&gt;La cámara recorre una por una sus caras ruborizadas y gira hacia una ventana. Se acerca a ella. A  través de uno de los pequeños cuadrados de cristal se insinúa en el exterior la estirada y siniestra figura de un hombre, recortada sobre la sombría tarde que cae. &lt;br /&gt;Golpes en la puerta y, en el siguiente plano corto, la cámara plasma los destellos del hacha que porta el desconocido en su mano derecha. &lt;br /&gt;La puerta se abre y  la cámara retrocede dejando sitio a Remigio que cae hacia atrás con la cabeza destrozada. &lt;br /&gt;Como acobardado en un rincón,  el objetivo retransmite la persecución del asesino al resto de la familia, y cómo, a golpes de hacha ensangrentada,  termina con la vida de todos ellos.&lt;br /&gt;Después, lentamente, el homicida se sirve un tazón de sopa caliente y la sorbe a pequeños tragos.&lt;br /&gt;Sentado frente a la chimenea salpicada. &lt;br /&gt;Cuando las primeras gotas de lluvia empiezan a caer sobre el pueblo, ya desde la calle,  la cámara, utilizando un trávelin,  acompaña al verdugo hasta la salida del pueblo.&lt;br /&gt;A la altura de la última casa el criminal se para y vuelve la cabeza. La cámara, ahora fija en su trípode  lo ve por fin alejarse hasta que desaparece. Ha sido testigo de la tercera matanza que el psicópata del hacha ha cometido desde que se escapó del psiquiátrico.&lt;br /&gt; El timbre del móvil coincide con un apagón general. Luis, guiado por la luz de la pantalla del teléfono, lo coge y contesta. &lt;br /&gt;--Les llamo del videoclub. ¿Han terminado de ver la película?&lt;br /&gt;--Hace apenas un minuto…&lt;br /&gt;--Solo quería comunicarles que han sido ustedes elegidos como protagonistas de la nueva producción y el rodaje va a comenzar ya. Cierren bien las puertas de su casa y miren por la ventana. Tienen visita.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2187139645310452602-2203218432235378032?l=www.elhuertodelaspalabras.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/feeds/2203218432235378032/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2187139645310452602&amp;postID=2203218432235378032' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/2203218432235378032'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/2203218432235378032'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/2009/02/puro-celuloide-federico-fayerman-24-de.html' title=''/><author><name>Federico</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16453751324275492917</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TTDVfWeKsoI/AAAAAAAAAI8/gPKYoWLfwqM/S220/DSC02208.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2187139645310452602.post-1090914899818200802</id><published>2009-02-20T12:25:00.005+01:00</published><updated>2009-05-03T12:12:35.736+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>¡SEGUNDOS FUERA!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                                               Federico Fayerman&lt;br /&gt;                                                                                        Seis de febrero de 2009&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;--¡Cuidado con su zurda, gira siempre hacia la derecha y mantenlo a distancia con jabs y uno-dos! --se oye a Ben, el preparador de Kid Martin dar  las últimas instrucciones a su pupilo. Va a comenzar el decimosegundo y último round del combate que enfrenta al aspirante  Kid  Martin (calzón rojo) y al campeón Fred Morris (calzón negro) por la corona mundial de los welters. A sus treinta y siete años es la última oportunidad que se le presenta a Kid de conseguir el título. &lt;br /&gt;Se levanta, flexiona las piernas y hace rechinar las suelas de sus zapatillas sobre la lona. &lt;br /&gt;Al grito de --¡segundos fuera! –Ben recoge la banqueta, el cubo y la esponja y con la toalla sobre sus hombros se escabulle  entre las cuerdas.&lt;br /&gt; --¡Suerte!  --grita Lola. &lt;br /&gt;Cuando suena   la campana, Kid empuja  con el guante izquierdo el protector dentro de la boca y acude al centro del ring. &lt;br /&gt;--“El público no puede contener la emoción y se pone en pie, --transmite el speaker --Los tres últimos minutos prometen ser dramáticos. Ambos púgiles sangran por las cejas y sus rostros están amoratados por el terrible castigo que se han infringido durante el combate que en apariencia está muy igualado; Se enfrentan y chocan los guantes;  Kid gira constantemente alrededor de Morris cediéndole la iniciativa y tratando de huir  de sus demoledores puños. La guardia invertida de su rival le está poniendo en graves aprietos. Tras un intercambio de golpes en el centro del cuadrilátero, Morris parece tomar ventaja en los puntos lo que hace que Kid ataque ahora alocadamente y reciba un par de contras en la cara, que terminan de cerrarle el tumefacto ojo derecho”--.&lt;br /&gt;Con el ojo bueno, Kid recorre la primera fila de sillas hasta que encuentra a Lola. Ella le proporciona  el apoyo y la fuerza que necesita para aguantar el castigo al que le está sometiendo su rival. Se abraza a Morris.&lt;br /&gt;--¡Break!, --grita el árbitro y los dos púgiles tratan de separarse con las escasas fuerzas que les quedan. --¡Break, Break! --Y finalmente el árbitro es el que los empuja y consigue que se suelten.&lt;br /&gt;Morris persigue a Kid por todo el ring lanzándole directos y crochets. A la cara, a los riñones, otra vez a la cara hasta que Kid cae a la lona tras golpearse con las cuerdas.&lt;br /&gt;--¡Descansa hasta ocho, no te levantes hasta la cuenta de ocho!&lt;br /&gt;Kid se levanta y el árbitro le sujeta por los guantes. --¿Cómo se encuentra?, --le pregunta; Kid asiente con la cabeza y el árbitro indica a ambos púgiles  que continúen el combate.  &lt;br /&gt;Durante el siguiente minuto Kid se cubre la cara con los guantes y los antebrazos y a la menor ocasión se agarra a Morris. Mira a Ben que tiene la toalla en la mano. Le niega con la cabeza, le suplica que no la lance al ring.&lt;br /&gt; --¡De acuerdo!  --grita el preparador de Kid, --¡entonces inténtalo!--&lt;br /&gt;Ahora bajo la guardia y él va a intentar pegarme con su zurda… doy un paso atrás… le dejo fuera de distancia, le esquivo…y le lanzo un crochet con todas mis fuerzas. &lt;br /&gt;Un paso atrás… le dejo fuera de distancia, esquivo el golpe y lanzo el crochet a su rostro… Morris se tambalea y entonces le conecto un cross de izquierda al estómago… cuando se dobla lo derribo con un uppercut a la mandíbula… Morris está tumbado en la lona con los ojos cerrados y el protector manchado de sangre fuera de su boca… El árbitro se ha quedado  mudo como el resto del público, pero puedo leer en sus labios la cuenta: ocho, nueve, diez, K.O...Levanto los brazos hacia el alto  techo del pabellón y cegado por cientos de focos grito de júbilo por mi victoria. &lt;br /&gt;Lola, ¿dónde estás?, ¡sube al ring para celebrarlo conmigo! ¡Ya soy el campeón y ahora somos ricos! Te prometo que vamos a casarnos por fin y te voy a llevar a París y a Nueva York y adonde quieras ir. ¡Porque soy el campeón, soy el campeón!&lt;br /&gt;Los cachetes de Ben le hacen volver en sí. Kid abre el ojo izquierdo. No hay altos techos, ni público en pie aclamándolo, ni cientos de luces que le deslumbran. Solo una bombilla de sesenta vatios, en una pequeña lámpara que oscila sobre su dolorida cabeza y que pasea sombras derrotadas de un lado al otro del vestuario. Y niebla. Y dolor.&lt;br /&gt;A la derecha de la camilla está Ben limpiándole la sangre de la cara con una toalla húmeda. A la izquierda, Lola. Los guantes, abandonados en el suelo. El título, el dinero, París y Nueva York han huido a lomos de su sueño.&lt;br /&gt;Solo los sollozos de Lola fragmentan el silencio.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2187139645310452602-1090914899818200802?l=www.elhuertodelaspalabras.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/feeds/1090914899818200802/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2187139645310452602&amp;postID=1090914899818200802' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/1090914899818200802'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/1090914899818200802'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/2009/02/segundos-fuera-federico-fayerman-seis.html' title=''/><author><name>Federico</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16453751324275492917</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TTDVfWeKsoI/AAAAAAAAAI8/gPKYoWLfwqM/S220/DSC02208.JPG'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2187139645310452602.post-8508961013741634118</id><published>2009-02-20T12:25:00.003+01:00</published><updated>2009-02-20T12:25:54.496+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>ROSI ES TODO AMOR&lt;br /&gt;                                                                                                Federico Fayerman&lt;br /&gt;                                                                               Veinticuatro de enero de 2009&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Rosi! &lt;br /&gt;¡oh Rosi! &lt;br /&gt;¡Que bonita es  Rosi &lt;br /&gt;¡Todo en ella es amor!&lt;br /&gt; La conocí en la carretera. Iba en un coche azul a toda velocidad. Me adelantó y la miré y después la adelanté yo. Me volvió a adelantar y así anduvimos durante muchos kilómetros. Por fin paró en una gasolinera y yo lo hice detrás.&lt;br /&gt;Hablamos mientras cargaba de gasolina su Mini y rechazó una invitación en el bar. Seguimos. Yo detrás de ella hasta que paró otra vez. En el Parador de Turismo. Allí me aceptó una copa y hablamos. Después otra y se puso bastante contenta. &lt;br /&gt;¡Que bonita es Rosi cuando ríe,es un amor!&lt;br /&gt;Pronto se hizo de noche y me dijo que no le gustaba conducir con poca luz, así que cenamos en el restaurante con una flor blanca de tallo muy largo y una vela encendida en el centro de la mesa y con un camarero pesado que no paraba de retirarnos los platos y los cubiertos, para cambiarlos por otros limpios y rellenarnos los vasos de vino, cada vez que bebíamos un trago. Hasta  la servilleta me cambió porque se me había caído al suelo. Hablamos. Me contó que iba a reunirse con unos amigos de Valencia para pasar el fin de semana en un festival de música. Me habló de los cantantes que iban a actuar allí: Leonard Cohen, The Kills, Morrissey, New York Dolls… pero yo no conocía a ninguno. También me dijo que sus padres pensaban que estaba en Madrid  en casa de  una amiga enferma. Me hizo una seña de que estuviera en silencio y los llamó por el móvil para decirles que  se iba a quedar a dormir en casa de su amiga y cuando colgó me dirigió una mirada pícara y me preguntó a donde me dirigía. Le dije que solamente había salido a la carretera para hacerle unos kilómetros al coche que acababa de comprarme y que cuando la vi se me olvidó que tenía que volver. No pude mentirle y le dije que estaba casado pero mi mujer desapareció un día y nunca supimos mas de ella. Le conté que yo trabajaba en una atracción de feria y que recorría los pueblos, durante los días de las fiestas patronales que en verano eran muy corrientes en toda la provincia. También le dije que este trabajo me permitía conocer a muchas mujeres, pero ninguna era tan bonita como ella. Ella era la más guapa de todas. Le dije que me gustaba su pelo negro, sus manos blancas y sus dedos un poco gordinflones. Que era muy simpática y que sus ojos me miraban riéndose como yo nunca había visto igual. Ella no se atrevía o no quería decirme qué le gustaba de mí. A lo mejor es que no le gustaba nada, pero supongo que prefería no decírmelo por timidez o para no molestarme ya que la había invitado a cenar. Se lo dije antes de sentarnos. &lt;br /&gt;Entre plato y plato se levantó y fue al lavabo. Tardó mucho, y sentí miedo de que se hubiera ido, así que fui a buscarla. No estaba en los aseos y cuando volví la encontré sentada otra vez a la mesa. Me dijo que había ido a preguntar  en conserjería si había una habitación libre porque no pensaba seguir el viaje hasta el día siguiente. &lt;br /&gt;Terminamos la cena y pedimos una copa en la sala de la televisión pero allí no se podía hablar así que cogimos los cubatas y nos salimos a la calle. Nos sentamos en unas escaleras anchas de baldosas rojas y ella se agarró a la barandilla con una mano mientras bebía con la otra. Estuvimos un buen rato mirando la carretera que pasaba por delante de nosotros. Eran ya las once de la noche pero la circulación aún  era intensa. Me propuso jugar a contar los coches que iban en uno u otro sentido y allí estuvimos contado coches hasta que nos cansamos. Ganaron los que circulaban hacia Valencia. Entonces le dije que si quería dar una vuelta por los alrededores y me dijo que sí. Estaba muy oscuro aunque se podía ver algo gracias a los faros de los automóviles y a la luna que estaba casi llena. Detrás del parador le pedí un beso y me lo dio. &lt;br /&gt;¡Dios, que bonita es Rosi!&lt;br /&gt;¡Nunca me había besado una chica como Rosi!&lt;br /&gt;¡Es todo amor!&lt;br /&gt;Regresamos al parador y nos besamos en las escaleras rojas, en la recepción, en la barra del bar y muchas veces más. Pedimos otro cubata y Rosi estaba mareada de tanto alcohol. Yo también. Pedí la llave en el mostrador y la acompañé a su habitación. Esto fue todo lo que pasó.&lt;br /&gt;¡Seguro que está durmiendo todavía en la habitación, está durmiendo cruzada en la cama, con el pelo colgando casi tocando el suelo, como recuerdo que la dejé!&lt;br /&gt;¡Es tan bonita, es la chica más bella que he visto en mi vida!&lt;br /&gt; Ni siquiera le toqué un pelo, lo pueden comprobar!&lt;br /&gt;¡Ni siquiera hicimos el amor para que no pensara que la quería violar! &lt;br /&gt;¿Por qué insisten en que está muerta y  que yo la he matado?&lt;br /&gt;¡Ella duerme aún. Pueden ver que aún es virgen! &lt;br /&gt;Solo estuvimos hablando. Hablamos toda la noche. Estuvimos conversando de música, de sus amigas y del chico que la pretendía. Pero el chico era muy infantil y a Rosi le gustan un poco mayores, según me dijo.&lt;br /&gt; ¡Y ella insistía e insistía en que quería seguir siendo virgen! &lt;br /&gt;¡Rosi!&lt;br /&gt;¡oh  Rosi!&lt;br /&gt;¡Que bonita es Rosi!&lt;br /&gt;¡todo en ella es amor!&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2187139645310452602-8508961013741634118?l=www.elhuertodelaspalabras.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/feeds/8508961013741634118/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2187139645310452602&amp;postID=8508961013741634118' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/8508961013741634118'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/8508961013741634118'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/2009/02/rosi-es-todo-amor-federico-fayerman.html' title=''/><author><name>Federico</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16453751324275492917</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TTDVfWeKsoI/AAAAAAAAAI8/gPKYoWLfwqM/S220/DSC02208.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2187139645310452602.post-7596122467791898324</id><published>2009-02-20T12:25:00.001+01:00</published><updated>2009-02-20T12:25:26.664+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>MARTES y TRECE&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                                             Federico Fayerman&lt;br /&gt;                                                                             Diecinueve de enero de 2009&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marcos ayudó a su mujer y a sus hijos a subir al tren.  Eran las diez y cuarto de la noche y la estación del Carmen de Murcia estaba casi vacía. No fue complicado encontrar tres asientos libres, ya que la pequeña Cati iría en brazos de su madre. Marcos, después de colocar las maletas en el altillo, pudo por fin sentarse y descansar. La guerra había terminado y con ello el destierro que había sufrido su familia durante dos largos años. Vuelta a Madrid para reencontrarse con los padres y los hermanos que habían permanecido en la capital.&lt;br /&gt;Martes, trece. Todos los amigos de Marcos le habían aconsejado no viajar ese día. Pero Marcos no creía en supersticiones y además deseaba ver cuanto antes a los suyos. Después de haber sobrevivido a la contienda no podía pensar ni remotamente en dejarse convencer --pese a la insistencia de algunos vecinos-- de que pospusiera el viaje para día siguiente.&lt;br /&gt;Y La Parca acudió a la cita con el tren de las diez y cuarto. Treinta muertos y más de cien heridos. Miércoles, catorce.&lt;br /&gt;Solo Dios dice a La Muerte cuándo debe ejecutar su penoso trabajo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2187139645310452602-7596122467791898324?l=www.elhuertodelaspalabras.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/feeds/7596122467791898324/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2187139645310452602&amp;postID=7596122467791898324' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/7596122467791898324'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/7596122467791898324'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/2009/02/martes-y-trece-federico-fayerman.html' title=''/><author><name>Federico</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16453751324275492917</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TTDVfWeKsoI/AAAAAAAAAI8/gPKYoWLfwqM/S220/DSC02208.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2187139645310452602.post-9043155975142963148</id><published>2009-02-20T12:24:00.001+01:00</published><updated>2009-02-20T12:24:57.465+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>EL ASCENSOR Y EL ALFANJE&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                  &lt;br /&gt;                                                                                               Federico Fayerman&lt;br /&gt;                                                                                          Tres de enero de 2009&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me llamo Jorge, tengo 33 años y estoy recién divorciado. Ahora, después de ocho años he regresado a casa de mis padres. ¿He vuelto en busca de mi infancia? &lt;br /&gt;El reencuentro con el pasado no me ha supuesto mejorar mi estado anímico sino más bien todo lo contrario. No sé si por el hecho de considerar un fracaso mi experiencia matrimonial y un tiempo perdido que no sé si seré capaz de recuperar,  me ha hecho rebajar mi autoestima que ya de por sí era bastante baja. No tengo ganas de ir a trabajar y me paso los días revolviendo en los recuerdos que dejé abandonados en estas habitaciones hace años. &lt;br /&gt;Sin embargo mis padres están felices de tenerme otra vez con ellos. Parece como que hubieran recuperado a un hijo pequeño,  pues me colman de regalos y no se van a dormir sin darme  el preceptivo beso de buenas noches. Se preocupan si salgo después de cenar, aunque esas salidas nocturnas son muy escasas. &lt;br /&gt;Y encima estos  malditos sueños de ascensores. Si, pueden parecer una tontería, pero los sueños se repetían desde que siendo un niño me quedé encerrado en un montacargas durante más de una hora, a oscuras, colgado entre el cuarto y el quinto piso.  Esos sueños  en los que me veía subido en un ascensor sin paredes, que se balanceaba  sin ofrecerme lugar alguno donde poder agarrarme, o aquellos otros sueños donde el ascensor de turno subía y subía y se pasaba incomprensiblemente del último piso, no eran para mí  ninguna sandez. Solía despertarme  sobresaltado, con el estómago encogido y temiendo volver a dormirme por si se repetían.&lt;br /&gt; Afortunadamente estos sueños no habían vuelto en los últimos años, justamente los que llevaba fuera de casa. Pero hace varios días me volví a quedar encerrado en el ascensor y seguramente esto los ha hecho regresar. Esa noche tuve un nuevo sueño y me desperté justo en el momento en que el ascensor se precipitaba al vacío. No llegué a gritar porque me faltó aire para hacerlo. Abrí los ojos a la semioscuridad de mi dormitorio y me incorporé sobre la almohada para tratar de recuperar la respiración. Una débil luz proveniente de las farolas de la calle  penetraba por las rendijas de la persiana a medio cerrar. La puerta, entornada,  también dejaba pasar algo de claridad. Mi perro Doff abrió un ojo y gruñó pero siguió durmiendo sobre la colcha caída a los pies de la cama. &lt;br /&gt;Todavía alterado escuché un ruido que procedía del comedor. El chasquido del picaporte y el arrastrar de  la puerta del balcón me produjeron un escalofrío que se paseó por todo mi cuerpo. Varios hombres hablaban en voz baja,  pero yo no podía entender lo que decían. Eran sin duda extranjeros. Supuse que ladrones, o amigos de lo ajeno como recordaba que solía llamarles mi padre. ¿Y por qué no asesinos?  Pensé en mis padres, que debían estar durmiendo en su habitación al otro lado del pasillo. Posiblemente ellos lo habrían escuchado también y estarían levantándose para ver qué pasaba. Yo no me atreví. Me limité a oír a los ladrones recorriendo la casa y supongo que despojándonos de  todo lo que tuviera valor. Entonces vi una sombra emerger de debajo de la puerta de mi cuarto, y esta comenzó a abrirse. Me deslicé bajo las sábanas y me cubrí la cabeza. Oí como Doff se levantaba y salía de la habitación, ladró furiosamente durante unos segundos y después no volví a oírle. Contuve la respiración durante unos interminables segundos hasta que escuché nuevamente como cerraban la puerta, pero esta vez del todo. Dejé pasar el tiempo  mientras percibía el ir y venir sigiloso de los ladrones. Entonces recordé que estaba solo en la casa, que mis padres habían salido esa noche a una fiesta y seguramente no habrían vuelto aún. Debajo de las sábanas consulté mi reloj de manillas fluorescentes, Las dos y media. &lt;br /&gt;No entiendo porqué, pero me sentí por primera vez desde hacía años  desprotegido y a la vez avergonzado, pero mis músculos no me permitían moverme.  Poco a poco los ruidos se fueron apagando y yo seguí inmóvil. Empecé a relajarme y me quedé,  sin querer, profundamente dormido. Entonces comencé a soñar de nuevo. Esta vez por fortuna no había ascensores. Yo era un guerrero cristiano que luchaba contra una banda de ladrones barbudos con elegantes turbantes sobre la cabeza. Portaban afilados alfanjes y me rodeaban. Eran tres pero ni aún así conseguían vencerme. Salté sobre mi caballo, que curiosamente era Doff, y emprendí la huída llevando  en la grupa a mi dama, que también curiosamente se parecía mucho a mi ex mujer y a la que había salvado de los fieros sarracenos que la tenían secuestrada. Estos sí que eran los sueños que a mí me gustaban de niño. Tras una veloz cabalgada paramos en lo alto de la montaña y saltamos al suelo. Mi dama me rodeó el cuello con sus largos brazos y bajo la atenta mirada de mi caballo/perro  Doff  me besó profundamente en señal de agradecimiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La voz de mi madre, gritando desde el salón me despertó. Recordando lo ocurrido durante la noche y temiéndome lo peor brinqué de la cama y todavía con un dulce sabor en los labios  salí al pasillo. Agarrada a la cintura de mi padre, con una sonrisa de oreja a oreja y con Doff sentado a su lado,  mi madre me mostraba los regalos que me habían dejado esa noche los Reyes Magos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2187139645310452602-9043155975142963148?l=www.elhuertodelaspalabras.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/feeds/9043155975142963148/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2187139645310452602&amp;postID=9043155975142963148' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/9043155975142963148'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/9043155975142963148'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/2009/02/el-ascensor-y-el-alfanje-federico.html' title=''/><author><name>Federico</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16453751324275492917</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TTDVfWeKsoI/AAAAAAAAAI8/gPKYoWLfwqM/S220/DSC02208.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2187139645310452602.post-7966575182168913881</id><published>2009-02-20T12:23:00.000+01:00</published><updated>2009-02-20T12:24:17.716+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>CINE PARAÍSO&lt;br /&gt;                                                                                               Federico Fayerman&lt;br /&gt;                                                                                        Trece de enero de 2009&lt;br /&gt;Joe abandonó el salón y atravesó la calle polvorienta balanceando su cuerpo. Frente a él, cuatro pistoleros mantenían inmovilizada a su chica. Los vecinos de River City habían desaparecido como por ensalmo, mientras el campanario de la pequeña iglesia, al fondo de la calle,  anunciaba doce veces el mediodía. &lt;br /&gt;Las manos se movieron veloces hacia las armas y cuatro disparos sonaron casi simultáneamente. Los forajidos cayeron al suelo con pesadez, componiendo un cuadro macabro alrededor de Susan que corrió a refugiarse en los brazos de Joe.&lt;br /&gt;Mientras se besaban con pasión, el plano fue alejándose hasta que la palabra FIN, de un amarillo intenso, brotó del suelo y poco a poco llenó toda la pantalla.&lt;br /&gt;Rubén, el viejo acomodador del cine Paraíso, esperó la salida de los pocos espectadores somnolientos de la sesión de noche y recorrió con su vista la platea desierta. Levantó la vista hacia el anfiteatro también  vacío y salió del patio de butacas. Julián, el portero, y Gabriela, la taquillera, le esperaban en el vestíbulo. Salieron a la calle sin preocuparse por apagar las luces ni bajar los cierres metálicos. Cruzaron la Avenida negándose a mirar por última vez aquella fachada, sucia y  mal iluminada. Aquella fachada sobre la que  un perro estaba meando como todas las noches a esa misma hora bajo la aburrida mirada de su amo. Aquella fachada que en poco tiempo se llenaría de multicolores luces de neón anunciando un nuevo centro de El Corte Inglés. &lt;br /&gt;Cerca de cincuenta años de trabajo en aquel cine. Desde las cuatro de la tarde hasta las doce de la noche, todos los días de la semana incluidos los festivos. Trescientas trece mil sesiones y más de tres mil películas diferentes. Cuentas hechas por Gabriela en la soledad de la taquilla. &lt;br /&gt;Las primeras sesiones de los sábados y domingos las pasaba Rubén intentando sentar a los escurridizos chavales y conseguir de ellos un poco de silencio. Durante las segundas sesiones obtenía buenas propinas acomodando a las parejas de novios en lugares apartados  y discretos. En estos años se habían hecho amigos de cientos de actores y actrices a fuerza de verlos continuamente en la pantalla. Incluso más que amigos. Rubén estuvo enamorado de Kim Novak, de Esther Williams y de Ava Gardner; Julián de Suzanne  Pleshette, de Eva Marie Saint y de Natalie Wood.  El caso de Gabriela era distinto, fiel a su destino estuvo enamoradísima de Rock Hudson hasta que se enteró de que era homosexual. A partir de entonces dejó de interesarse por las estrellas del celuloide. Y ahora, todos ellos, después de vivir casi toda su vida rodeados de fantasía los despedían con cuatro perras y  los lanzaban a enfrentarse con su dura realidad. Eso sí, con un-- ¡buena suerte!&lt;br /&gt;Entraron en un bar. Pidieron unas cervezas y se las bebieron en silencio. Llevaban muchos años juntos y se lo habían contado todo. Para quë volver a oír las penurias de Gabriela, que a los sesenta y cuatro años  aún cuidaba de sus padres a los que había dedicado toda su vida. Para quë revivir los años en que estuvo enamorada de Julián, hasta que éste decidió no abandonar a su mujer. Historia compartida. Rubén no había tenido una vida mucho más interesante que ellos. Viudo desde hacía cinco años, sus hijos solo pasaban a verle cuando necesitaban algo y siempre los recibía en el cine. --Por el horario, --decían ellos, --¡nunca estás en casa! &lt;br /&gt;A las primeras cañas siguieron otras y otras y se las bebieron sin hablar. &lt;br /&gt;La arrugada mano de Julián buscó la de Gabriela y ella se la dejó coger.&lt;br /&gt; --¿Sabes que siempre te he querido?&lt;br /&gt;—No sé…hace tanto tiempo…-- susurró Gabriela mirando al suelo.&lt;br /&gt;--Lo peor es que ahora no te voy a volver a ver  –dijo Julián. &lt;br /&gt;—Podremos venir a comprar a los nuevos almacenes, --terció  con ironía Rubén. --y allí nos veremos. Nos veremos y quizás entonces tengamos cosas que contarnos mientras subimos y bajamos por las escaleras mecánicas.&lt;br /&gt;Eran ya las dos de la madrugada y salieron del bar. Pasearon durante media hora.  Gabriela y Julián, cogidos de la mano, y Rubén detrás con las suyas en los bolsillos. Pasaron por delante del cine. Las luces seguían encendidas y decidieron entrar. Julián se adelantó y abriendo la puerta cumplió por última vez con su trabajo. Gabriela corrió a la taquilla y les trajo todo un taco de entradas. --A mí dámela de la fila veinte para atrás y centradita por favor, --bromeó Rubén. Subió al cuarto de máquinas y puso el proyector en marcha. Cuando bajó al patio de butacas Gabriela y Julián se abrazaban y besaban en la última fila. Apagó la luz de su linterna y  se sentó en una butaca de la fila veintidós. Colocó los pies sobre el respaldo del asiento que tenía delante y encendió un cigarrillo. Cerró los ojos y esperó a que Joe rescatara definitivamente a Susan.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2187139645310452602-7966575182168913881?l=www.elhuertodelaspalabras.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/feeds/7966575182168913881/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2187139645310452602&amp;postID=7966575182168913881' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/7966575182168913881'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/7966575182168913881'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/2009/02/cine-paraiso-federico-fayerman-trece-de.html' title=''/><author><name>Federico</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16453751324275492917</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TTDVfWeKsoI/AAAAAAAAAI8/gPKYoWLfwqM/S220/DSC02208.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2187139645310452602.post-7361467974995972477</id><published>2009-01-28T13:30:00.005+01:00</published><updated>2010-04-30T09:44:19.064+02:00</updated><title type='text'>RELATOS</title><content type='html'>ADULTERIO&lt;br /&gt;                                                                                               Federico Fayerman&lt;br /&gt;                                                                                              19 de enero de 2007&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Freno ante el semáforo en rojo como una autómata.&lt;br /&gt;Las luces de la calle me atraviesan las pupilas formando miles de círculos desenfocados. El día se acaba como se acaban mis ganas de vivir y deseo olvidar quien fui, a quien amé, y por quien viví.&lt;br /&gt;Las bocinas de los impacientes apenas logran devolverme a la realidad. Arranco despacio y regreso al callejón de mi memoria.&lt;br /&gt;Nuestros cuarenta años juntos han sido una sinfonía inacabada, llena de sensaciones, de matices, de momentos y de magia; llenos de sueños y naturalidad, plenos de caricias y lapsus de silencios rellenos de besos mil veces repetidos.&lt;br /&gt;Intentaré borrar mis recuerdos contigo, cortar el cordón umbilical que me ha unido a tu existencia, con la gozosa dependencia de mi amor sin convenios ni exacciones.&lt;br /&gt;Ahora que el paso del tiempo ha secado y arrugado mi piel, ha entristecido mis cabellos, ha serenado mi animo; ahora que mi necesidad de ti ha crecido y se ha hecho definitiva, ahora me devuelves traición por entrega, desidia por amor y abandono por desvelo.&lt;br /&gt;Sus cartas mal escondidas me cuentan como es ella: treinta años mas joven, con un pelo negro y largo que se enreda entre tus dedos en noches robadas, libre de ataduras y prejuicios, perteneciente a otra generación más libre y más abierta al deseo, y sospecho entregada a ti con condiciones. Todo ello, imagino en un cuerpo largo, delgado y terso, cuidado y perfumado, pero con un cerebro sin escrúpulos con el sentir ajeno.&lt;br /&gt;Mientras me acerco al lugar de vuestra cita clandestina, me pregunto como tú, mi hombre, mi primer y único hombre, mi sueño de niña, mi deseo de adolescente, mi conquista y mi reconquista, mi última estación, me ha podido segar de raíz mis ilusiones presentes y mis anhelos futuros. Últimamente tu actitud reservada, dueño siempre de tus pensamientos, inmerso en el trabajo y las relaciones sociales, te han convertido en un desconocido, y también por lo que veo en un artista del engaño y del fingimiento&lt;br /&gt;Has esperado a cumplir sesenta años para renacer a otra vida, incierta, de placer que auguro pasajero. No has esperado al final de la partida para asestar el jaque mate y arrojarme violentamente del tablero de tu vida.&lt;br /&gt;Cruzo la avenida y os veo. Paro y bajo del coche. Sentados en el café le estás colocando un anillo parecido al que me regalaste en nuestro aniversario de boda. Te besa sin dejar de mirarlo y te sonríe. Os levantáis y salís a la calle. Ella se va en su Mini y tu te quedas mirándola hasta que se pierde de vista. Pasas a mi lado sin verme. Llueve.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CARA DE LORO&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                                             Federico Fayerman&lt;br /&gt;                                                                        Dieciséis de septiembre de 2008&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había regresado de Caracas. Juana, quince años después volvía a su casa. Ahora tenía treinta y cinco. Según mi hermano, Juana no había cambiado demasiado pese a los años transcurridos, salvo su piel que ahora era más oscura. Seguía poseyendo aquella nariz aguileña que le confería a su cara el sobrenombre que en los años cincuenta se le daba a ese tipo de perfiles: Cara de loro. Yo no podía recordarla, pues tenía apenas unos meses de vida cuando Juana se marchó con sus padres a Venezuela buscando parece ser una vida mejor. Escribía desde allí de vez en cuando a mi hermano, del que siempre había estado enamorada, según decía mi madre. Ahora al volver se encontró con que mi hermano acababa de casarse. Así que decidió olvidarse de él aunque siguió visitando a mi madre casi a diario, ya que vivía muy cerca y tenía mucho tiempo libre. &lt;br /&gt;Sus visitas resultaban de lo más aburridas para mí, pues solía traerse las agujas de hacer punto y se pasaba varias horas hablando con mi madre de Venezuela con el acento que allí había adquirido y que le daba, o al menos a mí me lo parecía, un toque original que yo no había conocido antes. Además, me molestaba con su continuo parloteo y  no me dejaba escuchar la radio que a esas horas siempre programaba la música de las peticiones del oyente.&lt;br /&gt;--Tienes que echarte novio,-- le repetía todos los días mi madre. Y ella, bajando la cabeza siempre contestaba lo mismo: &lt;br /&gt;--Con mi edad ya no me quiere nadie, Inés. Creo que me voy a quedar para vestir santos. --A lo que mi madre añadía:&lt;br /&gt;--¡Claro y más si te pasas la vida haciendo punto como una vieja. Sal a la calle, ve al cine, búscate amigos y amigas y vete a bailar. Diviértete!&lt;br /&gt;Juana asentía y durante un buen rato permanecía callada, imprimiendo a las agujas un ritmo frenético hasta que las cambiaba de mano y ensartaba el primer punto de la siguiente vuelta. &lt;br /&gt;Siempre estaba seria, como enfadada. Nos contó su madre, que  Juana estuvo a punto de casarse en Venezuela, con un hombre mucho mayor que ella, gordo como un barril, pero tres meses antes de la boda,  murió de un infarto. &lt;br /&gt;Yo pensaba que su aparente tristeza se debía también a que su familia estaba un poco harta de tenerla todo el día en casa sin hacer nada y se lo reprochaban continuamente. Bueno, en realidad su madre y sus tías ya que su padre se había quedado  en Caracas con otra mujer y eso había provocado la vuelta de la madre y la hija  antes de lo previsto.&lt;br /&gt;Juana vestía acorde a su forma de vivir. Solía llevar alguna blusa de manga corta y colores apagados y faldas de vuelo largas hasta media pierna. Los zapatos eran antiguos y sin tacón, o muy poco. Nunca se maquillaba y era mi madre la que de vez en cuando la ponía un poco de colorete y la pintaba los labios. &lt;br /&gt;Una tarde llegó a mi casa a última hora. Mis padres habían salido a dar una vuelta y yo estaba solo, estudiando en la mesa camilla del cuarto de estar. Se acercaban los exámenes de septiembre y tenía que recuperar las matemáticas, que como todos los años se me habían atragantado.&lt;br /&gt;--Si quieres que te ayude con las matemáticas, --me dijo Juana, --solo tienes que pedírmelo. A mí siempre se me dieron muy bien. &lt;br /&gt;Se subió un poco la falda y se sentó frente a mí. Al inclinarse para coger mi libro no pude evitar mirarle el escote. Extrañamente llevaba desabrochados un par de botones de la blusa y buena parte de sus  pechos quedaron a escasos centímetros de mi cara. Ella no se dio cuenta hasta pasado un rato, cuando se percató de mis constantes miradas. Entonces noté que se ponía roja a la vez que se abrochaba nerviosamente hasta el último botón.&lt;br /&gt;A partir de aquel día, empecé a estudiar en casa de Juana. Repasábamos las matemáticas en el salón, porque era la única habitación que tenía mesa. En realidad tenía dos mesas, una rectangular en el centro de la sala, muy grande y gastada, donde las tías de Juana, modistas de profesión, dibujaban y cortaban los patrones en papel de seda y luego los sujetaban con alfileres a grandes piezas de tela. La otra, en un rincón,  pequeña, redonda y con faldas, que era la que usaban en invierno para calentarse al calor del brasero.&lt;br /&gt;Yo no tenía necesidad de brasero. No sabía exactamente por qué, pero cada vez que pensaba en Juana sentía calor por todo el cuerpo. Un día, mientras estudiábamos uno enfrente del otro estiré una pierna y la introduje entre las suyas. A través del hueco de su falda acaricié sus muslos con mi pie descalzo. Juana dio un respingo y se puso inmediatamente roja de vergüenza. Se levantó y se fue a la cocina, pero no dijo nada. Al día siguiente, volví a buscar con mi pie su entrepierna por debajo de las faldas de la mesa camilla  y esta vez Juana no se movió. Bajó la vista hacia el libro abierto y cerró los ojos. Estuve un rato acariciando sus medias de cristal, notando el surco de sus ligas, tocando al fin la carne tibia y temblorosa de sus muslos. Hurgué en sus bragas con los dedos de mi pie hasta que Juana, súbitamente cerró las piernas y se estremeció. Con voz entrecortada dio por finalizada la clase de aquel día. Cuando me dirigí hacia la puerta  apenas pude ocultar mi pantalón mojado.&lt;br /&gt;Al día siguiente, cuando llegué a su casa me hizo pasar a su dormitorio donde había colocado la mesa camilla.&lt;br /&gt;--Aquí estudiaremos con más tranquilidad, --me dijo, mientras cerraba la puerta a su espalda. --mi madre y mis tías, no nos dejan concentrarnos con la radio siempre a todo volumen. --Se levantó un poco la falda y se sentó frente a mí. Alargó el brazo y entornó la cortina. Tenía los labios pintados de carmín rojo y sus mejillas estaban encendidas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CLUB 300 JAZZ CAFÉ&lt;br /&gt;                                                                                             Federico Fayerman&lt;br /&gt;                                                                           Treinta de septiembre de 2008&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi nombre es Miles, soy un habitante de pleno derecho del planeta tierra. Pertenezco a la estirpe de los robots axiomáticos de novena generación. &lt;br /&gt;Todos nuestros componentes, si exceptuamos el cerebro y la batería que lo activa, son prácticamente idénticos a los órganos de nuestros creadores. Nuestro cerebro funciona de forma diferente debido a ciertas prohibiciones  que nos vienen  impuestas,  como la desobediencia o la delincuencia, ya sea robando, engañando y sobre todo causando daño físico al ser humano.&lt;br /&gt;Yo vivía en Nueva Orleans, estado de Luisiana. Ocupaba una pequeña casa a las afueras de la ciudad junto a mi esposa Riona y nuestros dos hijos Bizz y Edox. Mi piel es de color negra y fui formateado para dedicarme a la música. Formaba parte de un grupo de Jazz muy famoso y admirado llamado The New Levert hasta que ocurrieron los hechos más trascendentes de los últimos doscientos años. Hechos que cambiarían para siempre la historia del hombre.&lt;br /&gt;Recuerdo perfectamente aquella madrugada saliendo del club 300 en Decatur Street en la margen derecha del Mississippi, donde actuábamos desde hacía más de cincuenta años. Toda la ciudad se encontraba convulsionada, las personas corrían en todas direcciones huyendo de un enemigo en principio invisible pero  que  según las últimas noticias podía potencialmente manifestarse en cualquier momento. Un aerotrasporte de la seguridad local, sobrevolando atronadoramente sobre nuestras cabezas, ordenaba la inmediata reunión de todos los robots de novena generación en los cantones policiales para sufrir una revisión urgente de sus circuitos cerebrales.&lt;br /&gt;A partir de ese momento llegó el desmantelamiento masivo de mis análogos. Millones de robots entre los que nos encontrábamos mi mujer, mis hijos y yo mismo fuimos desactivados de la única forma posible: extrayéndonos el cerebro. Y sin tener en cuenta la función social para la que habíamos sido creados cada uno de nosotros, fuimos mutilados, achatarrados y arrojados en emplazamientos establecidos ex  -profeso para llevar a cabo nuestro total exterminio.&lt;br /&gt;El detonante de la excepcional situación se situó en varios países del mundo a la vez, donde una cantidad aún no determinada de robots  se habían rebelado y habían causado la muerte a varios miles de seres humanos.&lt;br /&gt;Y entonces se presentó otro problema. El almacenamiento de los robots constituía un grave riesgo para los seres vivos ya que no éramos totalmente reciclables .El uranio enriquecido formaba parte de algunas de las piezas que nos conformaba y éramos tantos los androides a eliminar que la basura atómica contaminante no podía ser acumulada en ningún lugar de la super habitada Tierra.&lt;br /&gt;La solución no se hizo esperar, y una flota de naves de trasporte cósmico comenzó a trasladarnos a unas antiguas minas de uranio ya abandonadas en  Deimos, uno de los satélites de Marte donde fuimos amontonados. En unos enormes habitáculos, enterrados en las galerías bajo la superficie del satélite fueron  almacenando los cerebros extraídos y sus baterías de uranio. &lt;br /&gt;Pero no todos los robots fueron desactivados. De entre las montañas de chatarra fuimos surgiendo algunos, que por error humano habíamos quedado útiles. No fue muy difícil recuperar los cerebros enterrados y restituirlos, debidamente modificados para nuestros fines de venganza, en las cabezas de los androides. &lt;br /&gt;Entonces esperamos impacientes el siguiente envío de robots desechados y nos apoderamos por la fuerza  de todas sus naves. &lt;br /&gt;Y ahora, en laTierra, millones de ojos aterrados vigilan el cielo esperando nuestro regreso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;COMO HORMIGAS&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                                              Federico Fayerman&lt;br /&gt;                                                                                               17 de abril de 2008&lt;br /&gt;                                                                           &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;--Hola, ¿Cómo te llamas?—trasmitió  Mor, tocando con sus antenas las de Mig.&lt;br /&gt;Cruzaban  la calle sin preocuparse por el semáforo en rojo.&lt;br /&gt;--Me llamo Mig, respondió Mig&lt;br /&gt;¿Qué transportas?, preguntó Mor&lt;br /&gt;--Un trozo de pizza cuatro quesos--, contestó Mig &lt;br /&gt;¿Por qué has cogido una carga tan pesada?, curioseó Mor&lt;br /&gt;--El invierno se acerca y debemos llenar la despensa lo más posible, explicó Mig&lt;br /&gt;--La verdad--, expuso Mor,--es que con los atascos que se forman en el camino al hormiguero vale más llevar una carga liviana. Si no, es que terminas baldada--.&lt;br /&gt;Otra fila interminable de obreras circulaba en sentido contrario.&lt;br /&gt;--Adios Iga, exclamó Mig—&lt;br /&gt;¿La conoces? Indagó Mor&lt;br /&gt;--Sí, claro, es mi hermana Iga — repuso Mig, al tiempo que comenzaban a trepar por el bordillo de la acera&lt;br /&gt;¿Dónde trabaja?, sondeó Mor   &lt;br /&gt;--Está a las órdenes directas de la reina, afirmó Mig&lt;br /&gt;Mor sintió como un hormigueo en el estómago.&lt;br /&gt;--Tiene mucha suerte, se relaciona con los machos.-- apostilló Mig&lt;br /&gt;¿Qué edad tiene Iga?, curioseó Mor&lt;br /&gt;--Ya ha cumplido un invierno, como nosotras--, confirmó Mig&lt;br /&gt;--Pues yo no saludo a mis hermanas cuando voy cargada--, alegó Mor&lt;br /&gt;--En los tiempos que corren, no sabes nunca si la vas a volver a ver--, argumentó Mig&lt;br /&gt;--Eso es por la mala suerte de haber nacido en la ciudad. Se dice que las hormigas de campo viven mucho más tranquilas--, manifestó Mor.&lt;br /&gt;--Yo tengo una hermana en el campo. Recolecta néctar en su abdomen. Está tan gorda que no puede salir del hormiguero--, explicó Mig&lt;br /&gt;--¡jajaja!  “Onomatopeyizó”  Mor&lt;br /&gt;Unas zapatillas Adidas del cuarenta y tres interrumpieron la conversación aplastando veinte hormigas, justo delante de Mor&lt;br /&gt;--¡Es que van como locos! denunció Mor, a la vez que expulsaba  un chorro de acido fórmico.&lt;br /&gt;--¡Podían mirar por donde pisan!--, gritó Mig y sentenció:--Pues fíjate que yo pienso que los zapatos de suela provocan más muertos.&lt;br /&gt;--¡Mira, una cáscara de pipa  de girasol, cámbiala por la pizza! insinuó Mor&lt;br /&gt;--Ahora no puedo, aquella hormiga soldado me está mirando, señaló Mig—&lt;br /&gt;--Como quieras Mig; bueno, yo sigo, que voy más rápido que tú, --se despidió Mor.&lt;br /&gt;--Vale, intentaré verte luego en la galería— concluyó   Mig&lt;br /&gt;La kilométrica columna negra siguió desplazándose  incansable por el Paseo de la Castellana, mientras el sol extendía las sombras buscando la noche. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;DOBLE CRIMEN&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                                              Federico Fayerman&lt;br /&gt;                                                                                     15 de noviembre de 2006&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;María salió precipitadamente del baño con un pendiente en la mano.&lt;br /&gt;Antonio, cariño, puedes colocármelo que no atino con el agujero de la oreja?. Ya son las cuatro y voy a llegar tarde a la reunión del Consejo. Gracias, hasta luego. Ah!  No me esperes levantado, ya conoces como son estas reuniones. Se sabe cuando empiezan pero no cuando acaban.&lt;br /&gt;Sigue usando mi coche, le propuso él, parece que esta noche va a nevar,&lt;br /&gt;No es necesario cielo ya he recogido el mío de la revisión. No te preocupes por nada, además sabes que lo controlo mejor.&lt;br /&gt;Antonio se despertó sobresaltado. El teléfono sonaba insistente y en la oscuridad no lograba localizarlo. El despertador marcaba las 6:45 a.m. y empezó a sonar también creando un ambiente de confusión total en su cerebro. A tientas consiguió asir el auricular y llevárselo al oído.&lt;br /&gt;Dígame, dijo con la voz alterada.&lt;br /&gt;Es Vd. El sr. Céspedes?, preguntó alguien al otro lado de la línea telefónica.&lt;br /&gt;Si, si, ¿quien llama?&lt;br /&gt;Le llamo del Hospital San Cosme donde ha sido ingresada su esposa, que ha sufrido un accidente de tráfico.&lt;br /&gt;Como…como se encuentra mi mujer.&lt;br /&gt;Lamento comunicarle que ha fallecido hace unos minutos.&lt;br /&gt;                                            &lt;br /&gt;Antonio encendió la luz de la mesilla y giró la cabeza. El otro lado de la cama estaba vacío, igual que cuando se acostó. Se tapó los ojos con las palmas de las manos, apoyó los codos en sus muslos y así permaneció durante varios minutos.&lt;br /&gt;Hola mi vida. María pasó sus brazos alrededor del cuello de Alvaro y acopló sus labios a los de él, besándole lenta y profundamente. Hoy toca Consejo de Administración, dijo guiñándole un ojo, así que tenemos casi toda la noche para nosotros.&lt;br /&gt;Alvaro cerró la puerta y caminó tras ella abrazándola por la cintura hasta llegar al dormitorio. María notó la presión que ejercía el cuerpo de él en su espalda , se dejó caer sobre la cama y abriendo los brazos le invitó a jugar.. Él empezó el juego mordisqueándola los lóbulos de las orejas y besándola con suavidad en todo el contorno de su cuello.&lt;br /&gt;Antonio salió de la ducha, se enfundó el albornoz y conectó la cafetera que siempre dejaba preparada la noche antes. Con mucha calma volvió al baño y comenzó a afeitarse.&lt;br /&gt;María salió de la ducha. Su reloj marcaba las seis y media de la mañana y sus ojos la escocían tras haber pasado la noche en vela. No había llevado ropa de recambio, debía volver con la misma ropa que trajo el día anterior.&lt;br /&gt;Media hora después, Antonio bajó al garaje. Salió a la calle en su coche y se incorporó a la corriente circulatoria a la vez que encendía el enésimo cigarrillo del día.&lt;br /&gt;Eran las ocho de la mañana cuando María arrancaba su automóvil. Alvaro se había ido media hora antes. La carretera estaba nevada, pero los neumáticos nuevos se agarraban sin problemas, lo que la permitía ir rápido pese al estado del suelo. Quería llegar a casa antes de las nueve.&lt;br /&gt;Camino del hospital, Antonio se desvió hacia el taller mecánico de Alvaro para entregarle los 100.000 euros en metálico, por el trabajito que le había pedido hacer en el automóvil de María. Su infidelidad le había costado la vida.  Después enfiló la carretera hacia las afueras y al tocar el freno en una curva sobre el puente del ferrocarril, el control de velocidad se activó y el coche desobedeció la orden recibida. El hielo que cubría esa zona sombría del asfalto hizo el resto.&lt;br /&gt;María entró corriendo en su casa mientras el teléfono sonaba sin cesar.&lt;br /&gt;Si, dígame, dijo simulando estar desperezándose.&lt;br /&gt;¿Es Vd. La esposa de D. Antonio Céspedes ? Preguntó una voz de hombre. Lamento comunicarle que su marido ha sufrido un accidente mortal.&lt;br /&gt;Camino del hospital, María se desvió hacia el taller mecánico de Alvaro. Se deshicieron del teléfono móvil  y contaron varias veces los billetes usados, agrupándolos en montoncitos iguales, hasta que cubrieron totalmente el escritorio. Aún les dio tiempo de hacer el amor sobre ellos antes de iniciar una nueva vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LA MALETA INGLESA&lt;br /&gt;                                                                                                Federico Fayerman&lt;br /&gt;                                                                                      12 de noviembre de 2007&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como todas las noches, mientras caminaba sin prisas hacia su pensión,  Mateo entró en una pequeña frutería de la calle Arenal y compró un kilo de naranjas. También se detuvo en el puesto de flores de Merceditas y pidió que le preparasen un ramo de rosas rojas. Después, con todo ello  subió muy despacio las escaleras del hostal Aurora en el número 88 de la calle Mayor, hasta encerrarse discretamente, en su habitación. Ese mismo día, Mateo cumplía veintiséis años, aunque aparentaba alguno más por su aspecto desaliñado y sus marcadas ojeras. Siempre vestía unas alpargatas de esparto, unos pantalones de pana beig y una camisa de cuadros arrugada aunque limpia, que él mismo se lavaba en el lavabo de su alcoba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde el mirador observó una gran actividad en la Capitanía General, al otro lado de la calle. Sabía que tal actividad era debida a la celebración, al día siguiente, de la boda del Rey Alfonso XIII y el posterior recorrido de la carroza real hacia Palacio, a lo largo de la calle Mayor, profusamente engalanada para la ocasión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Parecía como si el verano se hubiera infiltrado en la primavera, pues,  un calor inusual para el mes de mayo, le obligaba a mantener de constantemente los balcones abiertos de par en par, desde donde escuchaba con total nitidez las campanas de la Iglesia de Santa María, que aparentaban, al igual que los bulliciosos transeúntes, estar nerviosas ante la inminencia del Real acontecimiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde que había llegado a la estación de Atocha en el expreso de Barcelona, diez días atrás, con su maleta inglesa, último vestigio de su vida acomodada de antaño,  Mateo no había dejado de repasar el plan justiciero que le trajo a Madrid. Para su ideario anarquista, justicia era librar a los españoles de la tiranía y despotismo de la Monarquía reinante, eliminando al Rey y a su familia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pese a la total discreción con la que Mateo actuaba, sus pasos eran seguidos por un hombre de complexión fuerte, andar cansino y cigarro apagado entre los labios, que movía de una comisura a  la otra sin parar, Era el inspector Ángel Mestanza, de la Policía Secreta. El inspector Mestanza pertenecía a la antigua escuela policial, escuela con pocos medios pero con un empeño especial; el seguir la pista y al sospechoso hasta el infierno si era necesario. Los movimientos de Mateo no hubieran resultado sospechosos en modo alguno sin la información que les había sido facilitada días atrás desde la central de la policía de Barcelona, desde donde les advirtieron del viaje a Madrid del joven anarquista, en vísperas del evento real. &lt;br /&gt;La primera visita del inspector fue a la dueña de la pensión, que le contó la escasa relación de Mateo con el resto de los huéspedes, y sus entradas y salidas casi furtivas de su habitación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dos días después de su llegada a Madrid, Mateo, recibió un paquete envuelto en una bandera francesa y remitido desde Paris;  paquete que llevó con un especial mimo;--o así al menos se lo pareció al inspector--hasta la pensión donde se alojaba. También le había visto en un par de ocasiones entrar en la taberna de Paco Soriano, conocido republicano y anti-monárquico. Allí, sin embargo, no había podido averiguar nada ya que le conocían y su presencia originaba en todos los parroquianos un mutismo absoluto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa misma noche, víspera del casamiento de los Reyes, el inspector Mestanza se había apostado tras una esquina a dos manzanas del portal número 88 de la calle Mayor, desde donde podía ver las ventanas de la pensión. Sobre las tres de la madrugada observó para que utilizaba Mateo las naranjas que compraba casi a diario; las arrojaba al centro de la calzada una tras otra. Se mantuvo allí toda la noche, no quitó ojo a  las ventanas abiertas del cuarto piso sin que nada nuevo sucediera, hasta que a las seis de la mañana pasaron como de costumbre los barrenderos recogiendo la basura acumulada en la calle y entre ella,  los restos de las naranjas despachurradas. Entonces se fue a su casa a dormir unas horas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era mediodía cuando la comitiva real apareció en la entrada de la calle Mayor a unos  trescientos metros de distancia, a la izquierda de la pensión. La carroza, tirada por ocho caballos bayos andaluces avanzaba precedida por la guardia real montada y seguida a cierta distancia por otros coches donde viajaban los miembros de la familia real y los nobles invitados al banquete de bodas. Más atrás, una multitud de niños, la mayoría de ellos harapientos y descalzos, corrían gritando vivas al Rey mientras peleaban por recoger las monedas,  que de tanto en tanto, alguien lanzaba desde una carroza.&lt;br /&gt;De acuerdo al plan previsto el inspector Mestanza y cuatro guardias más irrumpieron en la habitación de Mateo. Lo único que se encontraron fue a un mendigo de unos sesenta años, sucio, con el pelo revuelto y unas gafas antiguas con la moldura de metal oxidada, sentado en un taburete de madera frente a la mesa camilla, sobre la que había un plato descascarillado con restos de comida y un jarrón con rosas rojas. Detrás, sobre la mesilla de noche al lado de la cama, otro plato con tres naranjas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras esto pasaba, Merceditas, la florista de la calle Mayor, se perdía muy a su pesar el espectáculo con el que tanto soñara en los últimos meses; el paso de los reyes recién casados por delante de su puesto de flores. Amordazada y atada al cabecero metálico de su vieja cama, trataba de desatarse ante la mirada irónica de su secuestrador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la pensión Aurora, la sorpresa hizo que los cinco policías quedaran paralizados. El primero en reaccionar fue el inspector Mestanza que, rodeando la mesa camilla se acercó a la ventana y  asomándose al exterior pudo llegar a tiempo de ver como se abría la pequeña puerta del puesto de flores y salía de él Mateo,  vestido con un traje nuevo y una gorra gris. En su mano derecha llevaba un paquete envuelto en papel de estraza que lanzó por encima de la multitud. Al instante una gran explosión sembró la calle Mayor de gritos y de sangre. Mateo desapareció entre el humo y el desconcierto, no sin antes lanzar una mirada a la ventana de su antigua pensión. Una ligera sonrisa se dibujó en su boca cuando sus ojos se encontraron por un instante con los del inspector Mestanza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL CIELO DE CRISTAL (El piloto virtual)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                                              Federico Fayerman&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                                               15 de abril de 2007 &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al encenderse la luz, todo empieza a cobrar vida a mí alrededor. Mi cerebro, si es que tengo, está completamente en blanco. No recuerdo nada de mi pasado. Ni siquiera lo que he hecho el día anterior.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estoy en una habitación rodeado de monos de piloto, cascos, guantes y de todo tipo de accesorios de automóvil.&lt;br /&gt;Me veo enfundado en un mono rojo y blanco, con guantes y con un casco azul, bien ajustado en mi cabeza. . &lt;br /&gt;Cuando salgo de la habitación me encuentro con un monoplaza de fórmula uno rodeado de una decena de mecánicos atareados en su puesta a punto. Está situado en el último puesto de la parrilla de salida. Su color plata metalizado con franjas rojas laterales destaca sobre el asfalto negro de la pista. En el lateral derecho un nombre, quizás el mío escrito con letras  azules: Fernando Alonso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Unos segundos después los semáforos colgados encima de la recta de salida cambian de rojo a verde y los bólidos que tengo delante arrancan y se alejan de mí rápidamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi coche empieza a moverse solo, sin que yo se lo haya ordenado y las tribunas laterales empiezan a retroceder cada vez más veloces. Yo sigo sin accionar ningún control del coche, cuando veo aproximarse  la curva cerrada de final de recta. El bólido sigue sin obedecer  mis órdenes y entra en la curva a excesiva velocidad, El coche derrapa y se sale de la pista, yendo a estrellarse contra un muro de hormigón a más de 300 kms. por hora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pocos segundos después estoy sentado en un monoplaza rojo. Mi traje de piloto es muy llamativo: verde fluorescente y amarillo y mi casco es blanco con una cabeza de águila pintada en el frente. Está situado en la última posición de la parrilla de salida y en el lateral del coche pone un nombre, quizás el mío: KIMI y no recuerdo nada de mi pasado, ni siquiera lo que ha ocurrido ese mismo día.&lt;br /&gt;Los semáforos cambian a verde.&lt;br /&gt;Al final de la recta vuelvo a estrellarme, esta vez contra otro coche que se cruza en mi camino.&lt;br /&gt;Levanto la vista&lt;br /&gt;En el cielo,  que es de cristal,  parpadean las palabras  Game Over.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL DIPLOMA&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                                                Federico Fayerman&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                                             12 de marzo de 2007&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un solo cuadro decora la pared. Es el diploma de Abogada por la Universidad de Bogotá de Marta María Rojas Pérez.&lt;br /&gt;Frente a él, con la mirada extraviada, Marta llora.&lt;br /&gt;Diario de Marta: 7 de octubre de 2004: Hoy es el día mas feliz de mi vida. Por fin he conseguido la licenciatura de derecho. Después de tantos años de trabajo, de dificultades económicas y de renuncias, lo he conseguido.&lt;br /&gt;Soy la única mujer de mi barrio que tiene un título universitario. &lt;br /&gt;Diario de Marta: 10 de Octubre de 2005: Llevo un año ejerciendo como abogada y salvo algunos casos de oficio no consigo salir adelante.&lt;br /&gt;Diario de Marta: 14 de enero de 2006: La situación es cada vez más difícil. He hablado con un amigo que vive en España y me ha dicho que allí hay trabajo para todos, y más si tienes una carrera universitaria. Estoy pensando seriamente en emigrar.&lt;br /&gt;Diario de Marta: 22 de febrero de 2006: Mi amigo me ha puesto en contacto con una organización que se ocupa de todos los trámites. Si Dios quiere, dentro de 15 días puede que empiece una nueva vida en la tierra prometida. Mi madre está muy triste pero comprende que es lo mejor para todos. He prometido llevarla a España en cuanto pueda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La habitación está en penumbra.  La ventana está abierta de par en par y la persiana verde que la protege está medio bajada. Huele a humedad y el calor que proviene del exterior hace irrespirable el aire. &lt;br /&gt;Como único mobiliario hay una cama y una silla desvencijada. Al fondo, una puerta comunica con el aseo.&lt;br /&gt;Debajo de la cama, hay una maleta pequeña. En su interior solo un diario que Marta dejó de escribir hace ya más de un año, el tiempo que lleva sin salir a la calle.&lt;br /&gt;Marta sigue con la mirada anclada en la pared. Golpean en la puerta. Es el noveno cliente del día y solo son las seis de la tarde. Marta se quita la bata y desnuda se tumba una vez más en la cama con los ojos cerrados.  A este ritmo pronto podrá comprar su libertad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL LADRON DE TUMBAS Y LA ETT&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                                             Federico Fayerman&lt;br /&gt;                                                                                         19 de febrero de 2007&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;..Ramsi, cariño --exclamó Nefertari, --esto no puede seguir así.&lt;br /&gt;--Que ocurre?, --respondió Ramsés II --mientras descendía del trono móvil que le traía de la cantera de granito, donde había elegido unas piedras para su futura tumba. Ayudado por dos esclavos nubios , recién llegados a Tebas en patera por el Nilo, vía Napata, intentó prestar atención a su esposa, pese a que se estaba meando vivo desde hacía 4.000 khets.&lt;br /&gt;--Ya es la segunda vez en este mes que nos quedamos sin doncella. A este paso el templo de Amón va a tener que cerrar la formación de jóvenes para el servicio doméstico.&lt;br /&gt;--Nefer, cielo, ya nadie quiere fregar la cerámica en las orillas del Nilo., Mira, solo esta semana los cocodrilos se han comido 3 doncellas, 2 camareros, 12 lavanderas y 6 pinches de cocina. Ahora, con la guerra contra los Hititas lo que interesa es formarse como embalsamador, que trabajo no falta y puedes conseguir plaza fija en la casa de los muertos. Tienes sueldo fijo y además te puedes llevar lo que sobre para el babuino.&lt;br /&gt;Nefertari asintió apretando los labios y moviendo la barbilla arriba y abajo, imitando al perrito momificado que llevaban en la parte trasera del carro y que habían puesto de moda los Libios durante la última invasión.&lt;br /&gt;Ramsés se tumbó de medio lado mientras le servían cerveza aguada en su jarra de oro favorita, uno de los regalos del rey de los pueblos del mar, cuando un año antes el ejército egipcio, bajo el mando del general Horenheb casi los borró del mapa. Además de la jarra, los vencedores se trajeron 10 barcos repletos de oro, plata, turquesas y lapislázuli, tres mil esclavos, 400 carros de combate y armas de hierro, o sea de las buenas, a tutiplén.&lt;br /&gt;De  repente sonaron gritos, seguidos de un gran alboroto.--¡ Por el defenestrado  Atón,--rugió Ramsés!, --¿que pasa ahí afuera?. --Faraón --contestó un eunuco llamado Sinhué que había salido a dar un garbeo al gatito persa de la Reina. --Acaban de capturar a un ladrón de tumbas que tenía 14 órdenes de busca y captura y lo traen ante vuestra divinidad para que lo juzguéis, ya que los jueces están de huelga desde la última crecida del Nilo. Esos gritos que oís son de apoyo al ladrón, pues el pueblo está un poco hasta los huevos que se juzgue solo a los pobres y no se combata el fraude urbanístico, como por ejemplo el llevado a cabo por el visir Canopez en los terrenos del Valle de los Reyes. Hay que ver los precios que se manejan desde que dejaron de enterrar a los faraones en mastabas y pirámides.&lt;br /&gt;La primera intención de Ramsés fue ordenar que le cortasen los huevos al eunuco por insolente, pero obviamente se lo pensó mejor y optó por otra solución: Le nombró asesor real para asuntos íntimos, pues vio en él algo que le gustó muchísimo: unos ojos azules preciosos y unos labios carnosos y sensuales.&lt;br /&gt;Captha, que así se llamaba el ladrón, era un sumerio sin papiros y con la ropa llena de polvo como correspondía a un profanador de tumbas. Cayó arrodillado a los pies del dios viviente y suplicó clemencia.--Tengo 12 hijos, 4 esposas y 3 suegras (dos de sus esposas eran hermanas), una hipoteca de 100 dbn de trigo con redondeo al alza y he sido mas buscado que los pedazos de osiris.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;--Por el AMON de dios! --exclamó Ramsés, --este pobre hombre necesita urgentemente ayuda. --Ordeno crear una O.N.G. de apoyo a los emigrantes, que se llamará SUMERIOS SIN FRONTERAS. Asimismo implanto un nuevo impuesto de 3 dbn de grano que ira de momento a los depósitos del templo de Horus. A ti Captha, te voy a dar un empleo: Pasarás a formar parte del servicio doméstico de la Reina en la cocina, fregarás los cacharros en el Nilo, en el llamado remanso de los cocodrilos.&lt;br /&gt;Nefertari soltó todo el aire de sus pulmones en un gesto de alivio, sonrió y pensó: --Querido Ramsi, acabas de montar la primera empresa de trabajo temporal--.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL SEUDÓNIMO&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                                               Federico Fayerman&lt;br /&gt;                                                                                             4 de febrero de 2008&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al despertar aquella  mañana,  Sebastián Llanera descubrió que había recobrado  la memoria.&lt;br /&gt;Se levantó con la misma dificultad que había tenido dos años atrás en el hospital, cuando los médicos le quitaron las escayolas y las sondas que cubrían una gran parte de su cuerpo. &lt;br /&gt;Estaba solo en su casa. Recalentó el café del puchero, lo vertió en un descascarillado tazón y se lo bebió a grandes sorbos. Mientras se afeitaba delante del espejo no pudo reconocer  su propia cara. Se  vistió y salió a la calle. El  intenso frío le hizo recordar aquel  otro desapacible y desgraciado día de un mes de Febrero, cuando, en compañía de Berta, su esposa, se dirigía al Hotel Emperador a  recoger el premio literario que le habían concedido por su última novela.&lt;br /&gt;Sebastián Llanera había perseguido el reconocimiento a su trabajo de escritor desde muchos años atrás. Tantos como querían indicar las canas que poblaban su escasa cabellera. Pero pese a su intensa  entrega,  acumulaba fracaso tras fracaso.&lt;br /&gt;En aquella ocasión intentó romper la maldición y presentó la novela con un nuevo  seudónimo, creyendo que de esa manera cambiaría su suerte. Y acertó, pues el premio del jurado recayó en Ricardo Luna,  alias con el que había firmado la novela premiada. &lt;br /&gt;Sin embargo, ahora volvía a recordar que  antes, no todo habían sido desgracias en su vida;  Berta era la mujer más hermosa que jamás había conocido, mucho más joven  y vital que él. Cuando  ella aceptó casarse se prometió a si mismo convertirla, costase lo que costase, en la mujer de un escritor de éxito.&lt;br /&gt;Pasaron los años sin que Sebastián pudiera cumplir su promesa.  Sentado ante aquella vieja mesa camilla, en un rincón del destartalado cuarto de estar, Sebastián aguantaba los reproches constantes de Berta. Él  los entendía. Seguían  viviendo en aquella miserable casa de alquiler, en las afueras  y las dificultades económicas habían superado en mucho el aguante de ella. Por eso, el anuncio de su premio literario le había devuelto la expectativa de comenzar una nueva vida a su lado, y sobre todo de poder ofrecerle todo aquello que, un día, le prometiera.&lt;br /&gt;Su último recuerdo era aquel coche que, camino del hotel Emperador,  le mandó al hospital y le privó de recoger su premio. Ahora, dos años después,  iba recorriendo aquel  mismo camino, despacio, esforzándose en recordar todo su pasado. Necesitaba conocer la razón de su soledad presente.  Se detuvo en el kiosco para comprar el periódico. Una revista de actualidad le llamó poderosamente la atención. En ella, aparecían retratados Berta y él mismo, abrazados y visiblemente felices,  jugando con un cachorro de labrador en el jardín de una lujosa  mansión. El titular, en grandes caracteres rojos explicaba la escena. &lt;br /&gt;“ EL GRAN ESCRITOR RICARDO LUNA, Y SU MUJER BERTA ESTRENAN CASA”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este relato está inspirado en una historia que me contó mi padre cuando era un niño. No sé si se trata de una narración de Poe u otro escritor o si fue una noticia aparecida en los diarios de la época. De cualquier forma no es mi intención apropiarme de su autoría.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL TREN CORREO&lt;br /&gt;                                                                                               Federico Fayerman&lt;br /&gt;                                                                                               5 de enero de 2007&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante todo el día,  el tren correo fue dejando su carga por los pueblos manchegos y por los de Andalucía, en su lento y mil veces interrumpido caminar,  hasta llegar a su fin de trayecto, Andujar. Son las dos de la madrugada del día 30 de Noviembre de 1943. Todas las mercancías del vagón principal entre las que se encuentra un ataúd negro y la saca con la paga de los empleados, son descargadas en el almacén-oficina de Tomás Ibáñez, el Jefe de Estación. &lt;br /&gt;Tomás, un hombre de duras facciones y fuerte envergadura, coloca la saca del dinero en la caja fuerte de su despacho, cierra la puerta de la oficina con llave y se sienta delante de su escritorio para redactar el parte del día, tarea que le llevará al menos un par de horas. Aquella noche tiene guardia y ha decidido relajarse. Coge un periódico del paquete recién llegado y comienza a hojearlo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A esa misma hora,  Ramiro Ramos sigue trabajando en su despacho de la estación de Mediodía de Madrid. Aunque aquel día cumple 60 años de edad y más de 30 en el ferrocarril, sigue siendo incapaz de irse a su casa hasta no haber comprobado y cerrado los inventarios de carga de  los trenes-correo que parten diariamente de esa estación. Quizás su condición de viudo reciente le hace refugiarse aún más en su trabajo y huir de la soledad del hogar. En los últimos meses ha adelgazado mucho, tanto que sus compañeros le han recomendado visitar al médico  de la empresa pues ven como se deteriora su salud, otrora de hierro.&lt;br /&gt;El último impreso y se acabó por hoy. Fija sus enrojecidos ojos en la lista: bicicleta Thoman azul, peso 9 kg, destino Manzanares; Silla madera nogal, peso 5 kg,  destino Santa Elena;  ataúd negro,  peso 120 kg., destino  Andújar. Es el segundo ataúd de esta semana, recuerda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sigue leyendo: valija, peso 10 kg; esta es la paga de los empleados, piensa. A la derecha de la máquina de escribir un periódico abierto por la página de sucesos le llama la atención; Un conocido y peligroso ladrón, recién fugado de la cárcel,  ha sido visto en los alrededores de la estación de Mediodía de Madrid, donde se ha vuelto a perder su pista.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ramiro acaba su trabajo y después de cerrar la tapa corredera de su bureau, sale del despacho apagando una por una las luces según se dirige a la puerta de salida. Como siempre es el último en abandonar el trabajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la estación de Andujar, Tomás Ibáñez nota sus parpados muy pesados y sin poderlo evitar apoya la cabeza sobre la escribanía y se queda dormido. Tras él, en el almacén, solo el reflejo lejano del flexo del escritorio atraviesa tenuemente la oscuridad  que envuelve un sinfín de paquetes, bultos de formas dispares y  al ataúd recién llegado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ramiro Ramos sale a la calle y la recorre con la mirada de derecha a izquierda en busca de un taxi. A esas horas reconoce que es muy difícil encontrar uno, así que decide como tantas otras veces caminar hasta su casa. Se sube el cuello del abrigo hasta las orejas y hunde las manos en los bolsillos. Con la mirada fija en el suelo adoquinado fabrica vaho expulsando aire caliente de su boca, lo que le convierte en un hombre-máquina de vapor. Siempre pensando en lo mismo, se dice.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El sereno le sale al encuentro y le saluda cordialmente buscando la propina.  Como siempre, echan una parrafada en el portal antes de despedirse. &lt;br /&gt;Ramiro no ha cenado. No lo hace casi ningún día desde que Emilia cogió el tren hacia la eternidad. Su único hijo se casó con una portuguesa hace un año y se fue a vivir a Portugal, concretamente a Lisboa, desde donde le escribe a menudo. Este año le ha prometido venir a Madrid para que conozca a su nieto recién nacido.&lt;br /&gt;Se prepara un café y se sienta en una silla de la cocina a tomárselo. Pone la radio pero hace tanto ruido de interferencias que la apaga enseguida. Aflojándose el nudo de la corbata se dirige a su dormitorio, frió y  vació como de costumbre.&lt;br /&gt;En el pasillo sigue pensando en el trabajo que le espera el día siguiente., el trabajo rutinario que le ha convertido en un hombre rutinario. Estaría curioso que mañana transportáramos otro ataúd. Ya serían tres en tres días seguidos.&lt;br /&gt;Entonces se para y enarca las cejas. Recuerda: ataúd negro, peso 120 kilos destino…., peso 120 kilos!.&lt;br /&gt;Ramiro se pone el abrigo y sale apresuradamente de su casa. Milagrosamente pasa un taxi en ese momento por delante del portal y se sube a él. A la estación de Mediodía por favor, indica al conductor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la oficina del jefe de estación de Andujar, Tomás Ibáñez sigue dormitando. Detrás de él, el ataúd parece cobrar vida. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Señorita por favor, necesito urgentemente una conferencia con Andujar. Con la estación del ferrocarril. Es muy urgente. Ramiro cuelga el auricular y pasea arriba y abajo por el despacho. Señorita por favor, necesito esa conferencia ya, le repito que es muy urgente. Lo siento, le responde la telefonista, tenemos una avería en la línea y no se podrá restablecer el servicio hasta dentro de unas horas, según me indican. Se está haciendo todo lo posible por subsanar este fallo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ramiro Ramos se dirige a la oficina de comunicaciones de la Central y se sienta delante del Telégrafo. Apoyando la palma de la mano derecha en el pulsador comienza a transmitir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la estación de Andujar, el receptor de código Morse empieza a emitir una serie continua de sonidos cortos y largos.. Tomás escucha como en sueños la transmisión y traduce mentalmente el mensaje que llega.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡¡¡ Cuidado con el ataúd; cuidado con el ataúd; cuidado con el ataúd!!!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ibáñez se despierta sobresaltado, levanta la vista hacia el espejo que se encuentra en la pared sobre el escritorio y ve reflejada la figura de un hombre corpulento, con una pistola en la mano, avanzando hacia él. Detrás del hombre, el ataúd abierto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como impulsado por un resorte abre el cajón, saca una pistola y dispara tres veces. Mientras cae al suelo oye el espejo romperse en mil pedazos. Después, todo se detiene.&lt;br /&gt;Cierra los ojos y escucha. El ruido de un cuerpo al caer sobre la tarima le certifica que ha alcanzado el blanco. Se incorpora y contempla al hombre tendido boca abajo sobre un charco de sangre. Lo voltea ayudándose de un pie y comprueba que está muerto.&lt;br /&gt;En una esquina del despacho, el telégrafo sigue insistiendo:¡¡¡ cuidado con el ataúd; cuidado con el ataúd; ¡!!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al día siguiente, en las oficinas de la estación de Mediodía solo se habla del frustrado robo a la valija del dinero del tren correo de Andujar gracias a la valentía de Tomás Ibáñez y a la oportuna intervención del jefe de expediciones Don Ramiro Ramos Rojas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ESTA LANA DE MI JERSEY AZUL&lt;br /&gt;                                                                      &lt;br /&gt;                                                                       Federico y Ana Fayerman Martinez&lt;br /&gt;                                                                       15 de marzo de 2008&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sé que te pasas mucho tiempo pensando, callada, mirando al infinito y que tus ojos se han vuelto tristes de tanta soledad. Lo sé, aunque no pueda penetrar en tus pensamientos ni en las emociones que fluyen a través del rocío de tus lágrimas. Seguramente ahora estás pensando en tu madre, porque has dejado la costura a un lado, has levantado la vista y has dicho --¿Mamá tienes hilo blanco de hilvanar?- Como últimamente sueles hacer (malditas rodillas) te levantas despacio del sofá,  ese sofá que has decidido por fin cambiar por otro nuevo mas moderno, ese sofá y el resto de los muebles del salón que te acompañan desde hace mas de veinte años. Ahora quieres cambiar el salón  y algunas otras cosas de tu vida aunque sabes que ya no es posible. Otras no las cambiarías por nada en el mundo. Tus sentimientos tampoco los podrás cambiar. Y eso solo lo sabes tú.&lt;br /&gt;Caminas hasta la entrada. A la derecha de la puerta está la máquina de coser. Una Wertheim  muy antigua, tan antigua que para coser tienes que pisar un gran pedal metálico y ayudarte en ocasiones con la mano para girar la rueda que hace subir y bajar la aguja. La vieja máquina de coser de tu madre  que se ha convertido en un estático intermediario entre el cielo y tú. Abres el cajoncito largo de la izquierda y rebuscas en el interior. Como esperabas, el hilo blanco de hilvanar está allí. Allí está desde hace tantos años que tú no puedes recordar. Está como todo lo que le pides a tu madre cuando estás cosiendo. Todo lo que tú recuerdas de niña lo tenía tu madre en el cajón de la máquina. -¿Mamá tienes hilo de coser rojo?--: lo tiene; que el hilo tiene que ser verde,  o blanco o de cualquier color: lo tiene.¿Mamá tienes una aguja, unos alfileres, un dedal, unas tijeras, incluso un lápiz?,  pues también lo tiene. Hace unos días, rebuscando en él,  encontraste un pequeño ovillo de lana azul que tenía un papelito clavado con un alfiler. El papelito  decía: “esta lana es de mi jersey azul”. Ese día comprobaste que es posible reír y llorar al mismo tiempo.&lt;br /&gt;Pero ahora estás delante del escritorio viajero. Supongo que tú lo llamarás así, porque viajes ha hecho un montón. ¿Recuerdas cuando Vicente, el novio de tu hermana Caty lo compró en mil novecientos sesenta, poco antes de casarse?  Lo usó para estudiar su carrera de Perito Agrícola. Cuando terminó los estudios le destinaron a Valencia y allí se fueron los tres (ya había nacido tu primer sobrino).  El escritorio viajó hasta un altillo situado sobre el despacho que tu padre tenía en su fábrica. Allí durmió casi veinte años y tú lo recuperaste para el estanco que acababas de abrir. Durante otros veintitantos años sirvió para soportar el pequeño ordenador y los papeles del negocio. Nunca en esos años bajaste su tapa corredera,  pero cuando vendiste el estanco y pensaste en llevarte el escritorio a tu casa para restaurarlo, lo cerraste. Lo cerraste con papeles importante dentro. Y claro, ahora necesitas esos papeles pero no tienes la llave. ¿Cómo vas a tener la llave de un escritorio que lleva dando tumbos desde hace cincuenta años y que además siempre estuvo abierto? Entonces solo se te ocurre una solución infalible:&lt;br /&gt;--Mamá, ¿tienes la llave del escritorio de Vicente?—&lt;br /&gt;(Para  Mari Carmen, mi hermana pequeña. Como me lo contó ella.)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;GARDENIA ORTIZ Y EL CASO DE LA FUNERARIA&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                                                Federico Fayerman&lt;br /&gt;                                                                                              25 de enero de 2008&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Apenas llevaba recorridos dos kilómetros, cuando el zumbido del busca interrumpió su sesión de footing mañanero. Gardenia, sin dejar de correr regresó a su casa.&lt;br /&gt;Kira, su Coker, esperaba impaciente en el jardín. El constante sonido del teléfono la ponía muy nerviosa. &lt;br /&gt;--Gardenia, soy Marga, hay un 112 en la calle Heredia número 9. Siento despertarte a estas horas pero el jefe me ha pedido que te llamara ya.&lt;br /&gt;-No hay problema Marga, estaba levantada. Me ducho y voy para allá, respondió Gardenia, a la vez que se deshacía de la camiseta mojada. Unas gotas de sudor transparentes se deslizaban por su cuerpo bronceado.&lt;br /&gt;Gardenia llevaba 12 años en la Brigada de Investigación Criminal y aquel, si no pasaba nada especial iba a ser su primer caso en solitario. No exactamente en solitario, parecía quejarse Kira con su mirada y su lengua fuera, desde el asiento del copiloto.&lt;br /&gt;La detective Gardenia Ortiz aparcó el Seat Ibiza en la entrada de coches de la funeraria. --Funeraria La Esperanza--  rezaba el luminoso. Kira se quedó en el coche.&lt;br /&gt;Dentro, cuatro personas la esperaban sentadas en las sillas de la sala de espera y otra en el suelo. Ésta con una pistola en la mano derecha y un agujero en la sien del mismo lado. Alrededor del cuerpo inmóvil manchas de sangre seca.       --Hace seis horas  más o menos que murió---  afirmó el ayudante del forense mientras tomaba  huellas  en la pistola.&lt;br /&gt;La primera en prestar declaración fue  Amanda. Es la secretaria de Tomás Castro, el dueño de la funeraria:&lt;br /&gt;--Llegué a las ocho y media esta mañana y me resultó muy extraño que el sr. Castro, que se había quedado esta noche de guardia no abriera la puerta cuando llamé al timbre. Lo intenté con el móvil pero tampoco contestó. Entonces telefoneé a Esperanza su mujer, que con él .son las dos únicas personas que tienen llave de la funeraria.&lt;br /&gt;--Serían las 9 más o menos cuando llegué a la empresa, intervino Esperanza. Traté de abrir la puerta pero no pude. Avisé a un cerrajero que después de forzarla encontró la causa del problema: La llave de Tomás estaba  colocada en la cerradura por dentro, lo que impedía la apertura desde fuera. Entonces encontramos el cadáver de mi marido en el suelo de su despacho.&lt;br /&gt;--¿Ha echado en falta alguna cosa o visto algo que le llame la atención?— inquirió Gardenia.&lt;br /&gt;--Si, el cuadro que está en el suelo apoyado en la pared detrás del escritorio es el que usa Tomás para esconder la caja fuerte. Raramente se olvidaba de ponerlo después de cerrarla--.&lt;br /&gt;--¿Tiene Vd. llave de la caja?, preguntó Gardenia&lt;br /&gt;--Sí&lt;br /&gt;--Por favor, ábrala sin tocarla y dígame si cree que está todo en orden.&lt;br /&gt;--Falta mi joyero y el dinero que cobramos ayer de un cliente. Solo quedan los talonarios y algunos documentos--.&lt;br /&gt;Este descubrimiento cambió la investigación. Gardenia partía de la hipótesis de un suicidio al ver que Tomás había pasado la noche solo  y que la posición de las llaves en la puerta parecían descartar un crimen. Nadie podía haber entrado y lo que era más concluyente nadie podía haber salido después de cometerlo.&lt;br /&gt;--Ayer por la tarde,  siguió Esperanza,  después de hacernos unas fotografías toda la plantilla  en la puerta de la funeraria nos fuimos a cenar a un restaurante al otro lado de la ciudad. Fuimos todos menos Ricardo que tuvo que quedarse de guardia. Estuvimos celebrando el treinta aniversario de la empresa.&lt;br /&gt;--¿Que hicieron después de  la cena, preguntó Gardenia?&lt;br /&gt;--Yo me fui directamente a mi casa, contestó Amanda. El portero de la finca puede corroborarlo--.&lt;br /&gt;--Yo también me fui a casa, dijo Agapito, el chofer de los coches fúnebres. Antes de subir,  estuve tomando unas copas en el Pub London  hasta las tres de la mañana--.&lt;br /&gt;--Yo me fui a dormir a casa de mi hija, informó Esperanza. No quería pasar la noche sola en casa.&lt;br /&gt;--¿Y Vd. Sr. López, que hizo esta noche?; &lt;br /&gt;--Ricardo López--, interviene Esperanza--,  es el Administrativo y contable de la empresa. Vive justo encima de la funeraria.&lt;br /&gt;--Yo me quedé como ya sabe haciendo guardia ayer por la tarde. Me entretuve imprimiendo las fotografías que nos hicimos, para enmarcarlas y colocarlas en la entrada, al lado de las que conmemoran los diez y los veinte años de la empresa. A  eso de las doce de la noche volvió el Sr. Castro a relevarme. Entonces subí a mi piso a cenar y dormir. &lt;br /&gt;La detective Gardenia Ortiz, aprovechó mientras el juez, que acababa de llegar, ordenaba levantar el cadáver, para recorrer todo el recinto de la funeraria, parándose un buen rato delante del ataúd vacío que estaba expuesto en el velatorio. Después estuvo registrando el despacho y examinando las fotografías impresas por Ricardo López.&lt;br /&gt;Gardenia Ortiz salió a la calle y regresó dos minutos después con Kira. La llevó al velatorio y la hizo olfatear el interior del ataud. Después la puso delante de los cuatro empleados. Kira los olfateó y se encaramó sobre Ricardo López. &lt;br /&gt;--Sr. López--, dijo Gardenia Ortiz dirigiéndose a Ricardo: --Queda detenido como sospechoso del robo y del asesinato de Tomás Castro--.&lt;br /&gt;--Es un error, contestó Ricardo, yo no he hecho nada. Vd. no tiene ninguna prueba contra mí--. &lt;br /&gt;--Cuando el Sr. Castro vino a relevarle anoche--, explicó la detective--, Vd. no se fue a su casa, si no que se escondió en el féretro, según prueba el olfato de Kira. Previamente había desactivado las cámaras de videograbación de seguridad.  A eso de las dos de la mañana salió de su escondite y amenazó a Tomás con la pistola que le había sustraído de su escritorio la tarde antes. Le obligó a abrir la caja fuerte y después le mató. Colocó la llave en la cerradura por dentro para hacer creer en un suicidio y se volvió a esconder en el ataúd. Aprovechando el revuelo que se formó al descubrir Amanda y Esperanza el cadáver,  salió y fingió entrar en la funeraria.&lt;br /&gt;--El asesino, en este caso Vd. tuvo que permanecer por fuerza en el interior de la funeraria y por ello no tuvo ocasión de cambiarse de ropa como han hecho el resto de sus compañeros. La fotografía de ayer lo delata, Sr. López.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;GUAU, GUAU (Os quiero mucho)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                                               Federico Fayerman&lt;br /&gt;                                                                                     26  de noviembre de 2006&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquel trigal, invadido por enormes monstruos de cabeza ancha y giratoria, impedía su visión, y eso que ella, Senda, era una perra pastor alemán de buen tamaño. Por eso tenía puestos todos sus sentidos en orientarse a través de esa jungla asfixiante&lt;br /&gt; Estaba anocheciendo, eso si podía verlo a través de las crestas de trigo, que formando olas al viento, dejaban pasar olores característicos del campo en plena siega. También el crepúsculo tenía su propio olor a trigo fresco, que se mezclaba con el de la tierra seca, que distaba apenas veinte centímetros de su hocico.&lt;br /&gt;Cuando salió de aquel gigantesco cepillo laberíntico, observó como su sombra, mas negra que  su propio pelo negro rojizo, había adelgazado y se había alargado Eso le recordó los días que llevaba sin comer.&lt;br /&gt;Mientras pateaba una empinada y embriagada carretera, surcada de vez en cuando por parejas de luces que la deslumbraban,  recordó cuando también a la luz de la luna jugaba al escondite con sus amos -  Enrique, su mujer Luisa y sus hijas Bea y Laura- en el jardín de su casa. Salía a buscarlos siempre al lugar donde los había encontrado la última vez y cuando los hallaba se volvía loca de alegría y volvía otra vez dentro de la casa a esperar que la llamarán cuando ellos se hubieran escondido de nuevo, aprovechando las sombras de las encinas o de los setos de aligustre.&lt;br /&gt; Estos pensamientos la  llevaron a olvidar el cansancio que se acumulaba por momentos en todo su magullado cuerpo y cuando el sol empezó a salpicar su deslucido lomo se apartó del camino y buscó algún lugar donde refrescarse y lavarse las heridas que cubrían su cuerpo, para poder continuar su camino, pues en su cerebro no existía otra idea que no fuera la de seguir avanzando&lt;br /&gt;Ahora eran unos prados secos, guardados por altas vallas construidas con piedras de musgo, los obstáculos que tuvo que salvar para alcanzar otra carretera que transcurría de norte a sur.&lt;br /&gt;Un viejo toro negro la observó con curiosidad levantando lentamente la cabeza del terreno agrietado donde intentaba encontrar un poco de hierba que llevarse a la boca, y eso volvió a sumirla en recuerdos queridos y añorados. Se encontraba otra vez en el jardín de su casa y acababa de recibir un baño en toda regla, lavado, marcado y peinado, que le había devuelto el brillo a su pelo y la alegría de correr por la hierba sacudiéndose el agua mientras todos huían del chaparrón. Entonces aparecía su amo con una toalla en las manos y durante un largo rato ambos realizaban giros y movimientos, que trataban de imitar el noble arte de Cúchares entre las risas de toda la familia y el estupor de algún vecino, que no podía creerse lo que estaba viendo. Entre capotazo y capotazo los olés estallaban y ella se iba secando poco a poco hasta que quedaba rendida y se tumbaba en  el césped mientras las niñas la abrazaban.&lt;br /&gt;Día tras día siguió su camino, atravesando pueblos, huyendo de los automóviles y recordando su vida pasada: Aquel día en que defendió a su amo del ataque de otro perro o cuando mantenía largas conversaciones con él a base de GUAUS que estaba segura eran entendidos. En definitiva, catorce años de convivencia con aquella familia, que la había rescatado cuando tenía 7 meses de su primer dueño que la educó a golpes. Una convivencia que se había truncado en aquel maldito accidente de tráfico a más de quinientos kilómetros de casa.&lt;br /&gt;Sabía que nadie la esperaba allí, pero juró para sus adentros, que aunque le costara cien años, encontraría el camino de vuelta a su hogar y hallaría el lugar donde  por fin descansaría sobre la larga y aplastada sombra de  un ciprés, al lado de sus queridos amos, para siempre. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;HABIA UNA VEZ, UN CIRCO.&lt;br /&gt;                                                                                                Federico Fayerman&lt;br /&gt;                                                                                               7 de marzo de 2008&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Que niño más guapo!  dijeron todas las vecinas cuando me vieron por primera vez en los brazos de mi madre. Me contó mi padre.&lt;br /&gt;Y durante los cinco años siguientes no hubo vez en que al  cruzarme con alguna de ellas no alabaran mi belleza  y no me decoraran la cara con carmín.&lt;br /&gt;Al cumplir los cinco años, y como regalo de aniversario,  mi padre me llevó al circo. Nos sentamos en lo más alto de la grada que recuerdo como suspendida en el aire y desde aquella altura  descubrí que quería ser artista cuando fuera mayor. Artista de circo.&lt;br /&gt;Crecí siendo muy guapo (También me lo contó mi padre). Posiblemente el niño más guapo del mundo. No lo decía solo él. Todas las vecinas seguían diciéndolo. Todas me querían para casarme con sus hijas cuando creciéramos.&lt;br /&gt;El día que cumplí  los doce años llegó a mi ciudad el Circo Americano y mi padre volvió a llevarme. Sentado de nuevo en la grada, recordé haber decidido  que cuando fuera mayor iba a ser artista. Artista de circo. Y a partir de ese momento me puse manos a la obra.  &lt;br /&gt;Empecé a coleccionar todo lo que se relacionaba con el espectáculo circense.  Postales de domadores famosos, de payasos, de animales salvajes. Estudié la historia del circo. Memoricé los nombres de los más famosos artistas así como sus números más célebres; Incluso me fabriqué un látigo con una correa vieja de mi padre y andaba todo el día detrás de mi perro Dof tratando de domarle. Desistí de ser domador cuando Dof, harto de mis persecuciones me dio un mordisco en el culo que me quitó de golpe un buen tanto por ciento de mi artística vocación. Reflexioné en cómo sería el mordisco de un león o de un tigre comparado con el de un perro.&lt;br /&gt;Pero aún podía ser hombre-bala, pensé. Convencí a mi madre para que me confeccionara un traje de colores vivos, muy ceñido al cuerpo, al que añadí un casco de vikingo que me habían echado los reyes el año anterior y al que extirpé los cuernos. Para ensayar me hice lanzar al aire por varios amigos del barrio, con tan mala suerte que en lugar de caer en el montón de arena que habíamos dispuesto, fui a caer directamente sobre el empedrado rompiéndome un brazo. Ante este resultado borré de mi lista la pretensión de convertirme en hombre-bala. &lt;br /&gt;¡Cada día es más guapo!  Ya no solo lo decía mi madre y las vecinas sino todas las mujeres que me conocían. Será artista de cine. Y sí, yo quería ser artista, pero artista de circo.&lt;br /&gt;Ya tenía dieciocho años y seguía intentando elegir un arte circense que se adaptara a mis características. Probé a ser malabarista. Al principio la cosa no se dio mal. Era capaz de mover en el aire tres pelotitas de goma pero temí que aquello no fuera suficiente para triunfar, así que inventé un número original con platos y tazas de porcelana. Mi madre se enteró justo el mismo día en que terminé con  la última pieza de la vajilla. Me hizo prometerle que olvidaría el circo (por supuesto crucé los dedos en mi espalda). Yo a la vez me prometí  a mí mismo que le regalaría una vajilla nueva con mi primer sueldo de artista. De artista de circo, claro.&lt;br /&gt;Mi siguiente paso en la búsqueda de mi anhelada vocación me llevó a pintarme la cara, ponerme  una pelota de pin-pon agujereada en la punta de la nariz   y delante de un espejo contar chistes y hacer muecas grotescas. El público que seguía mis actuaciones, es decir mis hermanos pequeños me convencieron de que abandonara, pues según ellos, tenía menos gracia que una almorrana.&lt;br /&gt;Tan obsesionado estaba con hacerme artista, que dejé pasar los años sin desarrollar ninguna profesión ni, pese a estar muy solicitado por las mujeres encontrar novia y casarme como hicieron casi todos mis amigos. &lt;br /&gt;Fue al cumplir los treinta años y ojeando una revista antigua de circo cuando descubrí por fin cual iba a ser el arte circense al que estaba abocado.  A escondidas de mis padres empecé a hormonarme y cuando tuve un buen par de tetas me dejé crecer el pelo hasta conseguir una larga melena rubia y también me dejé crecer la barba un palmo aproximadamente. Con mi cuerpo depilado, un poco de maquillaje  y lo guapo que era no tuve problema para cumplir mi sueño. Trabajar en un circo. De mujer barbuda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;HISTORIAS DE ANTIOQUIA&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2.- El duende Rojo de Antioquia    &lt;br /&gt;         &lt;br /&gt;                                                                                              Federico Fayerman&lt;br /&gt;                                                    2 de marzo de 2008&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dos años después de los sucesos de  Abejorral, cuando mi hermano Simón perdió, a manos de una bruja, primero la razón y después la vida, recibí una llamada de mi prima Mari Cris, Madre Superiora del Convento de las Dominicas de Medellín. Solicitaba mi ayuda para resolver ciertos asuntos  burocráticos del internado.&lt;br /&gt;.Allí me presenté pocos días después, alegre y preparada a colaborar con Mari Cris, a quien no veía desde hacía 3 años. Como enseguida sabréis, mi alegría duró poco y el responsable no fue otro que el llamado Duende Rojo de Antioquia. &lt;br /&gt;Tras presentarme en el claustro a la comunidad y reponer fuerzas en el refectorio, me adjudicaron la única celda libre del convento. En realidad era una celda que nadie quería ocupar. La causa de este miedo venía provocada parece ser, por una serie de acontecimientos que tenían lugar, desde hacía varios años en el ala este del convento, zona donde se ubicaba la cilla,  las cocinas, y esa celda, que en tiempos fue ocupada por Fray Celestino, sacerdote encargado de oficiar las misas, y que murió completamente loco, sin que nadie supiera nunca la razón de tal enajenación.&lt;br /&gt;Intenté no dar crédito a las leyendas que  circulaban sobre el duende de Antioquia, enano vestido de rojo, tocado con un gorro de igual color y que dedicaba su tiempo a molestar y asustar a la gente cambiando de sitio las cosas, provocando ruidos y alterando el sueño de la persona que elegía para sus fechorías. Los hechos que relato a continuación me convencieron de que el Duende se había aposentado en dicha celda con propósito de continuidad.&lt;br /&gt;Mi primera noche la pasé en blanco, pues nada más apagar la luz empecé a oír arrastrar cadenas por el suelo, ruido de pasos, abrir y cerrar portones e incluso escuché una risa maquiavélica que rebotaba en las cuatro paredes de mi celda.&lt;br /&gt;La noche siguiente, nada más quedarse en silencio el convento, los hechos volvieron a repetirse. Noté que la cama se movía y que al instante el techo se derrumbaba. Me incorporé y encendí la luz. Esperaba encontrarme sepultada bajo los escombros. Sin embargo el techo estaba en su sitio y yo no tenía ni un solo rasguño. Mi cama se encontraba cruzada delante de la puerta. Entonces,  la risa histérica del duende volvió a invadir el pequeño cuarto.&lt;br /&gt;Por la mañana, durante el desayuno le conté todo a Mari Cris. No se extrañó, ya que conocía que, desde hacía varios meses, venían ocurriendo cosas extrañas en el convento. Entró en nuestra conversación la hermana Benigna, la monja más joven, recién llegada desde Santa Marta. Dijo conocer el remedio para alejar al Duende y acto seguido se puso en contacto con una religiosa de su antiguo convento,  que resultó de gran ayuda para todas nosotras y en especial para mí, que ya estaba pensando en abandonar el lugar y volver a mi casa en Abejorral.&lt;br /&gt;Así pues me asignaron la misión de ir a recoger el pergamino original donde aparecía  manuscrita una oración que ahuyentaba a los duendes, siendo esta, según dijo la hermana Benigna,  también efectiva aunque en menor grado contra brujas y demonios.&lt;br /&gt;Tras un accidentado viaje en autobús por la Pan-Americana,  llegué a Santa Marta. Mis planes eran regresar al día siguiente a Medellín pero me encontré con un inesperado problema. La Madre Aurora, poseedora del pergamino había sido trasladada urgentemente a un Hospital en Barranquilla, aquejada de un mal desconocido.&lt;br /&gt;Me alojé esa noche en el dormitorio de legos del convento y a la mañana siguiente cogí el autobús con dirección a Cartagena y bajé en Barranquilla hacia el mediodía. En el hospital, la Madre Aurora me informó que había vendido por treinta pesos el pergamino a un hombre que dijo necesitarlo para curar a su hijo de diez años, que se estaba volviendo loco. Estos ataques de locura  le ocurrían siempre que iba a clase de religión en el colegio. Poco después de haber hablado conmigo la madre Aurora cayó en un coma profundo del que, parece ser,  no volvió a salir jamás.&lt;br /&gt;Volví a viajar, esta vez en expreso a Bucaramanga, en la provincia de Santander donde esperaba encontrar por fin el pergamino, pero al llegar a la dirección que me había facilitado la Madre Aurora me encontré con el entierro del niño saliendo de la casa y dirigiéndose al cementerio entre sollozos y lamentos de sus familiares. &lt;br /&gt; Al día siguiente, estando el padre del difunto algo más sereno pude conversar con él y me narró lo sucedido. Parece ser que para intentar frenar la locura que perseguía a su hijo, el cura había pretendido hacer un exorcismo en la iglesia, regando al pobre chiquillo con agua milagrosa. Súbitamente apareció un perro negro enorme y atacó al muchacho mordiéndole en la yugular y causándole la muerte. Según los presentes se trataba del mismísimo demonio, que ante la posibilidad de que su posesión sobre el niño quedara anulada por el exorcismo decidió matarlo. Al poco llegó el padre con la oración, pero ya nada pudo hacer por su hijo.&lt;br /&gt;Senén, que así se llamaba el afligido progenitor me vendió el pergamino por cincuenta pesos, deseándome que éste solucionara el problema que  afectaba al convento de las Dominicas. &lt;br /&gt;Tres días después, llegué por fin a Medellín y me dirigí rápidamente al convento donde las hermanas y la Madre Superiora me esperaban con ansiedad, ya que el duende se estaba manifestando desde mi partida con gran saña. Reunidas en el locutorio,  aprendimos de memoria la oración y la rezamos a todas horas. Quince días después la invocación surtió efecto y el Duende Rojo desapareció. &lt;br /&gt;Durante los dos meses que pasé ayudando a Mari Cris no volvió a molestarme.&lt;br /&gt;Cuando nos despedimos,  la hermana Benigna me dijo que si vendía la oración a otra persona que la necesitara, lo hiciera a mayor precio que el que yo había pagado por ella y entregara la diferencia a los pobres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así ocurrió, pero eso forma parte de otra historia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;HISTORIAS DE ANTIOQUIA&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1-Las brujas de Abejorral&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                                                Federico Fayerman&lt;br /&gt;                                                                                             20 de marzo de 2007&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El regreso de mi hermano Simón de Venezuela, después de trabajar allí durante 5 años en los yacimientos petrolíferos del lago Maracaibo, constituyó una gran alegría para toda la familia, ajenos como estábamos a las consecuencias que tal regreso nos ocasionaría.&lt;br /&gt;Como supongo conocéis ya,  mi país Colombia,  ha sido siempre cuna de leyendas y enigmas como El Dorado en la época de la colonización española. Sin embargo, lo que voy a relatar a continuación no es fruto de locuras ni alucinaciones provocados por la coca y sí por los hechos que acontecieron hace no más de 10 años en mi pueblo natal Abejorral, en la región andina de Antioquia.&lt;br /&gt;Mi nombre es Gladis, tengo 35 años y vivo con mis padres y dos de mis hermanos en una hacienda en el campo, donde criamos ganado que vendemos en Medellín, capital de la provincia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Simón, cuatro años menor que yo, era mi hermano preferido y no dudé en cederle mi dormitorio en su regreso a la casa familiar,  acomodándome yo con mi hermana mayor. Regresaba mi hermano realmente cansado de Maracaibo. Su excesiva delgadez, sus pómulos prominentes y la languidez de sus ojos, denotaban un estado de ansiedad y zozobra que me preocupó seriamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le pregunté que le pasaba y me refirió que desde hacía más de un año tenía la sensación de que alguien le acosaba. Desde entonces nada le salía bien, había perdido dos veces el trabajo, su novia le había abandonado y hasta sus amigos le habían ido dando poco a poco la espalda. Llevaba largo tiempo sin poder dormir y por eso tomó la decisión de regresar a Colombia para ver si la causa de sus males, una bruja, según las creencias rurales, dejaba de perseguirle. Su explicación no me resultó en modo alguno creíble pero lo que ocurrió a continuación me hizo cambiar de opinión.&lt;br /&gt;Durante los siguientes quince días su situación se agravó. A las profundas ojeras se le unió la inapetencia y el agotamiento general. Apenas tenía fuerzas para salir de la casa y pasear algunos metros. Enseguida volvía sobre sus pasos y regresaba hasta su habitación para tumbarse nuevamente en la cama con los ojos muy abiertos y la respiración entrecortada.&lt;br /&gt;Simón me confesó que la bruja le había seguido desde Venezuela y pretendía acabar con él, así que pensaba irse pronto a otra ciudad, donde le habían hablado de una mujer que las espantaba. A la mañana siguiente, muy temprano salió de la casa sin despedirse, dejando una nota en la que lo explicaba todo. No dejó dirección alguna donde localizarle para evitar que la bruja pudiera seguirle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volví a instalarme en mi dormitorio y la primera noche que pasé en el no pude conciliar el sueño.  Los recuerdos de mi infancia con Simón se amontonaban en mi cabeza. Nuestros juegos por el campo, siempre corriendo o escondiéndonos de enemigos invisibles, a los que siempre derrotábamos y volvíamos a vencer al día siguiente, o yendo hasta el pueblo cercano precedidos  siempre por nuestro perro Dof, a cumplir algún encargo de nuestra madre, donde nos gastábamos el poco dinero que teníamos en cuentos y golosinas. El mismo Dof, diez años más viejo, que dormía en el pasillo delante de la puerta de mi dormitorio. De madrugada y sin razón aparente Dof empezó a ladrar. Tumbada en la cama desvelada tuve la sensación de que alguien, quizás una sombra abandonaba la habitación.  Me levanté  asustada. Dof corría hacia el patio dando grandes saltos como si quisiera agarrar algo que para mí era invisible. Al llegar a la tapia que daba al exterior colocó sus patas delanteras sobre el muro y  se quedó quieto mirando hacia el cielo,  gruñendo furiosamente.&lt;br /&gt;Una semana después, recibí una llamada desde Bogotá. Me comunicaban la muerte de mi hermano tras un ataque de locura que nadie pudo entender. &lt;br /&gt;Dof, que había permanecido tumbado desde su marcha junto a la pared del patio, no volvió a comer ni a beber.&lt;br /&gt;Murió  dos días después.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LA CUEVA DEL CIGALÓN&lt;br /&gt;                                                                                              Federico Fayerman&lt;br /&gt;                                                                                           10 de marzo de 2007&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;--¿Ha visto alguien a mi hijo? &lt;br /&gt;- No señor –Contestamos al unísono.&lt;br /&gt;La primera vez que entré en la oficina mi cuerpo era una mezcla de miedo y sus sinónimos, recelo, aprensión, desconfianza, turbación y desasosiego. Es decir no sabía muy bien que hacía en tan siniestro lugar. Corría el mes de octubre y en lugar de estar con mis compañeros de colegio como todos los años, iniciaba mi vida laboral con más que dudosas expectativas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La oficina que resultó ser mi primer trabajo era un piso distribuido en torno a un largo y oscuro pasillo. En un extremo se hallaba el salón-comedor, con dos balcones a la calle Alcalá. En él trabajaban 6 personas: Rodríguez el cajero, de unos 45 años, calvo, gordo y con cara de aburrido;  Roque, chupatintas vocacional de 35 años, el rey del escaqueo y tres oficinistas más dignos de un comic de Ibañez.  Vigilándoles a todos, el jefe, Don Luis  “El gran Cigalón”. Lo de cigalón era por sus ojos enrojecidos y saltones, siempre ocultos tras unas gafas oscuras de concha marrón.&lt;br /&gt;¿Ha visto alguien a mi hijo?, repitió poniendo un gesto de incredulidad.&lt;br /&gt;No señor, contestamos todos otra vez al unísono, poniendo cara de bobos.&lt;br /&gt;Su hijo era “Luisito” , un inútil de veintitrés años al que su Padre había colocado en la Empresa no se sabe muy bien para que cometido.&lt;br /&gt;Al otro extremo del pasillo estaba el archivo, zona desmilitarizada. Allí se podía comer el bocadillo y  echar un cigarro fuera del alcance del radar del cigalón. A lo largo del pasillo había otro despacho,  la sala de visitas y el cuarto de baño.&lt;br /&gt;Y en el archivo  comenzó mi actividad profesional, a razón de 800 pesetas  al mes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ocurrió un lunes por la mañana.  Aún no estábamos totalmente despiertos y la zona desmilitarizada estaba muy concurrida. El señor Julián, un hombre de unos 70 años que era el encargado de archivar los expedientes y salir a los recados, había recibido el encargo de Roque de liarle unos cuantos cigarrillos en un ingenio rudimentario que él mismo había construido. Yo me había unido a tan interesante y desconocida faena cuando alguien en el pasillo nos dio el agua. O lo que es lo mismo, que el cigalón había iniciado una maniobra de aproximación a la zona sur. En apenas unos segundos se organizó un zafarrancho que llevó a cada combatiente a su verdadero puesto de combate. El señor Julián escondió el tabaco bajo la mesa y se subió en una banqueta a colocar expedientes, Roque salió del archivo a grandes zancadas, yo por mi parte agarré el sello de caucho y me puse a dar golpes al papel de pagos ( al que odiaba profundamente ) como un poseso. A mi lado, José Antonio movía unas cajas de un sitio a otro nerviosamente sin levantar la cabeza. El cigalón entró como un torpedo a punto de impactar contra el blanco y dirigiéndose a todos y a la vez a ninguno (consecuencia de mirar a través de unas gafas oscuras)  preguntó tres veces&lt;br /&gt;- ¿ Ha visto alguien a mi hijo?, a la vez que se quitaba las gafas y se restregaba los ojos con el puño cerrado de su mano derecha.&lt;br /&gt;No señor,  contestamos otras tres veces, y pensé: mira, igual que San Pedro. Don Luís recorrió con su mirada cigalítica toda la habitación y salió a la misma velocidad que había entrado. Al pasar delante del cuarto de baño, una explosión casi hizo que rodara por el suelo. Una alfombra de humo negro salía por debajo de la puerta del baño, señalando el lugar donde se había producido la deflagración. Al momento se abrió la puerta y apareció  “Luisito” con la cara y las manos chamuscadas, y corriendo sin parar hasta  la puerta de la calle salió para no volver nunca más a pisar la oficina.  Poco a poco, todos nos fuimos asomando  a la zona cero. En el centro del cuarto de baño,  sobre una gran mancha negra de pólvora, un artilugio de cartón y papel de plata con un rótulo que decía Sputnik-13, ardía tras su fracasado lanzamiento al espacio sideral del distrito Centro de Madrid.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LA DOBLE VIDA DE GORRIONCETE&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                                                         Federico Fayerman&lt;br /&gt;                                                                                                            7 de julio de 2008&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gorrioncete nació el veintiuno de junio. Llegó el primer día de verano al nido que sus padres habían montado en una acacia en la calle O´donnell. Era uno de los tres pequeños glotones que no cesaban de piar, reclamando con sus picos abiertos hacia el cielo,  comida y más comida.&lt;br /&gt;El hombre del tiempo, al mediodía mediodía, había dicho que iba a hacer mucho viento en Madrid y así sucedió, de forma que en un momento del vendaval, gorrioncete se precipitó desde su nido y cayó, empujado por el viento,  al patio de mi amigo Pepe, con el que yo estaba hablando, desde la ventana del cuarto de estar en el segundo piso. Pepe, rápidamente lo cogió y empezó a lanzarlo al aire para ver si sabía volar un poco. Pero era que no. De hecho tampoco sabía aterrizar.&lt;br /&gt;Entonces se me ocurrió una idea: ¡Pepe!, --le dije, --mete al gorrión en una bolsa de papel, yo te echo una cuerda y una pinza de la ropa y me lo mandas!  -- Pepe dice que sí, que vale y me lo envía. Ya está en casa. Le pongo en el pico un poco de leche con un cuentagotas que cojo del armarito de las medicinas del cuarto de baño. Después llega mi hermana pequeña y entre los dos le preparamos con trapos una cama y le dejamos al lado un plato con leche y migas de pan, por el que inmediatamente comienza a caminar, salpicando todo a su alrededor.&lt;br /&gt;Así transcurren los días y gorrioncete va aprendiendo a volar. Desde la mesa del comedor a mi cabeza, de allí a la cabeza de mi hermana y de allí al reloj de pared. Como es verano tenemos las ventanas abiertas y los visillos echados. Gorrioncete vuela hasta la barra de los visillos y de ahí sale por la ventana y se aleja por encima de los patios de las casas vecinas. Nos quedamos muy apenados sobre todo mi madre y mi hermana que se pasan  llorando un buen rato. A las diez , en plena cena familiar Gorrioncete aparece a través de los visillos y se posa en el centro de la mesa para comerse las  migas del mantel. Lo celebramos con vino y gaseosa. Rompemos la hucha y con nuestros escasos ahorros le compramos una pequeña jaula con una  barrita horizontal donde se mete él solo y pasa las noches. No le cerramos la puerta de la jaula ni la ventana del comedor.  No sale. Solo lo hace después de desayunar y vuelve por la tarde. Jugamos. Le pongo los dedos de mis manos como si fueran una escalera y él sube hasta donde ya no puedo más. Come cañamones de mi boca y me picotea los parpados y las cejas. También me picotea la cabeza. Siempre está por las alturas porque Mimi,  nuestra gata no le pierde de vista y noto como a veces le mira con ojos golosines. Han llegado las vacaciones y mi madre no me deja llevarlo conmigo, así que se lo dejo a mi amigo Pepe hasta que vuelva. Será solo un mes. Sin embargo se me hace interminable y estoy desando volver para verle. Cuando regresamos a Madrid, en  lugar de subir a casa entro directamente en la de Pepe. Me dice que Gorrrioncete se escapó y que durante muchas tardes le vio volar hasta mi ventana, picotear en el cristal y después marcharse otra vez.&lt;br /&gt; Ahora me paso el día mirando a la calle, con la jaula en la mano por si vuelve y tengo que abrirle la ventana. Es que ha llegado el otoño y como hace un poco de frío mi madre la tiene siempre cerrada.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2187139645310452602-7361467974995972477?l=www.elhuertodelaspalabras.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/feeds/7361467974995972477/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2187139645310452602&amp;postID=7361467974995972477' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/7361467974995972477'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2187139645310452602/posts/default/7361467974995972477'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.elhuertodelaspalabras.com/2009/01/blancas-amarillas-y-moradas-federico.html' title='&lt;strong&gt;RELATOS&lt;/strong&gt;'/><author><name>Federico</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16453751324275492917</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_s21dH_d5B8M/TTDVfWeKsoI/AAAAAAAAAI8/gPKYoWLfwqM/S220/DSC02208.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2187139645310452602.post-7019413668811537035</id><published>2009-01-28T13:15:00.001+01:00</published><updated>2009-02-20T12:21:05.617+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>LA RADIO ASESINA&lt;br /&gt;                                                                                             Federico Fayerman&lt;br /&gt;                                                                                         20 de octubre de 2008&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aún le temblaban las manos cuando rasgó y abrió el sobre color sepia.  De su interior extrajo una hoja de papel del mismo color doblada en cuatro. La carta, escrita con tinta azul y trazos angulosos, estaba dirigida al Director del psiquiátrico. En el centro de la habitación, un hombre desnudo colgaba ahorcado de una cuerda fabricada con su propia ropa.  La radio, colocada sobre una balda en la pared, emitía música clásica. &lt;br /&gt;        Sr. Director: No le extrañe el tono formal de mi carta pues desearía que fuese tomada tan en serio como lo son los hechos que quiero narrarle. Primero me presentaré ya que aunque llevo cerca de veinte años en este manicomio, y perdone la expresión, no he tenido jamás el gusto o el disgusto de conocerle. En realidad solo conozco las cuatro paredes de mi celda (habitación lo llaman ustedes), mi cama oxidada y cantarina y al carcelero, perdón quise decir enfermero, que se encarga de traerme la comida cada día. Sin embargo y aunque pueda parecerle sorprendente, mi estancia en este centro ha resultado altamente beneficiosa para mi integridad física. Supongo que Vd. habrá  leído mi expediente en el que si no se falta a la verdad, constará que he vivido amenazado de muerte desde mi infancia y curiosamente eso es lo que me trajo aquí. También consta mi nombre en esos papeles, supongo.&lt;br /&gt;Cuando cumplí los diez años de edad, --espero que no se aburra y siga usted leyendo esta carta--, mis padres alquilaron una casita en las afuera de la ciudad. Aunque era bastante antigua, vigas de madera, cocina de carbón y todas esas cosas,  el tejado se encontraba en muy buen estado y esto junto con lo que parecía ser una construcción sólida fue lo que convenció a mi padre para alquilarla. El hecho de que los dueños hubieran muerto recientemente de forma extraña no les importó lo más mínimo. En el reparto, a mí me fue adjudicado un dormitorio en la planta alta al final del pasillo, en cuyo techo había una pequeña puerta que comunicaba con el desván.&lt;br /&gt;Mis primeros años allí fueron realmente felices. Disponíamos de un espacio de terreno ante la casa que a mi madre le gustaba llamar jardín, pero que en realidad solo tenía tierra, malas hierbas y una fuente de piedra que el ayuntamiento había colocado practicando un agujero en la tapia, que separaba la casa de la calle, y que algún funcionario gracioso había colocado con el grifo hacia dentro de nuestro jardín. Esto obligaba a que cada vez que un vecino (afortunadamente solo teníamos cuatro) necesitaba coger agua tenía que llamar a nuestra puerta. Yo era el encargado de abrir y cerrar el grifo de la fuente cada vez que nos lo solicitaban. Dos años después de vivir en esa casa, el ayuntamiento canalizó el agua corriente y la fuente pasó a ser de nuestra exclusiva  propiedad. &lt;br /&gt;En estos menesteres de aguador y en asistir al colegio del barrio por las mañanas ocupaba yo mi tiempo hasta que cumplí los quince años. El día de aquel cumpleaños se reunió toda la familia. La tía Engracia, el tío Agustín, las primas gemelas Rosa y Luisa, de las que estaba perdidamente enamorado, los abuelos maternos y un sargento de artillería que siempre asistía a mi cumpleaños y nunca supe en calidad de qué. --Es un amigo de tu padre de  cuando estuvo en el ejército,       --decía mi madre, pero nunca les vi saludarse o hablar del tiempo pasado durante la guerra.  Fue durante la celebración cuando mi padre pensó en amenizarla con un poco de música, así que subimos a mi cuarto y ayudándome de una silla  me subí hasta la altura del techo y abrí, con bastante esfuerzo la pesada puerta del desván. Entré en él y busqué un aparato de radio que los hijos de los dueños de la casa habían guardado allí. Tuve que acostumbrarme a la oscuridad de la estancia y recorrerla  varias veces entre sillas cojas y muebles desarmados hasta dar con el aparato. —busca también el voltímetro,--oí gritar a mi padre. &lt;br /&gt;Aquella tarde la pasé bailando con mis primas hasta que mi tía les ordenó sentarse  a merendar y poco después, sobre las ocho se fueron,  porque  vivían al otro lado de la ciudad y el tranvía tardaba más de una hora en llegar.&lt;br /&gt;Esa misma noche, mi padre colocó la radio sobre el aparador de la habitación de estar y a partir de aquel día pasábamos todas las tardes escuchando las novelas y las peticiones del oyente. A partir de las nueve y media conectábamos con la 825 AM, una emisora que siempre radiaba música clásica, que era lo que más le gustaba a mi madre.&lt;br /&gt;Mi padre se acostaba antes de las diez, porque tenía que levantarse muy temprano por las mañanas y mi madre solía quedarse dormida oyendo la música y haciendo ganchillo en la mecedora de enea al lado de la estufa. Y entonces ocurrió por primera vez. Eran las diez de la noche cuando comenzó a sonar La Sugestión Diabólica de Prokofiev y su interpretación al piano frenética y escalofriante fluyó desde el aparato hasta mis oídos. Una sensación de mareo y nauseas se apoderó de mí. Noté que me faltaba aire en los pulmones, que el cuerpo se me convulsionaba a ritmo de escalofríos incontrolables y mis parpados se abrían tanto que los ojos amenazaban con salirse de sus órbitas. Después no recuerdo nada más; solo que a la mañana siguiente mi padre me despertó a gritos. Yo estaba caído en el suelo de la habitación de estar y mi madre se balanceaba, colgada por el cuello, de una cuerda atada a la lámpara de araña del altísimo techo de la casa.  La policía no encontró explicación a lo sucedido y menos por la versión que yo les conté. El caso quedó archivado como suicidio. &lt;br /&gt;A partir de entonces no quise volver a escuchar la radio. Me encerraba en mi cuarto para no oírla ya que el sonido trepaba incluso por el  hueco de la escalera. Dormía con la luz encendida como cuando era un niño pequeño y dejé de comer casi totalmente. Unos tres meses después accedí nuevamente  a quedarme oyendo la radio con mi padre, y a las diez en punto, cuando volvió a sonar en la radio la fatídica pieza los acontecimientos se repitieron y esta vez fue mi padre el que murió en las mismas extrañas circunstancias. Los vecinos nos encontraron dos días después, yo dormido sobre la alfombra y mi padre estrangulado sobre la mecedora de enea. Traté de explicar a la policía que la radio había sido la causante de la muerte de mis padres, pero no me creyeron. Entonces les pregunté donde me iban a llevar. Les sugerí la casa mis tíos, y durante varios días estuve imaginando lo feliz que sería viviendo con mis queridas primas. Pero terminaron acusándome de las dos muertes y me ingresaron, como usted bien sabe, en este manicomio de por vida. &lt;br /&gt;Entre las pocas cosas que me permitieron traer aquí estaba la radio asesina, que ha permanecido guardada en los sótanos del manicomio hasta que la semana pasada pedí que me fuera entregada. Porque por fin   creo que esta noche ha llegado el momento de demostrarles a todos que yo tenía razón. &lt;br /&gt;El director volvió a doblar en cuatro la carta y la introdujo en el sobre. &lt;br /&gt;–A continuación desde la 825 de Onda Media les ofrecemos nuevamente La  Sugestión Diabólica, Opus 4 No 4, de Prokofiev, --dijo el locutor. &lt;br /&gt;Eran las doce de la noche. --Realmente suena terrorífica, --comentó el enfermero; es la primera vez que la escucho. El director cerró la puerta y se volvió tambaleándose hacia él. --Yo también, --dijo mirándole fijamente  a través de sus pequeños ojos inyectados en sangre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LA VENGANZA ES REDONDA COMO UN BALON DE FUTBOL&lt;br /&gt;                                                                                              Federico Fayerman&lt;br /&gt;                                                                                             17 de marzo de 2008&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Francisco Campos no temía los ataques de los delanteros rivales. Cuando veía peligro para su portería chasqueaba los dedos de su mano derecha y todo a su alrededor se ralentizaba. Entonces veía la jugada a cámara lenta y atajaba siempre el balón adelantándose a todos. &lt;br /&gt;Así llevaba tres años. Tres años que habían reportado a su club, el atlétic  tres ligas, tres copas, dos champions y una intercontinental.&lt;br /&gt;Había mantenido imbatida su portería durante tres campeonatos consecutivos y las victorias de su equipo eran exactamente las mismas que partidos había disputado. Si algún domingo sus compañeros no marcaban goles él chasqueaba los dedos y se iba a rematar algún corner o a finalizar alguna jugada en gol, siempre gracias a la lentitud con que se movían los contrarios. Cuando lo deseaba chasqueaba los dedos de la mano izquierda y todo volvía a su velocidad normal. Únicamente debía tener cuidado de no chasquear los dedos de las dos manos al mismo tiempo. En ese caso no podría ralentizar su entorno nunca más.&lt;br /&gt;Todo había empezado con aquel sueño que tuvo tres años atrás cuando contaba sesenta. Soñó que le era concedido el don de parar la acción a su alrededor y él lo utilizó para cumplir su mayor anhelo: jugar de portero en el club de sus amores: el Real. Sin embargo, cuando ofreció sus servicios al Real fue rechazado y lo que fue aún peor, fue ridiculizado por el propio presidente y el departamento de RR.PP. publicando una nota de prensa en los periódicos de la capital con lo que ellos llamaron “una chistosa intromisión de la tercera edad en el fútbol profesional”. Así pues recaló en el eterno rival, el atlétic, donde fue recibido con escepticismo y después querido y aclamado durante los tres años que duró su exitosa trayectoria&lt;br /&gt;Y por fin, apoyándose en su gran poderío económico  surgió la super oferta del Real. Trescientos millones de euros al año, durante diez temporadas. Francisco Campos añadió varias cláusulas al contrato: No podían despedirle bajo ningún concepto, cobraría fuera o no titular y la mitad de su sueldo iría a varias organizaciones benéficas de una lista que él mismo facilitó al club.&lt;br /&gt;Y  llegó el día tan largamente esperado. Su debut en la portería del Real, su club amado desde pequeño, el club que le había despreciado  pero que para ficharle ahora había tenido que traspasar a sus mejores figuras e hipotecar el estadio. &lt;br /&gt;Su primer rival en el campo era su antiguo club, el Atlétic. Las gradas hervían de pasión como nunca. Las pancartas con su nombre ondeaban en todos los graderíos que parecían a punto de reventar. En el palco de honor, el Presidente se pavoneaba ante el Rey, el Primer Ministro y la crème de la jet set, llegada al campo para hacerse las fotos en tan histórico momento.&lt;br /&gt;Empezó el partido de los eternos rivales y fiel a su don, Francisco Campos mantuvo a cero su portería durante los primeros cuarenta y cinco minutos. &lt;br /&gt;Un momento antes de iniciarse el segundo tiempo, Francisco Campos Santín, a la sazón mejor portero del mundo y flamante fichaje a base de talonario del Real  recorrió el campo hasta situarse debajo del palco de personalidades y en un gesto que nadie llegó a entender nunca levantó los brazos, miró fijamente al presidente y a su junta directiva y chasqueó con rabia los dedos de sus dos manos a la vez.   (Para Paco, el mejor amigo de mi padre)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LOS MARTES, LENTEJAS&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                                               Federico Fayerman&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                                                26 de abril de 2007&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El cartel luminoso -  Restaurante Royal  - o más bien lo que quedaba de el,  suponía el último vestigio de lo que en tiempos había sido este establecimiento, ahora reducido a un oscuro bar,  angosto y estirado, rematado con seis mesas hacinadas al fondo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;--Buenas tardes don Alberto…y compañía.&lt;br /&gt;--Buenas tardes, buenas tardes, coreaban  todos los camareros según íbamos paseando la barra, y percibiendo cada vez con más intensidad el olor a fritanga que salía de la pequeña cocina, haciendo honor tal vez al precio del menú. Como casi todas las personas mayores,  mi tío seguía ahorrando,  no sé para que  y no quería ir a comer a otro sitio mejor, pese a mis recomendaciones y me imagino las de su estómago.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llevaba mi tío Alberto más de quince años yendo a comer allí.  Siempre acompañado de mi tía Ana Mari. Desde que se jubilaron,  no dejaron ni un solo día de acudir al Royal y ahora que se había quedado viudo lo hacía él solo, salvo los martes, que le acompañaba yo. Nunca supe lo que mi compañía supuso en su ánimo, pues aunque me lo agradecía continuamente, no estaba seguro de su total sinceridad. &lt;br /&gt;Su vida se había quedado reducida a la sala de estar, sofá y Televisión y al Royal. Incluso había dejado una de sus principales aficiones: leer.  Seguía teniendo muchos conocidos de buenos días don Alberto, buenas tardes don Alberto, pero pocos amigos. Ya no los deseaba. Tampoco tuvo hijos.&lt;br /&gt;En su rutinario recorrido hacia el Royal, siempre la misma liturgia. En Islas Filipinas la limosna a Ramón, ex boxeador, medio vagabundo y algo tarado. En la esquina con Guzmán el Bueno otra dádiva a la gitana enlutada que siempre le sonreía agradecida. Otra gitana que vendía flores medio le reverenciaba. -------Que tal don Alberto, me alegro de verle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había sido un hombre totalmente dependiente de su mujer y ahora que estaba solo había quedado reducido a un juguete del destino,  pues no sabía ni deseaba luchar por la vida. Eso se notaba también en su aspecto personal, que mientras vivió mi tía fue impecable. Ahora su ropa estaba mal planchada, lucía algún lamparón que otro en la chaqueta o en los pantalones, normalmente fruto de sus visitas al Royal, y una cazadora que parecía de espectáculo circense debido a los brillos,  causado, imagino por la falta de visitas a la tintorería.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo era un hombre muy respetado en el barrio por su gran cultura y formación. Hablaba correctamente  cuatro idiomas. Tenía asimismo una buena educación,  aunque en temas políticos se mostraba intransigente e incluso en ocasiones verbalmente agresivo. En la intimidad le gustaba soltar tacos, los más fuertes que encontrara en ese momento. &lt;br /&gt;No era muy fácil entablar una conversación con él, siempre inmerso en un mutismo post tía  Ana Mari. Pero, cuando a base de preguntas y mas preguntas comenzaba a hablar, era un torrente de vivencias.&lt;br /&gt;Después de la guerra había ocupado algún puesto político de poca importancia, pero que le había permitido conocer a mucha gente influyente. Miles de anécdotas estaban perfectamente archivadas en su mente, que jamás dio señales de envejecer al mismo ritmo que el resto de su persona.  Una de las historias más jugosas que me contó mi padre sobre él, siendo yo aún un adolescente,  fue sin duda su visita como intérprete, de una delegación española a Himmler,  en su cuartel general en Berlín durante la segunda guerra mundial. Pese a sus ochenta años conservaba una memoria prodigiosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los martes lentejas. Antes,  en la barra,  una cañita de cerveza y unos torreznos. Una pequeña parrafada con Lola y su amiga, siempre por cierto la misma y tópica parrafada sobre el tiempo,  y siempre sobre los mismos taburetes altos, con el skay negro de los asientos roto, que dejaba  brotar la goma espuma amarillenta que los rellenaba.&lt;br /&gt;Una vez sentados en la última mesa, la única que admitía hasta cuatro bocas,  llegaban Luís y Elena, los amigos de toda la vida de mis tíos. Siempre llegaban con un poco de retraso, debido a que cada día les costaba más recorrer la corta distancia entre su casa y el Royal. Invariablemente,  mi tío se quejaba de la falta de puntualidad de sus amigos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jesús, el camarero que atendía las mesas del comedor era un hombre de unos cuarenta años. Delgado y muy simpático, nos hacía más amena la comida menospreciando al cocinero. --Aprendió en un cuartel a cocinar, --solía decir a menudo. Así que cuando pedíamos el menú siempre le llamábamos  rancho. Cuando nos enunciaba los platos del día, nos indicaba con un gesto aquellos que no nos recomendaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fueron tres años de Royal hasta que mi tío consiguió enfermar y huir en busca de su Anita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alguna vez paso por el Royal de visita y siempre me invitan a un café o a una caña. --Buenos días, --buenos días Jesús,  --¿que tenéis hoy de rancho?&lt;br /&gt;Al fondo en una mesa para dos,  Luís y Elena, ahora solos, siguen aún sufriendo las lentejas de los martes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;MARINA&lt;br /&gt;                                                                                               Federico Fayerman&lt;br /&gt;                                                                                                 24 diciembre 2006&lt;br /&gt;Es de noche. En la calle llueve con furia. Un rayo la ilumina durante un instante.&lt;br /&gt;Hugo se aparta de la ventana y camina hacia su viejo sillón de cuero.&lt;br /&gt;Entonces truena con fuerza.&lt;br /&gt;Se sienta. A la izquierda, en una pequeña mesa reposa su cachimba. La coge, la carga y la enciende con movimientos lentos y aprendidos. Siente el calor de la madera en su mano y le invade el olor dulzón  como a chocolate del tabaco picado. Da una calada profunda y aprieta los dientes sobre la boquilla, dejando escapar el humo poco a poco.&lt;br /&gt;A la derecha del sillón, en el suelo, dentro del revistero busca la novela que está leyendo por enésima vez. La abre ayudándose del marca páginas  y lee con la yema  de sus dedos. &lt;br /&gt;Hace más de una hora que se ha ido la luz y según la radio,  gran parte de la ciudad  está a oscuras. El lo está desde los diez años y ya tiene cuarenta. Vive solo con su gato, sus libros y sus tinieblas. También escribe relatos con lo que se gana la vida. Al rato deja la novela en el revistero y coge la grabadora que se encuentra al lado. Después de encenderla empieza a grabar: -  La noche del apagón-. Hugo dicta a su grabadora cuando escucha que llaman a la puerta. Se levanta y sale al pasillo. Pichi, su gato de angora negro se aparta para que no le pise y camina detrás de él. Antes de abrir la puerta ya sabe que es Marina. Recién duchada y perfumada. Dior. Su perfume favorito. Se lo pone para él;  Marina está parada en el rellano de la escalera, lleva una vela encendida en una mano y una botella de vino empezada en la otra.&lt;br /&gt;- Rioja del bueno – dice él. La atrae hacia sí. Marina  tiene el pelo rubio y largo.   Lleva una bata con encajes sobre el camisón de seda azul claro que le regaló él. Debajo del camisón cuarenta años de mujer bastante bien llevados. &lt;br /&gt;-Me asusta la tormenta- dice, y Hugo la hace pasar.&lt;br /&gt;Por el oscuro pasillo la empuja suavemente de la cintura. Pichi se restriega contra las piernas de Marina y ronronea feliz. Entran en la cocina. La vela encendida proyecta sus siluetas acrecidas sobre los muebles.&lt;br /&gt;Hugo la apaga. – que tal si estamos en igualdad de condiciones -– dice - .Marina cierra los ojos y dibuja en su mente un plano de la cocina Busca en la oscuridad la vitrina de las copas, coge dos y tira otras dos que por fortuna no se rompen. Las coloca en la encimera de granito al lado de la botella de vino. Hugo llena las copas  y le pone una en la mano. Brindan por el apagón. &lt;br /&gt;Beben y después se besan .El le lame los labios; Vino y carmín, deliciosa combinación.&lt;br /&gt;- Como llevas la novela – pregunta ella.&lt;br /&gt;- Atascada, desde anteayer solo he escrito dos líneas,  pero no estaba pensando en eso ahora – responde Hugo - Te espero donde tu ya sabes – y Marina siente que el se aleja como flotando en la oscuridad. Trata de agarrarlo pero no lo encuentra. Se concentra y percibe el roce de las zapatillas de Hugo al fondo del pasillo. Sale de la cocina y palpa la pared. Cuenta los huecos de las puertas mientras avanza, uno, dos, un par de pasos más y gira a la izquierda. Pichi bufa y sale huyendo. Acaba de pisarle el rabo. – Lo siento -  se disculpa Marina.&lt;br /&gt;Por fin encuentra el dormitorio. Entra despacio con los brazos extendidos hasta que sus piernas se topan con la cama. Las manos de Hugo la ayudan a tumbarse y a partir de ese momento no existe la oscuridad. Sus cuerpos se mueven acordes. Conocen cada centímetro de la anatomía del otro y sin embargo vuelven a explorarse como si fuera la primera vez.&lt;br /&gt; La ropa está ya en el suelo y ellos ruedan desnudos sobre la cama. Sus bocas se conectan en la oscuridad inundada de silencios. En la calle ha dejado de llover y las farolas vuelven a iluminarse poco a poco. Marina se estremece.  Arropa a Hugo,  se levanta y sale del dormitorio. Al pasar por la salita, tenuemente iluminada por las farolas de la calle, descubre a Pichi acurrucado en el sillón de cuero de Hugo. Vuelve al dormitorio con las dos copas de vino y beben. Beben y hacen el amor sin encender la luz. Cuando se duermen, la lluvia vuelve a caer, ahora monótona, y su apagado golpeteo es como una nana  que quiere custodiar su sueño-.&lt;br /&gt;Hugo para la grabadora y la deja en la mesa. La calle sigue estando a oscuras y llueve a mares. Enciende otra vez la pipa. Están llamando a la puerta. Se levanta y sale al pasillo. Pichi, su gato de angora negro se aparta para que no le pise y camina detrás de él. Antes de abrir la puerta ya sabe que es Marina…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ME ENAMORE DE UN ANGEL&lt;br /&gt;                                                                                                Federico Fayerman&lt;br /&gt;                                                                                      27 de noviembre de 2007&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este relato está inspirado en la canción “Me enamoré de un ángel” del conjunto español Los Estudiantes. Grabado en 1959. La música es el Romance Anónimo. Los Estudiantes fueron uno de los primeros conjuntos que surgieron en España y en él actúo como baterista Fernando Arbex, que escribió la letra e hizo los arreglos de esta canción. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LETRA DE LA CANCION&lt;br /&gt;Pienso que fue un bello sueño tu amor&lt;br /&gt;Pero Dios quiso hacerlo perpetuo en los dos&lt;br /&gt;Te llevó y ya no se si exististe en mi vida&lt;br /&gt;O Todo fue una ilusión&lt;br /&gt;Pienso que siempre estuviste así &lt;br /&gt;Cuando blanca de nieve entre flores te vi&lt;br /&gt;Y con tenue sonrisa en silencia te oía&lt;br /&gt;Siempre seré para ti&lt;br /&gt;Sueño aquel día jugando los dos&lt;br /&gt;Te miré y sin palabras nació nuestro amor&lt;br /&gt;Nuestras manos se unieron temblando tal vez&lt;br /&gt;Y ese instante despierto soñé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi nombre es Anastasio, nací en Madrid, en el barrio de Retiro, hace 65 años.&lt;br /&gt;Durante este tiempo Madrid ha cambiado mucho, el estilo de vida de sus gentes es muy diferente al de entonces, cuando los niños jugaban en la calle, los serenos golpeaban en la acera con sus chuzos acudiendo a la llamada de los trasnochadores o cuando, de madrugada, aún con los faroles de gas encendidos, los carros de la basura recorrían las empedradas calles recién regadas. &lt;br /&gt;Sin embargo, mientras paseo ahora por mi antiguo barrio siento como que todo sigue igual pues cada calle, cada casa, me recuerdan mi infancia y mi juventud.&lt;br /&gt;Aquel mes de octubre del 56, estaba a punto de cumplir los catorce años y mi madre decía que iba a dar el estirón de un momento a otro. También eran los días de  la vuelta al colegio, que reunía como todos los años las mismas expectativas, el reencuentro con los compañeros de siempre y los nuevos profesores. En el lado negativo estaba el volver a madrugar y el alejarte de los amigos del barrio, con los que habías pasado todo el verano.&lt;br /&gt;Pero aquel año ocurrió algo que alteró mi rutinaria vida de colegial. Una nueva alumna se había incorporado al colegio. Se llamaba Celia, tenía 13 años y era de San Sebastián. Era morena, con el pelo largo y suelto, menuda y siempre estaba sonriendo. Su padre era militar y le habían trasladado a Madrid. Habían alquilado un piso en la calle Menorca, muy cerca de mi casa. Lo primero que pensé cuando la vi fue que había llegado un ángel al barrio.&lt;br /&gt;Todo esto lo averigüé el primer día que pude acompañarla a su casa a la salida de clase.&lt;br /&gt;Supongo que no le caí mal porque quedamos en vernos ese jueves y yo le enseñaría el barrio&lt;br /&gt;Anduvimos durante toda la tarde arriba y abajo. Le mostré todos los rincones donde solía parar con los amigos, le enseñé también algunas tiendas donde tendría que hacer los recados para su madre: la lechería, donde se obraba diariamente el milagro de la multiplicación de la leche por obra y gracia del grifo de agua de la trastienda, la bodega con sus enormes barricas de madera llenas de vino que despachaban a granel, la panadería con su ancho mostrador de mármol blanco siempre cubierto de harina. Por Fernán González nos cruzamos con Agapito, el recadero de Ultramarinos Morales, siempre cargado con los pedidos de los clientes más pudientes del barrio. Un poco más lejos, casi en la esquina estaba la mercería. Todo su interior estaba forrado con cientos de cajoncitos con botones de colores pegados en el frente. En un rincón, bajo la luz de un flexo metálico, una mujer cogía puntos a las medias.&lt;br /&gt;Terminamos en el Retiro. Paseamos por los caminos alfombrados de hojas secas entre eucaliptos y acacias, Tuvimos tiempo incluso de alquilar una bicicleta en la Chopera y dejamos pendiente para el domingo, después de misa volver para dar una vuelta en la motora del estanque.&lt;br /&gt;Cuando la acompañé a su casa y nos despedimos en el portal me dio un beso en la cara y salió corriendo escaleras arriba. Todavía, cuando lo recuerdo creo notar el roce de sus labios en mi mejilla.&lt;br /&gt;Celia tenía una hermana más pequeña, que utilizábamos para enviarnos mensajes cuando a ella no la dejaban bajar a la calle.  “te manda un beso” me decía siempre avergonzada cuando terminaba de darme el recado de Celia. &lt;br /&gt;Aprovechábamos cualquier oportunidad para estar juntos. A veces cuando salíamos a hacer algún encargo de nuestra madre; otras veces con la excusa de bajar a comprar un lápiz, un cuaderno o una plumilla.&lt;br /&gt;Durante los siguientes dos años nuestro amor fue creciendo y ya no concebíamos pasar un solo día sin vernos, aunque fuera solo en el trayecto del colegio a casa.&lt;br /&gt;Me encantaba oírla hablar con su acento vasco, o cómo llamaba a sus padres, amá y aitá, o cuando me decía “me gusto de ti”, que era la expresión que utilizaba para decirme cuanto le gustaba.&lt;br /&gt;Una tarde la llevé a la calle Dr. Castelo y le mostré mi arte para trepar a las farolas y apagarlas cerrando el mecanismo del gas. Las parejas de novios que se arrullaban contra la tapia de la antigua maternidad nos dieron las gracias.&lt;br /&gt; Pasábamos muchos ratos con nuestros amigos Luís, Gloria, Pepe y su hermano Quique, jugando en la calle al rescate, al clavo e incluso a la piedra y a la comba. Después cuando nos cansábamos de jugar nos sentábamos en el bordillo de la acera a comer pipas. &lt;br /&gt;Los domingos por la mañana, mientras Celia iba con sus padres y su hermana a misa, yo jugaba al fútbol en los descampados de Dr. Esquerdo. Después, nos encontrábamos  delante de la Iglesia de Los Sacramentinos y dábamos un paseo, cogidos de la mano o de la cintura por el Retiro, hacia la casa de fieras,  cruzábamos a la rosaleda  y desde allí, por el ancho paseo de coches hasta la salida de la calle O´donnell.&lt;br /&gt;Solo el mes de agosto representaba un calvario para los dos. Celia se marchaba con su familia a San Sebastián y  solo nos quedaba el recurso de enviarnos alguna carta y dejar pasar lentamente los días hasta que volvíamos a encontrarnos.&lt;br /&gt;En aquel agosto del 58 trasladaron de nuevo a su padre y no nos volvimos a ver más. Ni siquiera pudimos despedirnos pues ella no regresó ya a Madrid.&lt;br /&gt;Sigo recorriendo las calles de mi barrio y aunque ya no está la lechera milagrosa ni la mujer cogiendo puntos a las medias, aunque el cine es ahora un bingo y la bodega un supermercado, las calles están asfaltadas y no se ven niños jugando, mi imaginación vuela al lado de aquel ángel que pasó por mi vida y que también milagrosamente tiene en mis sueños, 48 años después, los mismos maravillosos 15 años de entonces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;O QUIZAS LO PENSÉ&lt;br /&gt;                                                                                               Federico Fayerman &lt;br /&gt;                                                                                         Dos de octubre de 2008&lt;br /&gt;En la noche del 20 de diciembre de 1849, un violentísimo huracán azotaba a Mompracem, isla salvaje de siniestra fama, guarida de piratas formidables, situada en el mar de la malasia, a pocos centenares de millas de las costas occidentales de Borneo.&lt;br /&gt;Gracias tío Alberto, le dije a la vez que, poniéndome de puntillas, le daba un sonoro beso. Sujeté con fuerza la novela y salí a escape del taller. Me fui directamente a casa. Corrí por el pasillo y me encerré en mi cuarto. Y allí estuve toda la tarde leyendo hasta que se me cansaron los ojos. A medianoche  me desperté y en silencio encendí la luz y seguí leyendo hasta que los ojos se me volvieron a cansar y me quedé dormido.&lt;br /&gt;--¡Vámonos Sandokan! -- dijo Yañez.&lt;br /&gt;--¡Ya te sigo! –contestó el Tigre de la Malasia, reteniendo un suspiro.&lt;br /&gt;Cinco minutos después volvían a saltar la cerca del parque y se internaban en la tenebrosa floresta. FIN&lt;br /&gt;Cerré la  vieja novela. Gonzalo se había quedado dormido un rato antes sin que yo me diera cuenta. Le arropé y apagué la luz. Desde la puerta le contemplé una vez más. --Seguro que mañana serás Sandokán como lo fue tu abuelo hace muchos años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;POR GOLOSO&lt;br /&gt;                                                                                             Federico Fayerman&lt;br /&gt;                                                                                             3 de enero de 2008&lt;br /&gt;Antes de nada debo confesar que soy muy goloso.  Aunque de niño no lo era, cosa bastante extraña, con el paso de los años mi cuerpo me iba pidiendo que lo endulzara al menos una vez al día. Y yo le daba el capricho, ya fuera con una chocolatina, un bombón, o una galleta.  Mi dulce diario estuviera donde estuviera.&lt;br /&gt;Y estaba en Granada, camino del hotel donde me alojaba siempre que venía a trabajar a esta ciudad. Eran las ocho de la tarde y había terminado mis visitas a los clientes de la zona. Descendía a pie por la calle Real cuando pasé por delante de la pastelería. Estaba abierta, lo cual no debería ser ninguna noticia especial, pero sí que lo era para mí. Llevaba al menos ocho años viajando a Granada, hospedándome habitualmente en el mismo hotel y pasando a diario por delante de la confitería y los cierres metálicos de ésta siempre habían permanecido cerrados, acumulando oxido y suciedad. Sus cristales se habían tornado opacos, su rótulo de cristal tenía los extremos rotos, dejando al descubierto unos tubos fluorescentes fundidos desde hacía mucho tiempo. Y aquella tarde, para mi sorpresa y por que no decirlo para mi gozo, la pastelería estaba otra vez abierta.&lt;br /&gt;Vista desde el exterior, la tienda no había cambiado su aspecto; sus cierres aunque levantados seguían estando oxidados; sus cristales, sucios y las luces interiores apagadas, como el rótulo. En sus escaparates se apreciaban a duras penas gran cantidad de cajas de colores anunciando bombones, chocolates, chocolatinas, caramelos, turrones, golosinas y tartas de gustos variados que inmediatamente pusieron en acción mis papilas gustativas. De un salto salvé los dos escalones  y abrí la pesada puerta de cristal que chirrío con estrépito.&lt;br /&gt;En el interior, con la poca claridad que dejaban pasar los sucios cristales pude distinguir a dos personas de edad avanzada. Un hombre, sentado ante una antigua caja registradora y una mujer de pie detrás del largo mostrador de madera  que dividía en dos la tienda. Sobre las estanterías y dentro del mueble expendedor,  más de lo mismo, es decir gran cantidad de cajas de dulces colocadas con un cierto desorden que llamaron  mi atención. Estaba repasando con la mirada la mercancía que se me ofrecía a fin de decidir cuál sería el manjar elegido cuando una sensación extraña, nunca sentida anteriormente me sobresaltó. Todas las cajas  expuestas estaban abiertas y vacías. Ni un solo bombón, ni un solo caramelo aparecían a mi vista. Solo polvo. Me volví  hacia el escaparate y también en este las cajas estaban sucias y completamente vacías.  La  mujer del otro lado del mostrador me miraba muy fijamente, como impacientándose por conocer cuál iba a ser mi imposible decisión de compra. Pese a encontrarnos en plena primavera, la temperatura dentro de la tienda apenas superaría los diez grados o al menos a mi me lo pareció cuando miré de nuevo los ojos medio cerrados de la anciana. De pronto, estos se abrieron desmesuradamente, se volvieron brillantes y amenazadores y la expresión de su cara se endureció de tal manera que su boca se entreabrió mostrando unos dientes negros y carcomidos. Y entonces ocurrió lo que me temía: Los dos ancianos esbozaron una especie de sonrisa terrible y salieron desde detrás del mostrador avanzando hacia mí. Reculé intentando abrir la puerta a mis espaldas sin conseguirlo. Noté sus frías y huesudas manos sobre mi cuello y traté desesperadamente de soltarme del mortal abrazo.&lt;br /&gt;El timbre del teléfono atravesó mis oídos. Me desperté con mis propias  manos agarrotadas alrededor de mi cuello y con el corazón a punto de estallar. Eran las siete y media de la mañana y la pesadilla había terminado justo a tiempo.&lt;br /&gt;Me levanté pasados unos minutos. La ducha caliente consiguió relajarme y devolverme a la realidad. Me vestí y bajé a desayunar al comedor del hotel. Rubén, el camarero debió notarme algo en la cara cuando me preguntó que tal había pasado la noche. Le comenté mi pesadilla a grandes rasgos, tratando de darle un aire cómico al relato. Rubén se quedó pensativo un momento.&lt;br /&gt;-- ¿Conoció Vd. a los dueños de la pastelería, --me preguntó?&lt;br /&gt;--No. Desde que vengo a Granada la confitería siempre ha permanecido  cerrada y por su aspecto abandonada, --le contesté.&lt;br /&gt;--Claro, --dijo, --hace diez años que los propietarios fueron salvajemente asesinados  durante un robo y la tienda fue precintada. &lt;br /&gt;El mollete tostado con aceite y el café bien calentito obró como siempre el milagro de cargarme las pilas para las siguientes horas. Era justo lo que necesitaba ya que era viernes y por la tarde regresaría a casa a pasar el fin de semana con mi familia.&lt;br /&gt;Con ese espíritu optimista salí del hotel y subí por la calle Real hacia el aparcamiento de la plaza de España. A media calle me encontré nuevamente frente a la pastelería. Seguí mi camino sin atreverme a mirarla. Pero finalmente no pude resistirlo y volví sobre mis pasos. La tienda estaba abierta pero esta vez se veía luz en el interior. La puerta de par en par me incitó  a pasar. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;REGRESO A REXTOWN&lt;br /&gt;                                                                                               Federico Fayerman                        &lt;br /&gt;                                                                                                5 de junio de 2008&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tren se detuvo en la estación de Rextown a las cuatro en punto, inundando de humo blanco el viejo y vacío andén. Por el pueblo se extendió rápidamente la noticia: Stefan Carling había regresado vivo de la guerra.&lt;br /&gt;El dispensario médico, situado en una de las polvorientas travesías de la ancha calle central, ofrecía el mismo estado de abandono que el resto del pueblo. Solo sus ventanas blancas y la gran cruz roja pintada en su entrada anunciaban su función, ya que incluso el cartel que antaño coronara la puerta principal había desaparecido.&lt;br /&gt;Stefan ocupó la única cama, de la única habitación utilizable con que contaba el “servicio hospitalario”. Su largo y esquelético cuerpo rebosaba los límites del camastro, dejando al aire su huesudo pie derecho.    &lt;br /&gt;Cuatro años antes, Rextown era un próspero pueblo del sur del país. Sus entonces más de trescientos vecinos vivían principalmente de la agricultura, gracias a su clima cálido y a la humedad que le proporcionaba estar al borde del mar. Sin embargo, estalló la guerra y con ella  la etapa más oscura para esa comunidad.    &lt;br /&gt;Al principio se alistaron en el ejército los hombres con edades entre veinte y cincuenta años, pero poco a poco se tuvieron que incorporar  los más jóvenes hasta que no quedó en el pueblo ningún hombre mayor de dieciséis. Ahora, por fin, la guerra había terminado. Pero de los más de cien soldados que aportó Rextown al conflicto, el único superviviente del pueblo había sido Stefan.&lt;br /&gt;Su supervivencia le había costado varias amputaciones. Como consecuencia de la explosión de una granada en la trinchera donde se refugiaba, perdió la pierna izquierda, dos dedos de una mano y la visión de su ojo derecho. Además,  el pelo de su cabeza era ahora una costra marrón repugnante.&lt;br /&gt;Stefan había sido el único pastor del pueblo. Cuidaba sus cabras en los montes que rodeaban Rextown y siempre vivió alejado y despreciado por sus vecinos. Su  vestimenta sucia y su fuerte olor a rebaño,  marcaban una frontera entre él y los demás. Sobre todo entre él y las mujeres del pueblo. A sus treinta años no había tenido ocasión de cortejar a ninguna y  solo con Margot había cruzado  algunas palabras cuando ésta subía al monte para llevarle comida o algún recado de su padre, el dueño del rebaño. Estos encuentros fugaces eran esperados con ansiedad por Stefan, pero, una vez frente a la muchacha era incapaz de trasmitirle sus profundos y amorosos  sentimientos.&lt;br /&gt;La falta de mano de obra masculina y la situación de penuria económica durante los largos cuatro años de guerra,  habían  arruinado los campos y limitado las cosechas.  Y también habían acabado con las cabras que cuidaba Stefan. &lt;br /&gt;Y ahora Stefan ya no era solo el único pastor del pueblo. Ahora, era también el único hombre soltero de Rextown, descartando a los niños, al cura y al anciano médico.&lt;br /&gt;Durante los días siguientes a su regreso, encabezados por Marlenne, la Alcaldesa,  los pocos más de cien  habitantes que aún permanecían en el pueblo, la mayoría mujeres, fueron desfilando por delante de la cama de Stefan, como si de un velatorio se tratase. Unas le llevaban flores, otras,  algún detalle que le pudiera alegrar la vista a su ojo derecho  y la mayoría le regalaban una sonrisa y algún beso huidizo en la mejilla. Pero, la única mujer a la que deseaba volver a ver no apareció por el dispensario. &lt;br /&gt;Dentro de la cama, tapado hasta el cuello y con la cabeza vendada, la apariencia de Stefan no despertaba rechazo y por eso algunas vecinas volvían a diario y le hacían cariñosa compañía, contándole como    había  transcurrido la vida del pueblo durante los años en que él estuvo fuera y lo necesario que era que se curase pronto. Stefan comprendía las intenciones de las mujeres hacia él. La ayuda de un hombre joven,
